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TEMA 3
EVANGELIZACIÓN
COMUNIDAD MISIONERA
PARA LA HUMANIDAD


1. La Iglesia Ddiscípula y Misionera
en medio de la Humanidad

Cercanía a la situación del mundo

La misión se realiza en un mundo cambiante que va forjando una nueva época de la humanidad. Es necesario sentir lo que este mundo espera y necesita de la Iglesia; y hay que hacer entender a este mundo de hoy lo que en realidad la ofrece la Iglesia. Porque parece que surgen a veces mutuas desconfianzas entre el mundo de hoy y la Iglesia e incluso un cierto recíproco desencanto, quizá debido a expectativas idealizadas. Nos apremia la misión que sentimos hoy: estar muy en Dios y muy en los seres humanos. Proyectamos una misión que sea espacio de puente, diálogo y encuentro.

Comunidad misionera para la humanidad...Comunidad misionera para la humanidad...

Comenzaremos por preguntarnos:¿Viendo con ojos de fe, qué aprendemos de la sociedad para la misión? Creemos que Dios ama este mundo y está actuando en él. Debemos mirarlo y sentirlo con los ojos y el corazón de Dios; necesitamos sintonizar con la visión de Dios, que siempre cumple. Ésta es la mirada correcta sobre la historia pasada y futura, sin ocultar el error y el mal, pero confiando en la accón del Espíritu con quien podemos revertir situaciones y pronósticos negativos, de modo que se transformen en positividad y gracia. Es preciso fijarse más en lo auéntico y dinámico que emerge de las tendencias, los valores y las dimensiones antropológicas de hoy.

Ofrecemos al mundo respuestas y caminos dados por la experiencia y sabiduría de la Tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, buscamos o presentimos nuevos caminos. Hay que conocer nuestros tesoros y al mismo tiempo de la vida y el pensamiento de hoy para iniciar una especie de revolución en el Espíritu: acoger lo positivo y esperanzador de las fuerzas y tendencias que operan en la humanidad, alentar lo bueno, enfrentar lo adverso con la gracia de Pentecostés, sin apagar la mecha humeante (cfr. Mt 12, 18-21).43

Situaciones nuevas y retos de la humanidad actual

...misión que sea espacio de puente, diálogo y encuentro...

Nuestra Iglesia trata hoy día de comprender e interpretar la situación actual del mundo en sus aspectos preocupantes o esperanzadores. Así lo han hecho, desde la perspectiva de América Latina y el Caribe, los Obispos en Aparecida 44. Aquí sugerimos, a manera de ejemplos que deben ampliarse y concretizarse, unas cuantas situaciones dolorosas que entrañan hoy grandes retos para la misión.

Vemos que se agravan, en gran parte de la humanidad, las condiciones de pobreza y exclusión, que reclaman solidaridad con los excluidos45. Además, somo testigos inmediatos de situaciones de desempleo, corrupción, violencia, inseguridad, guerras, terrorismo…, todo lo cual atenta contra derechos fundamentales e incluso amenaza la sobrevivencia de la humanidad. En este contexto, la misión evangelizadora y humanizadora es prioritaria y urgente.

Se nos impone la globalización del mundo y las nuevas tecnologías informáticas. Una de sus repercusiones es la migración, con todo lo que conlleva: por una parte la posibilidad de compartir valores y fe; pero por otra parte la desintegración de la vida familiar y en los valores personales, religiosos y culturales. El urbanismo constituye una nueva dimensión cultural. Muchos medios de comunicación social, apoyados en poderes monopólicos, ofrecen y promueven estilos de vida y corrientes de pensamiento que, con frecuencia deshumanizan.

En medio de un resurgir del interés por la espiritualidad, aparecen nuevos movimientos religiosos, fenómenos sincretistas, neopaganismos y fundamentalismos de carácter ambiguo, mientras se agiganta el profundo proceso secularista que nos ha invadido.

La cultura de masas impulsa una invasión antropológica pervertida del ser humano en la cual, entre otross fenómenos, se han desnaturalizado el ser del varón y de la mujer y su rol en la sociedad. Constatamos una cierta muerte de la figura del padre y la banalización de su concepto.

La Misión en diálogo
con los valores de las
Culturas y en sintonía
con la Humanidad

Sensibilidad humana evangélica

La misión se realiza hoy en medio de la gente y sus culturas. La Iglesia, en cada tiempo de la historia, ha anunciado el mismo Evangelio, enacarnado en el pensamiento habreo y greco– romano, presentándolo a la cosmovisión de los nuevos pueblos, y teniendo en cuenta la percepción y valoración que éstos tienen de lo humano y religioso. No siempre ha logrado que éstos entiendan y acepten en plenitud el Evangelio. Hoy, con una nueva comprensión de la cultura, desde la gracia de una nueva experiencia de Cristo en el mundo, que quieren intentarlo con más fuerza. Para eso trata de dialogar con aquellas percepciones antropológicas en que las diversas categorías de personas y grupos sociales estructuran su vida y su escala de valores.

Según esto la misión trata de reconocer hoy a toda persona humana como sujeto de derechos y deberes, inviolable en su ser, conciencia y decisión y decisón. Trata de promover y defender la libertad de la persona y de la familia frente a la sociedad, a los mass media, a los fanatismos religiosos y a las presiones de todo tipo. Asimismo reconoce el derecho que tienen los pueblos y grupos de afirmar su identidad cultural y nacional dentro del mismo estado.

La misión procura cultivar el anhelo de fraternidad en el mundo, la necesidad de vivir en solidaridad y el espíritu comunitario. Hacia allá orienta los caminos en la convivencia humana y de la sociedad, incluso admitiendo principios e instancias internacionales al servicio de la paz y la justicia.

La misión asume su responsabilidadética fente a la construcción de una sociedad global, digna del hombre y de los designios amorosos de Dios, y la consolidación de una consiencia ciudadana en la sociedad que busca senderos de participación, equidad y justicia.

La misión anima siempre el paso hacia la trascendencia, como búsqueda sedienta de Dios; descubre el sentido espritual y humanitario que hay en la participación política y en la vida económica, anhelo y necesidad urgente de la persona humana para la felicidad de todos.

La misión cultiva la belleza, vía de acceso a Dios y a su Cristo, como un valor no puramente estético, sino enraizado profundamente en a vida humana y en la creación, en la persona, en el hábitat, en los espacios cotidianos, en los modos de concebir la vida y lo social.

Así quiere la misión encontrar todos los signos de esperanza que hay en los procesos del mundo de hoy. Pero no olvida que son procesos marcados por la ambigüedad, y que es una dura lucha la que hay que llevar adelante al querer rescatar cuanto ellos existe de bondad, de crecimiento humano y espriritual. Estos signos contienen también cuestionamientos que hay que tener en cuenta con sentido crítico y deben confrontarse con lo auténticamente “humano” que el Evangelio nos revela, a fin de que la misión sea verdadera gracia de novedad, conversión y encarnación para todos.

Identidad de la misión

Ante los retos de hoy la práctica misionera se plantea un desfío primordial. ¿Cuáles son las características actuales de la misión? No hablamos de su identidad esencial, que ya está dada para siempre por Jesús y el Espíritu, sino de aquellos aspectos y contornos existenciales e históricos que inciden profundamente en su estilo y en su forma de actuar. Hoy entendemos la misión como un actualizar el discipulado misonero;46 de allí nuestro lema: “América con Cristo: escucha , aprende y anuncia”. Comienza por seguir a Jesús en constante discipulado y escucha, recibiendo de Él la revelación del Padre, la buena nueva, viviendo en comunidad y compartiendo su vida y su suerte. Siente que Jesús, el enviado del Padre, sigue enviando a los discípulos de hoy, dándoles el Espíritu. Sabe que éstos aprenden la misión, en el seno de la propia coundad eclesial, en comunión con Jesús y los pastores de la Iglesia; que el Espíritu lleva a la comunidad eclesial, en comunidad hacia cada hombre y mujer y que la promueve como misionera, en un permanente Pentecostés, en medio de la humanidad.

¿Cuáles son las características actuales de la misión...?

La identidad de la comunidad misionera requiere hoy, de parte de todos, un redescubrimiento de la misma, una conciencia y aprobación personal y comunitaria. Preguntarse por la identidad de la misión es actualizar la constante búsqueda de la historia de la Iglesia, iniciada ya en a época apostólica. Tenemos confianza en que hoy también la acción del Espíritu Santo que va dando configuración y vitalidad a los esfuerzos de la Iglesia para la misión.

Para mantener una clara identidad de la misión hay que hacer que el pequño grupo socio–cultural misionero se encarne en la iglesia particular a través de la toma de conciencia, la práctica y el perfil propio que el grupo va adquiriendo desde su escencia y raíz que está en Jesús. Se alimentará de Él por la Palabra y la Eucaristía, crecerá en comunión de vida con Él y con los hermanos. Seguirá la guía y el magisterio de los Pastores para anunciarlo a Él con fe y sencillez ante el mundo entero. Entonces la misión brotará de las fuentes de la revelación y se hará experiencia fecunda e Dios.

El redescubrimiento de la identidad vital de la misión es cuestión de todos los miembros de la Iglesia y supone práctica, entrega decidida y mantenerse es búsqueda y esperanza. Es preciso dejarse llevar por el Espíritu Santo, protagonista de la misión. Movida por él, la comunidad eclesial misionera escucha, aprende, sigue al Maestro; arriesga, abre camino, prepara los ministerios que requiere el anuncio del Evangelio. Así sale al encuentro de esta sociedad pluralista que, en medio de todas su dicersidades anhela, aun entre sombras, lo que verdaderamente la humaniza. Está necesitada de Jesús, presiente la verdad, el amor, la felicidad, la belleza, que en Él se encuentra en plenitud.

Al modo de las primera comunidades misioneras, como en la de Antioquia, hay que ir al encuentro de los individuos y los pueblos, salir a los lugares donde más se necesita; ir con pasión, en gratuidad. Hoy también debe aparecer ante todo el mundo que el servicio cristiano es gratuito y que se lleva adelante conánimo denodado, incluso asumiendo graves riesgos, como lo hacía Pablo movido por la pasión de anunciar el Evangelio: “Ay de mí si no predico el Evangelio” (1 Cor 9, 16), y de transmitirlo a través de la palabra, la vida y el contaco personal (Cfr Rom 16, 1–16).

Al modo de las primeras comunidades, hay que ir al encuentro de los individuos y los pueblos...

La misión en clave de humanidad

La misión es para el Reino de Dios y para la humanidad entera y su futuro. Como la Iglesia, la misión está convocada de entre toda la humanidad y puesta para toda ella; esta maracada indeleblemente de universalidad. En el actual cambio de época y de paradigmas, se entrega a
realizar el Plan de Dios anunciando a Jesús que nos lo ha revelado. La misión lo abarca todo. Hoya la misión “Ad Gentes” es equivalente a la “Misión para la Humanidad”. A fin de que Jesucristo sea hoy “Luz de las Naciones” (Cfr Lc 2,32) se abre con un sentido de comunión, universalidad y apertura serividora, dialogante; escruta los signos de la presencia del Verbo en toda cultura y en el camino general de los pueblos.

Es cierto que como nunca antes, por el mismo proceso del mundo, la misión abarca todos los espacios de los pueblos; sin embrago, queda siempre en firme la dedicación primera de personas, grupos y pueblos que no han conocido todavía a Jesús, y a quienes no les han impregando el Evangelio. Por otra parte, cada comunidad y cada persona creyente tiene la posibilidad de ser misionera entre los cercanos y los lejanos, por la facilidad de conocer hoy la vida de la humanidad entera; y debe sentirse llamada a obrar, orar y amar en sintonía con ella y en unión con Jesús, dentro de la Iglesia.

La Misión Universal
en fidelidad a Dios
y al Evangelio

La Pasión misionera de Jesús

Nuestra pasión misionera es aquella que Dios tiene, brota de su mismo Misterio. En su amor desbordante Él ha decidido comunicar su vida divina y comprtirla con las personas que Él mismo ha creado. La acción creadora se ha hecho redentora desde e momento en que, para la salvación, liberación, comunión y divinización de la humanidad, Dios envió a su amado Hijo, hecho de mujer y ungido por el Espíritu. Jesús encarnado es prueba de la pasión misionera de Dios.

Dios crea personas para que vivan en fraternidad y les hace participes de su misma vida divina en familia y en comunidad. Al dar vida y al regenerar, tiene presente desde el principio a toda la Humanidad. El plan salvífico, que él ha preparado de modo especial y ejemplar en Israel, y ha revelado definitivamente en Cristo, está destinado a todos los pueblos y culturas.

Desde el principio Dios creó el ser humano como varón y mujer. Con éstos estableceÉl relaciones de convivencia y amistad, cuyo añcance se va aclarando a través del ministerio de Abrahán, Moisés y los profetas, cuando se promete la salvación para todos , más alla de la tierra y de las fronteras de Israel. En el exilio, Dios ofrece la vida y la salvación a través de un siervo sufriente, humilde discípulo, oyente de la Palabra(Is 50, 5 – 4), a quien destina a proclamar la salvación y ser “Luz de las gentes para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” (Is 49, 6). Este anuncio de la salvación de toda la humanidad culmina cundo Simeón ve en Jesús la lus de todas las naciones.

Dios cuida a todos los pueblos: la elección de Israel, más que un privilegio, implica una exigencia de fidelidad y una misión: Dios es para todos los pueblos “¿No hice yo subir a Israel del país de Egipto, como a los filisteos de Kaftor y a los arameos de Quir?” (Am 9, 7). “Aquel día será Israel, tercero con Egipto y Asur, objeto de bendición en medio de la tierra, pues le bendecirá Yahvé Sebaot diciendo: Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asur, y mi heredad Israel” (Is 19, 24–25). Los hombres y mujeres de la Biblia, bajo la mano y las promesas de Dios, están invitados a realizar un camino y peregrinación de apertura a otros pueblos; camino costoso en que está presente la tentación de replegarse sobre sí mismo, pero que es constantemente impulsado y abierto por el Espíritu.

Dios escucha a la Humanidad. Para que se realice esta maravillosa misión universal, siempre la escuchará, como siempre escuchó al pueblo de Israel en sus momentos de duda y rebeldía. Dios siempre comprende y ama. Esto se había manifestado ya en el jardín de la primera creación, cuando Dios les prometío estar con ellos y se comprometío a llevar a término su obra en el hijo de la mujer (Gen 1-3).

Por Cristo, cabeza de la Iglesia, Dios se ha hecho más presente al mundo y permanece con él; si lo había creado por mor y desde el principio suavemente lo cuidaba, ahora lo ha dado la guía de su Espíritu, siempre contanto seriamente con las personas y su libertas. Creemos en esta permanente comunicación y relación de Dios con el mundo, que es salvación; Dios está hoy salvando el mundo a través de diversos modos, muchos de ellos desconocidos e insospechados para nosotros (Cf. GS 22), en medio de los pueblos, culturas y religiones. Incluso en medio de la violencia, de las guerras y hasta de los despropósitos deshumanizantes, el Misterio salvífico de Dios se nos hace luz definitiva en Jesús crucificado y resucitado.

Para relizar la misión universal, Dios convoca en su Iglesia prifetas y mioneros que anuncien a Cristo como colaboradores con Él. Suscita también en todas partes hombres y mujeres que trabajan por esta misión aun sin saberlo. Tal certeza nos impele a redescubrir a Dios, revelado por Jesús, en muchos hombres y mujeres que viven a la escuvah y empatía con valores antropológicos percibidos auténticamente por nuestraépoca. Hay huellas y rostros de Dios edn la sensibilidad religiosa y cultural,47 en la presencia amorosa y silenciosa de los misioneros en cualquier parte del mundo, en solidaridad de la Iglesia con toda la sociedad, en especial con los pobres, predilectos de Dios.

Anunciar la Buena Nueva a los pobres, la liberación y el año de gracia del Señor

La comunidad eclesial, en fidelidad del Evangelio, continúa la misión de Jesús en obras y palabras:“El Espíritu del Señor está sobre mi, por que me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado aproclamar la liberación a los cautivos y a la vista de los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18 -19). Jesús sigue siendo esperanza para los pobres.

Llevar la buena noticia a los pobres de hoy y de siempre...Llevar la buena noticia a los pobres de hoy y de siempre...

Llevar la buena noticia a los pobres de hoy y de siempre, es entendida como gracia eucarística de misericordia, libertad y comunión con Dios a través de la misma mesa y el pan compartido. El servicio de los pobres, realizado en un ambiente de fe y amor, se concreta hoy en toda clase de nuevas obras de misericordia para niños, ancianos, enfermos, mujeres marginadas, en pobreza y exclusión (Cf. Mt 25 34 – 40).

La misión, alentada desde la periferia y desde el dolor, tiene una clave de acceso e interpretación hacia la humanidad actual. Desde aquí se verifica el sentido de lo humano. Allí se colocó Jesús en el bautismo de Juan y en el servicio del Reino. Las periferias no solo con geográficas; sobre todo son humanas. Las hay muy deshumanizantes; y sin embargo, aun allí existen esperanzas, como en las oleadas de las migraciones que, con lo que tienen de diáspora el estilo de las primeras comunidades, llevando consigo dolor, marginación y desarraigo, también significan, muchas veces, un fructífero intercambio de valores culturales y experiencias de fe y de Evangelio.

No se puede ser misionero sin escuchar el clamor de las víctimas de este mundo. Diariamente nos interpreta el sufrimiento de tanta gente, sobre todo de los indefensos: las madres abandonadas , los niños, los no nacidos y los inocentes. Debemos estar con misericordia junto a los que sufren, como el samaritano que, sin decir nada, acerca se compadece del malherido, cura y venda las heridas, lo carga en su cabalgadura y cuida de él en la posada. La misión comienza con la presencia y la compasión. Los excluidos son urgencia profética.

Debemos ser misioneros compenetrados y movidos por la experiencia de la misericordia de Dios48 para con las víctimas y los crucificados de este mundo. Es necesario aportar esperanza, dignidad y gozo, desde la vida y el amor, desde el Evangelio de Jesús, compartido, hecho humanismo sincero y solidario, más allá de las simples palabras o mezquinas obras.

Hay que comenzar por lo pequeño, lo que está a la mano, lo de cada día. Lo pobre, el grano de mostaza, es la puerta hacia la amplitud de la humanidad y del Reino. Aquí tiene lugar el diálogo primero con el mundo. Este es el modo de situarse ante el reto de la globalización. Estos son los cinco panes y dos peces del niño que permite la acción de Dios (Ln 6,9). Desde lo pobre, lo insignificante el Espíritu de Jesús realiza la misión.

Finalmente, anunciar a Jesús, estando dispuestos a dar la vida, es la prueba mayor del amor a los pobres y a la humanidad, signo de autenticidad evangélica. Nos preceden y animan los mártires, los santos y los pobres conforman la clave de interpretación del Evangelio desde donde estamos llamados a realizar la misión para la humanidad.

La Iglesia discípula y misionera para construir el Reino de Dios

La Iglesia se entrega decididamente a la misión de cooperar con Dios para que se vaya realizando en el mundo su designio salvífico. Por su Hijo Jesús, “Dios, nuestro salvador, quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento (pleno) de la verdad” (1 Tim 2, 3-4). Él mismo llama y enmienda a la Iglesia a proclamar a Jesús llevando su Evangelio, contribuir así a la salvación. La Iglesia comprende el camino hacia el Reino junto a muchos otros pueblos y personas con diversidad de creencias, a quienes anuncia el Evangelio que también ellos, desde el fondo de su corazón, desean. En efecto, cuando las personas buscan la verdad, la felicidad y el amor, buscan a Dios y no están lejos del Reino de Dios, como dice Jesús al escriba que le pregunta por el mandamiento principal, el del amor (Cf. Mc 12, 35).

La comunidad cristiana es la actora de la misión, para ello el Espíritu Santo la congregó y la envió, mediante la evangelización y la escucha de la Palabra de Dios. Así, la comunidad se siente misionera siguiendo los caminos de Dios tal como se han revelado en las escrituras (Rom 16, 25 – 26; Ef 3, 1 – 12), y como la tradición de la Iglesia los ha ido comprendiendo progresivamente desde los tiempos de Pedro y Pablo y de los demás apóstoles. Para llevar a cabo la misión es preciso conocer y estructurar esos designios de Dios, poniéndose también a la escucha del mundo actual.

La Iglesia asume conscientemente la condición de discípula que oye y aprende. Permanece siempre aprendiendo de Jesús, como los apóstoles y la primera Iglesia de Jerusalén (Hch 11, 1–18) y de Antioquía (Hch 11, 19–21). En un proceso permanente y a veces doloroso la Iglesia aprende, con Jesús, a escuchar a esta humanidad en sus necesidades y aspiraciones, sus religiones y tradiciones, sus problemas y su nuevo caminar como un proceso global en constante evolución. Éste es un camino hecho de encuentros, retrocesos y avances, siempre custodiado por el Espíritu, para construcción y crecimiento del Reino.

Como permanente discípula de Jesús, la Iglesia procura aprender lo que , a través de la humanidad actual, manifiesta el Espíritu; procura identificar los “reyes magos de hoy” como llama el Papa Benedicto XVI a los gobernantes de los pueblos, los investigadores y los científicos, los representantes de las grande tradiciones religiosas no cristianas; asimismo procura ver lo que la mano de Dios ha escrito en la historia religiosa de las civilizaciones, especialmente en la“grandes almas”, que han contribuido a edificar la humanidad con su sabiduría y sus ejemplos de virtud. “Los reyes magos son una suerte de prefiguración de estas tres dimensiones constitutivas del humanismo moderno: la dimensión política, la científica y la religiosa. La Epifanía nos los muestra en estado de ‘peregrinación’, o sea, en un movimiento de búsqueda, a menudo algo confusa, que en definitiva tiene su punto de llegada tiene su punto de llegada en Cristo, aunque algunas veces la estrella se oculta”.49

Misionalización de la Iglesia

Podemos decir que la Iglesia se ‘misionaliza’ cuando se va configurando en todos sus aspectos desde la misión. Así puede caracterizarse ese impacto misionero que han producido en nuestra Iglesia los trabajos y las conclusiones de los congresos misioneros precedentes.

La vocación e identidad de la Iglesia es vivir con Cristo para la misión. La misión revierte sobre la Iglesia en todo lo que ésta es y hace, en el modo de organizarse de pensar, de sentir, y de vivir, informa la identidad y la espiritualidad, la pastoral y el servicio social de la caridad, la educación y la celebración de la fe y la vida. Todo en la Iglesia debe compenetrarse con la perspectiva de la misión, incluida la comprensión que ella tiene de si misma. Como lugares concretos del discípulado misionero aparecen hoy la familia, la juventud, la parroquía y las comunidades de base y movimientos; Iglesia particular; las instacias de formación y animación misionera; los nuevos aerópagos, los medios de comunicación social, las diversas regiones socio–culturales, los centros de cultura global y continental…

La “misionalización” de la Iglesia es tarea de todos que “exige la conversión de toda la Iglesia. …Lo toca a todo y todos: en la conciencia y en en el praxis personal y comunitaria, en la relaciones de igualdad y de autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal”.50

Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.51

La Misión de para la humanidad “misionalizada” a la comunidad cristiana y le da sensibilidad para ver y acoger los valores que están presentes en las sociedades a las que lleva el Evangelio, en cuanto son valores esenciales a lo humano: la dignidad de toda persona, el respeto, la igualdad y democracia; la relación, la comunicación y la amistad. Estos valores tienen que integrarse en la vivencia del Evangelio con autenticidad, transparencia, libertad y alegría.

La orientación misionera debe informar losánimos, actitudes y acciones de las personas y comunidades y debe ser el fomento de la pastoral de conjunto. Debe además ser el eje transversal de todos los planes pastorales de la Diócesis y parroquias y debe promover la diversidad ministerial y la participación del laicado, especialmente de la mujer, en ciertosámbitos de decisión. Debe fomentar la formación misionera y catequética, los encuentros que den razón de la fe. Más aún, en sintonía con el testimonio de los mártires, debe acompañar los sufrimientos de los grupos humanos más excluidos, los procesos de inculturación, la conciencia crítica frente a la globalización; la solidadridad y la cooperación con organizaciones que promuevan estilos elternativos.52

Trabajemos Juntos

¿Por qué la misión exige fidelidad a Jesucristo y a la humanidad?

¿Cuál es la identidad de la misión hoy?

¿Cómo estamos “misionalizando” nuestra planificación, proyectos y prácticas pastorales?

¿Qué experiencias misioneras “ad gentes” (entendidads como misión para la humanidad) tenemos en nuestra comunidad?

CONCLUSIÓN

Deseamos con nuestros obispos despertar en la Iglesia en América un gran impulso misionero. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés!¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “aerópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia.53

Además del compromiso misionero en la Misión Continental, se trata de poner a la Iglesia en estado permanente de misión. Llevemos nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a loas tormentas, seguros de la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas.54

Por el soplo del Espíritu Santo y otros medios de Dios conocidos la gracia de Cristo puede alcanzar a todo los que el redimió, más alla de la comunidad eclesial, todavía de modos diferentes. Explicitar y promover esta salvación, ya operante en el mundo, es una de las tareas de las tareas de la Iglesia con respecto a las palabras del Señor: “Sean mis testigos hasta los extremos de la tierra” (Hch 1, 8).55 Los cristianos osmos portadores de buenas noticias para la humanidad.56

Nuestro anhelo es que esta V Conferencia sea un estímulo para que muchos discípulos de nuestras Iglesias vayan y evangelicen en la “otra orilla”. La fe se fortifica dándola y es preciso que entremos en nuestro continente en una nueva primavera de la misión ad gentes. Somos Iglesias pobres, pero “debemos dar desde nuestra pobreza y desde la alegría de nuestra fe”57

María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió junto al humilde Juan Diego el Pentecostés que nos abrio a los dones del Espíritu. Desde entonces son incontables la comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús.58


NOTAS

43 CF Aparecida 62 - 65.
44 CF Aparecida 408.
45 CF Aparecida 408.
46 Aparecida 156.
47 Cf. Aparecida 64 y 407.
48 Cf Aparecida 399.
49 Benedicto XVI, Homilía del 6 de enero de 2007.
50 Santo Domingo 30.
51 Aparecida 365.
52 Cfr. Conclusiones CAM 2.
53 Aparecida 548.
54 Ibid 551.
55 Ibid 236.
56 Ibid 29.
57 Puebla 368 y Aparecida 379.
58 Aparecida 269.


SIGLAS

Mt Evangelio según San Mateo
Jn Evangelio según San Juan
Mc Evangelio según San Marcos
Lc Evangelio según San Lucas
Hech Hechos de los Apóstoles
Tit Tito
Ga Gálata
Flp Filipenses
Col Colosenses
Heb Hebreos
Ef Efesios
1 Cor Primera de Corintios
1 Jn Primera Carta de Juan
Gen Genésis
Núm Números
Ez Ezequiel
Mq Miqueas
Is Isaías
GS Gaudium et spest
LG Lumen Gentium
EN Evangelii Nuntiandi
Rmi Redemptoris Missio
DCE Deus Caritas Est
TMI Tertio Milenio ineunte
FM Familiaris Consortio
SD Santo Domingo
P Puebla
OMP Obras Misonales Pontificias
Comla Congreso Misionero Latinoamericano
CELAM Consejo Episcopal Latinoamericano
CAM 2 Segundo Congreso Americano Misionero
DOMUND Domingo Mundial de las Misiones

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