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Celebración Litúrgica 5

I. BIENVENIDA 

Hola hermanos y hermanas: Sean bienvenidos a esta quinta y última reunión de preparación al Congreso Nacional Misionero. 

En verdad estamos felices de haber recibido nuestra fe para darla también a los demás. 

Hoy profundizaremos en el misterio de nuestra fe católica, cómo el Espíritu Santo conduce la Iglesia y cómo debemos ser dóciles a su llamado. 

Nos disponemos a comenzar con una oración. 

II. ORACIÓN INICIAL

Ven Espíritu Santo, que procedes del Padre y del Hijo Ven a guiar la Iglesia. 

Ven a conducirnos por los caminos que Tú decidas. 

Ayúdanos a que entendamos tu infusión en nuestras vidas y sabernos llamados por el Padre para construir la Iglesia de Jesucristo. Sin Ti, amado Espíritu Santo no podemos Avanzar. 

Enciende en nuestros corazones el amor misionero y el deseo sublime de llevar la Palabra que Tú Inspiraste desde siempre para ser Buena Noticia. 

Que María, a quien cubriste con su sombra, nos conceda la gracia de poder escucharte y llevarte a la práctica. Amén 

III. EXPERIENCIA DE VIDA

Ministro Extraordinario de la Eucaristía. 

Soy Joaquín, estudiante universitario. Fui invitado por mi parroquia a compartir nuestra fe en una misión en el extranjero. Sabíamos que había varias aldeas donde íbamos y sólo nos pudo acompañar un sacerdote. Nos dijeron que teníamos que dividirnos en pequeños grupos y que en cada lugar nos dedicaríamos luego de las visitas a las casas a reunirnos en la Celebración de la Palabra y que necesitaban Ministros Extraordinarios de la Eucaristía. Yo me ofrecí. También me enseñaron las normas litúrgicas pertinentes y el cuidado del tesoro más precioso de la Iglesia que es la Eucaristía. Recibí la aprobación jerárquica para este caso. 

Cuando llegué a la misión, luego de la Eucaristía de envío, el sacerdote me dio en un sencillo copón las hostias consagradas. Y yo las llevé en mi mochila hasta la aldea. Sentí algo muy diferente de lo que había ocurrido siempre. Normalmente cuando me estaba cansado y agobiado, con problemas, sentía que Jesús me cargaba en sus hombros y eso me consolaba. Y ahora era al revés, yo estaba cargando al Señor, que estaba ansioso de encontrarse con otros hermanos y hermanas de la aldea. 

En la celebración, luego de las lecturas y la explicación, con el rito de Comunión, yo alcé la Hostia presentándola a la comunidad y me sentí como Moisés cuando alzaba esa serpiente de bronce que todo el que la miraba quedaba curado. Sentí que el Espíritu Santo me había llevado hasta ese lugar en que había muchos que necesitaban comulgar con Jesús y con la Iglesia, que de otra forma no hubieran podido hacerlo. 

He regresado de la misión, pero en verdad, mis sentimientos han quedado en esa aldea, donde tanta gente quiere conocer a Jesús y yo que he tenido la suerte de crecer en un hogar católico, y frecuentar la parroquia, podría hacerlo. Por eso, he decidido volver más seguido ahora con más amigos y amigas. Quiero decirles a todos, a través de este texto, que ni la alegría de haber presentado materias en la Universidad, ni de ser alguien importante en la sociedad, se compara con la alegría que inunda mi ser cuando hablo de Jesús y del amor a la Iglesia. 

Si tú lees este escrito, no lo dudes. Déjate guiar por el Espíritu que viene de Dios. Él nunca te defrauda. 

Para reflexionar

Conoces casos como este. Cuenta, si sabes algunas anécdotas al respecto. 

¿Cómo podemos hacer para repetir anécdotas similares? 

IV. LECTURA BÍBLICA

“…fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu” (1 Cor 12, 13). 

Por el Espíritu Santo, el ser humano es transformado en ofrenda para Dios. (Cfr. Rom 15, 16; 1 Cor 6, 19). 

Leer todo el capítulo 12 de la 1 Corintios y ver los diversos carismas del Espíritu Santo en la Iglesia. 

V. REFLEXIÓN EN GRUPO

Sugerimos usar las preguntas que sean más adecuadas al tiempo y al grupo. 

1.   ¿Que entendemos cuando nos relacionamos con el Espíritu Santo?

2.   ¿Somos concientes que la Iglesia está guiada por el Espíritu Santo?

3.   Qué entendemos de esta frase de la Encíclica Evangelii Nuntiandi (n. 14): “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su Muerte y Resurrección gloriosa”.

4.   Podemos desglosar esta frase del Concilio Vaticano II: “Nuestro Salvador, en la última cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera” (Sacrosanctum Concilium, 47).

5.   Leamos detenidamente la siguiente frase también del Concilio y apliquemos a nuestra comunidad: Vale la pena recordar lo que nos dice el Concilio Vaticano II: “Consumada la obra que el Padre encomendó realizar al Hijo sobre la tierra, FUE ENVIADO EL ESPÍRITU SANTO el día de Pentecostés A FIN DE SANTIFICAR INDEFINIDAMENTE LA IGLESIA y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu. El es el Espíritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna, por quien el Padre vivifica a los hombres muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo. EL ESPÍRITU SANTO HABITA EN LA IGLESIA y EN EL CORAZÓN DE LOS FIELES como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de su adopción como hijos. GUIA LA IGLESIA a toda la verdad, LA UNIFICA en comunión y ministerio, LA PROVEE y GOBIERNA con diversos dones jerárquicos y carismáticos y LA EMBELLECE con su frutos. Con la fuerza del Evangelio REJUVENECE LA IGLESIA, LA RENUEVA incesantemente y LA CONDUCE a la unión consumada con su Esposo. En efecto, EL ESPÍRITU y LA ESPOSA DICEN al Señor Jesús: ¡Ven!” (Lumen Gentium, 4).

6.   En cada Eucaristía, Jesús nos convoca para enviarnos. Es un misterio de fe. La convocación y la misión. ¿Entendemos que luego de nuestra liturgia somos enviados para evangelizar?

7.   ¿Cómo podemos hacer para comprometernos luego de cada Eucaristía en ser misioneros? 

VI. ORACIÓN FINAL

Padre Santo te damos gracias por el don de tu Hijo Jesucristo, quien luego de cumplir tu voluntad, ascendió a los cielos y nos envió el Espíritu Santo. 

Por sus dones, la Iglesia se construye día a día. Es el Espíritu Santo quien inflama nuestros corazones para llamarte Padre, y para vivir como hermanos en el Iglesia. 

Te pedimos la gracia de ser dóciles a sus enseñanzas y a vivir de tal manera que podamos ser verdaderos agentes misioneros y cambiemos este mundo con tu Palabra Eterna. 

Que María, que guardaba celosamente tu Palabra en su corazón, nos alcance la gracia de ser comunidades que anuncien a su Hijo Jesús. Amén.

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