Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Comisión
Pastoral
Misionera

Domund
2003

Domund
2004

Domund
2005

Domund
2006

Domund
2007

Domund
2008

Domund
2009

Domund
2010

Domund
2011

Mapa del Sitio

Ir al CONTENIDO de la revista DOMUND 2007


  Google
Vicaría      de Pastoral

Visitar Sitio Web de las OBRAS MISIONALES PONTIFICIO EPISCOPALES

Tema 4

Discípulos y Misioneros

Por: P. Rafael González Ponce
Padre Provincial de los Misioneros Combonianos

Lo más hermoso de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada bajo el amparo de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil, es que nos está haciendo redescubrir lo que realmente somos: seguidores de Jesucristo y servidores de nuestros hermanos y hermanas. Esta es la identidad más profunda de la Iglesia, las dos alas que le permiten volar a través de horizontes de vida plena: pertenecemos radicalmente a Dios en Jesús y somos por naturaleza presencia de su misericordia en medio del pueblo. En el fondo, este binomio dinámico “discípulos y misioneros”, “místicos y profetas”, “contemplativos y siervos” no resulta ser sino dos caras inseparables de una misma pasión por Cristo y por la humanidad.

Prisión

El DOMUND nos brinda anualmente la oportunidad de renacer a lo más auténtico de nuestra fe. En efecto, nos impide encerrarnos en nuestros propios intereses y nos invita a abrirnos a las dimensiones del sueño de Dios.Él quiere Vida abundante para todos sus hijos e hijas, sin fronteras ni exclusiones. El Amor Trinitario envuelve y vivifica la historia humana con su fuerza creadora inagotable, también hoy en nuestra época actual. Dios Padre está enamorado de esta humanidad por la que su Hijoha entregado su sangre sin reservas y a la que ha enviado el Espíritu de perenne renovación. Y somos misioneros de esta “buena noticia”: ¡el Amor vence todas las esclavitudes y a la misma muerte! Dios nos envía como pregoneros de una fraternidad liberadora que escandaliza y derrumba las barreras de odio.

Al aceptar ser discípulos de Jesucristo nos ponemos en la escuela del Evangelio. Ahí encontramos la fuente de nuestro estilo de ser y de hacer misión. Pero necesitamos tener el valor de leerlo como si fuera la primera vez y dejarnos cautivar por su mensaje de total disponibilidad. Necesitamos pedir la gracia de seguir a Jesucristo incondicionalmente, hasta configurarnos con Él, por amor. Seguirlo en la comunión con su Padre y en la búsqueda continua de su Voluntad. Seguirlo en sus actitudes de Buen Samaritano y en los criterios de las Bienaventuranzas. Seguirlo en su identificación con los pecadores, los pobres y los pequeños. Seguirlo en sus opciones que sustentan la inauguración de un Reino de justicia, paz y dignidad. Y, finalmente, seguirlo hasta compartir su destino de Cruz y Resurrección.

Enfermera

Al aceptar ser misioneros de Jesucristo nos comprometemos humildemente a continuar su misión en el mundo. Él nos enseña que la fuente de su misión es la compasión (se le conmueven las entrañas) ante los que sufren, los marginados y todos aquellos que se encuentran “vejados y abatidos como ovejas sin pastor”. Continuar su misión para llevar su oferta de salvación hasta los últimos rincones, para escuchar el grito de los más pobres, para llevar a todos al encuentro con el Dios de la Vida, para construir una tierra nueva, para reunir a todos los hermanos y hermanas dispersos alrededor de la mesa en la fiesta inagotable del cielo.

LAS 7 CARACTERÍSTICAS DEL ESTILO MISIONERO DE JESÚS

1. La certeza de ser amado, llamado y enviado

El Señor “llamó a los que Él quiso” y de ellos “hizo Doce”. Jesús toma la iniciativa y nos invitaa ser sus colaboradores. Esta convicción vocacional nos llena de serenidad en los momentos difíciles. No por nuestros méritos sino por designio divino. Al llamarnos confía en nosotros y espera nuestra respuesta generosa. Luego pone en nuestras manos su propio proyecto.

2. Participar de su Vida

Los llamó “para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar con el poder de destruir el mal”. Una traducción más exacta sería: “para ser uno con Él”. Esta es la esencia de la vocación misionera: estar unidos a Jesucristo como las ramas al árbol. La oración y la escucha cotidiana de su Palabra constituyen la fuerza invencible de la misión. Hablar con Él para hablar de Él. De otra forma lo único que haremos será predicarnos a nosotros mismos y lo que construyamos quedará sobre arena. Los sacramentos, en particular la eucaristía y la reconciliación, como ríos de gracia, nutren nuestra conversión y nos asocian al Amor capaz de aniquilar la acción del maligno.

3. Testigos de Fraternidad

Somos enviados como Iglesia, nunca solos: “de dos en dos”. Porque el núcleo del anuncio consiste en mostrar que somos hermanos y hermanas en el único Padre-Amor. Por eso el mundo no nos quiere recibir, ya que testimoniamos y proclamamos la fraternidad ante una sociedad que nos asegura lo contrario. Esto es también el fin que anhelamos: “que viendo como nos amamos, glorifiquen al Padre que está en el cielo”. La experiencia de la fraternidad es lo que más necesita nuestra presente humanidad herida. De dos en dos para aligerarnos con el bálsamo de la amistad y ayudarnos a cargar la cruz, para que el testimonio sea válido conforme a la ley judía, sobretodo para estar ciertos de la presencia del Maestro que nos prometió “ahí donde dos o más se reúnan en mi Nombre, yo estaré en medio de ellos”.

4. Abandono en la Providencia

Si llevamos dinero la gente nos pedirá dinero. Si ponemos, de hecho, la prioridad en cosas materiales o en capacidades humanas, entonces seremos dependientes de lo que hemos puesto como base. En cambio Jesús nos pide comoúnica condición misionera “no lleven oro, ni morral, ni doble túnica”. En otro texto solamente nos permite “las sandalias y el bastón” como instrumentos del Buen Pastor: para caminar con el pueblo a través del desierto y para golpear la roca de donde brote el agua o para conducirlos hasta la tierra prometida separando las corrientes marinas. Si ponemos nuestra prioridad en la Providencia, la gente descubrirá a Aquel que nos cuida “más que a las flores del campo o a los pájaros del firmamento”. No es cuestión de dar sino de darse. Los bienes materiales son buenos en cuanto nos ayudan a este fin. El testimonio de una Iglesia pobre y servidora llega más lejos que cualquier sermón. La pobreza evangeliza es aquella que nos separa de la lógica mundana, ligada al tener y al poseer (pues todo aquello a lo que nos apegamos luego nos posee) y en cambio nos acerca más a Dios y a los más necesitados.

5. Instrumentos de Paz

“Cuando entren en una casa, digan Shalom”. Lo que más necesitan las personas es el Shalom: la paz que nada ni nadie puede dar sino sólo Dios. La paz que devuelve la dignidad al hombre degradado o a la mujer maltratada, que no juzga ni condena, que devuelve la esperanza y que hace llorar de alegría. El Shalom que retuerce la escala de valores del mundo y coloca en primer lugar a nosotros, hijos e hijas de Dios, encontrados y perdonados.

6. Fieles en la Cruz

Jesús es conciente que nos envía “como ovejas en medio de lobos”. Al mal no se le venceengordándolo más por la revancha. Al mal se le vence a fuerza de bien. Jesucristo, nuestro Redentor, ha puesto sobre sus espaldas el pecado del mundo y lo ha derrotado para siempre. Él ha roto el círculo vicioso del odio. El veneno de la serpiente ha quedado ineficaz y ella ha sido ridiculizada. Ya nada puede hacernos daño y la aparente debilidad de la oveja se convierte en energía regeneradora. La persecución y el mismo martirio, como signos identificadores de la misión de los discípulos de Jesucristo, son fuente de fecundidad inigualable y de paz imperecedera. La tentación de escapar del sufrimiento, a veces también por medio de falsas religiosidades, viene superada por la confianza absoluta en el Crucificado que nos ama hasta el extremo.

7. Profetas de Esperanza

“No tengan miedo…Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”. Esta certeza ilumina toda la misión. El Amor tiene la última palabra en la historia humana, a pesar de nuestros fracasos, incoherencias, traiciones… Cuando Dios nos elige nos toma en serio y nos es fiel. A nosotros nos corresponde simplemente dejarnos guiar por su luz Entregar nuestros “cinco panes y dos peces” para que se realice nuevamente el milagro del amor multiplicado. Lo peor que puede suceder a un misionero es perder la esperanza, si ello acontece entonces será urgente volver a las fuentes de la Vida. Nada puede apagar nuestro gozo porque tiene raíces de eternidad. Dios es nuestra Fuerza, aún si ya nuestro cuerpo flaquea. El ideal cristiano seguirá siendo la aventura de lo imposible, porque sólo Dios sabe hacerlo y la misión es suya.

LOS 5 DESAFÍOS DE LA MISION HOY

1. Fundamentar la misión en una auténtica espiritualidad

La persona de Jesucristo y su mensaje deben ser el centro explícito de nuestra misión y no sólo de forma implícita. La tentación moderna es realizar una misión atea, donde predomina el prestigio personal o la absolutización de los medios. En realidad, únicamente quien está lleno de Dios comunica su presencia transformadora y lleva a los demás a encontrarse conÉl. Los cimientos de esta espiritualidad misionera vienen de nuestro propio Bautismo, ahí hemos nacido como hijos de Dios y como misioneros de este don inconmensurable. Somos miembros de una Iglesia que es nuestra madre y a donde queremos que todos participen en la fraternidad del perdón y de fraternidad. La santidad es la meta que queremos alcanzar y proponemos a los demás como vía de plenitud. Sólo esta experiencia de fe, sostenida por largos momentos cotidianos de oración, da contenido a la profecía que se compromete por la justicia y la liberación. También hoy muchos testigos del Evangelio abrazan la cruz, mueren por su fe y por defender la causa de los oprimidos. Eso sólo se explica si el Espíritu del Resucitado ha consumido como fuego ardiente sus corazones.

2. Misioneros sólidos en su madurez humana

El seguimiento de Cristo nos hace personas más plenas, no es enajenante. La misión requiere personas libres, responsables y empeñadas en su crecimiento, para dar lo mejor de sí a los demás. No hay cabida para la mediocridad ni la falsa sumisión. Muchos de los obstáculos a la misión provienen de una deficiente calidad humana, complejos interiores, incapacidad para vivir en comunidad, caracteres no trabajados, heridas no reconciliadas… Y la gente nos perdona todo, excepto que los ofendamos. El misionero convence porque vive lo que predica, con humildad. Integra armónicamente todas las dimensiones humanas de su ser (físico, psicológico, intelectual, cultural, social, espiritual), con sus dones y límites, con realismo e ideales, con sinceridad y errores. Nunca acabaremos de aprender y siempre necesitaremos de los demás.Lo importante es seguir creciendo, cautivados por la causa de Dios y su Reino. Esta madurez se traduce en una capacidad de diálogo y de comunión, a todos los niveles, que hoy día constituyen el nuevo rostro de la misión. Efectivamente, en muchos lugares y circunstancias, la evangelización sólo es posible en términos de mutua escucha y de la promoción de personas sanas y felices. Los frutos de la fe llegarán cuando Dios quiera, aunque a veces no logramos entenderlo, pero ciertamente cada vez que ayudamos a una persona a encontrar la paz y a confiar, ahí se manifiesta ya el paraíso entero.

3. Promover una Evangelización Inculturada

Conversando

La encarnación es la única ruta escogida por Dios para situarse en la historia humana. Ella nos ayuda a reconocer en toda realidad humana las semillas del Verbo, que ya nos ha precedido con su amor. Esto significa entrar en lo más profundo de las personas y de sus culturas, lo que realmente está en sus mentes y corazones. El misionero asume el alma de los pueblos, con sus gozos, penas, deseos, lágrimas y éxitos, luchas y anhelos. También respeta los ritmos y procesos de cada persona y grupo, dialogando pacientemente y promoviendo el advenimiento de la hora de Dios para cada historia. Esta actitud fundamental nos libra de una evangelización superficial y basada sólo en emociones pasajeras. Nos impide dispensarnos de la fatiga de formar actitudes nuevas y educar las voluntades a partir de las realidades concretas que se viven. Reconociendo los valores del Reino en las culturas y, al mismo tiempo, empeñándonos en la eliminación de las situaciones antievangélicas. Este tipo de misión pone al centro la Sabiduría que emana del Espíritu Santo, a fin de discernir los eventos más contrastantes a la luz de la fe.

4. Nunca separar Evangelización y Promoción Humana

La tragedia de muchos es reducir la misión en un sentido horizontalista (sólo social) o verticalista (sólo espiritual). La verdad es que lo uno no puede existir sin lo otro. Nuestro modelo es Jesucristo y hacia Él debemos mantener los ojos fijos para conducirnos. El Evangelio penetra en el interior de las personas a través de la caridad. La Iglesia está llamada a ser recinto de misericordia para todos sin excepción. Y, siguiendo a Cristo, conceder el primer lugar a los más pobres y abandonados. Imitar a Jesús en su trato con todos para escuchar, aceptar, perdonar, exigir, amar… Romper toda clase de barreras para encontrar a los pecadores, enfermos, marginados, pequeños y humillados. El lugar preferencial de la Iglesia es donde están los últimos y los más golpeados por el mundo de hoy, porque donde no hay lugar para el pobre tampoco lo hay para Jesucristo. El drama de hoy es que más de dos terceras partes de la humanidad todavía no ha escuchado el Evangelio de Jesús. Millones de personas mueren cada año de hambre y otros más sobreviven en condiciones infrahumanas. En muchos países existe guerra, aunque de la mayoría no se hable en los noticieros. No obstante, sabemos que existen recursos sobrados para satisfacer las necesidades de todos. La miseria no es fruto de escasez sino de egoísmo, de un sistema de lucro en el cual se acepta como normal que el bienestar de algunos pocos traiga como consecuencia la exclusión de muchos. El Evangelio es una Buena Nueva de transformación personal y social. Los pobres son memoria viviente de Cristo y la fe en Él se robustece a través del compromiso con ellos.

5. “Dar desde nuestra pobreza”

El gran reto para nuestra Iglesia es la misión ad gentes; ir más allá de la atención a los que ya están dentro y buscar a los más alejados. No se trata solamente de una lejanía geográfica. No resulta conforme al Evangelio el excusarnos diciendo: “para que salir si también nosotros tenemos necesidad” o “todo es misión entonces aquí la realizamos” o “para que molestar la conciencia de otros si de todas formas se salvan”. Dios, en cambio, bendice a la anciana que donó “todo lo que tenía para vivir”, aunque fueran sólo dos moneditas y no a los dejaban sus sobras. Una Iglesia que da desde su pobreza recibe mucho más en gracia y medios, conforme a los planes divinos, porque Dios no se deja vencer en generosidad. Todo bautizado es responsable de la misión universal. Naturalmente no todos podrán salir físicamente pero a todos, sin excepción, compete el compromiso de la oración, la promoción de las vocaciones misioneras, el testimonio de vida, el empeño apostólico en donde nos encontremos, el ofrecimiento del dolor y de los quehaceres cotidianos, el conocimiento y estudio de las realidades, la colaboración con medios materiales… para compartir y sostener la obra misionera ad gentes. Nuestras liturgias, catequesis, apostolados, obras sociales, jornadas o retiros, etc. quedarán incompletos si no incluyen de alguna manera a los indiferentes, a los que no han recibido el don de la fe, a los que la rechazan o no les interesa, a los que no pertenecen al redil de Cristo. Él continúa diciendo a su Iglesia: “Vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

CONCLUSIÓN

El DOMUND nos une a todos los católicos del mundo, junto con María nuestra Madre, en la plegaria humilde y confiada para que Dios Padre nos conceda ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo para que, por la fuerza del Espíritu Santo, nuestros pueblos en Él tengan VIDA.


TEXTOS BÍBLICOS PARA MEDITAR

  • Las instrucciones misioneras de Jesús: Mt 10, 1-16; Mc 3, 9-15; 6, 7-13; Lc 6, 12-16
  • “Sal de la tierra y luz del mundo”: Mt 5, 13-16
  • “Vayan y anuncien a todas las gentes”: Mt 28, 19; Mc 16, 15
  • El Buen Samaritano: Lc 10, 25-37
  • El Buen Pastor: Jn 10, 1-21
  • “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo”: Jn 3, 16
  • “Como el Padre me envió, también yo os envío”: Jn 20, 21
Ir a la página anterior
Ir a la página siguiente