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PROGRAMAS ESPECÍFICOS I y II


SECTORIZACIÓN

La Iglesia, desde los primeros siglos, ha tenido una preocupación por llegar a las personas y a los ambientes concretos, para llevarles una Buena Nueva de salvación. Dividir territorios o grupos de personas para lograr este objetivo, no es nuevo. Tal vez lo nuevo es el vocablo que se usa para describir hoy día esta realidad: sectorización.

El día de ayer entre todos nos hemos ayudado a entender qué significa esta palabra. La hemos descrito como: "La acción de dividir en partes el territorio y los ambientes para facilitar la evangelización"; "una estructuración geográfica para inculturar el Evangelio"; "un medio para descentralizar la vida de la Iglesia"; "un proceso que facilita la evangelización"; "un medio eficaz para planificar desde las bases, en corresponsabilidad"; "una manera de organizar la nueva evangelización"; es un "camino para acercarnos a la gente y conocer su realidad y sensibilizarse de ella"; "una forma para entrar en contacto con los alejados y enganchar a los fríos"; "un instrumento para evangelizar la cultura"; "un medio para promover el laicado". En el D. F., se hace más necesaria y urgente, "ya que en esta Ciudad existe un abanico de expresiones culturales", "es el medio para realizar una pastoral diferenciada"; "a través de este medio se facilita la reunión de personas, salir del anonimato, promover el espíritu comunitario, facilitar la conversión en su misma realidad"; se llegó a decir que "el hecho mismo de sectorizar, nos evangeliza, pues nos despierta la conciencia misionera y nos facilita el cumplimiento de las cuatro prioridades sinodales".

Llevarnos esta conciencia al regresar a nuestros trabajos pastorales, va a ayudarnos a hablar un lenguaje común que mucho va a servir para el cumplimiento de los programas I y II.

No hubo grupo que dijera que es inconveniente o contraproducente sectorizar. Sin embargo, a pesar de estas descripciones y bondades del sectorizar se constata que ha habido entre los agentes, párrocos y rectores de templos, respuestas diversas:

LOS CÓMOS DE LA SECTORIZACIÓN

Pocos han sectorizado; algunos de éstos no saben 'qué sigue'; la mayoría ve la conven9iencia, pero no sabe CÓMO empezar a sectorizar. Otros, esperemos que sean los menos, definitivamente no quieren.

La Asamblea hizo esfuerzos por sugerir 'cómos': se habló de tomar en cuenta la orografía, de partir detectando a los laicos comprometidos y sectorizar en función de su domicilio; considerar la ubicación de las capillas, popularizar aún más los Programas Específicos I y II, que ya de por sí están escritos en un lenguaje sencillo y directo; sin embargo, a pesar de estos caminos, se siente que hacen falta más 'cómos' y, no sólo en función de una sectorización territorial, sino aún más, de una sectorización ambiental.

LA FIGURA DEL DECANO

La Asamblea, a través de las conclusiones de los 30 grupos se da cuenta que podrían ser inventados más y más 'cómos', sin embargo, si no existe la voluntad efectiva del párroco o encargado de templo, dichos medios no servirán de mucho.

En este sentido, la Asamblea pide a los párrocos que cambien su mentalidad; algún grupo llega a exhortar a los laicos a que se la cambien; que se les capacite para esta nueva evangelización; hay sin embargo un recurso que la mayoría de los grupos señala para lograr estas metas: el Decano.

Aparece en escena este agente de pastoral al que se le consideraba hasta ahora desvalorado. Da la impresión que esta Asamblea considera al Decano como la esperanza no sólo del cumplimiento de los Programas Específicos I y II, sino en definitiva del Decreto General; que él sea el más entusiasta promotor de la sectorización, del salir del templo, de aprovechar los grupos existentes en la parroquia; de formar a los laicos, que dé un papel protagónico a los jóvenes; que forme a sus párrocos y rectores de templo; que en cada reunión decanal les hable del sínodo; que revise los programas; que visite a los sacerdotes del decanato; que identifique a los párrocos que no han entrado al proceso sinodal, para motivarlos, aún usando su autoridad; que no se le olvide Ahuatepec; en una palabra, que sea el ejemplo y promotor de esta nueva manera de evangelizar.

Se le dan, entre otras, estas sugerencias significativas: que haga eclesiales las reuniones decanales, en las que participen laicos, religiosas(os) y presbíteros; que constituya el Consejo Pastoral Decanal; que estructure su decanato en equipos de tres o cuatro parroquias afines; que reúna a los coordinadores de sectores de las distintas parroquias, para que los anime; y que un camino para descubrir su ser y quehacer, como decano, es cumplir y hacer cumplir los Programas Específicos: "desde la estructura decanal es de donde se debe impulsar todo este proceso... desde ahí se debe supervisar".

Buen número de laicos presentes en esta Asamblea no sólo ha descubierto a este Agente, el Decano, sino que ha fincado en él las esperanzas de que los Programas y el Sínodo no quede para muchos, sólo en el papel; pero como lo decía uno de los grupos: "es necesario que el decano ame su oficio". Tal vez este espíritu de parte del Decano sea uno de los primeros CÓMO dentro del proceso de sectorización.

DESCUBRIR AL LAICO

No tiene sentido sectorizar si no hay laicos. Sectorizar fríamente en los mapas, no es un acción pastoral. Para sectorizar, se tiene que valorar primero al laico dentro de una parroquia. Párroco que aún no valora a los laicos, no podrá valorar ni la sectorización ni el por qué tiene que hacerla. El párroco debe promover por todos los medios la vocación laical, siguiendo la pedagogía de Jesús.

Ayer se oyó el lamento de "que no hay laicos preparados"; sin embargo, considero que debemos reconocer que hay muchos laicos que, gracias a la evangelización recibida de distintos movimientos y asociaciones de los que son miembros, pueden ser considerados como 'capacitados': han vivido su cristianismo gracias al movimiento. Los valora el movimiento, pero desgraciadamente no sucede lo mismo con el párroco. Esto no rara vez ha llevado al movimiento a buscar lugares o ambientes ajenos a la parroquia, en donde dicho laico capacitado active su fe.

La sectorización parece ser un medio que va a facilitar la unión de esfuerzos: de la parroquia y del laicado capacitado, casi siempre, miembros de los movimientos. Es la puerta que va a unirlos en el espíritu misionero de salir a buscar a los alejados; es el quicio alrededor del cual los distintos movimientos se van a sentir unidos a la parroquia en función de una meta común: la evangelización de los alejados, de las familias, de los jóvenes y de los pobres. Los laicos de la misma parroquia, unidos, abordan el gran reto: la inculturación del Evangelio, para lograr la evangelización de las culturas. Saldrán del templo no cada uno con su propia sigla, sino como miembros de una misma parroquia; visitarán no para hacer a los visitados, en primera instancia, miembros de su movimiento o cofradía, sino para iniciar con ellos procesos catecumenales que lleven a dichos destinatarios a una conversión a Dios y a sus hermanos, aprovechando los tiempos fuertes del año litúrgico a través de jornadas evangelizadoras.

UN MEDIO DE UNIDAD

La sectorización es pues, además de todo lo dicho, un medio para que los movimientos se unan en un proyecto parroquial común. Tal vez se pueda decir que la aportación que la parroquia hará a los movimientos es el descubrimiento y práctica del ser misionero.

Aparecen entonces nuevos servicios hasta ahora insospechados, tanto para la parroquia como para los movimientos: el coordinador de calle, el promotor social, el encargado del sector, el promotor de la fe del condominio, del mercado, del multifamiliar, el rezandero, el promotor de la religiosidad popular, etc.

El Programa I, como dijo uno de los grupos, "es el más trabajado". No pasa lo mismo con el Programa II, "que casi no se ha realizado, sino en una línea asistencial y en casos aislados". Si para este último Programa se sugería ayer: "volverlo a proponer desde el inicio, poniendo énfasis en los tres primeros números, a saber:

  • Promover la vida comunitaria y la interrelación de las familias a nivel de calle, edificio y de barrio como base para la creación de Centros de Promoción Humana en los que particularmente se tomen en cuenta las necesidades en los campos de nutrición y salud.
  • impulsar la formación de laicos que sean verdaderos promotores sociales.
  • Potenciar los pequeños proyectos de las mismas comunidades locales con apoyo técnico y de financiamiento, pero siempre respetando su proceso de integración comunitaria y de crecimiento de las personas.

Algo semejante se sugiere para el Programa I: "volverlo a proponer desde el inicio", poniendo énfasis en inventar cómos:

  • Cómo sectorizar.
  • Cómo visitar.
  • Cómo dar sentido misionero a las acciones que ya se hacen en el templo y oficina.
  • Cómo llamar laicos y cómo formarlos o completarles su formación en función de este proyecto.
  • Cómo impulsar —iniciar o continuar— procesos catecumenales.
  • Cómo realizar las jornadas evangelizadores en los momentos fuertes de religiosidad o del año litúrgico.
  • Cómo unir esfuerzos de jóvenes y adultos.
  • Cómo inculturar el Evangelio.

Quiero terminar con las palabras dichas ayer por uno de los grupos: "Se está sintiendo un ambiente de Iglesia en marcha. Aceptemos lo que hay y asumamos los retos".

P. Benjamín Bravo Pérez