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NOTAS

1 La continuidad entre la misión del Hijo y la de los discípulos se expresa también en Jn 13,20: “En verdad, en verdad les digo: quien acoja al que yo envíe, me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado”.
2 Tengamos presente que en ninguno de los grupos religiosos de la época encontramos una exigencia de adhesión personal como la que encontramos en Jesús. De este modo, Jesús llamó a sus discípulos para que establecieran una nueva relación con él; ésta implicaba no sólo el aprendizaje de su doctrina sino sobre todo la imitación de su estilo de vida y la identificación con su destino. Esta identificación con Jesús es, además, la condición para que los discípulos puedan ser enviados a anunciar y a vivenciar el Reinado de Dios.
3 Mc 7,31-37 enfatiza que si el discípulo quiere hablar adecuadamente del Maestro debe escuchar primero. “Escuchar” en el evangelio no significa “oír lo que a uno se le antoje”; escuchar significa captar quién es realmente Jesús, descubrir lo que hace, sus intenciones, sus actitudes con los más desprotegidos. Esta actitud de escucha no es fácil pues existe la eterna tentación en el ser humano
de adaptar a Dios a sus propios gustos e intereses.
4 Véase también el recordatorio de este envío en Lc 22,35-38.
5 El evangelio de Lucas no presenta a Jesús enviando a los discípulos sino animándolos a que sean sus testigos para que puedan salir al encuentro de las personas comenzando en Jerusalén hasta los confines de la tierra (Hech 1,8).
6 Compárese la tarea de los apóstoles (Mc 6,12-13) con la misión de Jesús (1,15. 23. 29-30. 34; 2, 1-12; 3, 1-6). Por su parte, el evangelio de Mateo dice expresamente que uno de los encargos principales de los misioneros es enseñar a guardar lo que él les ha mandado (28, 20).
7 El hecho de que en Lc 5,1-10 Jesús sólo le haya dicho a Simón Pedro que iba a ser pescador de hombres no significa —en absoluto— que la tarea sólo le competa a él. Estamos, con mucha probabilidad, ante una modificación lucana que quiere enfatizar el papel de Pedro (véase Hech 2,1441; 3,11-4,22; 9,32-12,23) pero sin monopolizar en él la misión de todo discípulo.
8 Incluso podría significar “salvar” o “preservar para la vida” (Jos 2,13).
9 Este sentido positivo del fuego aparece también señalado en un ágrapha, es decir un dicho de Jesús no recogido en los evangelios canónicos citado en la época patrística que dice: “el que anda cerca de mí anda cerca del fuego; mas el que está lejos de mí, lejos está de (mi) reino”. De manera semejante el evangelio de Tomás dice: “He echado fuego sobre el mundo y he aquí que lo miro hasta que (el mundo) arda”.
10 Entre los evangelios Lucas es quien más lo usa. Así, por ejemplo, con el nacimiento de Jesús ha llegado la auténtica paz para los seres humanos (2,14); el mismo Señor garantiza la paz (7,50; 8,48); más aún, los discípulos son portadores de esta paz (10,5-6).
11 El pueblo de Israel —y de esto estaban enteradas las comunidades de Lucas— había experimentado la presencia de profetas sin inspiración y misión divinas que prometían una falsa paz (cf. Jer 28,8-9).
12 “No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar…”
13 Desde esta perspectiva el evangelio prepara una mejor comprensión de los vv. 54-59 que presentan el tema de las señales de los tiempos.
14 Así parece reflejarlo Lucas cuando afirma: “Regresaron los setenta y dos, y dijeron alegres: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’. Él les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren les he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada les podrá hacer daño; pero no se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense de que sus nombres están escritos en los cielos’” (10,17-20).
15 Podría dar la impresión de que es un texto demasiado extenso para hacer una Lectio Divina; sin embargo, por el tema que se aborda así como por la posible finalidad perseguida por el evangelista, es posible leer todo el capítulo 10 sirviéndonos de algunas claves.
16 Las preguntas no agotan el contenido del texto; las que sugieren aquí están en orden a percibir lo más relevante de esta cita respecto de la misión.
17 Para complementar lo que dice Mt 10,5 lee 28,19.
18 El sentido de la afirmación “como ovejas sin pastor” (v. 36) equivale más que a la carencia de guías a la ausencia de verdaderos guías. Así lo manifiesta con más claridad Mc 6,34 al colocar como antecedente a Herodes como el antitipo (es decir, antitestimonio) de lo que era un buen pastor, un buen guía (véase Mc 6,14-29).
19 Tomamos en cuenta los elementos que remarca Mateo; en su momento se enfatizarán otros en los envíos correspondientes de Marcos (6,6b-13) y Lucas (9,1-6; 10,1-16).
20 Es posible que la frase “como ovejas que no tienen pastor” sea, más que una comparación, una declaración. Es decir, la gente está cansada y abatida, en parte PORQUE no tienen buenos pastores.
21 Cuando el misionero se siente, equivocadamente, digno de recompensa por lo que hace existe el riesgo de que sólo sirva a quienes pueden pagarle.
22 Mateo conocía el término “salario” (en griego misthós) que sí es usado por Lucas (10,7); sin embargo prefiere utilizar la palabra “sustento” (en griego trofé). Con mucha probabilidad en las comunidades de Mateo los misioneros tenían el peligro de exigirle a la comunidad un pago en lugar de pedirles que se solidarizaran con ellos por medio de la alimentación.
23 Puede verse también Mt 19,28 en donde, también en un contexto de seguimiento, Jesús anuncia a los discípulos: “cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, se sentarán también que ustedes en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”.
24 Detrás de esta palabra está la “paz judía” que más que ausencia de guerra se refiere a la integridad, unidad, prosperidad, seguridad. Los discípulos son portadores de esta paz.
25 Mateo ha elegido la palabra “espada” en lugar de “división” como lo hace Lucas (12,51). Además, Mateo ha preferido el contexto de seguimiento a diferencia del tercer evangelista que ha ubicado estas palabras de Jesús en el discurso escatológico.
26 Así lo atestiguan numerosos testimonios en los escritos griegos, en el sentido oficial y popular. Incluso, en ciertos autores como Flavio Josefo el verbo que está detrás del adjetivo prudente significa “diseñar”, “idear”. En Mateo se confirman estos significados con el matiz de cordura y sensatez en oposición a estupidez (7,24), de habilidad ante los peligros (10,16) y de previsión (25,4).
27 Véase por ejemplo Rom 16,19; Flp 2,15.
28 Es importante insistir en que el Señor Jesús garantiza su presencia para quienes sufren persecución por su causa. Debemos procurar no confundir persecución con el señalamiento honesto de muchas personas que están hartas de nuestras incoherencias.
29 Para Mateo la persecución identifica al discípulo con el Maestro (10,24-25).
30 Además, las dos recomendaciones de Jesús (vv. 27-28) reflejan, de acuerdo al estilo del evangelista, peligros o problemas de la comunidad de Mateo. Y es que el miedo no reconocido o simulado puede provocar que el misionero no diga abiertamente y para todos lo que le corresponde proclamar y que confunda la magnitud de los males.