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TEMA 4
Impulso Misionero de Juan Pablo II

Pbro. Guillermo Alberto Morales Martínez
Director Nacional de OMPE

La casa de las Obras Misionales Pontificio Episcopales, están situadas a media cuadra de la Basílica de Guadalupe, por tal motivo frecuentemente tengo la oportunidad de realizar una visita a nuestra Madre Santísima, en dichas visitas también me detengo ante una gran estatua de Juan Pablo II y me pongo a meditar sobre el impulso misionero que este gran Papa nos ha dejado de herencia. 

Dentro de sus mensajes el nos invitaba a trabajar en una acción misionera tomándola como una reasunción de valores, una nueva construcción que sentara las bases de un humanismo Cristiano en el que los valores naturales se compenetraran con los de la revelación, La Gracia de la filiación adoptiva divina, de la fraternidad con Cristo, de la acción santificadora del Espíritu, es decir, la gracia que hace surgir al hombre nuevo elevado a una dimensión trascendente, haciéndolo capaz de practicar las virtudes como el perdón y el amor al prójimo. 

Él mismo en su amor a la Iglesia nos la presentaba como una misión encarnada, abierta con dinamismo al mundo como centro de promoción humana.

Juan Pablo II siempre fue consciente del servicio misionero del Papa, a través de sus viajes, nos decía el como había podido admirar la Fe, las riquezas espirituales y la vitalidad de las Iglesias jóvenes, compartiendo sus alegrías, sus necesidades y sus sufrimientos. El contacto con las muchedumbres humanas que aún ignoran a Cristo decía el, “Me he convencido todavía más de la urgencia del anuncio evangélico”.

En su acción evangelizadora el no se sentía solo porque era un hombre incluyente. Frecuentemente recordaba el título dado a las familias por el Concilio Vaticano II como Iglesia doméstica y decía que : “La Evangelización de la familia constituye, pues, el objetivo principal de la acción pastoral, y esta a su vez, no alcanza plenamente su finalidad, si las familias cristianas no se convierten ellas mismas en evangelizadoras y misioneras”.

Con verdadero amor de padre y pastor alentaba la acción de las familias en el plano religioso haciendo tomar conciencia a los padres cristianos de sus propias responsabilidades.

Esta acción misionera de la familia, nos decía, que tenía que conservar en un primer lugar a la oración y el sacrificio, elementos que ayudan indudablemente a
la Santidad de la familia cristiana. 

Juan Pablo II también fue muy claro al recordar el principio de la corresponsabilidad a sus hermanos Obispos y les decía que en cuanto miembros de Colegio Episcopal, Cristo les confió como a sucesores de los apóstoles, ésta magna tarea de propagar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra; decía, “Los Obispos, al mismo tiempo como pastores de porciones de rebaño, son y deben sentirse solidariamente responsables, en unión con el Vicario de Cristo, de la marcha y del deber misionero de toda la Iglesia se debe mostrar activamente solícitos por aquellas regiones del mundo donde no ha sido mencionada toda la palabra de Dios o en donde, debido principalmente al escaso número de sacerdotes los .eles se encuentran en peligro de alejarse de la práctica de vida cristiana y aún de perder la fe .

Cuando el Santo Padre recuerda el deber misionero de los sacerdotes retomando (P.O.X, A.G.39), nos dice que el don Espiritual de la Sagrada ordenación dispone en los sacerdotes una misión amplísima y universal de salvación hasta los últimos confines de la tierra, pues todo ministerio sacerdotal participa de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. Así pues, todos los sacerdotes “Han de estar profundamente persuadidos de que su vida ha sido consagrada también para el servicio de las misiones: todo sacerdote es misionero por su naturaleza y vocación”.

“La vocación pastoral de los sacerdotes es grande y el Concilio enseña que es universal: Está dirigida a toda la Iglesia y, en consecuencia, es también misionera.

En un discurso a los miembros de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en Abril de 1989 el Papa hacer recordar que “Todo sacerdote es propiamente misionero para el mundo”, y hace una invitación a todos los sacerdotes de la Iglesia a “Ofrecerse al Espíritu Santo y al Obispo para ir, como enviados, a predicar el Evangelio allende de los confines de su país.

En 1985, año internacional de la juventud hace un llamado a los jóvenes para que acepten el compromiso misionero ya que lo define como la esperanza de la Evangelización invoca de los jóvenes el concurso de sus energías, de su generosidad, de su entrega inteligente, que sebe responder siempre a la cita cuando se trata de sostener una causa justa. 

En su mensaje del Domund de 1985 el Papa nos dice que la Iglesia es comunidad misionera y no es momento de ceder al miedo o de legar a otros esta misión, difícil pero sublime. 

Cada uno, como miembro de la Iglesia, ha de asumir su parte de responsabilidad, cada uno debe de hacer comprender a los que están a su alrededor, en la familia, en la escuela, en el mundo de la cultura, del trabajo, que Cristo es el camino, la verdad y la vida, que sólo el puede vencer la desesperación y la alienación del hombre, donde la razón de su existencia como criatura dotada de altísima dignidad, hecha a imagen y semejanza de Dios. 

En su visión del mundo nos hacía tomar conciencia de la falta de apóstoles como un apremio prioritario de la misión, con su testimonio de vida y sus palabras no pedía desarrollar siempre la concurrencia misionera en las Iglesias locales, haciéndoles ver que la cooperación misionera es un recíproco intercambio de energías y bienes, y como dicha cooperación es responsabilidad de todos los cristianos, decía, “No existe un servicio al hombre que sea superior al servicio misionero”.

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