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CELEBRACIÓN

PARA

JÓVENES

JESÚS SE ESTÁ DANDO

  • La capilla o lugar de la exposición del Santísimo, pueden estar ambientados con imágenes de personas en actitud de servicio a los demás.
  • Se hace la exposición del Santísimo y se reza una estación menor.

AMBIENTACIÓN

Nos ponemos en la presencia del Señor, en este momento de oración, en el que le pediremos nos ayude a conocer más a ese Corazón que en la Eucaristía late de amor por cada uno de nosotros. Aunque parezca que esta callado y silencioso, es el lugar donde se trabaja más, es donde está el mayor amor. Él se ha quedado para acompañarnos por amor.

¿No podremos nosotros corresponderle con ese mismo amor?

¿Nos abrimos al amor de Cristo para poder amar como Él nos amó?

CANTO

Se sugiere un canto al Espíritu Santo

PRIMERA MEDITACIÓN

Se inicia con la lectura del siguiente Evangelio (Jn 15, 9-17).

Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en practica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en practica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa. Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor mas grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. En adelante ya no los llamare siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su Señor. Desde ahora los llamare amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre. No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los eligió a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros".

Se hace un momento de silencio y después se lee la siguiente historia, con música de fondo.

"Iba yo pidiendo, de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos, como un sueno magnifico. Y yo me preguntaba, maravillado, quien seria aquel Rey de reyes.

Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo.

La carroza se paró de mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin.

Y de pronto Tú tendiste tu diestra, diciéndome: "¿Puedes darme alguna cosa?" iAh, qué ocurrencia la de tu realeza!, ¡pedirle a un mendigo!

Yo estaba confuso y no sabia que hacer. Luego saque despacio de mi saco un granito de trigo, y te lo di. Pero que sorpresa la mía, cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón...

¡Qué amargamente lloré por no haber tenido corazón para dárteme todo!" (R. Tagore).

Lo realmente importante en el don no es darlo, sino darse en el don. Dar la vida es dar el don de sí mismo, es darse.

Dar la vida es un acto que tiene sentido cuando es expresión de una actitud que se hace acto cada día. La muerte de Cristo por nosotros, sus amigos, cobro el sentido que había tenido su vida: la entrega al hombre que vino a redimir.

No esperes la ocasión de dar tu vida por el amigo; demuéstrale tu amistad, compartiendo con el lo que tienes. No todos están capacitados para entregar su vida, porque algunos la tienen pero no la poseen. Examina si te posees a ti mismo; ésa será la medida de tus donaciones.

No tengas miedo de hacer ofrenda de ti; es la única manera de poseerte en plenitud. Cuando te das al amigo, te prolongas y eres mas que tu. Estas en ti y en el otro.

No hay mayor amor que el de dar la vida, porque supone que te has esforzado en poseerte, has ido muriendo a ti y, en la misma medida, has nacido en los otros.

SILENCIO

Se dejan unos momentos de silencio para que cada joven interiorice la reflexión.

SALMO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Nuestra respuesta habrá de ser la de un corazón que se siente amado, que está invitado a imitar este mismo amor. Por eso damos gracias al Padre, por el amor que nos ha tenido al entregarnos a su Hijo Único.

* Se sugiere cantar el siguiente estribillo:

En Jesús puse toda mi esperanza, Él se inclinó hacia mí y escuchómi clamor (bis).

* Recitar el Salmo, todos juntos, intercalando el estribillo entre las estrofas.

* Al final, los jóvenes pueden repetir la frase que más les haya llamado la atención.

SALMO 39

"En ti, Señor, he puesto mi confianza, mi esperanza; Tú te has inclinado con ternura sobre mí, y has escuchado mi clamor y has acogido mi vida. Te doy gracias de todo corazón; me alegro contigo. Tú me has sacado, Señor de la fosa fatal, Tú me has levantado del fango cenagoso donde estaba; Tú has asentado mis pies sobre roca firme; Tú has dado consistencia a mis pasos en busca de sentido. Te doy gracias de todo corazón, me alegro contigo.

Yo me siento dichoso y te canto un canto nuevo; yo te alabo y exulto de alegría ante ti, Señor. Tu presencia me llena de respeto y ante ti me anonado; y decidido me voy en pos de ti, renunciando a la mentira. Te doy gracias de todo corazón; me alegro contigo.

¡Cuantas maravillas has realizado en mi vida, Señor mío; como Tú no hay nadie capaz de tanto amor hacia el hombre! Quiero dar testimonio de tu bondad y ternura para conmigo y cantar, Señor Jesús, lo que Tú has hecho con mi historia. Te doy gracias de todo corazón, me alegro contigo.

Tú no quieres, Señor, cosas que mueren, palabras sin certezas; Tú no quieres buenos sentimientos de barro, una nueva circunstancia; lo que Tú quieres, Señor Jesús, es un corazón abierto y noble, capaz de decir: "Sí" a la voluntad del Padre; capaz de decir: "Aquí estoy". Te doy gracias de todo corazón; me alegro contigo.

Quiero proclamar tu justicia entre los hombres, hacer historia; quiero llevar tu voluntad de compartir ante los pueblos; quiero proclamar tu lealtad al hombre perseguido y marginado, quiero que tu amor y tu verdad lleguen hasta el corazón más pobre. Te doy gracias de todo corazón; me alegro contigo.

Quiero vivir haciendo camino con las obras del bien; quiero dejar a mi paso estelas de paz y misericordia. No me dejes poner el pie en el hoy profundo del mal y no permitas nunca que de ti tenga vergüenza. Te doy gracias de todo corazón, me alegro contigo.

En ti mi corazón se goza y se alegra desde el fondo; con los que te buscamos día a día yo repito: ¡grande eres, Señor! Yo amo tu salvación, he experimentado la verdad de tu amor. Soy pobre, indefenso, desdichado tantas veces, Señor del hombre, pero mi corazón confía en ti y te alaba en todo momento. Quiero darte gracias siempre: en lo bueno y en lo duro, porque creo, Señor, que, pase lo que pase, Tú estás siempre conmigo.

SEGUNDA MEDITACIÓN

La Eucaristía es el Sacramento en el que la Iglesia celebra la profundidad de su propia fe, donde debemos tomar conciencia de la condición de Cristo pobre, sufriente, perseguido.

Jesucristo, quien tanto nos ha amado, hasta dar la vida por nosotros, y que se nos da en la Eucaristía como alimento de vida eterna, es el mismo que nos invita a reconocerlo en la persona y en la vida de nuestros hermanos.

Por eso, en este momento, hagamos nuestros los deseos de la Madre Teresa de Calcuta.

Señor: Cuando tenga hambre, dame alguien que necesite alimento;
cuando tenga sed, envíame alguno que necesite una bebida;
cuando tenga frió, envíame alguno a quien calentar;
cuando tenga un disgusto, ofréceme alguno a quien consolar;
cuando mi cruz resulte pesada, hazme condividir la cruz del hermano;
cuando soy pobre, guíame hacia alguno que pase necesidad;
cuando no tengo tiempo, dame alguno a quien pueda aliviar algún momento;
cuando necesito que alguien se ocupe de mi, envíame alguno de quien ocuparme;
cuando pienso en mí, atrae mi atención sobre otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos que por todo el mundo viven y mueren pobres y hambrientos.

Dales hoy, empleando nuestras manos, su pan de cada día, y dales por medio de nuestro amor comprensivo, paz y alegría.

Se dejan unos mementos de silencio para que cada joven interiorice la reflexión.

CONCLUSIÓN

Se trata de motivar a los jóvenes a seguir buscando a Cristo Eucaristía, para alimentar su compromiso de amor al prójimo.

Al cristiano se le conoce por la Fracción del Pan. Se alimenta de un pan partido y compartido que es el mismo Cristo. Quien comulga ya no vive por si mismo, sino por Cristo. Su vida, su existencia, quedan transformadas. Entonces, si Cristo se hizo pan, quien comulga tiene que convertirse en pan. Quien comulga tiene que dejarse comer, como el pan. Si el que comulga, come amor entregado de Cristo, a base de comulgar, tiene que aprender a amar como Cristo y entregarse como Él.

Se trata de transformar toda la vida en algo tan bueno y gustoso como el pan.

"Te hiciste carne en el trigo, Señor,
para saciar la ansiedad de los hombres,
te hiciste carne en el trigo para limpiarnos el corazón.

Pidamos a María, ella que supo hacer de su vida una eterna ofrenda, que nos enseñe a saber ofrecernos por amor al Padre".

Se reza el Padre nuestro

BENDICIÓN

La celebración concluye con la Bendición del Santísimo.

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