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LA EUCARISTÍA, LUZ Y

VIDA DEL NUEVO

MILENIO

HORA SANTA: ADOREMOS A CRISTO HIJO DE MARÍA

Exposición del Santísimo.

Canto: Bendito, bendito.

Bendito, bendito, bendito sea Dios,
Los ángeles cantan y alaban a Dios (2)

Yo creo Jesús Mío, que estás en el altar,
oculto en la Hostia te vengo a adorar (2)

Espero, Jesús mío, en tu suma bondad,
poder recibirte con fe y caridad (2)

MONICIÓN

Después de la Ascensión del Señor, la primera comunidad cristiana se reunía con María, la madre de Jesús, encontrando en ella el modelo y la maestra de la verdadera adoración. Hagamos también nosotros esa misma experiencia.

1. ADORACIÓN

Adoremos a Jesús,
Pan perfecto y celestial,
don del Padre, bajado del cielo,
Cuerpo nacido de María la Virgen,
guardado en el Arca de la Nueva Alianza.

Adoremos a Jesús, agua viva,
brotada de la piedra del Orbe,
Símbolo de la Virgen María,
que sacio la sed de los israelitas,
fruto del vientre generoso de María,
en lugar del fruto amargo
que Eva tomó del árbol y comió.

Adoremos a Jesús, vid fecunda,
que la Virgen María engendró,
y que produjo el vino delicioso
que alegra a todo el mundo.

Bendita tu entre todas la mujeres
y bendito Jesús, que hizo de tu seno
su altar de inmolación
y sagrario de nuestra adoración.

Oh santísima mesa del pan de vida
oh Señora del Santísimo Sacramento
Ayúdanos y enséñanos con tu amor
A ser perfectos adoradores de tu Hijo.

Oh María, Madre de la Eucaristía,
la mas perfecta adoradora de Jesús,
haznos dignos instrumentos
de las cosas de tu Hijo. Amén.

Momento de silencio

CANTO: Ha venido el Señor

Ha venido el Señor a traernos la paz.
Ha venido el Señor y en nosotros está.

Te alabamos, Señor
por tu inmensa bondad
Te alabamos Señor,
por tu cuerpo hecho pan.

Tú eres solo mi Dios,
mi Señor, mi heredad.

Tú eres solo mi Dios,
mi confianza en ti está.

2. ALABANZA Y ACCIÓN DE GRACIAS

Te alabamos y te damos gracias,
oh Dios misericordioso,
por haberte dignado bajar
De los cielos a esta tierra.
Insondable es tu misericordia;
por amor a nosotros has tornado tu cuerpo
De la Virgen Inmaculado,
porque así lo has establecido
desde la eternidad.

La Santísima Virgen,
Azucena blanca como la nieve,
es la primera en adorar y alabar
La omnipotencia de tu misericordia,
Su Corazón puro se abre con amor
A la venida del Verbo.
Cree en las palabras del mensajero divino
Y se fortalece en la confianza.
El cielo se asombro de que Dios
se hubiera hecho hombre,
que hubiera en la tierra
Un corazón digno de Dios mismo.

Oh misterio de la divina misericordia,
oh Dios de la piedad,
que te has dignado abandonar
El trono celestial,
Y has bajado a nuestra miseria,
A la debilidad humana,
porque no son los ángeles,
Sino los hombres
Los que necesitan tu misericordia.

Para adorar, alabar y dar gracias
dignamente a la misericordia del Señor
Nos unimos, oh Jesús
A tu Madre Inmaculada,
porque así nuestro himno
Te es más agradable
ya que Ella ha sido elegida
entre los ángeles y los hombres.
A través de María,
como a través del cristal puro,
ha llegado a nosotros tu misericordia;
por sus méritos
El hombre se hizo agradable a Dios,
por su mérito
Todos los torrentes de gracias
fluyen hacia nosotros. Amén.

CANTO: Señor ¿a quién iremos?

Señor, ¿a quien iremos?
Tú tienes palabras de vida.
Nosotros hemos creído,
que Tú eres el Hijo de Dios.

Soy el pan que os da la vida eterna,
El que viene a Mí no tendrá hambre,
El que viene a Mí no tendrá sed:
Así ha hablado Jesús

No busquéis alimento que perece,
Sino aquel que perdure eternamente,
El que ofrece el Hijo del hombre,
que el Padre os ha enviado.

3. LECTURA BÍBLICA

Lectura de Los Hechos de los Apóstoles 1,14; 2,22-47.

En aquellos días, todos los hermanos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús, con los parientes de Jesús y algunas mujeres. Acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan. Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Palabra de Dios.

Momento de silencio

Salmo Responsorial: 41

R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.

Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de mi Dios? R.

Recuerdo otros tiempos y mi alma desfallece de tristeza,
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R.

¿Por que te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío". R.

De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza del Dios de mi
vida. R.

CANTO DE MEDITACIÓN: Mi alma glorifica al Señor.

Mi alma glorifica al Señor mi Dios,
gózase mi espíritu en mi Salvador,
Él es mi alegría, es mi plenitud,
Él es todo para mi.

Ha mirado la bajeza de su sierva,
muy dichosa me dirán todos los pueblos,
porque en mi ha hecho
grandes maravillas el que todo lo puede,
cuyo nombre es santo.

Su clemencia se derrama
por los siglos sobre aquellos
que le temen y le aman;
desplegó el gran poder de su derecha
dispersó a los que piensan que son algo.

4. REPARACIÓN

Llamado de la Santísima Virgen

Hijos míos, ¡como se llena de gozo mi Corazón viéndolos a ustedes aquí en esta tarde, para adorar, amar y agradecer a Jesús, mi Hijo y mi Dios, presente en la Eucaristía, para consolarlo por tanto vacío, por tanta ingratitud, por tanta indiferencia, con que esta rodeado en su presencia real en todos los sagrarios de la tierra!

Gracias por la alegría que brindan, al corazón de Jesús, que se llena de ternura por ustedes. Gracias por la alegría que dan a mi Corazón Inmaculado.

He llegado a ser Madre del Santísimo Sacramento con mi "sí" en el momento de la encarnación, permitiendo al Verbo del padre de hacerse verdadero hombre en seno.

Ahora, en la Eucaristía, Jesús se hace presente con su Cuerpo glorioso, aquel Cuerpo que el recibió de su madre y que no es distinto del cuerpo nacido en Belén, muerto en el Calvario y resucitado.

Como su cuerpo glorioso esta aquí ahora frente a ustedes, igualmente su madre celestial, con su cuerpo glorioso esta aquí al lado de mi Hijo Jesús.

Yo soy por lo tanto la Madre de la Eucaristía. Yo soy la Madre llena de gozo de la Eucaristía.

Yo soy también la Madre dolorosa de la Eucaristía, por tanto vació, abandono e ingratitud que rodean a mi Hijo en este sacramento. Por eso en Fátima, por medio del Ángel de la Paz, les enseñé a mis niños esta oración:

"Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco los preciosísimos Cuerpo y Sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los cuales Él es ofendido".

Amarga profundamente mi Corazón de Madre, la manera con la cual se trata a Jesús en muchos templos, donde se le coloca en un rincón, como si fuera un objeto cualquiera para usarse en sus reuniones eclesiales.

Pero, sobre todo, son los sacrilegios que forman alrededor de mi corazón Inmaculado una dolorosa corona de espinas. ¡Cuantas comuniones sacrílegas se hacen! Por eso soy la Madre Dolorosa de la Eucaristía.

Por lo tanto, hijos míos, consagrados a mi Corazón Inmaculado, sean ustedes hoy los que llaman fuertemente aun retorno de toda la Iglesia a Jesús, presente en la Eucaristía.

Breve silencio

Oración a Ntra. Sra. de los Dolores

Oh Virgen de las lágrimas,
mira con maternal bondad
el dolor del mundo.

Seca las Lágrimas de los que sufren,
de los olvidados, de los desesperados
y de las víctimas de toda violencia.

Seca las lágrimas de arrepentimiento
y de vida nueva,
que se abran los corazones al don de Dios. A
mén.

5. SÚPLICA

A María, madre de la Eucaristía

Te saludamos, María,
dulce madre de la Eucaristía.
Tú nos has dado con dolor y mucho amor
a tu Hijo Jesús, mientras colgaba de la cruz.

Nosotros, débiles criaturas,
nos aferramos a ti para ser hijos dignos
de este gran amor y dolor.
Ayúdanos a ser humildes y sencillos,
ayúdanos a amar a todos los hombres,
ayúdanos a vivir en gracia
para ser siempre dispuestos
a recibir a Jesús en nuestro corazón.

Oh María, madre de la Eucaristía,
nosotros no podremos nunca comprender
este gran misterio de amor.

Alcánzanos la luz del Espíritu Santo,
porque solo entonces podremos entender,
aunque solo por un instante,
todo el infinito amor de tu Hijo Jesús
en su entrega por nosotros. Amen.

CANTO: Es mi cuerpo.

Es mi cuerpo, tomad y comed, es mi sangre, tomad y bebed,
porque Yo soy vida, Yo soy amor, oh Señor, nos reuniremos en tu amor.

El Señor nos da su amor como nadie nos lo dio,
Él nos guía como estrella en la inmensa oscuridad.
Al partir juntos el pan, el nos llena de su amor,
pan de Dios el pan comamos de amistad.

SUPLICA

R. Por amor de María, dónanos el pan de vida

Cristo Señor nuestro,
Maná bajado del cielo,
que alimentas a tu Iglesia
Con tu cuerpo y con tu sangre,
Fortalécenos con este alimento,
en nuestro camino hacia el Padre. R.

Cristo Jesús,
Huésped invisible de nuestro banquete,
que estas junto a la puerta y llamas,
entra en nuestra casa y cena con nosotros. R.

Cristo Jesús,
Verdadero adorador del padre,
cuyo sacrificio ofrece tu Iglesia
desde la salida del sol hasta el ocaso,
reúne en tu cuerpo a los que alimentas
de un mismo pan R.

Cristo Jesús,
Primogénito entre muchos hermanos,
Haz que quitemos nuestro egoísmo
Y dureza de corazón,
para que seamos atentos y cuidadosos
con nuestros hermanos. R.

Cristo Jesús, rey al que esperamos,
Tú que nos mandaste celebrar
La Eucaristía para anunciar
Tu muerte y pedir tu retorno,
Haz participar en tu resurrección
A nuestros hermanos difuntos. R.

Oremos

Señor, nuestro Dios, que has querido que en la primera comunidad cristiana estuviera presente la Madre de tu Hijo, concédenos perseverar con ella en la espera del Espíritu, para formar un corazón solo y un alma sola, y así gustar los frutos dulces y duraderos de nuestra resurrección. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

CANTO FINAL: Mientras recorres la vida.

Mientras recorres la vida
tú nunca solo estas,
contigo en el camino Santa María va.
Ven con nosotros al caminar: Santa María, ven (2)

Aunque te digan algunos
que nada puede cambiar,
Lucha por un mundo nuevo,
Lucha por la verdad.

Si por el mundo los hombres
sin conocerse van,
No niegues nunca tu mano
al que contigo esta.

Aunque parezcan tus pasos
inútil caminar, tú vas haciendo camino,
Otros los seguirán.

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