TEMA
V
MARÍA
ANTE LA CRUZ
Y EL CENÁCULO
El
Santo Padre Benedicto XVI, nos ha enviado su mensaje de este año
2006 para la Jornada Misionera Mundial que se celebrará el próximo
22 de octubre y que tiene como tema:
LA
CARIDAD, ALMA DE LA MISIÓN
En
el final de este escrito, el Papa nos dice textualmente: La Virgen
María, que con su presencia al pie de
la Cruz y su oración en el Cenáculo ha colaborado
activamente en los inicios de la misión eclesial, sostenga su
acción, y ayude a los creyentes en Cristo a ser cada vez más
capaces de un amor verdadero, para que en un mundo espiritualmente sediento
se convierta en manantial de agua viva.
Partiendo
de estas palabras, quisiera desarrollar brevemente estos dos momentos
misioneros donde se nos presenta la figura de María muy
ligada a los discípulos, futuros apóstoles del Señor
Resucitado.
LA
CRUZ, FUENTE DE VIDA Y
SALVACIÓN PARA TODA
LA HUMANIDAD
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El
primer momento se refiere al texto de Jn 19,25-27, donde se nos
narra como desde la Cruz, fuente de vida y salvación para
toda la humanidad, Jesús ve a su madre y a su lado al discípulo
que amaba, y le dice a ella Mujer, ahí tienes a tu
hijo. Es decir, desde ese momento, y al pie de la cruz María
se convierte en madre de todos aquellos discípulos amados
de Jesús, es ella la nueva acompañante de su vida
y su apostolado, es desde ahora la madre de los apóstoles.
E igualmente, Jesús dice a su discípulo, Ahí
tienes a tu madre. Y desde ese momento el discípulo se
la llevó a su casa. Desde aquel día María
vive en la casa del discípulo amado, ella misma será
la acompañante, la compañera en el hogar y en el
andar del camino de la vida y la actividad misionera, la que enjugará
las lágrimas y los sudores de todos los misioneros, esos
discípulos representados en el discípulo amado.
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No
cabe duda, que este texto tiene una densidad espiritual y misionera
muy grande, pues el mismo Cristo Crucificado. El Hijo Unigénito
del Padre que derrama hasta la última gota de amor por todos
los hombres, nos hace entrega también desde el altar de la Cruz
de lo más preciado de su corazón que es su mismísima
Madre, ahora ella será la compañera y guía de todos
los discípulos del Señor, en todos los lugares, países
y naciones, así como en todas las épocas y momentos de
la historia humana.
REFLEXIÓN
La
Presencia de María, nuestra Madre, ha sido determinante en el
caminar y peregrinaje del pueblo de Dios. Ella conoce los sentimientos
de Cristo y de una manera total. El seno de María es ya un cenáculo
de amor y entrega para Jesús. María esta atenta y escucha
de una manera amorosa a su Hijo, ella como discípula también
del Señor, obedece sin límites a la voluntad del Padre
(cfr. Lc 1, 38), es fiel hasta acompañar a su Hijo al pie de
la Cruz.
Hoy
en día vemos como tantos hermanos nuestros siguen caminando y
peregrinando por el mundo, crucificados por el hambre, las guerras,
el desprecio, el odio, las drogas y el atropello de sus derechos. Y
aún más, es una tristeza ver a aquellos hombres y mujeres
que piensan que con dar de lo que les sobra o ya no les sirve están:
Amando a sus Hermanos, esta no es la caridad que nos habla
el Papa y que Jesús nos interpela en cada ser humano.
La
cruz es el signo más grande del Amor de Dios en Jesús
por nosotros, María lo sabe y nos acompaña en nuestras
vidas.
PERMANECÍAN
ÍNTIMAMENTE UNIDOS
EN LA ORACIÓN
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Este
hecho va muy ligado con el segundo momento misionero donde María
está juntó a los discípulos, y es precisamente
en el Cenáculo de Jerusalén. Lucas nos narra este
acontecimiento en los Hechos de los Apóstoles en 1,14:
Todos ellos, con algunas mujeres, la madre de Jesús
y sus parientes, permanecían íntimamente unidos
en la oración. |
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Obviamente
que María está muy unida a esta primera comunidad de creyentes,
son sus hijos amados, son los hermanos de su hijo muy amado, ella debe
estar ahí orando, animando, apoyando con su mirada tierna, con
su fe inquebrantable, con su amor maternal, sólo ella, la que
llevó en su seno al Verbo de la vida, sólo ella, la
esclava del Señor puede acompañar entrañablemente
a este puñado de hombres y mujeres miembros de esta comunidad
primigenia que están a punto de lanzarse a la gran aventura misionera
que se iniciará más tarde en Pentecostés, la gran
irrupción del Espíritu en los corazones de todos los creyentes
que los hará hablar de las maravillas de Dios a todos los
pueblos Hech 2, 11.
Así
pues, no se puede pensar en la misión de la Iglesia, sin la compañía
de María, es impensable un misionero, un apóstol que no
haya sentido en su corazón el amor maternal de la llena
de gracia que ha sido llamada dichosa por todas las generaciones
de cristianos. ¿Quién no ha experimentado su compañía
y su sostén en los momentos de soledad, de incomprensión
y de dolor dentro del trabajo y el esfuerzo misionero?
REFLEXIÓN
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El
cenáculo, la comunidad, el lugar de encuentro, de reposo,
de oración, es a su vez el sacramento de comunión
con Dios y con los hermanos, es el lugar donde nos formamos como
discípulos y misioneros de Jesús. Por lo tanto,
urge la tarea de construir la Iglesia como casa y escuela de comunión,
el nuevo cenáculo, para ser testimonios auténticos
de la nueva evangelización y vigoroso fermento del Evangelio
en el mundo. Ser misionero es amar apasionadamente al hombre y
hoy más que nunca. Por esto, la misión conlleva
en su ser el amor de Dios que da vida al mundo, Jesús,
el misionero del Padre. |
En
esta fiesta del DOMUND recordamos que estamos llamados a vivir esta
caridad de Cristo que se traduce en gestos concretos de paz, ternura
y justicia para con todos los hombres de la tierra, eso precisamente
es el alma de nuestra misión pero de un modo especial
desde la compañía maternal de aquella mujer que vivió
profundamente esta vocación de madre y discípula desde
la Cruz y el Cenáculo.
IGNACIO
MARTÍNEZ BÁEZ, M.G.