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“Cristo Eucaristía como Sacrificio”

Emmo. Card. Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga
Cardenal de Honduras

El tema de la Santa Eucaristía que es el Sacramento de Nuestra Fe, es el centro de nuestra vida, es como la fuente del dinamismo misionero para toda la Iglesia. Por eso vale la pena reflexionar sobre esto, y sobre todo aplicarlo en el trabajo misionero concreto. A mí me pidieron que reflexionáramos juntos sobre el tema de “la Eucaristía como Sacrificio” y creo que vamos a encontrar muchas cosas que nos van a enriquecer enormemente, sobre todo desde la perspectiva de la inculturación que es un desafío para nosotros.

Muchas veces podemos emplear la palabra sacrificio, dándole significados muy diversos, decimos que es un sacrificio soportar algo que nos molesta, hacer algo por otros, parece que el sacrificio es algo negativo, que se acepta porque no hay más remedio. También decimos que la Eucaristía, es un sacrificio y podemos pensar que aquello que es el centro de la vida del cristiano es algo que hay que soportar con paciencia aunque no nos guste, por eso es importante profundizar el tema, ya que mucha gente puede entenderlo así, debemos ir a misa, ¡qué problema!, mi papá me obliga ir a misa, sobre todo los adolescentes, mi mamá que ya no la aguanto. Pensar que es algo que hay que soportar con paciencia aunque no nos guste, esa no es nuestra opinión pero puede ser que este concepto no este demasiado claro, por eso profundizaremos en el tema. 

El sacrificio es algo que está presente en toda la religión. La palabra sacrificio viene del latín “hacer sagrado” y tienen un significado distinto de otra palabra con la que podemos confundir y que también viene del latín, “mortificación” pero no todo sacrificio tiene que ser una mortificación. En las diversas religiones el sacrificio reviste tres formas distintas, ofrecimiento de dones, expiación y comunión. 

El sacrificio consiste en ofrecer algo a Dios, ofrecer unos dones. Este ofrecimiento de dones expresa un sentimiento religioso muy profundo de entrega a Dios. El hombre reconoce que de Dios le viene todo y como señal del reconocimiento de la propia dependencia con respecto a Dios le ofrece algunos dones. Con esos dones representa su entrega a Dios la entrega del hombre a Dios, nunca es perfecta, nunca es total. 

Del reconocimiento de este hecho nace la segunda figura del sacrificio, la expiación. El hombre ofrece a Dios sus dones, no sólo como expresión de dependencia, sino como expresión de que le quiere entregar a Dios lo mismo que le entrega su sacrificio. Se le ofrecen a Dios unos dones para pedir perdón, al mismo tiempo que se manifiesta el deseo de seguirse relacionando con Dios. 

Finalmente también existe el sacrificio como unión. Con ese tipo de sacrificio la persona expresa que realmente Dios está presente en su vida y que él esta presente en la vida de Dios en el espacio del culto. De esta figura del sacrificio incluye a las otras dos, estar en la presencia de Dios en medio del sacrificio, implica manifestarle la propia entrega, al mismo tiempo que se reconoce y se supera la propia debilidad de ese sacrificio debe tener la forma de un banquete, de una comida con Dios. 

Conviene aclarar que las tres formas de sacrificio no son totalmente independientes aunque cada una tiene un significado. Vamos a ver el sacrificio de comunión como banquete con Dios, porque es muy importante comprender lo que signi.ca eucaristía en medio de una comida. En los banquetes rituales de todas las religiones se realizan una serie de actos simbólicos, una serie de oraciones que culminan en comer en común, los dones que se han ofrecido a la divinidad, en la comida ritual, se distribuyen y se comparten una serie de bienes en común, es un aprendizaje de solidaridad. Compartir el alimento se aprende a preocuparse de los que no tienen que comer, ya que el banquete en común es un acto de solidaridad social en la comunidad, pero no sólo eso, compartir la mesa es un acto de relación entre los miembros de la comunidad. 

Comer juntos no es simplemente comer unos a lado de otros, es compartir algo más que el alimento que consumimos, es compartir la amistad. Cuando queremos subrayar la falta de confianza con una persona le decimos, ¿cuándo hemos comido en el mismo plato? Se trata por lo tanto no sólo de alimentar el cuerpo, sino de alimentar el espíritu. En los banquetes rituales, hay una pedagogía de lo sagrado. Compartiendo la comida se transmiten los valores y las creencias que sustenta una comunidad, pero si nos quedamos en esto nos habremos olvidado de lo más distintivo de los banquetes, el banquete ritual no sólo es comer entre nosotros, sino es comer con Dios. El banquete ritual anticipa la reunión con Dios que esperan realizar los comensales, los alimentos sacrificados son consumidos por la comunidad, realizando de forma ritual aquello que es el objetivo del hombre religioso, reunirse definitivamente con Dios. 

Ahora nos vamos a central en el sacrificio que es al mismo tiempo el sacramento de nuestra fe, la muerte del Señor Jesús. Primero nos vamos a plantear la situación al interior “el pecado”. El pecado es la negación de Dios, es la desaparición de la posibilidad de dirigirse a él de forma natural como un niño pequeño se dirige a su padre, por eso, con el pecado aparece la angustia, aparece la necesidad de relacionarse sea como sea con Dios. Es este sentimiento de angustia y soledad el que genera la dinámica del culto y de los ritos en un intento de relacionarse con Dios.

En esta situación llega el Señor Jesús como enviado de Dios que propone una nueva relación con Dios, Dios es padre, es persona; esta, que es la imagen definitiva de Dios, fue aceptada por sus contemporáneos y terminó en la cruz para Jesús. La cruz es una ruptura y una ruptura definitiva de los hombres con Dios. La cruz, en cierto sentido, realiza la muerte de Dios en el mundo, en cambio, la cruz representa el olvido del único que merecía ser recordado por él. Jesús muere como un maldito, como un abandonado, en la ruptura más fatal que se puede dar entre Dios y el hombre, pero paradójicamente es en la cruz donde Jesús lleva a su extremo la que fue su misión en el mundo.

En la cruz, Jesús perdona, pide la gracia ahí donde pareciera no haber gracia. Perdonando el señor lleva hasta el extremo su amor a los hombres poniéndolo al mismo nivel que el amor a Dios, abandonado por Dios aparentemente, Jesús muere invocándolo, entregándole a él su misma muerte. En la cruz el Señor Jesús vive hasta el extremo de la muerte como separación. Separado de los hombres, supera esta barrera del perdón, separado de Dios supiera esta barrera de la invocación.

En la cruz del Señor descubrimos la presencia del perdón y la presencia de la invocación a Dios en lo más profundo del pecado. Es un sacrificio, es un rehacer lo sagrado del hombre desde la profundidad de su rechazo de Dios. Contemplando la cruz vemos que en el mismo pecado hay perdón, que en el mismo olvido de Dios hay recuerdo, ese perdón y ese recuerdo pueden ser más que el pecado. 

Sabemos que el Señor ha resucitado, que el perdón y la invocación a Dios son posibles, la muerte no tiene la última palabra y eso es lo que celebramos en la Eucaristía. 

Ahora vamos entrar a lo que es el sacrificio en general. Sacrificio es una de las palabras más usadas en el lenguaje religioso, su significado se presta a muchas interpretaciones según las religiones, según las culturas. Existe un mundo entre los sacrificios que hace un jugador de fútbol americano y los sacrificios financieros que se impone un padre de familia para darle a sus hijos una vida digna y los sacrificios fundamentales que hacían los cananeos, alzando sus muros de sus baluartes sobre las víctimas humanas o los ritos de los funerales egipcios y lo que tradicionalmente llamamos el Santo Sacrificio. 

Etimológicamente como decíamos antes, el sacrificio significa volver sagrada alguna cosa. Es un termino muy cercano a consagrar que signi.ca hacer algo sagrado dedicándolo a Dios. El universo entero esta consagrado a Dios, acordémonos del Salmo 24 “del Señor es la tierra y cuanto la llena”. 

La definición de consagración es ambigua, no se ofrece a Dios la primicia de la cosecha o los primogénitos nacidos del amor humano porque no están consagrados, se les presentan porque ya estaban consagrados, no sólo le pertenecen las primicias a Dios, le pertenece la cosecha entera, no sólo se le dedica el primogénito, sino que los demás niños junto con su madre están consagrados porque han nacido de su bendición. Basta que veamos el salmo 128 y lo encontramos ahí muy claro: en cierto sentido no se puede ofrecer a Dios nada que no le pertenezca ya, sólo se entrega lo que de él se ha recibido. El primer libro de las crónicas 29-14 dice que uno viene de ti y de tu mano te lo damos. 

Las definiciones de sacrificio varían también de un autor a otro, para algunos el sacrificio es un signo expresivo, eficaz del retorno del hombre hacia Dios el cual lo recibe, según otros es un homenaje a Dios bajo la forma de un objeto, por eso se utiliza la palabra oblación (ofrenda, ofrecimiento o sacrificio) que recibe un determinado tratamiento, a veces, destructivo y entonces se habla de inmolación (destruir lo que se ofrece) que se materializa en transferencia con el dominio de Dios, un famoso teólogo dice que el sacrificio es una ofrenda hecha a Dios para rendirle homenaje, para entrar comunicación con él y para obtener su sabor y San Agustín dice: El sacrificio visible es el sacramento, el signo sagrado del sacrificio invisible. 

Entonces así nos vamos dando cuenta las constantes que aparecen en todo  sacrificio, aunque algunas de ellas puedan parecer sospechosas al haber sido hechas a medida para adaptarse al sacrificio de Cristo en la Cruz y en la Cena, por eso decimos que la Cena es un Sacrificio. En algunas religiones primitivas se supone que el Sacrificio es capaz de calmar la agresividad de los espíritus del mal, para que dejen tranquilos a los humanos. De los buenos espíritus no se ocupan para nada, porque como son buenos, son favorables. Hay que tener tiempo para los malos espíritus. 

En la religión Babilónica se conocía una variedad de sacrificios como ofrendas de comida, ofrendas de perfumes y sacrificios sangrientos y particularmente interesante es el sacrificio expiatorio, aparece con una variedad de expresiones es principio de sustitución, tenemos también que recordar esto porque tiene que ver con toda la tradición hebrea, se inmola una víctima para entregarla a los demonios que atormentan al pecador y al enfermo y gracias a una serie de fórmulas mágicas el demonio cede al conjuro y pasa al animal.

Los cananeos realizan sacrificios humanos e Israel conoció esas atrocidades y las quería transformar en homenaje a la divinidad. Los Gabaonitas sacrificaron a siete hijos de Saúl desmembraron sus cuerpos ante Yahveh en el monte, como un rito de fertilidad. 

Entre los antiguos árabes el sacrificio requería la efusión de sangre de la víctima. La sangre, símbolo de fraternidad, sirve para sellar la unión ya sea entre hermanos o sea con Dios, en otros lugares la comida, sobre todo si se comen a la víctima juntos, da a la fraternidad de sangre un carácter sagrado. El sacrificio cotidiano revestía el carácter de una comida ofrecida a la divinidad y no se duda en llevar a la boca de la estatua divina el muslo sangrante de la víctima manchando los labios con la sangre. Esas ofrendas de alimentos también se practicaban entre los caldeos como aparece en el libro de Daniel. Pero esos sacrificios hieren nuestra sensibilidad, sin embargo, en ese campo cultural son venerables representan un esfuerzo, a veces lleno de miedo, a veces de amor, para buscar al Dios desconocido. 

El hombre se expresa como puede ante lo invisible, pero es peligroso partir sólo de estas bases para explicar el sacrificio del Señor Jesús. Es otra cosa totalmente distinta, en ese caso estaríamos interpretando en función de la práctica sacrificial de los hombres, cuando en realidad hay que intentar comprenderlo desde la óptica de Dios. El mismo nos quiere revelar de su amor, sino podemos caer en unos esquemas equivocados que se pueden reducir así, por el pecado el hombre desobedece a Dios, Dios se enoja y exige una victima expiatoria y por eso sacrifican a su propio hijo para que esta muerte apacigüe su cólera. 

Sin embargo mucha gente piensa así. En la semana santa yo siempre me peleo con algunos coros que cantan Dios esta eternamente enojado, ¿Cómo es eso que le vamos a cantar al señor que esta eternamente enojado? Dios no puede estar eternamente enojado, este es el reflejo de una teología negativa, reducimos el comportamiento de Dios a la de un hombre cualquiera, lo rebajamos todavía más, porque qué hombre teniendo un corazón de bestia va exigir la muerte de su hijo para extinguir su ira.

Para entender el sacrificio del Señor Jesús en el calvario utilizando al mismo tiempo la luz que nos puede aportar al estudio de las religiones comparadas, hay que volver a colocarnos en el terreno bíblico, sólo ahí encontraremos la clave para su comprensión.

Vamos a sumergirnos un poquito y buscar la tradición bíblica y los sacrificios que aparecen en la Biblia, esto nos va a empezar a indicar el camino para entender la celebración de la Eucaristía como sacrificio.

El holocausto nos llega a través de la Biblia de los setenta y luego Vulgata del hebreo cuya raíz significa subir, el holocausto es un sacrificio en que la víctima un toro, un cabrito, un cordero sube sobre el altar. En el altar se le quema totalmente y así sube hacia a Dios. Esta previsto en el ritual que imponga la mano sobre la víctima para indicar en este gesto solemne que la víctima le pertenece y él es quien la ofrece.

El Sacerdote es el encargado de hacer correr la sangre sobre el altar, ese sacrificio se acompañaba con una ofrenda de flor de harina amasada con aceite y una medida de vino. Ahí esta el trasfondo del sacrificio del Señor Jesús, en la época antigua expresaba acción de gracias e incluso oración de servicio. 

En segundo lugar encontramos no sólo el holocausto sino el sacrificio de comunión, la palabra hebrea Shelamin diversas interpretaciones y se debe referir a un sacrificio de paz, a un sacrificio ofrecido de manera de tributo, para restablecer la relación con Dios, es decir, que es un sacrificio de alianza. 

Las víctimas eran las mismas que las del holocausto, excluyendo las aves en cambio pero ser hembras. En el holocausto tenían que ser obligatoriamente machos, pero también en este sacrificio se daba la imposición de manos y la efusión de la sangre sobre el altar, pero su principal característica era que la víctima se divida en tres partes, una para Dios, otra para el sacerdote y otro más para el que la ofrecía. A Dios se le ofrecía la sangre, se le ofrecía la grasa considerada como una parte noble que se quemaba, ya que toda grasa pertenece a Yahveh, no comeré ni grasa, ni sangre. 

Por esa razón, cuando les salgan los testigos de Jehová y les digan que no pueden comer la sangre, díganles que por qué comen grasa y por qué comen frituras, si las dos cosas pertenecen a Yahveh. 

La comida comunitaria, en la cual el bien recibía su parte de la víctima recibida en el altar sellaba la comunión familiar de Dios con los suyos, en ese sentido San Pablo nos dice que comerse las víctimas es participar del altar y participar del altar es entrar en comunión con Dios. 

El sacrificio tenía un carácter festivo, se decía alegrarse delante de Yahveh, el altar era la mesa de Yahveh, las ofrendas rituales eran el alimento de Yahveh, se depositaba también ante él los panes de la proposición, se depositaba aceite y se depositaba vino y también sal porque la sal es un condimento necesario para la comida y las viandas acariciando las narices de Yahveh, subía hasta el cielo con calmante aroma, pero claro que no se podían comparar estos sacrificio no se podía comparar este sacrificio con los dioses estúpidos del panteón de Cananeo. 

El sacrificio de la comunión expresa admirablemente la comensalidad con Dios, es una comida hecha en su presencia. El altar es la mesa común, el bien es el invitado de Dios y esto viene del antiguo testamento y le estamos poniendo como el telón de fondo sobre el cual vamos a ubicar la institución de la santa eucaristía y después el sacrificio expiatorio, que tiene una importancia muy grande en el pueblo de Israel. 

El sacrificio expiatorio que tiene una importancia muy grande en el pueblo de Israel, para designar el sacrificio expiatorio el hebreo tiene dos términos Hatad y Hasan. Hatad que significa pecado, sacrificio del pecado y víctima de este sacrificio, en tanto designa también la ofensa, el modo de repararla y el sacrificio de reparación. La diferencia entre el sacrificio de reparación y el sacrificio por el pecado era poca, se caracterizan ritos de expiación por la importancia que se le da a la sangre, atención, aquí en el sacrificio ofrecido por la asamblea de los hijos de Israel, es decir por todo el pueblo, el Sacerdote recoge la sangre, la lleva al santuario a que ciertas personas del pueblo delante de Yahveh, depositen una parte del lado del altar de los perfumes y vierta el resto al pie del altar de los holocaustos, por qué, porque la sangre es el alma de la víctima, tiene un valor expiatorio, porque la vida de la carne esta en la sangre y yo la voy para hacer expiación en el altar por nuestras vidas, con la expiación por la vida, con la sangre que hacen dice el libro del Levítico.

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