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Evangelizadores para el año 2000

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HOMILÍA EN EUCARISTÍA DE APERTURA


Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Queridos hermanos en el Bautismo y en el Sacerdocio ministerial:

  1. En la proclamación de la Palabra de Dios, del libro de los Hechos (Hch 15, 22-31), contemplamos a los Apóstoles, reunidos en una asamblea extraordinaria con otros miembros de la comunidad, para discernir la voluntad del Señor y encontrar el camino querido por Dios en la encrucijada a que había llegado su práctica pastoral, con respecto a la ley mosaica, en relación con los deberes de los gentiles convertidos.

  2. Esta experiencia de la Iglesia de Jerusalén ha de servir como paradigma a esta II Asamblea Diocesana, que he convocado para descubrir, en un clima de oración y corresponsabilidad fraterna, el camino que Cristo quiere que esta Iglesia local recorra, para llevar adelante los compromisos discernidos en el Sínodo y responder a los retos que plantea a nuestro quehacer apostólico la evangelización de la cultura en la Ciudad de México-Tenochtitlan.

  3. Estoy complacido con la esmerada preparación de esta II Asamblea y agradezco a todos su generosa entrega, en especial a la Comisión organizadora, conformada de acuerdo con los Estatutos que ahora orientan estas reuniones y que recogen las presentadas anteriormente.

  4. No obstante, es mi deseo y mi petición a Uds., que esta II Asamblea no sea sólo un hermoso y vibrante acontecimiento, con más o menos resonancia informativa en el ámbito de la Arquidiócesis, sino un poderoso detonador que reactive el proceso de la Nueva Evangelización, iniciado más decididamente con el Decreto Sinodal y la puesta en práctica del Programa Inicial Arquidiocesano. A nadie puede quedarle la duda de que he asumido este proyecto como la base de mi tarea pastoral en esta Arquidiócesis. Y es mi anhelo que no sólo se organicen importantes acontecimientos pastorales aislados, sino se establezca un proceso permanente de conversión y de compromisos crecientes que hagan realidad, a través de variados programas, la evangelización de las culturas de esta ciudad.

  5. El motivo preponderante para señalar como tema de esta II Asamblea "la formación de agentes laicos para acciones específicas", fue buscar que todos los organismos diocesanos tomen más en serio sus responsabilidades y funciones, se fortalezcan los organismos subsidiarios intermedios y, en especial, que los fieles cristianos laicos, se hagan conscientes de su dignidad y asuman corresponsablemente su lugar y misión en la Iglesia.

  6. A diario constatamos que las ciudades son una creación humana, pero no se ha logrado en ellas una suficiente humanización para que sean espacios habitables para todos y cada uno. La ciudad y la cultura urbana constituyen una gran desafío para la Nueva Evangelización.

  7. La gravedad del deterioro moral de la ciudad capital se ha acentuado con la crisis económica, política y social que padecemos. Ante las premuras existenciales, surgen voces y propuestas, unas desorientadas y otras al servicio de intereses no confesados, que proponen soluciones, con la fachada de atraer divisas, que suponen vender o mancillar la dignidad individual o nacional.

  8. La Iglesia que continúa la obra de Jesús necesita muchas voces para seguir proclamando el amor a Dios y a los hermanos y con esta luz defender la naturaleza y dignidad de la persona humana. Necesita muchas manos para seguir consolando, necesita muchos brazos, para levantar al que se siente abatido y abrumado, necesita de muchos pies que vayan hasta lo alejados, necesita de hombres y mujeres capaces de amar y dar la vida para construir la civilización del amor. Y de esta manera testimoniar el amor cristiano que es el compromiso con la suerte de cualquier ser humano herido y abandonado a la vera del camino, sin importar su credo, raza, sexo o condición social, como nos enseña el evangelio que hemos proclamado esta mañana (Lc 10, 25-32).

  9. Los procesos de cambio en la sociedad se han acelerado y los retos en todos los órdenes se han agigantado. Estamos urgidos de apretar el paso para responder con oportunidad a los nuevos desafíos.

  10. He señalado anteriormente la necesidad de recomponer esta gran ciudad y he invitado a todos los hombres de buena voluntad a sumarse a esta tarea. Esto constituye también un compromiso de nuestra parte. La reorganización interna y la reactivación de nuestra Arquidiócesis es una deuda a la que estamos urgidos de dar una respuesta, a fin de hacer más eficaz y unitaria toda nuestra tarea pastoral.

  11. Esta II Asamblea es ya una muestra de este deseo de abrir nuevos cauces a la participación corresponsable de todos en la tarea pastoral de esta Iglesia local. Deberán seguir nuevas reformas, a fin de que los fieles cristianos laicos, hombres y mujeres, ocupen lugares más significativos en las decisiones y tareas corresponsables de las organizaciones pastorales.

  12. La Iglesia entera prolonga y actualiza la presencia de Cristo y de su redención en todos los lugares y tiempos. Todos los miembros de la Iglesia, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y fieles cristianos participan con igual dignidad de la vida de la Iglesia. Han de poner al servicio común los dones que a cada uno le han sido concedidos para beneficio de todos.

  13. A todos los exhorto por igual a sumarse a una intensa movilización espiritual. Se ha vuelto cada vez más urgente no sólo llegar a los que no han escuchado todavía el mensaje de Jesús, sino luchar también denodadamente contra el divorcio entre la fe y la vida de quienes ya son creyentes y quieren vivir el mensaje cristiano.

  14. La duplicidad de vida y de la moral, en todos los ámbitos, ha propiciado clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia en este país y en la ciudad de México. No ha sido posible todavía afrontar positivamente los cambios sociales y culturales de la modernidad y postmodernidad, para alimentar las raíces étnicas de la cultura mexicana.

  15. Por el contrario, la vida de esta enorme ciudad está azotada por el flagelo de la corrupción, de una agobiante e imprevisible aglomeración urbana, por la pobreza y la marginación, por los criterios materialistas del más fuerte, por muchos signos de muerte, por la invasión de sectas y del sincretismo religioso de la "Nueva era".

  16. ¿Quién nos librará de las fuerzas de la muerte? (Cf. Rm 7, 24). Sólo el amor y la misericordia de N. S. Jesucristo, ofrecidos reiteradamente a todos los hombres y mujeres, como llamado a la conversión personal y colectiva, a fin de hacer posible una cultura y civilización del amor y no del egoísmo.

  17. Este tiempo es el tiempo oportuno y propicio para actuar, por muchas razones. Entre otras, por la nueva situación que el reconocimiento de la Iglesia por parte del Estado nos ofrece. No para perseguir parcelas de poder partidario o de beneficios personales, sino de servicio profético en cuanto a la iluminación ética y moral y colaborar, así, a la humanización de la ciudad, a fin de que se recupere como un espacio más habitable para todos.

  18. Otra oportunidad es la renovada conciencia que la celebración del Sínodo ha propiciado.

  19. Por último, mi reciente nombramiento para presidir esta Iglesia local que ha de ser, como sucede en otros campos de la actividad humana, una ocasión de renovar fuerzas y propósitos.

  20. Mi intención ahora es dirigirme de modo particular a los fieles cristianos laicos, para hacerles una apremiante invitación a tomar conciencia de su dignidad dentro de la Iglesia, reconocer sus carismas y aceptar su responsabilidad en la tarea de la Nueva Evangelización.

  21. Con las palabras de San Mateo me atrevo a interpelarlos en relación con las tareas pastorales: ¿Por qué están allí ociosos, sin hacer nada? ¿Porque nadie los ha contratado todavía ni los ha invitado a trabajar? ¡Vengan también ustedes a trabajar en la viña del Señor! (Cf. Mt 20, 6-7). Ante el panorama de esta ciudad yo los invito, como compañeros y amigos de Jesús, a seguirlo en la tarea de establecer el Reino de Dios. Con Él y en su nombre no les ofrezco honores sino la seguridad de que quien tome su cruz y lo siga, lo acompañe en esta misión, compartiendo sus fatigas, tendrá un lugar también en su gloria.

  22. El fiel cristiano laico es, por vocación, miembro vivo, activo y responsable en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios. Ciudadano de pleno derecho. Esta vocación, por su misma naturaleza, es vocación también al apostolado (AA 2).

  23. La característica del fiel cristiano es la "secularidad" o "mundaneidad", no en el sentido que S. Juan atribuye a estos vocablos, como dominio del maligno, sino en cuanto campo de la actividad, de los compromisos laborales y de la responsabilidad pastoral. El fiel cristiano laico es corresponsable de la misión del Pueblo de Dios, en la Iglesia y en el mundo (LG 33 b), a manera de fermento. Ha de ser hombre de Iglesia en el mundo y hombre del mundo en la Iglesia. Su tarea es hacer explícita y palpable la redención de las realidades terrenas ya conseguida por la muerte y resurrección de Cristo.

  24. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de establecer el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Con la coherencia de fe y vida, una animación de espíritu evangélico, el discernimiento crítico de valores y antivalores y el ordenamiento de las realidades temporales según el plan de Dios.

  25. "La propia fe es un motivo que les obliga a un más perfecto cumplimiento de las tareas temporales, según la vocación personal de cada uno" (GS 43). "Es preciso que los seglares tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos en ello por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta'' (AA 7).

  26. Me dirijo a Uds., los representantes de los diversos niveles y sectores de la Iglesia diocesana, para que en un ejercicio privilegiado de corresponsabilidad, me ayuden a evaluar si el proyecto evangelizador actual está respondiendo a los retos de la cambiante realidad diocesana.

  27. Me interesa contar con la experiencia pastoral de todos Uds., para recabar las recomendaciones más importantes, en cuanto a la formación de agentes laicos para acciones específicas de la pastoral arquidiocesana, que haga posible llegar con eficacia a todos los rincones de la diócesis. Que la acción pastoral no se reduzca a la queja sobre el proselitismo de otros grupos religiosos, sino se concrete en acciones para una vigorosa y eficaz evangelización de todos los ambientes y territorios.

  28. Espero de todos Uds., al terminar esta II Asamblea, que no sólo sean veraces comunicadores de las propuestas presentadas, sino comprometidos animadores de las diversas acciones específicas que habrán de dar continuidad al proceso de la evangelización de la cultura.

  29. Es mi deseo que se cultive en todos los fieles cristianos laicos un gran amor a la Iglesia diocesana y al hombre concreto de esta sociedad del Distrito Federal, con un empeño decidido para acercarse a los habitantes y conocer su realidad, a fin de servirlos mejor, insertándose en sus diversos ambientes y niveles humanos o culturales. Que cada uno ponga los propios carismas al servicio de la Iglesia local, para poder realizar un trabajo de conjunto, en comunión fraterna, solidaria y subsidiaria. Que la pastoral se oriente a la inculturación del Evangelio con su dimensión de promoción humana, acentuando el testimonio en defensa de la justicia, de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia. Que todos se comprometan corresponsablemente en el proyecto de la Nueva Evangelización de la Arquidiócesis, en consonancia con la opción prioritaria por los pobres, los alejados, en el ambiente de las familias y los jóvenes.

  30. La evangelización de la cultura en nuestros días requiere fieles cristianos laicos, con una conciencia clara de la propia identidad cristiana, es decir, clara comprensión y vivencia de la vocación y misión evangelizadora. Con una fuerte comunión eclesial, expresada en la fraternidad, corresponsabilidad y actitud de servicio. En búsqueda, con los demás de una sólida vida espiritual laical, en el encuentro personal con Cristo y la vivencia de la conversión y el seguimiento radical de Jesús. Lo que conlleva apertura al cambio hacia actitudes cada vez más positivas, a fin de ser signos creíbles por la coherencia creciente entre la fe y la vida, para impulsar el crecimiento del Reino de Dios en el mundo.

  31. La pregunta planteada en el cartel de promoción de esta asamblea "¿Quién evangelizará en el año 2000?", nos lleva a descubrir la urgentísima necesidad de la promoción y formación de los agentes laicos, para acciones específicas, sea en las fases iniciales como en la formación continua, tanto para trabajar en las demarcaciones territoriales como en los ambientes.

  32. Desafiada por un ambiente cada vez más secularizado y deshumanizante, la Nueva Evangelización es para la Iglesia una tarea urgente y difícil. Se ha vuelto imprescindible la movilización de toda la Iglesia, en especial de los fieles cristianos laicos para afrontar esta tarea tan compleja . Esto implica una nueva y trascendental responsabilidad para no defraudar a quienes han aceptado la Buen Nueva del Evangelio que ofrece una liberación integral de las personas.

  33. Pero este renovado proyecto pastoral de la Nueva Evangelización no podrá ponerse en marcha eficazmente sin un decidido impulso a la formación de los agentes (Edicto 70), que los ayude a crecer continuamente en su identidad de discípulos, testigos y apóstoles.

  34. Que la Virgen María, primera evangelizada y evangelizadora, nos acompañe y sea para todos los apóstoles de este tiempo modelo y educadora de disponibilidad y servicio a su Hijo y a su causa, como lo fue en el cenáculo para la primitiva comunidad cristiana. Así sea.