Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Comisión
Pastoral
Misionera

Domund
2003

Domund
2004

Domund
2005

Domund
2006

Domund
2007

Domund
2008

Domund
2009

Domund
2010

Domund
2011

Mapa del Sitio

Ir al ÍNDICE-CONTENIDO


  Google
Vicaría      de Pastoral

Ir al Sitio Web de las OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES

LOS DISCÍPULOS SE

ALEGRARON DE VER

AL SEÑOR
(Cf. Tb, 13-14)


1. EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Habiéndose reunido el pueblo e iniciado un canto, el ministro se acerca al lugar de la Reserva. Trae el Sacramento y lo coloca en la custodia. El ministro inciensa al Santísimo.

Estación menor

He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos (Padre nuestro, Ave María, Gloria y canto).

Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; e! maná nutrió a nuestros padres (Padre nuestro, Ave María, Gloria y canto).

Buen Pastor, pan verdadero, ioh Jesús! Ten piedad. Apaciéntanos a todos los hombres y Mujeres del mundo y protégenos (Padre nuestro, Ave María, Gloria y canto).

Oración para el 48° Congreso Eucarístico Internacional

2. LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Primera lectura: Vivan siempre alegres, oren sin cesar.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los tesalonicenses 5, 16-24.

Hermanos: vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo ni desprecien el don de profecía, pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.

Palabra de Dios

Salmo responsorial (del Salmo 99)

R. Sirvamos al Señor con alegría.

Alabemos al Señor sus fieles todos, sirvamos al Señor con alegría y entremos en su templo, jubilosos. R.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que Él nos hizo y a Él pertenecemos; que formamos su pueblo y su rebaño. R.

Entremos por sus puertas dando gracias, por sus atrios, con himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. R.

Porque el Señor es bueno, eterna es su bondad y su fidelidad no tiene término. R.

Aclamación al Evangelio (Jn 15, 11)

R. Aleluya, aleluya.

Les he dicho esto, dice el Señor, para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

R. Aleluya, aleluya.

Evangelio: Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20, 19-23.

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos por miedo a los judíos, se presento Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envió yo". Después de decir esto, soplo sobre ellos y les dijo: "Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedaran perdonados, y a quienes no se los perdonen, les quedaran sin perdonar".

Palabra del Señor

(Silencio meditativo)

HOMILÍA

Gracias a este texto, de los albores de la Pascua, Cristo victorioso anuncia a sus discípulos el gran gozo de su presencia entre ellos, después de haber padecido y vencido a la muerte. Este hecho va más allá de una simple aparición; es presencia real y tangible. Recordemos que:

"Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomas estaba con ellos. Jesús se presento de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz este con ustedes". Luego le dijo a Tomas: "Aquí están mis manos, acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree" (Jn 20, 26-27).

Ciertamente, la fe va más allá de ver y tocar; rebasa la experiencia de los sentidos. El Papa enseña que "Sólo la experiencia del silencio y de la oración ofrece el horizonte adecuado, en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento mas autentico, fiel y coherente de aquel misterio" (NMI, 20).

La experiencia de haber visto al Señor resucitado causa en los discípulos una gran alegría que, precisamente, los hace exclamar "hemos visto al Señor": un anuncio pascual... ¡Que necesita ser anunciado!

En la Eucaristía, el Señor se nos presenta resucitado, lleno de vida, vida que quiere compartir con nosotros para que vivamos. El es la vida. Es el resucitado quien prepara la mesa para que nosotros, sus comensales, aprovechemos los lazos de unidad que nos ofrece, con Él y entre nosotros.

Después de participar en la Eucaristía, los cristianos regresamos a nuestras actividades cotidianas con la consigna espontánea que nace de esa experiencia de encuentro, de anunciar la alegría de haber visto al Señor. Esto lo podemos hacer, puesto que el Resucitado nos ha dado su Espíritu, el cual nos permite continuar su obra.

(Silencio orante)

Preces comunitarias

Acudamos a Cristo, que invita a todos a su Cena y en ella entrega su Cuerpo y su Sangre para la vida del mundo; digámosle:

R. Cristo, pan bajado del Cielo, danos la vida eterna.

Cristo, Hijo de Dios vivo, que nos mandaste celebrar la Eucaristía como memorial tuyo, enriquece a tu Iglesia con la celebración de tus misterios. R.

Cristo, Señor nuestro, sacerdote único del Dios altísimo, que has querido que tus ministros te representaran en la Cena Eucarística, haz que quienes presiden nuestras asambleas imiten en su manera de vivir lo que celebran en el Sacramento. R.

Cristo, maná bajado del Cielo, que haces un solo cuerpo de cuantos participan en un mismo pan, aumenta la unidad y la concordia de quienes creen en ti. R.

Cristo Jesús, médico designado por el Padre, que por el pan de la Eucaristía nos das el remedio de la inmortalidad y el germen de la resurrección, da salud a los enfermos y esperanza a los pecadores. R.

Cristo Señor, rey al que esperamos, Tú que nos mandaste celebrar la Eucaristía para anunciar tu muerte y pedir tu retorno, haz participar en tu resurrección a quienes han muerto estando en tu amor. R.

Cristo Señor nuestro, enviado del Padre, tú que nos enviaste también a llevar tu Evangelio a todos los confines de la tierra, aliméntanos con tu Eucaristía para tener el valor de cumplir tus designios universales. R.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día y que su reino venga a nosotros y a todos los pobladores de la tierra: "Padre nuestro..."

3. BENDICIÓN

Al final de la adoración, el sacerdote o diácono se acerca al altar; hace la genuflexión, se arrodilla y se entona el Tantum ergo. Mientras tanto, arrodillado el ministro, inciensa al Santísimo Sacramento. Luego se pone de pie y dice: Oremos (Se hace una pausa de silencio; luego prosigue).

Dios nuestro, que llevaste a cabo la obra de la redención humana por el Misterio Pascual de tu Hijo, concédenos que, al anunciar llenos de alegría por medio de los signos sacramentales su muerte y resurrección, recibamos cada vez con mayor abundancia los frutos de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

El sacerdote o diácono recibe el velo humeral, hace genuflexión, toma la custodia y bendice al pueblo con el Santísimo Sacramento. Después de dar la bendición, deja la custodia sobre el altar y, arrodillado, dice las alabanzas (Cf. p. 18).

Mientras se reserva el Sacramento en el sagrario, el pueblo puede decir alguna aclamación, o entonar otro cántico de alabanza, vgr. "Bendito, bendito"; "Alabad al Señor", etcétera. Finalmente, el ministro se retira.

Ir a la página anterior
Ir a la página siguiente