Tema 3
Testigos de Jesús
UNA MIRADA A LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES
Por: Pbro. Carlos Junco Garza
En el contexto de la
5ª Conferencia del Episcopado
Latinoamericano,
celebrada en mayo
de este año en Aparecida,
Brasil, quiero fijarme
en el libro de los
Hechos de los Apóstoles
para valorar nuestra
misión de testigos de
Jesús, discípulos y misioneros
suyos. Como
sabemos, el libro fue escrito
por el mismo autor
del tercer evangelio. Así
se puede constatar por
su destinatario, temática
teológica, estilo literario,
entre otras cosas.
Conforme a la tradición
fue San Lucas quien escribió
esta obra en dos
tomos. Uno sobre todo
lo que Jesús hizo y enseñó,
y el otro sobre la
vida de algunas comunidades
y discípulos de la
iglesia primitiva.

Contemplo los Hechos
de los Apóstoles
desde la perspectiva del
testimonio que todos
estamos llamados a dar.
Creo que el libro nos ofrece muchas pautas para entender la misión
de todos los cristianos como testigos, seguidores,
discípulos y misioneros de Jesucristo. En
este artículo deseo presentar algunos de estos
rasgos, sin pretender agotarlos.
1. TESTIGOS CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU
El libro de los Hechos se abre, al igual que
el tercer evangelio se cierra, con la promesa del
Espíritu que vendrá sobre los discípulos. Una
fuerza que, como lo dice el mismo Jesús, los
conducirá a “ser mis testigos en Jerusalén, Judea,
Samaría y hasta los confines de la tierra”
(1, 8; ver Lc 24, 49).

Como Jesús ha sido ungido por el Espíritu
para su misión evangelizadora y liberadora
(10, 38; ver Lc 4, 16-30), así también la Iglesia,
toda la comunidad y cada uno en particular, está
sustentada y guiada por el poder del Espíritu
Santo. Con esto confesamos algo evidente, pero
a veces relegado en el olvido: el testimonio que
damos como discípulos del Señor y misioneros
suyos no está en nuestras débiles fuerzas, sino en
el poder de Dios, en su gracia, en su regalo.
a) El Espíritu, don para todos
A través de un recorrido por diversos pasajes
de los Hechos de los Apóstoles queremos
fijarnos cómo el don del Espíritu, prometido
por Jesús para dar testimonio de él, no tiene
fronteras ni límites. Es dado a todas las personas
sin discriminación alguna.
Capítulo 2: El Espíritu sobre la comunidad naciente
Los apóstoles y demás discípulos, después de que el Señor se ha ausentado visiblemente
de ellos, permanecen en oración con María la
madre de Jesús (1, 14). En ese clima de intimidad
divina y fraterna, ellos se preparan a recibir
el don del Espíritu Santo.
El acontecimiento de Pentecostés viene
presentado por San Lucas con muchos rasgos simbólicos: viento, llamas de fuego, don
de lenguas, presencia de judíos provenientes
de muchos pueblos. Todo ello nos habla de
la irrupción del Espíritu sobre la comunidad
naciente ante una presencia de testigos que
evocan, de alguna forma, el mundo entero. Todos
los oyen proclamar las maravillas de Dios,
que con el envío del Espíritu lleva a su culmen
terreno el misterio de la salvación realizada por
su Hijo Jesús.
San Pedro lo explica como el cumplimiento
de la profecía de Joel (3, 1-5) que anunciaba la
efusión del Espíritu sobre todo ser humano, en
un primer momento de Israel, pero en una
legítima relectura, de todo el mundo. Todo
ser humano está llamado a recibir el Espíritu
Santo: hijos e hijas, jóvenes y ancianos, siervos
y siervas. Es un don que no tiene barreras de
sexo, edad o condición social. Es el regalo de
Dios, fruto de la muerte y resurrección de Cristo
el Señor.
Es la promesa del Padre que Jesús envía a
sus discípulos. Está destinado a todos los creyentes,
a los que están cerca, los judíos, y a los
de lejos, los gentiles o paganos. Así lo señala
Pedro a quienes le interrogan sobre qué hacer:“Conviértanse y que cada uno de ustedes se
haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para
perdón de su pecados; y recibirán el don del
Espíritu Santo, pues la promesa es para ustedes
y para sus hijos, y para todos los que están lejos,
para cuantos llame el Señor Dios nuestro”
(2, 38-39).
Allí comienza, de manera solemne, la vida
de la Iglesia guiada por el Espíritu Santo para
dar testimonio de Jesús. Es el bautismo en el
Espíritu anunciado por Jesús (1, 5).
Capítulos 10 y 11,1-18: El Espíritu sobre los
gentiles o paganos
Por eso el don del Espíritu caerá también
sobre los gentiles, los que no pertenecen al pueblo
judío, como es el caso de Cornelio y sus
acompañantes, tal como lo constata Pedro. Es
como un nuevo Pentecostés, donde se repite el
don de lenguas. Es el primer caso de un gentil
admitido a la comunidad eclesial, sin necesidad
de la circuncisión, que era el distintivo de
los varones judíos, como señal de la alianza de
Dios con su pueblo (ver 15, 1-29; Gn 17). Con
esto las puertas de la comunidad se abren a
todos, no quedan aprisionadas por la simple
pertenencia al pueblo judío: “¿Acaso puede
uno negar el agua del bautismo a éstos que han
recibido el Espíritu Santo como nosotros?”
(10, 47).
Por eso en las diversas culturas y en las distintas
religiones hay que buscar las huellas del
Espíritu, que por la gracia salvadora de Jesús
está presente, aún en medio de sombras (ver
17,16-34).
Capítulo 8,14-18 y 19,1-7. El Espíritu sobre
otros discípulos
Pedro y Juan van a Samaria para confirmar
la acción de Felipe que ha evangelizado y bautizado,
fuera de Jerusalén, y dar así mediante
la imposición de las manos sobre los nuevos
discípulos el don del Espíritu que no habían
recibido (8, 14-18).
Pablo recibirá también el Espíritu por la
imposición de las manos de Ananías (9, 17), y
años después, Pablo por la imposición de las
manos comunicará el Espíritu a los discípulosque sólo habían recibido el bautismo de Juan
y ni siquiera habían oído hablar del Espíritu
Santo. También el don de lenguas y la profecía
serán signos del don recibido. Sin duda alguna,
con esta escena San Lucas quiere mostrar la
necesidad de la presencia del Espíritu en todos
los cristianos. No puede haber auténticos discípulos
de Jesús que ignoren, desconozcan o no
hayan recibido el don del Espíritu.
Síntesis
Hemos contemplado, a grandes rasgos, varias
escenas singulares en las que aparece el
don del Espíritu a las diversas personas que
pertenecen ya a la comunidad cristiana o se incorporan
a ella.
Con esto San Lucas quiere enfatizar cómo
en la base de toda la vida eclesial y de cualquier
seguidor de Jesús se necesita la presencia del
Espíritu que obra en todos sus miembros, sin
excluir a nadie. Es la presencia misteriosa que
se manifiesta en los diversos dones, ministerios
y carismas que enriquecen a la Iglesia de Dios.
Cualquier auténtica acción eclesial está siempre
movida por el Espíritu de Dios. Es lo que Pablo
también señala al constatar que no sólo en los
grandes carismas o en los dones espectaculares,
sino en la vida diaria de fe se requiere la gracia
y el impulso del Espíritu: “Nadie puede decir‘¡Jesús es Señor!’, sino movido por el Espíritu
Santo” (1 Cor 12, 3).
El don del Espíritu es para que todos podamos
profesar nuestra fe en Jesús, edificar la comunidad
y servir a nuestros hermanos, especialmente
a los más pobres y marginados. La gracia del Espíritu
nos conduce a ser testigos de Jesús, discípulos
suyos, que con nuestras palabras, obras y vida,
nos convirtamos en misioneros de la Buena Nueva
de salvación realizada en su persona: “Ustedes
recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo
venga sobre ustedes, y de este modo serán mis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y
hasta los confines de la tierra” (1, 8; ver 4, 31).
b) El Espíritu guía el testimonio y la misión
Ya vimos que el Espíritu se nos da para que
seamos testigos de Jesús en todos los lugares de
la Tierra (1, 8). Pero la presencia del Espíritu se
diversifica en otras actividades íntimamente relacionadas
con el testimonio, que con nuestras
palabras, obras y vida entera damos del Señor
Jesús.
El Espíritu está en la base del testimonio de
los apóstoles: de Pedro, Pablo y los demás; de
Esteban y Felipe, que forman parte del grupo
de los “siete”; de los presbíteros de Efeso y de
los diversos discípulos. Con la luz y fuerza del
Espíritu ellos, aún en medio de persecuciones
y obstáculos, predican con toda valentía
el Evangelio y comunican los bienes de la salvación
realizada por medio de Jesús, el único
Señor y Salvador.

Veamos algunos de esos aspectos donde el
Espíritu guía diversos momentos significativos
de la Iglesia, en su acción evangelizadora y en
su crecimiento constante.
-
Después de la curación del tullido de nacimiento,
Pedro y Pablo son apresados y rinden
su testimonio ante el sanedrín. Pedro lleno del
Espíritu Santo, habla con plena valentía ante
ellos, explicando la señal que ha realizado en
nombre de Jesús, el único Salvador (4, 8, ver capítulos
3-4).
-
La plegaria de la comunidad perseguida
implora, no el cese de la persecución, sino la
valentía para predicar la Palabra. Lucas concluye
esta escena relatando: “Acabada su oración,
retembló el lugar donde estaban reunidos,
y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y
proclamaban la palabra de Dios con valentía”
(4, 31; ver 4, 23-31).
-
La elección de los “siete”, quizá dirigentes
de la comunidad de origen judío, pero
no residentes de Jerusalén, va a recaer enhombres llenos del Espíritu y de sabiduría
(6, 3; ver 6, 1-6).
-
Los adversarios no pueden resistir a la
sabiduría y el Espíritu con que hablaba Esteban
(6, 10). Su discurso final antes de sufrir el
martirio lo proclama lleno del Espíritu Santo
(7, 55).
-
Felipe anuncia la Buena nueva de Jesús al
eunuco, lo bautiza y es arrebatado por el Espíritu
para que prosiga en otras ciudades la labor
evangelizadora (8, 25-40).
-
Pedro, prestando atención al Espíritu, rompe
los prejuicios religiosos propios de su fe judía
y lleva el anuncio de salvación a los gentiles,
que también están llamados a formar parte de
la nueva comunidad (10, 19-20; 11, 12; 15,8).
-
Bernabé, hombre lleno del Espíritu Santo,
es enviado por la comunidad de Antioquia a
ratificar en la fe a los gentiles que han aceptado
la Buena Nueva de Jesús (11, 22.24).
-
Es el mismo Espíritu Santo quien llama y
envía dentro de la comunidad de Antioquia a
los primeros misioneros, Pablo y Bernabé, que
partirán a difundir el Evangelio de Jesús y hacer
discípulos en territorios más lejanos (13, 2.4).
-
Es también el Espíritu quien, de una u otra
forma, les ayuda a captar que no se necesita la
circuncisión ni la observancia de la ley judía
para alcanzar la salvación que nos regala Jesús,
a lo sumo se deben observar ciertas normas
que conducen a una convivencia pacífica entre
los diversos grupos de la comunidad (15, 28-29;
ver 15,1-29)
-
Es el Espíritu quien señala si en un momento
determinado no hay que evangelizar en
algún lugar o si hay que hacerlo en otro sitio
(16, 6-10).
-
Es también el Espíritu quien testifica las
prisiones y tribulaciones que esperan a Pablo en
el cumplimiento de su misión evangelizadora y
quien le dará fuerza para dar testimonio de Jesús
con su vida entera
(20, 23; 21, 11).
-
El Espíritu ha
estado presente en
la historia de la salvación
que se actualiza
en cada instante,
como lo testifican las
Escrituras en las queél nos habla (1, 16;
4, 25; 28, 25).

Estos son algunos
de los múltiples ejemplos
de la presencia
del Espíritu en las comunidades
primitivas
y en los diversos discípulos.
La acción del
Espíritu Santo sigue
vigente y actual en todos
nosotros hoy día
para que continuemos
siendo discípulos,
testigos y misioneros
del Evangelio
que trae la salvación
en Cristo Jesús.
Por eso en todos
los momentos de la
Iglesia debemos estar
abiertos a la inspiración
del Espíritu para
dejarnos conducir porél y buscar los medios
más oportunos para realizar nuestra misión
evangelizadora y testimonial. Se trata de una
acción de discernimiento constante para saber
escuchar la voz del Espíritu, y no seguir nuestras
propias mociones o criterios.
Si no le hacemos caso al Espíritu, le estamos
resistiendo, como Esteban y Pablo recriminan
a algunos de los judíos (7, 51-53; 28, 25-28).
Sólo en la oración constante, en el silencio
meditativo, en la búsqueda sincera, personal y
eclesial, en la confrontación enriquecedora, en
el compromiso auténtico de servicio hemos de
descubrir la voz del Espíritu para que nos ilumine
y guíe, para que se convierte en fuerza e
impulso para nuestra vida de testigos del Evangelio.
Hay que dejar a un lado otras voces que
resuenan en nuestro interior, pero que no son
la auténtica voz del Espíritu. Esto nos coloca en
un clima de plegaria y meditación, de apertura
y sinceridad, de dinamismo y búsqueda, de
compromiso y servicio, tal como lo pide cada
una de las cartas del Apocalipsis: “El que tenga
oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias”
(Ap 2, 7…).
2. TESTIGOS EN TODO MOMENTO Y
SITUACIÓN
La misión que el Señor nos encomienda de
ser sus testigos, la llevamos a cabo en el interior
de la comunidad y en nuestro servicio a los demás.
Se enfrenta ante diversos problemas que
hemos de superar.
a. Testimonio en el interior y hacia el mundo
La Iglesia de los Hechos de los Apóstoles nos
muestra a una comunidad que al interior vive
unida en torno a la evangelización y catequesis,
la comunión fraterna y la celebración litúrgica.“Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles,
a la comunión [común-unión] , a la fracción
del pan y las oraciones” (2, 42). Con esto San
Lucas nos presenta el ideal de toda comunidad
eclesial. Una comunidad que crece en el dinamismo
de su fe, en la caridad y solidaridad auténtica,
en la vivencia litúrgica. Ninguna cosa
puede estar separada de la otra.
Es necesario estar en contacto con la fe
apostólica, con el anuncio del Evangelio y su
profundización. Es fundamental vivir la comunión
con Dios y con el hermano, que llegue a
transformar nuestros corazones y nuestras estructuras
socioeconómicas. Es importante que
todo esto lo celebremos en nuestra liturgia.
Los diversos sumarios o resúmenes que
Lucas presenta de la comunidad nos ofrecen
aspectos claves de la Iglesia (2, 42-47; 4, 32-35;
5, 12-16), sin olvidar que la Palabra de Dios está
en la base de la vida eclesial y que en el libro
de los Hechos adquiere una fuerza singular,
casi se personifica (6, 7; 10, 36; 12, 24; 13, 48-49;
19, 20), dándole un valor eficaz para edificar a
la comunidad y para expandir el evangelio a los
gentiles (20, 32).
La comunidad ha de ser una Iglesia de la Palabra,
escuchada, transmitida y vivida. Una Iglesia
que ora y celebra la liturgia, como culmen y
fuente de su vida. Una iglesia de la comunión
y el servicio expresados en la vida fraterna y solidaria.
Una Iglesia llamada a la conversión y
purificación constante, al compromiso serio y
transformador. Así nos convertimos en seguidores
de Jesús, el Cristo. Por eso llevamos el
nombre de “cristianos”, como se dio por primera
vez en Antioquia (11, 26).
Pero la Iglesia no se cierra en sí misma, sino
que se abre a los demás, está en camino. De hecho
los cristianos son llamados también “seguidores
del Camino” (9, 2) y la palabra “Camino”
sirve para designar a Jesús y la comunidad que
surge en torno a él (16, 17; 18, 25-26; 19, 9.23;
22, 4). Todo esto en consonancia con la autorevelación
de Jesús que se presenta;”Yo soy el
Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre
sino por mí” (Jn 14, 6).
Por eso la Iglesia al dar testimonio no está
volcada en sí misma, sino abierta a los demás
para difundir la Buena Nueva y para servir al
mundo, para anunciar el Reino de Dios que
se ha hecho patente en la persona de Jesús elSeñor (8, 12.35; 14, 21-22; 20, 25; 28, 23.31; ver
2, 36; 4, 10-12; 5, 42; 8, 5. 25.40; 10, 36-43; 11, 20;
13, 23.28.).
La Iglesia que está llamada a evangelizar, comienza
por evangelizarse a sí misma (EN 15),
buscando las razones de su fe, dando cuenta
de su esperanza, viviendo en el amor a Dios y
a los hermanos, purificándose constantemente
de cualquier idolatría e infidelidad. Por eso la
Iglesia. camina hacia la Verdad plena (DV 8),
busca comprender y vivir cada día más
el misterio de Jesús con todas sus implicaciones
y repercusiones en la vida de
conversión constante, de proclamación,
de experiencia, de transformación.
b. Dificultades y obstáculos
La Iglesia de Cristo, al esforzarse por
cumplir su misión con la ayuda del Espíritu,
se encuentra ante dificultades. Los
Hechos nos dan testimonio de las adversidades
que vienen de fuera y las que
surgen al interior de la comunidad.
De fuera, aunque también de dentro,
las dificultades se pueden resumir
en el rechazo y la persecución, o en la
indiferencia ante la predicación. De
dentro surgen conflictos y tensiones en
diversos ámbitos.
Persecución
Basta abrir las páginas de los Hechos
para constatar que la persecución no
tiene límites: alcanza a Pedro y Juan, lo
mismo que a los demás apóstoles; a Esteban,
el primero que da la vida como
testigo o mártir de Jesús, a la iglesia que
está en Jerusalén, a Santiago, a los seguidores
del Camino, a Pablo y sus acompañantes.
Se cumple así lo que Jesús les
ha anunciado: “Los expulsarán de las
sinagogas. E incluso llegará la hora en
que todo el que los mate piense que da culto
a Dios” (Jn 16, 12). Por eso Pablo y Bernabé exhortan
a la perseverancia y fidelidad a las comunidades
evangelizadas, diciéndoles: “Es necesario
que pasemos por muchas tribulaciones
para entrar en el Reino de Dios” (14, 22). La
persecución y el rechazo han sido la suerte de
Jesús que se coloca en la línea de los profetas
(Lc 4, 16-30; 13, 31-35; 24, 25-27.44-48) y, para
san Lucas, constituyen la condición normal del
cristiano (Lc 6, 22-23; 21, 12).


Es importante la reacción de apóstoles y
discípulos ante esos problemas. No se amedrentan
ante las amenazas y las persecuciones,
sólo piden el valor para continuar predicando
con valentía el Evangelio (4, 24-29). Y así, no
obstante el silencio que les imponen, ellos no
callan, continúan en su labor de testigos fieles y
valientes, conforme se los ordenó el Señor, que
está por encima de cualquier autoridad (4, 19-
20; 5, 27-29). Por eso “ni un solo día cesaban de
enseñar en el Templo y por las casas y de anunciar
la Buena Nueva de que Jesús es el Cristo”
(5, 42).
Burla e indiferencia
En otras ocasiones será la burla o indiferencia
ante el mensaje proclamado, como le sucede
a Pablo en el Areópago de Atenas al anunciar la
resurrección de Jesús. “Al oír la resurrección de
los muertos, unos se burlaron y otros dijeron:‘Sobre esto te oiremos otra vez’” (17, 32).
Conflictos internos
Pero los problemas no vienen sólo
del exterior, sino también del interior
de la comunidad.
-
El engaño y la mentira en lo referente
a compartir los bienes materiales
es la irrupción del pecado en el seno de
la comunidad. El caso de los esposos
Ananías y Safira ilustran simbólicamente
este hecho. La denuncia de Pedro es
fuerte; el castigo de la muerte simboliza
la exclusión de la comunidad (5, 1-11).
-
También en relación a los bienes,
la caridad y el servicio se dan las legítimas
quejas del grupo helenista, que ve
desatendidas sus viudas en el servicio
fraterno. La búsqueda de una solución
al problema se realiza en un clima de
oración y compromiso (6, 1-6).
-
Aparece en otro pasaje la ambición
del recién converso Simón el Mago,
quien pretende “comprar” el poder de
imponer las manos para transmitir el
Espíritu Santo. La llamada de Pedro
al arrepentimiento surte su efecto (8, 9-
24).
-
Una lucha interna con discusiones
y posturas diversas se da en torno a los
grupos de judeo-cristianos que están afavor de la circuncisión, La reunión de dirigentes
y representantes de las Iglesias en Jerusalén,
guiada por el Espíritu, verá que no
es necesaria esa carga (ver 10; 11, 19.26; 15;
21, 17-26).
-
Entre los mismos misioneros surgen problemas
serios. Tal es el caso de Pablo y Bernabé
compañeros en el primer viaje misionero.
A punto de iniciar el segundo viaje misionero,
se enfrentan y llegan hasta la separación por
la postura diversa que tienen ante Juan Marcos,
que los había abandonado en la primera
misión. La separación dolorosa se mitiga con
el compromiso misionero llevado a cabo en
diferentes lugares (15, 36-40; ver 13, 5.13).
Estos son algunos de los varios conflictos
que aparecen en el seno de la comunidad primitiva
y las soluciones que se dieron.
Síntesis
Persecución, indiferencia, conflictos internos
son algunas de las pruebas que enfrenta
la Iglesia de todos los tiempos al realizar su
misión.
Ante la persecución estamos llamados a
responder con firmeza y valentía realizando
la misión evangelizadora y liberadora, ante la
burla y la indiferencia, hay que seguir proclamado
la verdad y haciendo el bien.
Ante los conflictos internos debemos reaccionar
en espíritu de diálogo, búsqueda,
sin perder de vista nuestra meta. Es un hecho
que nuestras comunidades también están envueltas
en el pecado en sus múltiples manifestaciones,
en diversos conflictos internos,
en distintas posturas personales y eclesiales
que entran en tensión. Lo fundamental ante
esa realidad es que sepamos aceptar los hechos,
que podamos encararlos y que sepamos
buscar, en clima de diálogo, verdad y justicia,
las soluciones que favorecen el bien de la comunidad
en su misión y servicio a todos, especialmente
a los más pobres, marginados y
excluidos.
3. RECAPITULACIÓN Y PROYECCIÓN
Hemos recorrido a grandes pinceladas el
libro de los Hechos de los Apóstoles que nos
llama a ser testigos de Jesús, discípulos y seguidores
de él, misioneros incansables en la
labor de anunciar y comunicar el Evangelio
hasta los confines de la tierra.
La 5ª Conferencia del Episcopado Latinoamericano
quiere impulsar nuestra vida de
discípulos y misioneros para que el mundo
tenga vida en Jesús. En este mes dedicado de
manera singular a recordar el deber misionero
de todos nosotros, es importante reavivar
esta encomienda.
Acercarnos al libro de los Hechos es una
oportunidad para reforzar nuestra vocación y
misión. Sabemos que en esta misión nuestra
fuerza no está en nuestra debilidad, sino en
el poder del Espíritu Santo que se nos da a
todos. Confesamos que es el Espíritu el que
nos acompaña y guía para llevar a cabo la encomienda
que Jesús nos dejó de ser sus testigos.
Testigos de Jesús y de la Buena Nueva queél anunció y realizó. Testigos en las diversas
circunstancias de nuestra vida personal y
eclesial, testigos comprometidos en la transformación
de nuestras iglesias y de nuestras
sociedades. Discípulos y misioneros en medio
de las adversidades y conflictos, afrontándolos
con madurez eclesial buscando siempre
que nuestra meta sea el Reinado de Dios, la
Buena Noticia de salvación proclamada y realizada
por Jesús.