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JESUCRISTO
EVANGELIZADOR
Y
LA EUCARISTÍA, FUENTE
DE
EVANGELIZACIÓN
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1.
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Habiéndose
reunido el pueblo e iniciado un canto, el ministro se acerca al lugar
de la Reserva. Trae el Sacramento y lo coloca en la custodia. El ministro
inciensa al Santísimo.
Estación
menor
Señor,
Padre Santo, concédenos la disponibi-lidad que distinguió
a tu Hijo Jesucristo en la vivencia del Evangelio.
(Padrenuestro, Avemaría, Gloria y canto)
Que
como Tú, Jesús Eucaristía, sepamos donar nuestra
vida al servicio de los demás, incluyendo el servicio misionero.
(Padrenuestro,
Avemaría, Gloria y canto)
Que
motivados por la acción del Espíritu Santo, deseemos
aprovechar cuanta oportu-nidad se presente para anunciar el Evangelio.
(Padrenuestro, Avemaría, Gloria y canto)
(Concluye
con la Oración para el 48° Congreso Eucarístico)
ORACIÓN
DEL CONGRESO EUCARÍSTICO
2.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Evangelio:
Lo reconocieron al partirle pan Lectura del Santo Evangelio según
San Lucas 24, 13-35:
El
mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos
hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros
de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó
y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los discípulos
estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó:
"¿De qué cosas vienen hablando tan llenos de tristeza?"
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres
tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido
estos días en Jerusalén?" Él les preguntó:
"¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo
de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras
y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo los sumos
sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a
muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él
fuera el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días
desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de
nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro,
no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían
aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos
de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como
habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron. Entonces
Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes
y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado
por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías
padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando
por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó
todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como
que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate
con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y
entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó
un pan, pronunció la bendición, lo partió y se
lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero
él se les desapareció. Y ellos se decían el uno
al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía,
mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde
encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, quienes
les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le
ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que
había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido
al partir el pan.
Palabra
del Señor
3.
Salmo responsorial (del Salmo 18)
R.
El mensaje del Señor resuena en toda la Tierra.
Los
Cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra
de sus manos. Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo transmite a la otra noche. R.
Sin
que pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la Tierra
llega
su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo. R.
(Silencio
meditativo)
HOMILÍA
Evangelizar
es una gran tarea que Jesucristo ha encomendado a toda la Iglesia
de todos los tiempos (cfr. Mt 28, 20) y en la que nosotros, como sus
seguidores, hemos de vernos implicados en un modo más vivencial
que teórico. No basta con sólo una preparación
técnica, es necesario tener experiencia de Jesús en
nuestras vidas, como los discípulos de Emaús, que nos
muestran el itinerario a seguir: lo que debe acontecernos es el encuentro
que se realiza en la Eucaristía y pasa primero por la escucha,
meditación y contemplación de su Palabra, donde Él
mismo nos habla, de modo que escuchamos una Palabra llena de vida,
la de Cristo, que, como a los discípulos de Emaús, tiene
una historia de salvación que contarnos con un enfoque fascinante
y cautivador, ya que nosotros mismos nos vemos implicados en esa historia
que nos colma de luz, vida y paz.
El
anuncio del Evangelio que hace Cristo, pretende impregnar al hombre
de una buena noticia que libera y transforma. Evangelizar no es volver
al pasado, sino arriesgarse a un cambio que promete cosas buenas;
provocar un encuentro con Cristo que transforma la tristeza en alegría
y en el que la vida adquiere sintonía mediante la Eucaristía
que se descubre como la fuente de energía para continuar la
empresa de la evangelización, que en el mundo actual se vislumbra
como una contradicción de necesidad e insensibilidad.
Si
pretendemos realizar en serio la tarea encomendada, es imprescindible
acudir a la Eucaristía, que nos alimenta y reanima para ir
y compartir la Buena Noticia que el encuentro con Cristo nos ha dejado.
Ante esta tarea tan grande y delicada, ¿he dejado yo que el
Evangelio signifique algo en mi vida? Cuando celebro la Eucaristía,
¿salgo motivado a hacer algo por mi vida y la de los demás?
¿Qué necesito para sentirme implicado en la tarea de
la evangelización?
(Silencio
orante)
Preces
comunitarias
Escucha
Señor, nuestras oraciones, que con humildad te presentamos:
R.
Que la Eucaristía, Señor, nos dé fuerzas para
evangelizar.
Por
el Papa y los obispos, principales responsables de la evangelización,
para que dóciles a la voluntad del Padre, encarnando a Jesucristo
en su vida logren, con los dones del Espíritu Santo, transformar
con el Evangelio el mundo en que vivimos. Oremos. R.
Para
que los gobernantes, sensibles a las exigencias del Evangelio, se
preocupen del bien común y de dar verdadero testimonio de servicio.
Oremos. R.
Por
todos los cristianos que desgastan su vida en la tarea de la evangelización,
para que liberados de todos los peligros, continúen dando un
testimonio fiel del Evangelio. Oremos. R.
Por
todas aquellas personas que no conocen el Evangelio, para que la fuerza
que transforma se manifieste pronto en sus vidas. Oremos. R.
Por
todos nosotros, para que el Señor nos aumente la fe y el compromiso
de evangelizar el mundo en que vivimos y no tengamos miedo de afrontar
todos nuestro compromiso de ir y llevar el evangelio hasta los últimos
rincones de la tierra. Oremos. R.
Todos
juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó
Jesús, y oremos al Padre de todos los hombres y mujeres de
la tierra diciendo: Padre Nuestro...
3.
BENDICIÓN
Al
final de la adoración, el sacerdote o diácono se acerca
al altar; hace la genuflexión, se arrodilla y se entona el
Tantum ergo. Mientras tanto, arrodillado el ministro, inciensa al
Santísimo Sacramento. Luego se pone de pie y dice: Oremos
(Se
hace una pausa de silencio; luego prosigue)
Señor,
Padre Santo, escucha las oraciones que te presentamos y concédenos
un amor grande por el Evangelio y la Eucaristía, para que fortalecidos
con tan grandes dones, llevemos a cabo la tarea evangelizadora hasta
los confines del mundo que nos has encomendado, en la persona de tu
Hijo, Evangelio vivo que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
El
sacerdote o diácono recibe el velo humeral, hace genuflexión,
toma la custodia y bendice al pueblo con el Santísimo Sacramento.
Después de dar la bendición, deja la custodia sobre
el altar y, arrodillado, dice las alabanzas (cfr. P. 18).
Mientras
se reserva el Sacramento en el sagrario, el pueblo puede decir alguna
aclamación, o entonar otro cántico de alabanza, vgr.
"Bendito, bendito"; "Alabad al Señor",
etcétera. Finalmente, el ministro se retira.