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LA ESPIRITUALIDAD DEL LAICO


INTRODUCCIÓN: Agradezco el espacio que se me ha brindado en el marco de esta II Asamblea Diocesana para abordar, desde él, este punto tan importante como es la Espiritualidad del Laico dentro del gran Tema: "La formación de Agentes Laicos para acciones específicas". Esta, además ha sido una oportunidad de reflexión para mí, reflexión que ahora compartiré con ustedes desde mi propia experiencia, que aunque no es extraordinaria, si data de años atrás.

Ayer y hoy de los Laicos en la Iglesia

Hay quien dice que aunque los laicos estamos de moda, nuestra espiritualidad está por hacerse. Pienso que está un poco más adelantada que eso, pero sí es verdad que hablar de la espiritualidad del laico resulta novedoso, sobre todo en algunos ambientes.

La propia palabra con la que se nos nombra, laico, ha sufrido cambios y se pueden entender aún hoy de diferentes maneras; hablamos de la educación laica refiriéndonos a aquella de corte a-religioso, y hasta antirreligioso. Cuando se trata de definir a los laicos, todavía hay quien usando una definición negativa, dice lo que NO SOMOS —laico es el que NO es clérigo ni religioso— y finalmente no dice lo que somos.

Pero a partir del Concilio Vaticano II y hasta la Exhortación Apostólica Christi Fideles Laici nos encontramos con una definición de lo que SÍ somos "los fieles laicos pertenecen a aquél Pueblo de Dios..." ello nos da una identidad y una pertenencia y nos señala una vocación y una misión que se concreta en "ser fieles a Cristo" y que mucho tendrá que ver con nuestra espiritualidad.

Hasta hace no muchos años los laicos no podíamos pensarnos en un plano de igual dignidad que los sacerdotes y religiosos, sobre todo en el terreno de nuestra espiritualidad, ésta se refería casi siempre a las prácticas de piedad, que aunque son parte de la espiritualidad no es toda la espiritualidad. Si las personas, los laicos, acudían mucho a la Iglesia o rezaban mucho o ambas cosas, se decía de ellas que eran muy espirituales. Todo lo demás y todos los demás era asunto y quehacer de sacerdotes, religiosos y de las monjitas, como las llamábamos.

Aún así ha habido muchos laicos que vivían y viven, aún tal vez sin saberlo, una espiritualidad cristiana, una fidelidad a Cristo y a la Iglesia, callada y fructífera, incluso sin reconocimiento aparente, negar esto sería negar la obra del Espíritu Santo.

La Espiritualidad cristiana católica - UNA SOLA

Si la espiritualidad es una forma de vida, si la Espiritualidad Cristiana es el camino propio del discípulo de Cristo en la Iglesia. Si es seguir a Jesús "Camino, Verdad y Vida" y permanecer unidos a Él como el sarmiento a la vid, ¿no es esto lo que los laicos comprometidos pretendemos?

Si la Espiritualidad Cristiana Católica es resultado de un encuentro con el Señor, encuentro que en algún momento de nuestra vida nos ha invitado y nos ha llamado a una conversión, a un dejar al hombre viejo para dar paso al hombre nuevo. Si, como resultado del encuentro que hemos optado con toda nuestra libertad, por seguir a Cristo, aún sabiendo de nuestra fragilidad, de nuestras caídas y levantadas y si hacemos frente a esta fragilidad buscando el alimento de la Palabra, de los Sacramentos, de la Oración y la orientación de nuestros Pastores. Si nuestra esperanza está en la misericordia de Dios... ¿qué nos faltaría? ¿cómo habríamos de hacerla más específica?

La espiritualidad del Laico

Hoy se pretende crear en nosotros una conciencia más clara en el sentido de que el laico junto con la Jerarquía forma el único pueblo reunido en la Unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que estamos llamados a ejercer una misión, como Iglesia, de servicio al mundo. A ser testigos del Reino, a comprometernos con el Reino en el mundo en la situación particular de cada uno. A humanizar las culturas con nuestro testimonio y con nuestro obrar, trabajando por la promoción humana en las distintas esferas de la vida, de nuestra vida familiar, laboral, política, etc. Siendo esta última, la de la política, a la que con frecuencia más rehuimos.

Pero, ¿cómo podemos ser signo, fermento, sin vivir nuestra espiritualidad?, ¿sin ser más conscientes de que es un proceso que dura la vida entera y que abarca la vida toda?

Necesitamos que las familias, pequeñas iglesias domésticas, sean un ambiente propicio donde esta espiritualidad crezca y se robustezca. Necesitamos padres y madres empeñados en vivirla ellos mismos, para contagiar a los propios hijos y a otras familias.

Necesitamos que se nos acompañe a vivir esta espiritualidad de cara al mundo, necesitamos formadores que sepan escucharnos y alentarnos para no separar nuestra vida cotidiana de la unión con Cristo, pero como lo que somos —laicos— tomando en serio nuestras responsabilidades sin pretender que todo se nos de hecho. Que los formadores nos den incluso la oportunidad de equivocarnos como hacemos lo padres de familia, para que nuestros hijos crezcan. Necesitamos de sacerdotes que nos permitan caminar junto y cerca como lo hemos hecho aquí.

Termino repitiendo la definición que la Lumen Gentium hace..."los fieles laicos son cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el Bautismo, constituidos en Pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo ejercen, por su parte, la misión de todo el Pueblo Cristiano en la Iglesia y en el mundo.

El hecho constitutivo del laico es el Sacramento del Bautismo por el cual el hombre se convierte en hijo de Dios, miembro de la Iglesia, heredero de la vida eterna, y toda su persona queda consagrada el servicio del Señor. Esta última parte nos habla de un seguimiento radical, nos habla de encarnar en nuestra vida diaria todas las enseñanzas de Jesús el Señor.

Por tanto la espiritualidad propia del laico debe tener en cuenta las realidades puestas en él por la consagración bautismal y por su condición de ciudadano del mundo.

Que la Virgen María sea nuestro modelo con su sí prolongado a lo largo de su vida. Su sí en la encarnación y su sí al pie de la cruz. Su sí fortaleciendo a la primera comunidad cristiana. Su sí cumpliendo sus deberes de esposa y madre.

Que sea nuestro modelo el Señor San José padre y esposo fiel a su familia, fidelísimo al Señor. Que el modelo de los santos, seguidores ejemplares del Señor Jesús, sean un estímulo en nuestra vida.

Bertha Aurora Reynaud