3.2
LAS TRES LLAMADAS PARA LOS DISCÍPULOS DE JESÚS
Concluyendo
esta presentación de los discípulos en Marcos, encontramos
que ocurren tres llamados para ellos, tal como vimos en el A.T., con
la vocación de Samuel (1 Sam 3, 1-20). La
primera llamada funda la relación con Jesús
y ofrece a quien ha sido llamado la posibilidad de conocerlo por medio
de una comunión de vida. Así llama a los cuatro primeros
discípulos bordeando el lago de Galilea, con quienes inicia su
actividad pública mostrándoles su autoridad en la enseñanza
y su poder para operar milagros. Luego, agrega a Leví, cobrador
de impuestos y finalmente constituye su grupo específico de doce
incluyendo a Judas, el que más adelante lo entregará (cf.
1, 16-20; 2, 13-14; 3, 16-19). Con ellos inicia un proceso de instrucción,
incluso en privado; de tal manera que pudieran ir comprendiendo la identidad
de Jesús. En efecto, hasta la mitad del Evangelio (8, 26), ellos
tienen un incipiente conocimiento de la persona de Jesús, y lo
siguen pensando en la línea davídica del Mesías
fuerte y poderoso (8, 29).
Pero
Jesús corrige esta concepción con su primer anuncio de
pasión (8, 31) y les hace el segundo
llamado para que lo sigan pero con una concepción
distinta de la que ellos tenían y esperaban (8, 34). Tendrán
que tomar la cruz, negarse a sí mismos, pensar en perder la vida,
y esta será la manera como ocurre seguir al Maestro, el cual
de ahora en adelante caminará hacia su destino de muerte.
Esta
segunda llamada comporta una enseñanza más cuidadosa y
más frecuente para sus discípulos, incluyendo la revelación
del Padre: este es mi Hijo amado, escuchadlo (9, 7). Sin embargo,
pareciera que es el período más oscuro y de mayor ceguedad
en la comprensión. En efecto, la finalidad de la constitución
del grupo con tres actividades precisas parece haber fracasado (cf.
3, 14).
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Se
esperaba que ellos expulsaran demonios, pero después de
la transfiguración se dice que no fueron capaces de expulsar
a un demonio sordo y mudo, hasta que llegó Jesús
y lo hizo (9, 18.25-26). Tendrían también que predicar
el Evangelio pero después de que Jesús les dice
que no cuenten lo de la transfiguración sino hasta después
de la resurrección, ellos no entienden que después
de que Jesús resucite podría continuar la historia
terrena, porque pensaban en el día del juicio final (9,
10; cf. 13, 10; 14, 9; Mal 3, 22-23). Y finalmente, el tercer
objetivo de la llamada era para que estuvieran con Jesús,
pero esto no se cumple a partir del arresto cuando todos lo abandonan
y huyen (14, 50). |
Pero
el evangelista no dice explícitamente que entonces Jesús
fracasó escogiendo este grupo de discípulos; por el contrario,
ha hecho bastante énfasis en la enseñanza y en el cuidado
de Jesús para con ellos. Se trata de un itinerario que llegará
a su punto máximo en la tercera llamada,
es decir, después de la resurrección de Jesús (16,8).
Es allí donde los discípulos podrán comprender
todo y seguir al Resucitado ofreciendo ahora sí hasta sus propias
vidas. Aquí ya no hay necesidad de las frecuentes apariciones
de Jesús, pues ellos tendrán que escuchar a las mujeres
y seguir a Jesús en Galilea, es decir, en la cotidianeidad de
sus vidas15.
Jesús
no puede darnos un don más grande que el de la comunión
con Él, nos llama a seguirlo, a compartir todo con Él,
a estar con Él. El regalo más precioso que Él ofrece
a sus seguidores es el discipulado mismo, la comunión personal
con Él. Todo tipo de comunión terrena se concluye con
la muerte, pero la comunión terrena con Jesús está
destinada a ser comunión infinita y eterna con el Señor
Resucitado, en la gloria del Padre.
Si
bien es cierto, los discípulos han sido presentados como obtusos
para entender las enseñanzas de Jesús, y en muchas otras
partes como torpes para captar la identidad del Maestro, ahora son rescatados.
Con esta manera de presentar el discipulado, el evangelista está
dando un doble mensaje. En primer lugar,
Jesús llama a seres humanos con todas sus debilidades y valores,
no se trata de una clase privilegiada, ni desde el punto de vista social,
ni tampoco desde el punto de vista moral. Son personas del común
del pueblo, llamadas a experimentar una nueva vida con Jesús
y a desarrollar más adelante una misión sublime. Tal como
hacía Dios con los personajes del Primer Testamento.
En
otras palabras, Jesús nos llama a ser discípulos suyos
sin importar nuestras categorías humanas porque en definitiva
Dios trabaja con lo que somos y con lo que tenemos. En
segundo lugar, muy probablemente el evangelista propone al
lector un comportamiento distinto al que han tenido los discípulos
a lo largo de la narración del Evangelio. Como si en continuación
se estuviera dirigiendo al lector para decirle, por favor no siga el
ejemplo de los discípulos, esté atento para captar lo
más rápido posible la identidad de Jesús y sus
enseñanzas, para que se convierta en un verdadero discípulo
del Hijo de Dios.
San
Marcos traza un itinerario de discipulado que hace eco en la vida de
cada uno de nosotros que seguimos al Señor de una o de otra manera,
y en cada una de las circunstancias de nuestra vida. También
en nosotros suceden varios llamados a lo largo de las etapas de nuestra
vida. Estos llamados ocurren en la medida en que vamos comprendiendo
cada vez mejor la persona de Jesús de Nazaret. Es decir, el seguimiento
de Jesús es todo un proceso que se va dando por etapas en la
medida en que sepamos también interpretar los acontecimientos
de nuestra vida y los signos de los tiempos.
Para
poder responder al llamado del Señor, necesitamos tener ojos
abiertos, mentes lúcidas, corazones misericordiosos, ser orantes
perseverantes, tener actitud de niños, servidores incondicionales,
dispuestos a tomar la cruz y a perder la propia vida, etc. En una palabra,
desde nuestra propia condición humana el Señor nos llama
a ser sus discípulos y a hacer nuevos discípulos en su
nombre.
Es
importante aprender del comportamiento de los discípulos: El
discípulo que no escucha a Jesús, termina oponiéndose
a Él y en definitiva a los designios de Dios (Mc 8, 31.33). No
hay discipulado, sin seguimiento y sin renuncia de la persona misma
del discípulo. El discípulo no puede tener más
que una actitud de escucha, de obediencia, de discernimiento de los
designios de Dios para poder luego anunciar el evangelio. Jesús
subrayó la dependencia del discípulo con respecto al Maestro:
un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo
más que su amo (Mt 10, 24).
Los
discípulos de Jesús son redimidos después de la
resurrección, ellos seguirán al Maestro y serán
capaces de entregar sus vidas por Él y por el evangelio (8, 35).
Es la etapa que se desarrolla ampliamente en el libro de los Hechos
de los Apóstoles. Allí la dinámica del discipulado
se repite. Citamos solamente un ejemplo. Ante el discurso kerigmático
de Pedro a la multitud después de Pentecostés, los oyentes
dijeron a Pedro y a los demás Apóstoles ¿Qué
hemos de hacer, hermanos? (Hch 2, 37). Inmediatamente Pedro, al ver
que la multitud escuchó y estaba dispuesta a obedecer, les revela
los designios de Dios: arrepentíos y sed bautizados cada uno
de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros
pecados, y recibiréis el don del Espíritu
Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros
hijos, y para todos los que están lejos; para tantos como el
Señor nuestro Dios llame16.
Así
como observábamos para el Antiguo Testamento, la lista de los
discípulos y discípulas de Jesús sería interminable.
No sólo habría que tener en cuenta las multitudes compuesta
por toda clase de personas, sino también las mujeres que lo siguen
y le sirven. Muchos son de verdad los discípulos de Jesús
que nos presentan los evangelios. Pensemos en la suegra de Simón;
Martha y María, las hermanas de Lázaro; María Magdalena,
la samaritana, etc. De todas ellas destaco a María Magdalena,
que se ha convertido en un paradigma de discípula, la mujer del
pecado, de las lágrimas y del gozo del evangelio (cf. Lc 7, 36ss;
8, 2; 24, 10; Jn 19, 25; 20, 1.11ss).
Qué
decir de coloso Pablo de Tarso, que escucha la voz del Maestro camino
de Damasco, la discierne en el desierto de Arabia, corrobora su discernimiento
con la enseñanza de Pedro y Bernabé, interpreta los designios
salvíficos de Dios para con los gentiles y se pone al servicio
de la misión, hasta perder totalmente su vida por Cristo y por
el evangelio17.
Se haría infinita la lista si continuamos con los discípulos
de los discípulos que nos muestra la Sagrada Escritura como modelos
de escucha de la Palabra: el ministro de la Reina de Candace (Hch 8,
26ss); Lidia de Filipo (Hch 16,14ss); Apolo de Alejandría (Hch
18, 24-25); Tito (Tit 1 ,4); etc.18
4.
CONCLUSIÓN
Nos
hemos movido libremente por la Sagrada Escritura para captar la dinámica
del discipulado con relación a Dios y a Jesús de Nazaret.
En ella no dejamos de percibir la función preeminente y la acción
del Espíritu Santo en el discípulo. Nos hemos detenido
en el análisis de la escucha por parte del discípulo a
su Maestro, ya sea Dios, la Toráh, o Jesús de Nazaret.
Contemplamos cómo Dios revela sus secretos más íntimos
a quien se dispone con un oído dócil a la escucha, y luego
asegura su presencia permanente en la misión. Misión que
se desarrolla teniendo en cuenta el mismo proceso dinámico del
discipulado de Dios y de Jesús. Recordemos las palabras de Jesús:
lo que os digo en la noche, decidlo en pleno día y lo que
os digo al oído pregonadlo desde la azotea (Mt 10, 27).
Hemos
visto también cómo el discipulado nace de una llamada
inicial, que en el plan de Dios ocurre antes de ser engendrados en el
seno materno, pero que en la vida del discípulo se da por etapas
en la cotidianidad. La llamada de Dios viene clarificada, no sólo
al descubrir sus designios, sino con la ayuda de otras personas suscitadas
por Dios para clarificarla totalmente. La llamada se da entonces mediante
un proceso que a fin de cuentas involucra toda la vida del hombre. Pero
es en la medida en que escuchamos (como María ante el Maestro
Lc 10,39; como Lidia ante las palabras de Pablo Hch 16, 14), conocemos
y obedecemos a Dios, que despierta en nosotros no sólo el amor
por Él, sino el afán de darlo a conocer a todas las naciones:
todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica,
es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo
y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación,
el torrente rompió contra aquella casa, pero no pudo moverla
porque había sido bien construida (Lc 6, 49; cf. 10, 24).
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El
Señor sigue necesitando de discípulos, no sólo
porque la mies es mucha y los obreros pocos (Lc 10, 2), sino porque
Él quiere entrar en nuestro corazón: he aquí,
yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él y él
conmigo (Ap 3, 20). |
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5.
APLICACIONES PARA LA MISIÓN
La
práctica de la Lectio Divina ha puesto en primer plano esta dimensión
espiritual de la escucha. Todo el proceso que conduce de la lectura
a la meditación, de ésta a la oración, y de la
oración a la contemplación, acontece bajo la guía
del Espíritu, que es el verdadero maestro interior. Esto significa
que la escucha del discípulo no es un acto cerrado sobre sí
mismo, sino una apertura al Espíritu, que recuerda y actualiza.
Gracias a esta escucha de la Palabra en el Espíritu, el discípulo
descubre que ésta es luz en las situaciones cambiantes de la
vida19.
Nosotros,
por el bautismo, hemos recibido el Espíritu Santo, por tanto,
habita en nosotros el poder de Jesús resucitado. Gracias al Espíritu
Santo, nosotros somos misioneros. El Concilio Vaticano II pedía
a todos los pastores: auscultar, discernir e interpretar, con
la ayuda del Espíritu Santo, los múltiples lenguajes de
nuestro tiempo y valorarlos a la luz de la Palabra divina, a fin de
que la verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y
expresada en forma más adecuada (GS, I, IV, 44). Esto se
puede aplicar al discípulo de hoy.
En
la medida en que un discípulo se abra al conocimiento de Dios
se produce en él un crecimiento espiritual, que es lo que llamamos
santificación (Rom 12, 1-2; Ef 4, 22-24). El crecimiento espiritual
es el proceso en el cual, la perspectiva de Dios sobre la vida se convierte
cada vez más en la perspectiva del creyente.

Como
misioneros tendremos que seguir el ejemplo de la fidelidad y de la paciencia
de Dios para con su pueblo: Yo voy a seducirla, la llevaré
al desierto y hablaré a su corazón (Os 2, 16). Jesús
también tiene necesidad de ser escuchado: el que a vosotros
escucha, a mí me escucha, y el que a vosotros rechaza, a mí
me rechaza; y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió.
En seguida, ante el informe misionero de los 72 discípulos, en
aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu
Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste
a niños (Lc 10, 21ss).
Hablar
al corazón de los oyentes, es decir, al centro decisorio, que
involucra todas las facetas de la interioridad de la persona, como lo
hacía Jesús: no ardía nuestro corazón
cuando estaba con nosotros, cuando nos hablaba en el camino, cómo
abría para nosotros la Escritura (Lc 24, 32).
El
envío misionero de Jesús a sus discípulos se entiende
a la luz de lo que hemos reflexionado sobre el verbo LMD en hebreo.
Enseñad (sed maestros); lo que yo os he enseñado (como
discípulos)
a guardar todo lo que os he mandado: algunos
traducen enseñándoles a obedecer: pero guardar significa
el discernimiento y el conocimiento de la persona en ese diálogo:
Yo conozco a una persona cuando he interactuado de corazón a
corazón con ella, de otra manera no es posible. El amigo se abre
en la medida en que sepa que yo quiero conocerlo.
Jesús
presenta la misión del apóstol, es decir,
del enviado a anunciar el Reino, acudiendo a comparaciones
tomadas de oficios de su tiempo. El apóstol: a) es
pescador de hombres para sacar a éstos del dominio
del pecado y hacerlos partícipes del Reino de Dios (MC 1, 17);
b) es jornalero de una cosecha abundante que, por ser de
Dios y fecunda, urge recogerla antes del tiempo final (Mt 9, 38), y
c) es pastor de un rebaño desorientado y cansado,
llamado a ofrecer por lo mismo la sabiduría y la
vida que es Jesucristo (9, 36). El discípulo de Jesús
es apóstol o misionero, o no es nada, porque lo propio del encuentro
con Jesucristo vivo es que se transforma en un llamado a la misión.
La naturaleza del discipulado es la misión.
Jesús
asegura su presencia continua, porque Él es el Emmanuel (1, 23),
yo estaré con vosotros
(tal como Yahvéh aseguró
la presencia a Moisés en el A.T. para la misión, Ex 3,
11-12, esta fue la experiencia de Israel). No podemos discipular, mientras
nosotros no tengamos la conciencia de discípulos20,
entonces sí podemos anunciar el evangelio; porque los gozos y
esperanzas, las tristezas y angustias de los discípulos de Cristo
son los mismos que los que experimenta el pueblo de Dios (GS, 1). No
podemos invertir los papeles, no podemos bautizar, sin antes haber hecho
discípulos para Cristo21.
La
figura que mejor define el discipulado es vivir en amistad con
Jesús. Jesús emplea el término «amigo»
(phílos) en contraposición a «siervo»
(doúlos) para definir al sarmiento que permanece en él
(Jn 15, 14-15). La amistad se construye con base en el conocimiento
mutuo y en obediencia a Jesús (15, 14). Jesús, hermeneuta
del Padre, da a conocer a su sarmiento todo lo que oyó de él:
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor;
pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he
oído de mi Padre. Toda la amistad está incluida en
el discipulado. Es incluso allí donde la misma amistad tiene
sentido.
Lo
que en los evangelios sinópticos se llama apostolado
en el evangelio de Juan se llama testimonio, y el testimonio
se da mediante las obras. Jesús ha realizado «unas obras
que ningún otro ha hecho» (Jn 15, 24). La obra de Jesús
es la misma obra que realiza su Padre, signo evidente de que «el
Padre está en mí y yo en el Padre» (10, 37). La
misma lógica evangélica se aplica a la relación
de Jesús con sus discípulos. Los discípulos son
enviados a realizar las mismas obras de Jesús y éste es
el testimonio para el mundo de que Jesús está en ellos
y los discípulos en Jesús.
Dicho
de otro modo: «Ser cristiano y ser misionero son dos términos
que se reclaman mutuamente». A la luz de lo dicho, nuestra acción
pastoral debe plantearse y ser evaluada por su capacidad de llevar al
encuentro con Jesús y de acompañar el proceso íntegro
de discipulado en la Iglesia, comunidad de los discípulos.
Del encuentro con Jesús brota la misión de la Iglesia
que, sin ser del mundo, debe proclamar en el mundo y para el mundo a
Jesucristo, «rostro humano de Dios y rostro divino del hombre»
(Ecc in Am, nº 67).
No
tengo presente, me parece que es Paul Tillich, quien afirmaba que: la
fe es tener el valor de aceptar la aceptación incondicional de
Dios. Si yo logro comunicar al otro que Dios me acepta y me quiere,
el otro quiere acercarse a tener la misma experiencia. El evangelio
no se impone, sino que se expone. Cuando nos ven humanos, la gente se
acerca porque entonces nos encontramos de tú a tú
Porque el discípulo transpira el amor a la palabra y al Dios
de la palabra. Asimilar para transpirar. El hombre bueno de su interior
saca cosas buenas, el malo, saca cosas malas (Mt 12, 35).
El
discípulo-maestro de Jesús tiene un reto enorme, porque
se le presenta un doble desafío: el misterio de la palabra de
Dios, que desborda los límites humanos. El otro misterio, que
es el de cada uno de las personas. Mucho aprendemos de Jesús
de Nazaret, cuando fue a su patria; ante el rechazo de sus paisanos
no se enoja, sino que se sorprende, hace pocos milagros y se va a otro
lugar
siempre hay un misterio que nos desborda. Nosotros no podemos
más que sorprendernos ante el misterio de la palabra.
El Seguimiento de Jesús es el seguimiento del Señor, por
tanto, el discipulado implica la trascendencia que trae consecuencias
para la misma fe del creyente. Es tan serio el seguimiento de Jesús,
que al ser igual a la fe, invita a la acción pastoral para promover
el discipulado, pues éste se convierte en una propedéutica
para que el hombre escuche al Señor, entre en la comunidad donde
se vive el amor, y por ese camino, el del amor, invite y evangelice.
Esto implica hacer pasar a los destinatarios del mensaje del catolicismo
sociológico (que se origina en la tradición y en la costumbre),
a un catolicismo que se origina en la palabra escuchada, aceptada por
la fe y vivida en la caridad dentro de la comunidad.
EXCURSUS
1.
ALGUNAS PÍLDORAS BÍBLICAS
QUE NOS HACEN PENSAR EN LA MISIÓN
Ez
2, 2-5:
2 El espíritu entró en mí como
se me había dicho y me hizo tenerme en pie; y oí al que
me hablaba. 3 Me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío
a los israelitas, a la nación
de los rebeldes, que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres
me han sido contumaces hasta este mismo día. 4 Los
hijos tienen la cabeza dura y el corazón empedernido; hacia ellos
te envío para decirles: Así dice el señor Yahvéh.5
Y ellos, escuchen o no escuchen,
ya que son una casa de rebeldía, sabrán que hay un
profeta en medio de ellos. A un jugador de football
le pedían tantos goles durante la temporada para ser asumidos
Dios sólo nos pide que estemos allí, que hagamos presencia
MC
4, 35: Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos
a la otra orilla» Después de las parábolas
del reino
Pasar de mi orilla a la del otro, de mi territorio,
pueblo a otro
pasar por el mar en medio de la tempestad
Ef
3,8: A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida
esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de
Cristo. Nunca caer en la soberbia
en la enfermedad del Yo
María hablaba de su pequeñez
SALMO
29: PARA ENTENDER LA DINÁMICA DE LA PALABRA DE DIOS
EN EL OYENTE
Psalm
29:
Salmo. De David. ¡Rendid a Yahvéh, hijos de Dios, rendid
a Yahvéh gloria y poder! 2 Rendid a Yahvéh
la gloria de su nombre, postraos ante Yahvéh en esplendor sagrado.
3 Voz de Yahvéh sobre las aguas; el Dios de gloria
truena, ¡es Yahvéh, sobre las muchas aguas! 4
Voz de Yahvéh con fuerza, voz de Yahvéh con majestad.
5 Voz de Yahvéh que desgaja los cedros, Yahvéh
desgaja los cedros del Líbano, 6 hace brincar como
un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de
búfalo. 7 Voz de Yahvéh que afila llamaradas.
8 Voz de Yahvéh, que sacude el desierto, sacude Yahvéh
el desierto de Cadés. 9 Voz de Yahvéh, que
estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo
dice: ¡Gloria! 10 Yahvéh se sentó para
el diluvio, Yahvéh se sienta como rey eterno. 11 Yahvéh
da el poder a su pueblo, Yahvéh bendice a su pueblo con la paz.
Es
uno de los textos más antiguos de la Sagrada Escritura. Algunos
lo ubican en torno al año 1200 a.C., un poco exagerado. No era
un salmo bíblico, sino cananeo. Son imágenes primitivas,
por el vocabulario, ritmo, colorido de las mismas imágenes. Su
título originario debía ser a Baal Hadad, al Señor
de la Tormenta. Seguramente era una oración de campesinos al
dios Baal para pedir la lluvia, Baal tenía su esposa Astarté.
El orante hace una rogatoria para sus cultivos, porque de allí
depende la economía familiar, en definitiva, la vida.
Desde
los versículos 3 a 9ª, se repite siete veces la expresión:
voz de Yahvéh. (Qol Adonai). Qol, puede ser voz, trueno, etc.
Es onomatopéyica, es una voz que imita un sonido. Son siete truenos
que van escuchando cada vez la voz de Dios. Hay una tormenta narrada
con siete truenos, pero al mismo tiempo éstos son leídos
como siete manifestaciones de Dios. Palabra creadora. No es un Baal,
del ciclo de la naturaleza, sino un Dios de la historia.
Lo
que se le da a Dios, Dios se lo da al pueblo. Una liturgia es provocada
por una escucha, luego el pueblo entra en sintonía con lo divino
de modo tan estrecho, el culto del cielo se vuelve el culto de la tierra,
no solo alabanza, sino que capacita al pueblo para la transformación
y en especial para la paz.
En
el centro de este salmo hay una teología de la Palabra, que no
es sistemática. Cinco elementos de la teología de la palabra
que se reflejan aquí:
Primer
elemento: Dios habla por medio de la naturaleza, el primer lenguaje
de Dios es la creación. Hay un cambio con relación a la
teología cananea, todo habla de Dios, pero eso no es Dios. Para
el orante es suficiente un trueno para entrar en contacto con Dios.
San Juan de la cruz, está enamorado de Dios y lo ve en todas
partes, especialmente en la naturaleza, en todo ve la relación
con Dios.
Segundo
elemento: la palabra de Dios es procesual: Enzo Bianchi, dice, por algo
son siete truenos, no se puede captar la Palabra de Dios de una vez,
es una síntesis en miniatura para entender algo de Dios. La entiende
quien persevera en la escucha, quien sabe hacer procesos.
Tercer
elemento: la palabra de Dios tiene poder, la manifestación de
Dios se hace capacitación del hombre, me da poder de
es
palabra creadora.
Cuarto
elemento: la palabra de Dios genera vida. La parte central es un parto.
Toda experiencia de la palabra genera un parto. Ojo, en el desierto,
la antítesis no puede ser mayor. En el desierto donde no se produce
vida, allí se produce vida. La pregunta para cada uno de nosotros
sería ¿qué nacimiento nuevo provocó en mí
cada palabra de Dios que meditamos? Todo salmo nos está transmitiendo
una experiencia cambiante del orante.
Quinto
elemento, la palabra de Dios suscita respuesta orante y comprometida.
No hay duda que la respuesta a la Palabra de Dios es la oración.
PBRO.
HUGO ORLANDO MARTÍNEZ
1
P. NEPPER-CHRISTENSEN, math.t.s en DENT, II, col. 115.
2
cf. S. PANIMOLLE, Apostolo Discepolo Missione, en Dizionario
di Spiritualità Bíblico Patristica, vol. IV, Roma 1993.
3
En hebreo el verbo que caracteriza al maestro por su enseñanza
es LAMAD. Pero es mejor decir, que Lamad,
no significa sólo enseñar, sino también aprender.
Porque curiosamente en la forma intensiva limmed, resulta enseñar.
La misma raíz no distingue entre aprender
y enseñar. El verdadero maestro es uno que también aprende,
el verdadero discípulo, en fin es capaz de enseñar. Esta
actividad pedagógica se tendrá que llevar a cabo, hasta
que se cumpla lo dicho por el profeta en un futuro paradisíaco:
pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré,
y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán
que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su
hermano, diciendo: «Conoced a Yahvéh», pues todos
ellos me conocerán del más chico al más grande
oráculo de Yahvéh cuando perdone su culpa,
y de su pecado no vuelva a acordarme (Jr 31, 33-34).
4
Recordemos la historia de aquél hombre que se cortó la
mitad del dedo de su mano, renegaba continuamente por esto, hasta que
un día su amigo le dijo, mira: si Dios permitió esto será
por algo, Él quiere protegerte de algo peor
pero a él
le costaba trabajo creer esto. Hasta que un día resolvió
hacer un viaje al África y lo cogieron las tribus caníbales,
entonces lo cogieron, lo amarraron para el sacrifico a Dios y ellos
poder comer su carne. Cuando vino el sacerdote de la tribu, vio que
le faltaba la mitad de un dedo y dijo: no, este hombre no sirve para
ofrecerlo a Dios, porque es imperfecto, le falta la mitad del dedo;
y entonces lo dejaron libre. Cuando se encontró con su amigo
le ofrecía mil disculpas por no haber creído a sus palabras.
5
Escuchar es obedecer; en efecto, en el segundo libro de Samuel se dice:
los extranjeros me fingen obediencia, al oírme, me obedecen
(2 Sam 22, 45). Para Job, el oído es el que entiende: He aquí
que todo esto han visto mis ojos, lo ha escuchado y entendido mi oído
(Job 13, 1; cf. 15, 8).
6
Samuel unge también a David, pero Dios se vale de Natán
para revelarle su pecado, el que cometió con Betsabé y
Urías (2 Sam 12, 1-12).
7
La misma situación sucederá con Ezequiel: y ellos,
escuchen o dejen de escuchar, porque son una casa rebelde, sabrán
que un profeta ha estado entre ellos (Ez 2, 5; 3, 7.10.27). La situación
de destierro de Ezequiel es precisamente para opacar su voz: lo pusieron
en una jaula con garfios y lo llevaron al rey de Babilonia; lo llevaron
enjaulado para que no se oyera más su voz en los montes de Israel
(Ez 19, 9). Pero él nunca pudo callar la voz del Señor:
además me dijo: Hijo de hombre, recibe en tu corazón
todas mis palabras que yo te hablo, y escúchalas atentamente
(3, 10); Hijo de hombre, te he puesto por centinela de la casa de
Israel; cuando oigas la palabra de mi boca, adviérteles de mi
parte (3, 17). Finalmente Dios le revela todos sus planes: y
el hombre me dijo: Hijo de hombre, mira con tus ojos, oye con tus oídos
y presta atención a todo lo que te voy a mostrar; porque para
mostrártelo has sido traído aquí. Declara todo
lo que ves a la casa de Israel (40,4; cf. Dn 9,14; Miq 5,15; Mal
2,2).
8
El santo padre Pablo VI categórico afirmó que toda
vida es vocación; al sentido vital de una persona
lo podemos llamar vocación y, toda vocación es católica,
universal, misionera, sea cual fuere luego su realización, porque
toda vocación participa del misterio de la vocación de
Jesús (Citado por J. D. CUESTA, En defensa de la vocación
personal, en Diakonia XXVI (2002) pp. 4-17 (esp. p. 5). Cf. T.
RADCLIFFE, Os llamo amigos. Entrevista con Guillaume Goubert,
Biblioteca Dominicana 38 (San Esteban, Salamanca 2001) p. 26, quien
cree profundamente en la idea de vocación; y asegura: Creo
que todos los seres humanos son llamados por Dios. No es tanto una llamada
a hacer algo cuanto una llamada a ser. En la Biblia se puede ver que
los temas de la creación y la llamada están estrechamente
unidos. Las cosas existen porque Dios las ha llamado por su nombre.
El Señor me llamó, desde el vientre de mi madre,
él pronunció mi nombre (Is 49, 1). Estamos convocados
a la plenitud de la vida.
9
Cf. JUNCO, C., Palabra sin Fronteras, México 2002, p.
374
10
URTADO, L., Following Jesus in the Gospel of Mark and Beyond
en Patterns of discipleship in the New Testament, Grand Rapids,
Michigan/Cambridge, U.K., 1996, p. 27
11
Jesús en su vida se preocupó por interpretar la voluntad
de Dios, esto es lo que insinúa el pasaje de la pérdida
y encuentro en el templo. ¿Por qué no se encontró
a Jesús entre los sacerdotes del sacrificio o entre el grupo
de los cantores? Porque los grandes rabinos entre sus enseñanzas
y su teología buscaban entender la voluntad de Dios.
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En los relatos de vocación queda claro que Jesús impuso
a sus discípulos condiciones de extrema radicalidad. La más
importante de todas fue, sin duda, la ruptura con la casa. Dejar las
redes, abandonar al padre, dejar la barca (Mc 1,16-20), levantarse del
mostrador de impuestos (Mc 2, 14), vender las propiedades (Mc 10, 17-22),
o vivir sin domicilio fijo y dejar de enterrar al propio padre (Lc 9,
57-60 par.), son actitudes que apuntan en una misma dirección:
la ruptura con la casa. Esta ruptura existencial era muy importante
en el mundo de Jesús, porque la casa y la familia eran el grupo
básico de referencia, que confería identidad al individuo
y le otorgaba un puesto en la sociedad. Los discípulos más
cercanos son invitados a abandonar esta referencia y sustituirla por
otra nueva, el grupo de los discípulos, que en los evangelios
se describe a veces como una nueva familia (Mc 3, 31-35;
10, 28-30). En ella los discípulos adoptan un nuevo estilo de
vida, cuya referencia es el estilo de vida de Jesús. Los evangelios
han conservado algunos rasgos característicos de dicho estilo
de vida, que provocaban el escándalo y el rechazo de sus contemporáneos:
el conflicto con su propia familia (Mc 3, 20-21.31-35); su itinerancia,
sin domicilio fijo (Lc 9, 58 par.), sus comidas con los publicanos y
pecadores (Mc 2, 15-17), su actitud irrespetuosa hacia algunas normas
y prácticas religiosas, como la observancia del ayuno (Mc 2,
18-20), del descanso sabático (Mc 2, 23-28), o de ciertas normas
de pureza ritual (Mc 7, 1-15). Este estilo de vida, que Marcos ha recogido
en forma narrativa, aparece también en la tradición de
los dichos, en la que encontramos algunos de los insultos que sus adversarios
dirigían a Jesús a propósito de estos comportamientos
(Mt 10, 25; Lc 7, 34 par; Mt 19, 12). Los evangelios muestran también
cómo los discípulos más cercanos actuaban del mismo
modo. Llevaban una vida itinerante detrás de él (Mc 1,18.
20; 2,14); le acompañaban en sus comidas con los publicanos y
pecadores (Mc 2, 15); y transgredían como él las normas
judías sobre ciertas prácticas religiosas (Mc 2, 18.3-24;
Mc 7, 2. 5). Esta forma de actuar suscitaba con frecuencia reacciones
negativas. Las colecciones de controversias, como la que encontramos
al comienzo del evangelio de Marcos (Mc 2, 1-3,6) recogen algunas de
estas reacciones que situaban a los discípulos en una posición
socialmente incómoda. En este contexto se comprenden bien las
palabras de Jesús que invitan a poner toda la confianza en Dios
(Lc 12, 22-34 par). Esta nota es tomada de S. Guijarro, El discipulado
en los evangelios, V encuentro de Pastoral Bíblica, Panamá
11-15 de Julio de 2006).
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¿Qué entendía Jesús por Reino de Dios? Él
quiere explicarlo mediante parábolas a fín de que se comprenda
mejor. Lo compara con una semilla: El reino de Dios es como un
hombre que echa semilla en la tierra, y se acuesta y se levanta, de
noche y de día, y la semilla brota y crece; cómo, él
no lo sabe (Mc 4, 26). Cuando explica la parábola del sembrador,
dice que el sembrador siembra la palabra (4, 14), es decir, la semilla
viene identificada con la Palabra de Dios. Pero ¿qué entendía
Jesús por Palabra de Dios? En la época de Jesús
se leía mucho el libro del profeta Isaías, luego hay que
entender qué significa Palabra de Dios para Isaías. En
Is 56, 10-11 leemos: Porque como descienden de los cielos la lluvia
y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola
producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así
será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí
vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito
para el cual la envié. No hay duda que se trata de la palabra
de Dios que es creadora, que actúa dentro de la persona. Por
tanto, el Reino de Dios no es otra cosa, que la acción de Dios
creando dentro de la persona. Ahora bien, la creación está
siempre en función de los demás, luego el Reino de Dios,
consiste en que la persona deja que Dios actúe dentro de Él
para poder trascender a las demás personas como lo hizo Jesús.
En Él se dio completamente el Reino de Dios, y ahora lo quiere
comunicar a quienes le escuchen. Un discípulo de Jesús
acoge el Reino y lo anuncia como hizo su Maestro.
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El escuchadle se refiere precisamente al cumplimiento de
la promesa hecha a Moisés en Dt 18, 15.18: Ahora el Padre mismo,
presenta en la persona de Jesús al Profeta como Moisés:
lo Yahvéh tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre
tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis...
pondré mis palabras en su boca, y él les dirá
todo lo que yo le mande.declara Hijo amado y manda escucharlo.
De esto son testigos Moisés mismo y Elías, junto con los
tres Apóstoles.
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Por esta razón el evangelio puede terminar tranquilamente en
16, 8.
16
Queremos llamar la atención un instante sobre la importancia
de la recepción del Espíritu Santo para el discípulo
de Jesús. Esto es clave en la Sagrada Escritura. Desde el momento
de la creación Dios insufla su espíritu, que es la RUAH.
Él es la vida de Dios puesta en el hombre que lo hace ser imagen
y semejanza de su Creador. Recordemos aquel pasaje donde Elías
transmite parte de su espíritu a Eliseo, justamente por petición
de éste (2 Re 2, 9), enseguida el Espíritu de Elías
reposa sobre Eliseo y éste hace los prodigios que hacía
Elías (2 Re 2, 15). Notemos que en el N.T. Dios le da su Espíritu
a Jesús para que haga sus obras (Jn 5, 19.30; 7, 16.28; 8, 16.26.28.38).
Jesús lo concede a sus discípulos después de su
resurrección (Jn 20, 22); Lucas también nos cuenta del
Pentecostés (Hch 2, 1-13) y cómo una vez recibido el Espíritu
de Jesús, los discípulos pueden hacer los mismos milagros
que hacía el Maestro (Hch 3, 1-10). Más tarde se impuso
la costumbre de la transmisión del Espíritu Santo por
la imposición de las manos (Hch 8, 17-18).
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El discípulo de Jesús sufre por él con mucho amor
y sentido. Son verdaderamente dicientes las palabras del Apóstol
Pablo en 2 Cor 4, 7-15: Pero tenemos este tesoro en vasos de barro,
para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.
Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados;
perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando
siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para
que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro
cuerpo. Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados
a muerte por causa de Jesús, para que también la vida
de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. Así que
en nosotros obra la muerte, pero en vosotros, la vida.
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Otro elemento es que el discípulo hace discípulos incluso
después de muerto, pienso en innumerables santuarios de peregrinación:
Compostela, San Giovanni Rotondo, la misma tumba de Juan Pablo II. El
discípulo no solamente es capaz de ayudar a transformar personas,
sino comunidades. Las comunidades paulinas se entienden desde la misión.
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La collatio, en la que los monjes compartían la lectio divina
realizada individualmente, nos recuerda que el Espíritu se escucha
mejor en medio de la comunidad, algo que expresa también de forma
muy elocuente la práctica de la lectura comunitaria en grupo
o en las comunidades eclesiales de base (S. Guijarro, El discipulado
en los evangelios, V encuentro de Pastoral Bíblica, Panamá
11-15 de Julio de 2006).
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A veces tenemos el deseo de enseñar tanto, que se nos olvida
ser discípulos.
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Notemos que en Mt el Jesús terreno va a mandar a sus discípulos
sólo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 6), pero el Jesús
resucitado manda a todo el mundo (28, 19). Hay una visión universal
para proclamar la esperanza a todos los pueblos del mundo.