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LA
EUCARISTÍA, LUZ
Y VIDA DEL
NUEVO MILENIO |
Hora
Santa
Introducción:
1.
La celebración se sugiere a fin de que puedan prepararse mejor
a la acción de gracias y a la súplica en el año
intensamente eucarístico, que tendrá su cumbre
en la celebración del 48° Congreso Eucarístico Internacional
en Guadalajara.
2.
Los fieles son invitados a dar gracias al Padre por el gran amor que
nos ha manifestado en Jesucristo hecho hombre para salvarnos e iluminarnos
con la luz del Espíritu Santo, y continuar en obediencia al mandato
del Señor (cfr. Lc 22, 19), celebrando la Eucaristía.
3.
Se propone la celebración en tres momentos que son precedidos
de ritos iniciales. El primer momento
quiere invitar al arrepentimiento de los pecados cometidos y por eso
tiene un tono penitencial. El segundo
quiere motivar la acción de gracias por los beneficios que Dios
nos ofrece y principalmente por el gran regalo que nos ha dado en su
Hijo Jesucristo. El tercero quiere
ser un momento intenso de adoración, de contemplar el rostro
eucarístico de Jesús (cfr. TB 15-17) y en él hacer
la proclamación solemne del año de la Eucaristía.
CELEBRACIÓN
I.
Ritos Iniciales
Exposición
del Santísimo
4.
Habiéndose reunido el pueblo, habiéndose iniciado con
un canto, el ministro se acerca al lugar de la reserva.
Se
trae el Sacramento y se coloca en la custodia. El ministro inciensa
al Santísimo. Mientras se realiza la exposición se canta
el siguiente canto: Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor;
Dios está aquí: ¡Venid adoradores! Adoremos a Cristo
Redentor.
¡GLORIA
A CRISTO JESÚS!
¡CIELOS Y TIERRA BENDECID AL SEÑOR!
¡HONOR Y GLORIA A TI, REY DE LA GLORIA!
¡AMOR POR SIEMPRE A TI, DIOS DEL AMOR!
5.
Estación menor
-
Padre Dios, creemos que eres creador de todas las cosas y que te
nos has hecho cercano en el rostro de tu Hijo, concebido de María
Virgen por obra del Espíritu Santo, para ser nuestra condición
y garantía de vida eterna (Padre
nuestro, Ave María, gloria y canto).
-
Creemos,
Jesús Eucaristía, que estás real y verdaderamente
presente en el pan y el vino consagrados, prolongando tu presencia
salvadora y ofreciendo a tus ovejas pastos abundantes y aguas claras
(Padre nuestro, Ave María, gloria
y canto).
-
Creemos
que los ojos se engañan al ver pan y nuestra lengua se equivoca
al probar vino, porque estas Tu todo entero, ofrecido en sacrificio
y dando vida al mundo, de paraíso siempre hambriento (Padre
nuestro, Ave María, gloria y canto).
6.
El ministro puesto de pie invita al pueblo a orar diciendo: Oremos
Se hace
una pausa de silencio; luego prosigue:
Señor,
infunde en nosotros el espíritu de caridad y, con la fuerza de
este sacrificio eucarístico, haz que cuantos creemos en ti vivamos
unidos en un mismo amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
II.
Momento Penitencial
7.
Todos se sientan. El que dirige hace la siguiente motivación:
En esta noche queremos postrarnos ante
Cristo presente realmente en la Eucaristía, para pedir perdón
por las veces que durante este año que termina no supimos mantenernos
en la gracia del Señor y lo ofendimos con el pecado.
Y
se procede a proclamar el salmo 50, alternando coda dos estrofas el
estribillo cantado.
Estribillo:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónale
Señor.
Lector:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión
borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Lector:
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado, contra
ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.
Estribillo:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónale
Señor.
Lector:
En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará
tu rectitud. Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió
mi madre.
Lector:
Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo y quedaré limpio; lávame,
quedaré más blanco que la nieve.
Estribillo:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónale
Señor.
Lector:
Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos
quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mi toda culpa.
Lector: ¡Oh Dios!, crea en
mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu
firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
Estribillo:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónale
Señor.
Lector:
Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso; enseñaré a los malvados
tus caminos los pecadores volverán a ti.
Lector:
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Dios, salvador mío!
y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás
los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Estribillo:
Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónale
Señor.
Lector:
Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no
lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias.
Lector:
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las
murallas de Jerusalén; entonces aceptarás los sacrificios
rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán
novillos.
Estribillo: Perdona a tu pueblo
Señor, perdona a tu pueblo, perdónale Señor.
Lector:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en
el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
8. El que dirige entonces inicia las siguientes preces:
Ante
la presencia del Señor Sacramentado pidámosle perdón
de nuestras faltas y pacedos e imploremos su bondad y su misericordia,
diciendo:
SEÑOR,
TEN PIEDAD.
Un lector
dice las intenciones a las que todos responden.
Por
nuestra rutina al participar de la Eucaristía.
Por nuestra indiferencia al escuchar tu Palabra.
Por nuestras tardanzas en aceptar tus llamadas.
Por nuestras cobardías cotidianas.
Por nuestras envidias y odios.
Por nuestros desalientos en los sacrificios.
Por nuestras violaciones de la justicia y de la paz.
Por nuestras debilidades humanas.
Por nuestras dudas para llevar tu mensaje.
Por nuestro miedo por aceptar tu mandato misionero.
El
que dirige para concluir el momento penitencial, dice:
El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
III.
Momento de acción de Gracias
9.
Para iniciar este momento de acción de gracias se canta el Aleluya,
que nos prepara para la lectura del Santo Evangelio:
ACLAMACIÓN
AL EVANGELIO
1 Tes 5,18
R. Aleluya,
aleluya.
Den
gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios
quiere que ustedes hagan.
R. Aleluya,
aleluya.
EVANGELIO
¿No
ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria
a Dios?
Lectura
del Santo Evangelio según San Lucas
17, 11-19
En
aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén,
pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando
le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron lejos
y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión
de nosotros".
Al
verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes".
Mientras iban de camino, quedaron limpios de su lepra.
Uno
de ellos, al ver que estaba curado, regreso, alabando a Dios en voz
alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias.
Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: "¿No
eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están
los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero,
que volviera para dar gloria a Dios?" Después le dijo al
samaritano: "Levántate y vete. Tu fe te ha salvado".
Palabra
del Señor
10.
A continuación el que preside hace la HOMILÍA, que invita
a agradecer a Dios los dones que ha concedido en el año que termina
y también a iniciar este año de la Eucaristía con
mayor compromiso, recomendando vivamente las siguientes acciones: a)
Frecuentar asiduamente los sacramentos. b) participar en la catequesis
que ayude a entender mejor el misterio de la Eucaristía. c) Crecer
más en la integración familiar. d) Perseverar en la oración
personal y comunitaria.
Al
terminar la Homilía se invita a los Fieles a un momento de silencio
reflexionando los compromisos que asumirán para el año
que se inicia.
11.
Como una respuesta a la Palabra que se ha proclamado se entona el cántico
de la Virgen María o bien otro canto de acción de gracias:
R.
Me alegro en mi Dios, mi salvador
Proclama
mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en
Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
R.
Desde
ahora me felicitaran todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mi su nombre es santo, y su misericordia llega a sus
fieles de generación en generación. R.
Él
hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos
los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. R.
Auxilia
a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había
prometido a nuestros padres-en favor de Abraham y su descendencia por
siempre. R.
IV.
Momento de Adoración
12.
Entonces el que preside invita a todo el pueblo a orar: Adoremos a Cristo
presente realmente en el Santísimo Sacramento y supliquémosle
que amemos lo que Él ama, y alabémosle de todo corazón.
PLEGARIA
A JESUCRISTO
EUCARISTÍA
Lector
1:
Padre Dios, creemos que eres creador de todas las cosas y que te nos
has hecho cercano en el rostro de tu Hijo, concebido de María
Virgen por obra del Espíritu Santo, para ser nuestra condición
y garantía de vida eterna.
ASAMBLEA:
CREEMOS, PADRE PROVIDENTE, QUE POR LA FUERZA DE TU ESPÍRITU EL
PAN Y EL VINO SE TRANSFORMAN EN EL CUERPO Y LA SANGRE DE TU HIJO, FLOR
DE HARINA QUE ALIGERA EL HAMBRE DEL CAMINO.
Monitor:
Creemos, Señor Jesús, que tu encarnación se prolonga
en la simiente de tu cuerpo Eucaristía, para dar de comer a los
hambrientos de luz y de verdad, de amor y de perdón, de gracia
y salvación.
ASAMBLEA:
CREEMOS QUE EN LA EUCARISTÍA TE PROLONGAS EN LA HISTORIA, PARA
ALIMENTAR LA DEBILIDAD DEL PEREGRINO, Y EL SUEÑO DEL QUE ANHELA
DAR FRUTO EN SU TRABAJO. SABEMOS QUE EN BELÉN, LA "CASA
DEL PAN", EL PADRE ETERNO NOS REGALO EN EL VIENTRE DE MARÍA
VIRGEN, EL PAN QUE OFRECE A LOS HAMBRIENTOS DE INFINITO.
Lector
2:
Creemos, Jesús Eucaristía, que estas real y verdaderamente
presente en el pan y el vino consagrados, prolongando tu presencia salvadora
y ofreciendo a tus ovejas pastos
abundantes y aguas claras.
Lector
3: Creemos que los ojos se engañan al ver pan y nuestra
lengua se equivoca al probar vino, porque estas Tú todo entero,
ofrecido en sacrificio y dando vida al mundo, de paraíso siempre
hambriento.
ASAMBLEA:
AQUELLA NOCHE DEL CENÁCULO, AL TOMAR, SEÑOR, EL PAN Y
EL VINO ENTRE TUS MANOS, ESTABAS OFRECIÉNDOLOS A TODOS LOS HOMBRES
Y MUJERES DE LA TIERRA, POR LOS AÑOS Y SIGLOS INFINITOS.
Lector
1:
Contigo, Cordero de la Alianza, se elevan en cada altar, donde te ofreces
al Padre, los frutos de la tierra y del trabajo del hombre, la vida
del creyente, la duda del que busca, la sonrisa de los niños,
los proyectos de los jóvenes, el dolor de los que sufren y la
ofrenda del que da y se da a sus hermanos.
ASAMBLEA:
CREEMOS, SEÑOR JESÚS, QUE TU BONDAD HA PREPARADO UNA MESA
PARA EL GRANDE Y EL PEQUEÑO, Y QUE EN TU MESA HERMANOS NOS HACEMOS
HASTA DAR LA VIDA UNOS POR OTROS, COMO TU LO HICISTE POR TODOS.
Monitor:
Creemos, Jesús, que sobre el altar de tu sacrificio, recuperamos
la fuerza de una débil carne, que no responde siempre a los anhelos
del espíritu, pero que Tú transformarás a imagen
de tu cuerpo.
Lector
2:
Creemos que en la mesa preparada para
todos, siempre habrá un lugar para el que busca,
un espacio para el marginado de la vida, superando
los signos de la muerte, inaugurando cielos nuevos y
una tierra nueva.
ASAMBLEA:
CREEMOS, JESÚS, QUE NO HAS DEJADO A TUS HERMANOS SOLOS, PERMANECES
DISCRETO EN EL SAGRARIO DE LA CONCIENCIA Y EN EL PAN Y EL VINO DE TU
MESA, COMO LUZ Y FUERZA DEL DÉBIL PEREGRINO.
Lector
3:
Creemos, en fin, que en los inicios del tercer milenio, te haces compañero
en el camino. "Remar mar adentro" es la consigna, en este
momento de tu Iglesia, para construir, llenos de esperanza, una nueva
etapa de la historia y que tu seas conocido en todos los rincones de
la tierra.
ASAMBLEA:
GRACIAS, JESÚS EUCARISTÍA, POR IMPULSARNOS A UNA NUEVA
EVANGELIZACIÓN POR TI FORTALECIDA Y HACIA LA MISIÓN ENTRE
AQUELLOS QUE AUN NO TE CONOCEN. QUE TU MADRE ACOMPAÑE A LOS QUE
ACEPTAN VIVIR Y ANUNCIAR TU PALABRA, Y QUE SU INTERCESIÓN HAGA
FECUNDA TU SEMILLA. AMÉN.
13.
El sacerdote de rodillas ante el Santísimo Sacramento hace la
proclamación del año de la Eucaristía, con estas
palabras:
PROCLAMACIÓN
DEL AÑO DE LA EUCARISTÍA
Sacerdote:
Jesucristo, Salvador nuestro, te adoramos, te damos gracias y te bendecimos
por el inestimable regalo de la Eucaristía.
Por
amor, renuevas en ella el misterio pascual, te das como alimento en
la comunión y permaneces con nosotros en el sagrario.
Ayúdanos
a sentirte presente en la Eucaristía; que acudamos con gozo a
las aguas que manan de la fuente de la salvación.
Que
comprendamos y vivamos cada vez mejor la Eucaristía y que crezcamos
en el deseo de adorarte presente en el Sacramento.
Todos:
TE ADORAMOS, TE DAMOS GRACIAS Y TE BENDECIMOS
Sacerdote:
La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor,
no sólo como un don entre muchos, aunque sea muy valioso, sino
como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su
persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación.
Cuando
celebramos la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección
del Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central
de salvación y se realiza la obra de nuestra redención.
Han
transcurrido veinte siglos desde el día en que el Señor
instituyó la Eucaristía, por eso la Iglesia que peregrina
en México, quiere celebrar en el 2004 este AÑO EUCARÍSTICO:
Un año en que todos los fieles de nuestras comunidades frecuentemos
con más empeño y fruto la celebración de la Eucaristía,
que el día del Señor, sea santificado por todos y cada
uno de los católicos.
Un
año en el que profundicemos, por medio de la catequesis, el significado
tan entrañable que tiene el don que el Señor nos ha dado.
Un
año en que como fruto de nuestra participación en el Sagrado
Banquete, nuestras familias se unan, que se acabe con el egoísmo,
que se respete la vida que empieza y la que llega a su ocaso natural.
Un año en el que reconozcamos lo importante que es estar con
Él y reclinados a su pecho, como el discípulo amado, pasemos
largos ratos en conversación espiritual, en adoración
silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en la Eucaristía.
De
modo que podamos celebrar, en comunión con toda la Iglesia, el
48° Congreso Eucarístico Internacional y así, al inicio
del tercer milenio, Cristo sea la Luz que ilumina nuestros pasos y la
vida nueva que nos da la esperanza cierta de llegar a la meta de nuestra
peregrinación, donde contemplaremos al Señor y lo alabaremos
por los siglos de los siglos.
Todos:
AMÉN
14.
Después de la proclamación del Año de la Eucaristía,
todos a una dicen la oración por el 48° Congreso Eucarístico
Internacional:
Todos:
Señor,
Padre Santo,
que en Jesucristo, tu Hijo,
presente realmente en la Eucaristía,
nos das la luz que ilumina a todo hombre
que viene a este mundo,
y la vida verdadera que nos llena de alegría;
te pedimos que concedas a tu pueblo
que peregrina al inicio del tercer milenio,
celebrar con ánimo confiado
el 48° Congreso Eucarístico Internacional,
para que, fortalecidos en este banquete Sagrado,
seamos en Cristo, luz en las tinieblas,
y vivamos íntimamente unidos a Él
que es nuestra vida.
Que la presencia eficaz de Santa María,
Madre del verdadero Dios, por quien se vive,
nos sostenga y acompañe siempre.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
V.
BENDICIÓN
15.
Al final de la adoración, el sacerdote o el diácono se
acerca al altar; hace la genuflexión, se arrodilla y se entona
el Tantum ergo. Mientras tanto, arrodillado el ministro inciensa al
Santísimo Sacramento. Luego se pone de pie y dice: oremos.
Se
hace una pausa de silencio; luego prosigue:
Ilumínanos,
Señor, con la luz de la fe y enciende en nuestros corazones con
el fuego de tu amor, para que aceptemos que Cristo, nuestro Dios y Señor,
esta realmente presente en este sacramento y lo adoremos verdaderamente,
con amor y con fe. Por
Jesucristo nuestro Señor. AMEN.
El
sacerdote o el diácono, recibe el velo humeral, hace genuflexión,
toma la Custodia y bendice al pueblo con el Santísimo Sacramento.
Después de dar la bendición, deja la Custodia sobre el
altar y arrodillado dice las alabanzas:
Bendito
sea Dios.
Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la gran Madre de Dios María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.
Mientras
se reserva el Sacramento en el sagrario, el pueblo puede decir alguna
aclamación, o entonar otro cántico de alabanza, Vgr. Bendito,
bendito; Alabad al Señor; etc. Finalmente el ministro se retira.