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Celebración Litúrgica 4

I. BIENVENIDA

Queridos hermanos y queridas hermanas: Hoy volvemos a encontrarnos en nuestra reflexión previa al Congreso Nacional Misionero. Queremos disponernos para poder alcanzar el conocimiento de Jesús y entender que nuestra comunidad debe ser Misionera por un mandato. 

Con gusto los recibimos y comenzamos con una oración. 

II. ORACIÓN INICIAL

Padre Santo, te damos gracias porque nos has dado tantos bienes espirituales y materiales. Te damos gracias por nuestra Iglesia, que está reflexionando sobre su identidad misionera. 

Todavía nos queda mucho por cumplir y mucho por hacer para que tu Iglesia sea verdaderamente luz para todas las naciones. 

Te pedimos que nos ayudes a entender el mensaje de tu Hijo muy amado Jesucristo, nuestro Señor y que seamos capaces de ser testigos de la Verdad que Él nos enseña, seguidores del Camino que nos lleva a Ti y capacitados para una Vida plena unidos a Él por la Iglesia. Que el Espíritu Santo nos ilumine para alcanzar estas gracias. 

Te pedimos esto por mediación de María Santísima, quien como Madre de la Iglesia está deseosa que su Hijo sea más conocido, amado y seguido, Amén. 

III. EXPERIENCIA DE VIDA

Nuestras Misiones Internas: 

En una Diócesis de México, algunas parroquias y colegios católicos se organizan todos los años para Semana Santa y para Adviento para hacer misiones a pueblos alejados del cono urbano. 

La preparación de la misión es un momento importante en la vida del colegio. Muchos jóvenes que se muestran indiferentes a la fe, ahora, por ingresar a una nueva experiencia que es la misión, comienzan a interesarse y es una oportunidad excelente para poder llegar a estos jóvenes con una catequesis sobre la evangelización que incluye el plan de salvación. La experiencias de los misioneros al regresar de poblaciones que tal vez nunca hubieran llegado ni conocido, hace que entiendan más el misterio de nuestra humanidad con sus grandes diferencias y sobre todo con el entendimiento sobre la fe. 

Si bien es cierto que las comunidades que reciben a los misioneros son muy bendecidas, no podemos dejar de ver lo que ocurre con los jóvenes misioneros que van a otras realidades y estas experiencias impactan tanto en sus vidas, que es muy común que ellos vuelvan diciendo: “he tenido muchas experiencias fuertes en mi vida, pero de todas ellas, la misión ha sido la experiencia que más me ha formado y ayudado a entenderme como cristiano”. 

Un joven nos dijo hace poco: Visitando a una familia en un pueblecito muy alejado, encontré a una señora, que la había abandonado el marido y tenía a dos tías paralíticas en una hamaca, a quienes debía cuidar. El único sustento de ella era su trabajo que consistía en hacer flores de papel para vender en el mercado, y con lo que sacaba diariamente, compraba la comida necesaria. Ella estaba en su casa, que era un techo de palma con paredes de madera, sentada en el piso armando flores y sus tías en las hamacas. No tenía más que un solo vestido y no usaba calzado. Sin embargo, conversando con ella, descubrí a una mujer totalmente feliz. Le daba gracias a Dios por poder trabajar y servir a tus tías paralíticas. Y cuando conversamos sobre el Evangelio, descubrí —nos dijo el joven—, que ella conocía la esencia del Evangelio y yo conocía la letra. Cuando fui a evangelizar, me descubrí evangelizado por esta señora, quien me enseñó que la felicidad está en tener a Jesús y todo lo demás es una añadidura. Si ella que está cerca de mi ciudad me enseñó tanto, cómo será si dedicara más tiempo a evangelizar en otras culturas. 

Para la reflexión

¿Qué cosas te lleva a reflexionar esta historia real? 

Si conoces historias parecidas, compártelas. 

IV. LECTURA BÍBLICA

“Procuren que su manera de vivir esté de acuerdo con el evangelio… quiero recibir noticias de que ustedes signe firmes y muy unidos, luchando todos juntos por la fe del evangelio” (Fil 1, 27-30). 

“Jesús, el cual aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte… (Fil 2, 5-18). 

Leer toda la cita bíblica y sacar conclusiones comunitarias. 

V. REFLEXIÓN EN GRUPO

Sugerimos usar las preguntas que sean más adecuadas al tiempo y al grupo. 

1.   ¿Qué implicaciones tendría para nuestra comunidad parroquial o eclesial, transformarse en misionera?

2.   Qué significa que cuando soy misionero, de parte de la Iglesia soy signo e instrumento de Dios para la salvación?

3.   ¿De qué necesita salvarse hoy la gente?

4.   Cómo entendemos esta frase: Ante este mundo y en medio de él, la Iglesia diocesana tiene el compromiso de anunciar el Evangelio de Jesús. Desde su vivencia comunitaria, a través de su acción misionera, tiene la tarea de anunciar la posibilidad real y concreta de una comunidad de amor, en la que la persona es reconocida y respetada, valorada y aceptada.

5.   ¿Cómo puede nuestra comunidad tener un ejercicio misionero a través de alguna institución que dispongamos para tal fin?

6.   Cómo podemos hacer propia esta afirmación: Se trata, en esta primera parte de la acción misionera, del proceso de encarnación, de hacerse parte, de tomar la condición, de insertarse en la misma realidad a la que se está enviado. Como Cristo, ha de dejar cualquier situación de privilegio, de superioridad, de aislamiento, para tomar la condición humana concreta de esta sociedad, compartir sus pobrezas y sufrimientos, sus anhelos e ilusiones, hacerse parte, hacerse hermano, y, desde allí, hacerse servidor, entregando el Evangelio del amor por el cual vive y al cual sirve, en su palabra y en su acción, pero sobre todo, en su testimonio de una vida de fidelidad a los valores evangélicos, a la voluntad de Dios.

7.   Dar observaciones concretas al respecto. 

VI. ORACIÓN FINAL

Padre Santo, gracias por llamarnos a ser tus testigos ante el mundo. 

Te pedimos que nos des la gracia para entender el misterio completo de nuestra vida al servicio del Evangelio y que no busquemos otra cosa más que agradarte a Ti. 

Que nuestra comunidad sea un verdadero fermento de vocaciones misioneras y que todo lo que emprendamos sea para dar a conocer más a tu Hijo Jesucristo, quien nos ha devuelto la amistad contigo y que en su seguimiento encontramos la salvación. 

Que el Espíritu Santo nos guíe y oriente a nuestras  comunidades eclesiales para poder llevar el amor que nos manifiestas a todos nuestros hermanos. 

María, Madre del Verbo Encarnado, que sepamos ser fieles al llamado de ser misioneros. Amén.

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