ASAMBLEAS

 

III ASAMBLEA DIOCESANA

"PARA PROFUNDIZAR, EVALUEMOS NUESTRO

CAMINAR JUNTOS"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

PREASAMBLEA

ASAMBLEA

POSTASAMBLEA

VOZ PASTOR

APORTACIONES

PLENARIO GENERAL

Miércoles

 

México, D. F., 15 de octubre de 1997

 

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LAS DIVERSAS INTERVENCIONES

PRODUCIDAS DURANTE LA REUNIÓN PLENARIA

DEL TERCER DÍA DE TRABAJO

DEL PLENARIO GENERAL

DENTRO DEL MARCO DE LA III ASAMBLEA DIOCESANA,

CELEBRADA EN EL AUDITORIO "MIGUEL DARlO MIRANDA"

DE LA CURIA DEL ARZOBISPADO EN ESTA CIUDAD

 

MODERADOR: Está con nosotros el Señor Cardenal, Don Ernesto Corripio Ahumada.

 

Para el Señor Arzobispo y para todos nosotros, esta visita del Señor Cardenal es muy grata. Todos recordamos los esfuerzos que con él tuvimos que realizar para iniciar este proceso que ahora estamos continuando.

 

Señor Cardenal: No podemos decirle que hemos cosechado, para nada, todos los frutos, pero ciertamente hemos avanzado con la Gracia de Dios. Por eso hoy le agradecemos su presencia. Que el Señor lo siga bendiciendo.

 

MODERADOR: Para terminar el trabajo que iniciamos la tarde de ayer, vamos a pasar al Plenario, para escuchar la síntesis de los Subplenarios Parciales que tuvimos la noche de ayer.

 

Vamos a invitar al Secretario del grupo de los sacerdotes, que estuvieron aquí, en el lobby, del uno al cuatro, que pase a hacer la lectura.

 

EL SECRETARIO DEL GRUPO DE LOS SACERDOTES: Nosotros nos reunimos ayer, al terminar el trabajo e hicimos una síntesis de aquello que se había matizado más en los cuatro grupos y las aportaciones de cada grupo se entregaron por separado a los organizadores.

 

Concluimos nosotros en poner los siguientes aspectos:

 

Primero.- Que hay necesidad de una comunicación real en cuanto al diálogo y en cuanto a información adecuada, oportuna y completa, que incluya a todos los agentes de pastoral, subrayando el papel del Decano.

 

Segundo.- Desarrollar la espiritualidad de la Misión que exige la conversión personal, el testimonio como sacerdotes, el respeto para con todos, la generosidad en el servicio, la comunicación de bienes, la valoración real del papel que tienen los laicos dentro de la pastoral, tanto de la Arquidiócesis como de las parroquias.

 

En todos estos aspectos, coincidimos los cuatro grupos.

 

Tercero.- La integración de los laicos en los procesos de evangelización de una manera real. Reconocimiento de su carisma propio, la formación y promoción de estos y la integración a los Consejos de Pastoral Parroquial.

 

Estas fueron las conclusiones de los cuatro equipos.

 

MODERADOR: Vamos a pedir al Secretario de los Sacerdotes del Subplenario que estuvieron en el piso número dos, que pase a hacer la lectura. Si no tiene la síntesis, yo la tengo aquí para que se

la entregue.

 

SECRETARIO DE LOS SACERDOTES DEL SUBPLENARIO PISO 2: La luz de la evaluación y de las intervenciones de hoy, ¿qué criterios habrá que tomar en cuenta para dar continuidad al caminar de nuestra Arquidiócesis ? Poner dos o tres y fundamentarlos.

 

Primero.- Pastoral de conversión de la Iglesia Diocesana en todos los niveles: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, insistiendo en la necesidad del sacerdote, apoyo.

 

En el aspecto relacional de sacerdotes y laicos, una pastoral que ordene sus tiempos, en que las actividades culturales no sean lo único.

 

Recursos económicos: destinar y aprender a usar los recursos económicos, para la evangelización.

 

Aprender a tener un trato fraternal, corresponsable, respetar a cada uno. Superar la tendencia de servirnos de nuestro magisterio y de las otras personas.

 

Encarnar la vivencia de Dios en los rectores y laicos.

 

El sacerdote debe ser el primero en morir a sí mismo para dar fruto. Ser sacerdote real, misionar, un Cristo Actual, crucificado en el pobre.

 

Salir de mi comodidad, desprenderme del dinero y ver más allá. Escuchar la voz del hombre concreto desde su realidad, comprometerse con las prioridades sinodales; corresponsabilizarme con el Señor Arzobispo, el Obispo Auxiliar, Provicario, Decano y los laicos en el hacer de la Iglesia particular.

 

Estar y acompañar al hermano laico fuera del Templo, dejarme cuestionar, dejarme ayudar.

 

Segundo criterio: eclesialidad.

 

Vivir en la Arquidiócesis como Iglesia que es, Pueblo de Dios.

 

Apoyo: respetar las instancias eclesiales para que no se pierda la unidad pastoral arquidiocesana.

 

Corresponsabilidad: superar el sentido de Iglesia como medio de subsistencia.

 

Valoración de los Elementos del cuerpo místico para vivir la organicidad, corresponsabilidad y complementariedad.

 

Unidad para que el mundo crea.

 

Tercer criterio: comunicación y diálogo. Comunicación efectiva y oportuna en razón de la eficacia pastoral.

 

Fundamentos: que sea adecuada la comunicación entre sacerdotes y laicos y, de los laicos del grupo con todos en general, para evitar tergiversación de ideas. Ayuda a crear un directorio con los perfiles de los organismos.

 

Intentar que la comunicación entre los miembros de la Iglesia no debe reducirse a la información, sino en una pastoral de diálogo en función de comunicación y consenso.

 

Hay una ruptura en los flujos de comunicación y diálogo en los diferentes niveles, que nos expone al individualismo y a la dispersión de fuerzas.

 

Cuarto criterio: formación a todos los niveles. Necesidad de formación para ser agentes de transformación a nivel doctrinal, celebrativo, moral y de relación trinitaria.

 

También se supone a los agentes con una formación pastoral técnica y una formación permanente e inculturada.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Bien. Deseo explicarles rápidamente cómo está el material editado de estas intervenciones.

 

Al principio aparecen los laicos, después las religiosas y finalmente los sacerdotes. Así es que vamos con el grupo de las religiosas.

 

Están laicos: grupos 1-5 ; luego laicos grupo 6-10 y ahí está la hojita.

 

Es muy importante esta síntesis, porque lo mismo que las intervenciones que vamos a tener más adelante, van a ser tomadas en cuenta para las propuestas concretas, que va a ser la parte final de esta Asamblea.

 

Vamos a continuar con la presentación de los criterios que las religiosas y religiosos creyeron importante ser tomados en cuenta.

 

RELIGIOSA: Los criterios que tomamos en cuenta y que como grupo unimos, es la unidad. Para ello, dar fuerza y unidad a las Vicarías en sus planes y proyectos de organización diocesana, fomentando la comunicación en todos los niveles de la Arquidiócesis.

 

Que se insista en la creación de los Consejos Parroquiales para que se realice un dinamismo misionero en unidad eclesial. Y esto lo fundamentamos con la cita bíblica de Juan 17, 1 ss.: "para que el Mundo crea".

 

El segundo criterio: la mujer. Tomar en cuenta la presencia femenina en la comunicación y participación de su rol, ya que la mujer en nuestra realidad cultural y religiosa tiene un papel importantísimo de tomar en cuenta y valorar grandemente su presencia misma en la Iglesia, desde su historia y su naturaleza.

 

La inculturación: esto significa llegar a la raíz de nuestros destinatarios en la Arquidiócesis. Es decir, tocar las motivaciones y necesidades más profundas de las personas, de tal manera que la semilla pueda fecundar la tierra, las raíces culturales, y así produzca frutos de conversión, de cambio, de encuentro con Jesucristo y los hermanos.

 

La formación permanente: dar un mayor impulso a la formación permanente en lo humano, teológico, espiritual y apostólico a los agentes de pastoral. Esto lo fundamentamos en el documento: "Hacia el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México", número 22.

 

Conciencia eclesial: que haya una formación de la conciencia misionera eclesial en todos los agentes de la pastoral y proponemos se establezcan vínculos de comunión desde la formación entre religiosos y diocesanos, para que se conozcan y valoren los diferentes carismas. También lo fundamentamos en el documento "Hacia el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México", número 7.

 

De esta manera, enfatizando la conciencia eclesial, evitaríamos la competencia y el secularismo.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Preguntaban los sacerdotes del grupo número 5 que si no habían sido tomados en cuenta.

 

Sí. Se equivocó ahí la secretaria. Es del grupo 5 al 10 y sí estaba el secretario en el momento de la síntesis.

 

Vamos ahora a invitar al primer grupo de laicos, del Plenario que contó con los grupos número 1 al 5, para que nos presenten también los criterios que ellos creyeron oportunos de ser tomados en cuenta.

 

Aquí tengo el resumen, la síntesis.

 

OCTAVIO GALICIA: El primer criterio que se consideró en este bloque es la planeación de la vida pastoral arquidiocesana, en la cual la unificación de objetivos a nivel diocesano, de Vicaría, de Decanato y de Parroquia, puedan generar estrategias que consoliden los planes de acción: los planes, programas y métodos de acción pastoral, para hacer realidad la tan anhelada pastoral de conjunto; la subsidiaridad como detonador de la nueva evangelización y de la Iglesia misionera. Es decir, una mayor participación del laico en los ambientes y realidades que necesitan de la Luz de Cristo, contando con la confianza de los sacerdotes y la responsabilidad de nosotros para complementar la presencia de Cristo en las comunidades.

 

Que haya una uniformidad en el planteamiento básico de la evangelización, para desarrollar acciones que respondan a las diversas necesidades de los agentes de pastoral y de los destinatarios, lo que implica una actitud de apertura para desarrollar canales de interlocución dinámicos y eficaces.

 

La concientización de hacer realidad los planes en todos los niveles correspondientes. Es decir, no olvidar la respuesta de María al Ángel: "Yo soy la servidora de El Señor. Hágase en mí lo que has dicho". Pues también un poquito que nosotros tomemos como nuestro este mensaje.

 

El segundo criterio a considerar es: la formación como punta de lanza de la Iglesia Misionera de final de milenio en la Arquidiócesis de México.

 

Cabe la posibilidad de una proyección al futuro y de preguntarnos cómo será la formación de los sacerdotes, de los seminaristas, de los religiosos y de los laicos.

 

Mirar el pasado y el presente es indispensable para conocer la Misión de la Pastoral en una metrópoli tan inmensa como la nuestra.

 

El análisis de la realidad es un ejercicio que debe hacer todo miembro de la comunidad diocesana para que la formación sea integral y que ésta permita el pleno desarrollo de las dimensiones humanas, lo que implica la revaloración de la persona humana y, por ende, de la nueva evangelización.

 

No podemos seguir emprendiendo acciones sin mirar lo que sucede con nuestro prójimos y con nuestro entorno. Esta formación es la base de una auténtica y plena conversión que se traducirá en acciones en favor de los más desprotegidos.

 

Finalmente, nuestro último criterio que consideramos importante es: la comunicación como la liga de un diálogo fraterno entre la comunidad arquidiocesana.

 

La promoción de un diálogo abierto y fraterno entre los distintos miembros de la Arquidiócesis, implica una interacción de ideas y de acciones que permitan realizar una pastoral más dinámica y eficaz, para lo cual es necesario generar un clima de confianza, para poder seguir avanzando. Sin él, esta reunión y las que sigan no tendrán razón de ser.

 

Es fundamental hacer realidad la comunicación entre la Arquidiócesis, las vicarías, los Decanatos y las parroquias, para que estemos en una misma frecuencia y canal en la definición de nuestras acciones pastorales.

 

Asimismo, se requiere de un mayor uso de los medios de comunicación para transmitir el Mensaje del Reino de Dios a la mayoría de las personas que habitan esta Ciudad de México, aunque deben darse pasos firmes y adecuados para que esta tarea sea realizada por profesionales en la materia y enriquecida por nuestras propias experiencias de fe.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Vamos a invitar al secretario o secretaria del segundo grupo de los laicos, del número 6 al 1O.

 

SECRETARIA DEL GRUPO DE LAICOS DEL 6 AL 10: En los grupos del 6 al 10, contemplamos, primero, criterios para la realización de una Pastoral de Conjunto:

 

a) Unificar criterios, métodos y programas e integrar los esfuerzos organizados que ya existen, adecuando estos planes a la realidad, para tener un programa que corresponda a las diferentes necesidades de la Arquidiócesis.

 

b) Asumir nuestra responsabilidad para ser sujetos y no objetos de la evangelización, viviendo plenamente las funciones de cada uno dentro del Cuerpo de Cristo.

 

c) Crear —y en su caso, revitalizar— los Consejos Parroquiales, los Consejos Decanales y Vicariales, para tener una continuidad, a pesar de los constantes cambios de sacerdotes.

 

d) Evaluación sistemática y continua, tanto de los avances del Sínodo como de cualquier otra instrucción pastoral del Arzobispo, incluyendo su difusión adecuada y oportuna.

 

e) Comunicación a todos los niveles de los integrantes de la Iglesia, para tener un trabajo organizado y llegar así a tener resultados concretos, aprovechando todos los medios de comunicación disponibles.

 

En el aspecto de la conversión, que todos los agentes de evangelización tengan una mentalidad de cambio, para que nuestro compromiso bautismal sea auténtico.

 

Que no sólo nos formemos para la acción, sino que la misma acción nos lleve a un proceso de conversión.

 

Que estos procesos de conversión, también nos lleven a la unidad, la caridad y el servicio que distinguen a una Iglesia Misionera.

 

Por último, estar dispuestos a vivir centrados en el amor, perdonar, convivir, compartir, vivir la autoridad como servicio y ser apóstoles.

 

En el último punto, respecto a la formación, que los criterios de formación del Señor Arzobispo se cumplan en todos los niveles, incluidos los CEFALAE's, respecto a doctrina, espiritualidad y apostolado, tomando en cuenta también la apología ética por la dispersión religiosa que se vive actualmente.

 

Ni formación sin espiritualidad, ni espiritualidad sin formación. Y siempre dispuestos a compartir con los demás.

 

La formación debe ser continua y sistemática para todos los agentes de pastoral.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Bien, una vez terminada esta parte del Plenario General, vamos a pasar ahora a las intervenciones libres de todas aquéllas personas que se apuntaron ayer, para poder participar en

este momento.

 

Nada más quería recordarles a todos los que van a intervenir, que cuentan sólo con 3 minutos por intervención. Que a los dos minutos se va a levantar un trapito rojo, para que más o menos se den idea de que ya se les está acabando el tiempo. A los tres minutos se toca la campanita y listo.

 

Vamos a prepararnos para escuchar estas intervenciones libres.

 

Comenzamos con los Presbíteros. Vamos a llamar al Padre José Arturo Mandujano Tinajero, quien tiene la primera intervención.

 

P. JOSÉ ARTURO MANDUJANO TINAJERO: Buenas noches, hermanos.

 

La primera cosa, hablando de uno de los grandes obstáculos para la evangelización, es: dicen por ahí que somos los sacerdotes. Bueno, quizá eso nos lleve a recordar que ciertamente tenemos que aplicar el Sínodo a nosotros también, comenzando por la sectorización y no como dijo alguno, anoche, que ya estaban muchos años en la sectorización, que es otra cosa muy distinta.

 

Creo que valdría la pena hacer una sectorización del clero. Los que por equis o zeta no aceptan la evangelización, no la conocen o no saben nada, hay que ayudarlos y creo que soy optimista en este sentido de que todos estamos dispuestos a vivirla. Y los que han trabajado en esta evangelización, hacer dos grupos, dos sectores para que la vivamos.

 

Tenemos entre los laicos muchos movimientos que han hecho grandes cosas. También que se nos aplique a los sacerdotes. Entonces, son tres puntos.

 

Dice: hay que llevar a los sacerdotes, en primer lugar, al kerigma; segundo, la formación de comunidades eclesiales sacerdotales de base; y tercero, vivir el catecumenado sacerdotal. Creo que esto sería para todos nosotros una base muy grande para aplicar todo el Sínodo en nuestras parroquias y serviría de mucho, para nosotros, sacerdotes, que no nos quedemos estancados sino que vayamos viviendo una conversión todos los días.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Bien. Vamos ahora a pedirle al Padre Guillermo Ortíz Mondragón su intervención.

 

P. GUILLERMO ORTÍZ MONDRAGÓN: Miren, a partir de todo lo que hemos estado escuchando, veo que fundamentalmente necesitamos tener en cuenta, al fondo de todo lo que hemos dicho,dos palabras que me parecen fundamentales: este cuadro dice, "la Iglesia mira a La Trinidad como a su ejemplo supremo".

 

Entonces, la Iglesia que mira a La Trinidad vive dos situaciones: tensión y proceso.

 

¿Qué cosa estoy entendiendo por tensión aquí?

 

Es la atracción de dos fuerzas opuestas. Y aquí podemos tener como los dos polos de esas fuerzas opuestas el "yo" y el "nosotros"; el grupo, la comunidad, la Iglesia particular, la Iglesia universal, la reflexión, la acción, la encarnación, la universalidad, el desprendimiento, el uso adecuado de los medios, el carisma y el ministerio.

 

Es decir, si nosotros no asumimos que estamos bajo esta doble tensión, podemos perder el sentido de la realidad, no comprendernos o no comprender a los demás.

 

El otro aspecto es la vida y ministerio con sentido de proceso. Ya han hablado explícitamente en este momento y, desde ayer, del proceso como un conjunto de diversos, progresivos y continuos

cambios.

 

Estos son naturales, algunos, y otros los provocamos en la persona humana, a lo largo de su evolución constante y dinámica.

 

A diversos niveles. Esto es muy importante: el cambio no es solamente mental, sino también en la conducta, fruto de la interrelación con los diversos elementos.

 

Si no tenemos sentido de proceso, perdemos de vista también la realidad. En el proceso tiene que haber etapas o fases, características deseables en un determinado momento, bajo circunstancias optimales, deseables, para alcanzar el peligro. Es fijarnos más en la etapa o fase que en las personas.

 

La ventaja es que tales etapas o fases son indicativas de un hacia dónde encauzar el proceso personal.

 

Por ejemplo, el Encuentro con Cristo, la integración a la comunidad, la conversión a la comunidad, el amor a los enemigos y el envío de la comunidad como misionero.

 

Podríamos decir, para hablar de un proceso: saber en qué proceso me encuentro, porque no me puedo saltar etapas. Esto se pone: adaptación, el encuentro con el ambiente provoca situación natural de estímulo o de inhibición.

 

Es necesario que nosotros seamos dueños de este proceso de adaptación.

 

Hemos oído mucho la palabra "socialización" a través del contacto con el grupo y la sociedad. Esto ya lo sabemos. Pero esto supone la consolidación o el encauzamiento.

 

Cada uno de nosotros, cada grupo nace con una serie de potencialidades y posibilidades de vida. En la medida en que lo desarrollamos, hacemos una selección necesaria. Entonces, es importante qué identidad vamos logrando, cuál es nuestra finalidad y esto supone diversas etapas en el proceso.

 

Yo considero que estas dos palabras, "tensión" y "proceso", son necesarias a la base de todos nuestros criterios.

 

MODERADOR: Bien. Vamos a pedirle ahora al Padre Sergio Lima, que pase a hacer la intervención.

 

P. SERGIO LIMA: Mi sugerencia es invitar a que cada uno de nosotros, los sacerdotes, laicos, religiosos, religiosas, meditemos el episodio de los discípulos de Emaús, relatado por el evangelista San Lucas, en El capítulo 24, versículos 13 al 17, en el que se nos presenta a Jesús Resucitado, anunciando la buena nueva a sus discípulos y que el Documento de Santo Domingo, en ese discurso o mensaje a los pueblos de América Latina y el Caribe, presentan como un modelo para llevar a cabo la Nueva Evangelización, en los números 12 al 27.

 

Ahí el proceso que se presenta y en donde se nos presentan varios criterios, es el siguiente:

 

Jesús Resucitado sale al encuentro de la humanidad, que camina. Jesús comparte el camino de los hombres, Jesús ilumina con las Escrituras el camino de los hombres. Jesús se da a conocer en la fracción del pan y Jesús es anunciado por los discípulos.

 

Lo interesante aquí es ver cómo Jesús Resucitado se aparece y evangeliza a unos discípulos a quienes ya antes había anunciado la buena nueva. Jesús Resucitado hace la Misión Ad Intra, hacia adentro, hacia los discípulos, para que ellos, a su vez, la lleven hacia afuera Ad Extra, con un nuevo ardor.

 

Nosotros tenemos que ser esos discípulos de Emaús, que de esta Asamblea salgamos con un nuevo entusiasmo y que contagie a todos aquellos hermanos nuestros que están esperando de parte nuestra lo que aquí hemos estado dialogando, para que todos, con ese ardor nuevo, llevemos a cabo esa Misión del Año 2000.

 

MODERADOR: Vamos a invitar ahora al Padre Ángel Hernando Barrusio, para que haga su intervención libre.

 

P. ÁNGEL HERNANDO BARRUSIO: Muy buenas tardes. En los días de la realización del Sínodo, en 1992, el señor Rovalo nos decía, casi ya al final, que no dejáramos morir el espíritu del II Sínodo.

 

Es urgente, para ello, dar a conocer, cada día más, el II Sínodo, a través del ECUCIM, en las 8 Vicarías, Decanatos y Parroquias; a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y también a los laicos.

 

Segundo, crear Centros de Formación de agentes misioneros en las 8 Vicarías, coordinados estos Centros por el equipo de la Vicaría de Pastoral Arquidiocesana, con programas sinodales y misioneros de formación básica, intermedia y superior; y también, en la línea de pastoral específico diferenciada, como nos ha pedido el Señor Arzobispo.

 

Tercero, con los agentes misioneros de estos Centros, llevar a cabo el Visiteo, la sectorización y formación de comunidades misioneras parroquiales.

 

Y cuarto, en procesos catecumenales encontrar testimonio, conversión y oración; y en una pastoral de encarnación, misionera y de caridad. Todo unido a la gran Misión del Año 2000 en la Arquidiócesis de México y siempre con la protección y modelo de Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización.

 

Buenas tardes.

 

MODERADOR: Vamos a invitar al Padre Juan Fernando Martínez García para su intervención libre.

 

P. JUAN FERNANDO MARTÍINEZ GARCíA: Solamente quiero señalar la pauta para que se pueda tener una evaluación eficaz.

 

Nuestra tarea que estamos realizando en esta Asamblea no es una acción inútil o carente de efecto. Por supuesto que tiene que llegar a unos resultados, si creemos en la verdad actuante de el Evangelio.

 

Esta eficacia evangelizadora, entendida como obtención de resultados, es teologal sacramental. Quiere decir esto que el Reino de Dios se realiza, efectivamente, a través de los signos concretos de la práctica y de la realización de la justicia y el amor a los más necesitados.

 

Por lo tanto, los criterios operativos deben caracterizarse, en primer lugar, por la obtención de resultados significativos que manifiesten el Reino de Dios. No sólo como una utopía que se realizará, sino también como una realidad sacramental, iya!

 

Podemos preguntarnos cómo se realizará el Reino de Dios, aquí y ahora, dentro de la tercera evaluación de nuestro II Sínodo Arquidiocesano.

 

Hay que responder que el Reino de Dios está presente, pero su realización no es exclusiva del cristiano, ni de la Iglesia institucional. En consecuencia, el método o criterios planificadores no consisten en la pretensión de protagonizar el quehacer social, político o ético, sino en descubrir, revelar y manifestar cómo esas tareas, cuando están realizadas en la línea liberadora, son signos de la presencia de Dios.

 

Por lo tanto, los criterios de nuestra Asamblea sobre el planificar dentro de nuestro proyecto pastoral, no consiste en el poder y la prepotencia, sino que deben de estar basados en pasos humildes. Y es precisamente entre los humildes donde se realiza el Reino de Dios, tal como Jesús lo presentó en su mensaje y proyecto de las bienaventuranzas.

 

MODERADOR: Le corresponde ahora al Padre Jesús Sares Villarreal, presentar su intervención.

 

P. JESÚS SARES VILLARREAL: Bueno, pues yo quiero hacerles un pequeño comercial. Como encargado de laicos, me preocupa un poquito la colaboración entre sacerdotes y laicos.

 

En mi muy humilde análisis de la realidad, he descubierto que hay algunas cosas que tenemos que ir cambiando poco a poquito.

 

Tomaba como base el número 16 de Pastores Dabo Vobis, que dice: "El Ministerio del Presbítero está totalmente al servicio de la Iglesia, está para la promoción del ejercicio del sacerdocio común de todo el pueblo de Dios".

 

Eso quiere decir que no estamos al servicio nada más del Altar. Me da la impresión de que uno de los obstáculos que tenemos es el demasiado clericalismo. Aquí, en el documento, la palabra "clero" aparece nada más cuatro veces y la palabra "relación" más de 100. Desde luego: relación con Dios, relación con el Obispo, relación con los demás sacerdotes, pero también relación con los laicos.

 

Entonces, mi propuesta es que colaborando con los laicos podemos tener un mejor panorama de la realidad arquidiocesana. El sacerdocio tiene que ser al servicio de la Iglesia, no nada más del clero. Y servicio significa humildad, significan otras muchas cosas que también tiene el mismo documento.

 

El comercial es ese. Vamos haciendo la luchita por colaborar más con los laicos, vamos haciendo la lucha por darles un poquito más de espacio.

 

Es un poco difícil porque no estamos acostumbrados a salir de la parroquia, pero si no empezamos a colaborar un poquito más, ¿cómo los vamos a conocer?, ¿cómo vamos a tener más trato con ellos?

 

Gracias.

 

MODERADOR: Llamamos al Padre Eduardo Lozano Juárez para su presentación.

 

P. EDUARDO LOZANO JUÁREZ: En orden práctico mi propuesta, más que de criterios.

 

Decía San Pablo a los Filipenses, ante las rivalidades de los agentes de la evangelización inicial: "al fin y al cabo, Cristo es anunciado y esto me alegra y seguirá alegrándome".

 

San Pablo seguramente contaba con métodos de trabajo apostólico, propios de su educación y de su tiempo; pero también con obstáculos y fricciones humanas que no desaparecen de nuestra raza con el paso del tiempo.

 

Quienes hemos sido llamados a ser colaboradores del Evangelio a finales de este siglo y de este milenio, contamos con recursos teóricos y materiales que favorecen el trabajo eclesial, mucho más, sin duda, que en los primeros tiempos de la Iglesia.

 

Aquí, en nuestra Arquidiócesis de México, los hemos aprovechado a diversos niveles y con éxito. Pero seguimos corriendo el riesgo de generalizar tanto las propuestas de acción, que no nos sentimos en un trabajo común y entonces aumentamos el número de los alejados del influjo de aquél que está programando, de aquél que es teólogo, que es teórico, que está en el escritorio.

 

Hemos particularizado en exceso nuestro celo apostólico, que olvidamos criterios arquidiocesanos. Ya se hablaba de la sectorización.

 

Iniciaremos la Gran Misión del Año 2000 y Cristo será anunciado, no obstante limitaciones de todo tipo. Tarea capital y previa a este gran esfuerzo evangelizador es la programación arquidiocesana que, abarcando criterios comunes, deje espacio a las necesidades e iniciativas particulares, evitando acciones pastorales precipitadas.

 

Ya lo veíamos: ayer me llegó la evaluación y hay que entregarla mañana.

 

Como parte de este pueblo, nos hemos caracterizado por resolver situaciones de emergencia. Ahí tenemos a los damnificados del ciclón. Y no nos hemos caracterizado por una proyección realista de nuestro trabajo.

 

No podemos darnos el lujo de la improvisación, de la comunicación ya supuesta, de la ilusión que nos hace creer que habiendo tratado aquí un problema, ya está resuelto en el campo de trabajo.

 

Parte de este programa es la calendarización de las acciones, tanto periódicas como ocasionales, de modo que haya tiempo adecuado para proyectar, realizar y evaluar.

 

El hecho de calendarizar actividades se hace más urgente en cuanto a que somos, cada vez más, quienes trabajamos en esto.

 

Sería conveniente, por ejemplo, que saliéramos de esta Asamblea con agenda programada para las acciones siguientes.

 

En una palabra: démosle al Evangelio ya nuestro celo apostólico —pienso en una máquina de ferrocarril— las vías necesarias para seguir trabajando y que no digamos como San Pablo: "al fin y al cabo", sino "con esto", que es lo mejor.

 

MODERADOR: Finalmente, el último Presbítero que hará su intervención libre, el Padre Roberto René Benítez Jácome.

 

P. ROBERTO RENÉ BENÍTEZ JÁCOME: Es sólo para reafirmar el espacio que debemos dar a los laicos o acaso debemos preguntarnos el espacio que Ellos deben darnos a nosotros, para la pastoral.

 

En el grupo dos, número tres aquí, en esta hoja, opinamos como un criterio:

 

La integración de los laicos en el proceso de la evangelización, de manera real, ya el padre Jesús Sares habló acerca de esto. Yo nada más quería enriquecer este aspecto, nueva experiencia en mi estancia en África, durante los seis años que estuve.

 

La primera experiencia que tuve, como algo enriquecedor, fue que no obstante la misión que se me confió —Koala y Masango, fueron dos misiones— habían estado abandonadas 8 años, de 1975 a 1983, cuando llegué, los catequistas ya me habían programado para ir bautizando en una área bastante amplia de aldeas, que en 10 meses se bautizaron más de 2 mil catecúmenos que requerían de 3 años para el bautismo.

 

Los portugueses, claro, se molestaron con un servidor, porque:"¿cómo es posible que al llegar, ya a bautizar?" Pero es que sencillamente ellos no habían cejado en su trabajo catecumenal con las personas.

 

De manera que: ¿quién fue el misionero ahí? Los laicos.

 

Por eso esa experiencia para mi ha sido muy enriquecedora y se las transmito.

 

La segunda experiencia: ahora aquí, en el Primer Decanato de la Octava Vicaría, en las reuniones regulares de Decanato, siempre los párrocos nos hacemos acompañar de dos o tres laicos en nuestras reuniones regulares. De manera que esa experiencia del Decanato, del espacio que se le da a los laicos, ha sido bastante enriquecedora e invitaría a que eso lo siguiéramos como algo real, que se propone como un criterio para la Pastoral de nuestra Arquidiócesis.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Vamos ahora a las intervenciones de religiosas y religiosos. Vamos a pedir a Sor Bernardita Meraz que pase a su intervención.

 

SOR BERNARDITA MERAZ: Buenas tardes. La idea que yo considero importante, para que los programas, los proyectos, las iniciativas, los procesos, como ya se dijo anteriormente, tengan una incidencia profunda en los destinatarios de toda nuestra Arquidiócesis, es la inculturación que ya se señaló anteriormente. Pero no una inculturación desde lo profundo, es decir, cuidando losvalores humanos, sociales, cósmicos y religiosos de los que todos somos destinatarios y herederos.

 

No pensar en una inculturación que nada más la poseen los los grupos indígenas, sino reconocer que nosotros, como fruto del mestizaje, somos herederos, somos portadores de todo este bagaje tan precioso de toda la historia de nuestros pueblos.

 

Esto es: llegar, como se dice aquí, a las motivaciones más profundas de los destinatarios, del ser humano, así como también de sus necesidades, porque podemos correr un enorme riesgo de organizar proyectos estupendos, con una metodología muy precisa, hasta científica, se puede decir, muy bien comprobada, pero no estamos poniendo la atención en las personas.

 

Creo que de esto, los documentos de la Iglesia, de nuestra misma Arquidiócesis, han puesto muchísimo la atención, pero desgraciadamente, considero que es un aspecto que está entre líneas, pero que en la realidad no lo llevamos a cabo.

 

Nos interesa, por ejemplo, en los retiros —tan sencillo— llevar a cabo todo un programa: desde la bienvenida hasta la oración final, pero muy poco nos interesamos en quiénes son nuestros destinatarios, quiénes participan; de qué zona son ellos, cómo es su contexto, su realidad familiar, social, todo lo que conforma su entorno.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Invitamos a la Hermana Leticia Rodríguez Ramírez que pase.

 

HNA. LETICIA RODRÍGUEZ RAMÍREZ: Buenas tardes. Mi propuesta era el acentuar la unión con Cristo como fuente de la actividad misionera.

 

Creo que para todos nosotros, estos días han sido de un trato con un Cristo Vivo que nos necesita y reclama insistentemente nuestra unión vital con Él. Y nos recuerda en el Evangelio de San Juan: "Si alguien permanece unido a mí, produce mucho fruto. Pero sin mí, no pueden hacer nada".

 

Seguramente que esta composición del lugar —en lo personal para mí lo ha sido— es la de un Cristo sufriente, que a sus amigos nos dice: "Quédate conmigo, que no tengo a nadie que me ayude".

 

Nos lanza una pregunta, una canción que cantan unos jóvenes, que dice: "¿Quién quiere resucitar a este mundo que muere?"

 

Vemos que está en juego el Cuerpo de Cristo y es acuciante su necesidad. Yo encuadraba ahí, mi propuesta, de acentuar una espiritualidad en los seguidores de Cristo, todos nosotros, porque creemos que este sería un criterio que asegure la continuidad de nuestra actividad misionera.

 

Sólo desde una vida escondida con Cristo, como nos dice San Pablo; sólo desde ese trato cercano, cuando los discípulos ponemos el oído en el corazón del Maestro, sólo ahí y desde ahí brota la urgencia misionera, cuando nos dice Pablo: "El Amor de Cristo nos urge".

 

Y lo que dice el Papa Juan Pablo ll en el Mensaje del DOMUND de este año: "Lo que cuenta es que el corazón arda con esa caridad divina. La única que puede transformar en luz, fuego y da nueva vida para todo el nuevo místico. La nueva vida viene de estar unidos a la vida. Sólo entonces haremos discípulos que le den vida a Cristo".

 

Es cierto que los discípulos se hacen, más por admiración que por imposición. Mi experiencia personal es que soy misionera porque hubo mujeres apasionadas que me predicaron el Evangelio. Por eso creo que incidiremos en los jóvenes y en el pueblo de Dios, cuando les presentemos nuestra vida positivamente enamorada de Cristo. Con un enamoramiento que pasa por la Cruz.

 

Entonces, cuando los demás comprueben que Cristo se lleva las mejores horas de nuestro tiempo, que es el dueño de nuestros gustos, nuestras aficiones y que a Él le damos nuestros mejores esfuerzos y sacrificios, entonces nueva vida generará un dinamismo misionero.

 

MODERADOR: Ahora pedimos la presencia, por parte de los religiosos, del Padre Antonio Rivera.

 

P. ANTONIO RIVERA: Mi intervención es sobre los carismas de la vida religiosa. O sea, nuestro serio actuar como religiosos en la Misión de la Ciudad de México.

 

Dice San Pablo, en su Carta a los Corintios, que hay diversidad de carismas, pero el espíritu es el mismo y que a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común.

 

Cada comunidad religiosa tiene su propio carisma, que es un don de Dios para la Iglesia.

 

Este don, dice Juan Pablo II, en la Redemptionis donum, corresponde a las diferentes necesidades de la Iglesia y del Mundo en cada momento de la historia. Y a su vez, se prolonga y consolida en la vida de las comunidades religiosas como uno de los elementos duraderos de la vida y del apostolado de la Iglesia.

 

Cada comunidad religiosa ha de poner el carisma, su carisma, al servicio de la Iglesia. Los religiosos —dice el Cardenal Pironnio, en su comentario al Mutue Relationis— deberán ayudar a los Obispos a que sean plenamente pastores y los Obispos deberán ayudar a los religiosos a que vivan con autenticidad su vida consagrada.

 

Este sentido de complementariedad es esencial en la Iglesia. Y más adelante: Es importante subrayar la inserción de los religiosos en la Iglesia particular, desde la fidelidad irrenunciable a su propio carisma.

 

El mejor servicio que un capuchino o una carmelita de clausura pueden ofrecer a su Diócesis, es vivir con alegre fidelidad su vocación específica, asumiendo en su corazón las inquietudes y esperanzas, las realizaciones y proyectos de cada Iglesia particular.

 

Los carismas de la vida religiosa rebasan los límites de la Iglesia local, su horizonte es universal, pero sólo pueden cobrar vida en la Iglesia Local.

 

Cada comunidad local, parroquia, diócesis, tienen necesidades que reclaman el carisma de una o más comunidades. Son estas necesidades el punto de inserción de las comunidades religiosas en la Iglesia Local.

 

Dice la instrucción "Dimensión Contemplativa de la Vida Religiosa": los religiosos y religiosas deben dar testimonio de su pertenencia efectiva y cordial a la familia diocesana y ello no solamente haciéndose disponibles, según su carisma, a las exigencias de la Iglesia Local, sino también ofreciendo su experiencia.

 

Que los y las religiosas —diciéndolo en expresiones del Padre Benjamín Bravo—, dóciles al espíritu de Dios, sepamos reconocer e interpretar los signos de los tiempos en nuestra Arquidiócesis, insertándonos en la vida y en los ambientes de la Ciudad en actitud de servicio para convertirnos y ayudarnos, unos a otros, a cambiar.

 

MODERADOR: Vamos a pasar ahora a las intervenciones libres de los laicos. Pedimos al señor Alejandro Ortíz su intervención.

 

ALEJANDRO ORTÍZ: Sería a partir de tres momentos:

 

1.- Como los criterios básicos, partir de las realidades que interpelan y confronta la Iglesia entera, no solamente a los laicos, sino también a los sacerdotes y religiosos. Pero sobre todo, estar o partir de los más frágiles, necesitados o de las llamadas víctimas que existen en esta Ciudad.

 

Estas realidades económicas, políticas, sociales, culturales, tienen que ser tomadas desde una teología de la encarnación, en donde todos asumamos esta realidad que tenemos, que nos confronta a todos.

 

2.- La promoción de las famosas "Tres Com": compartir, compasión, comunión.

 

Compartir: es no solamente llenar con dulces palabras a los laicos o a nuestros destinatarios, sino solamente formar o proponer acciones que satisfagan esas todavía necesidades banales como son comer, vestir, dormir, casa.

 

Compasión: "Com" con el otro "pasión", dolor. Es ponerse en el dolor del otro. Sentir el dolor, la humillación, la indignación que sienten la mayoría de nuestros hermanos, sobre todo los que viven en las periferias.

 

Eso implica irnos, quitarnos de nuestras posiciones cómodas, tanto laicos como religiosos y sacerdotes y estar con ellos. Así como Jesús estuvo en Galilea, nosotros estar en las periferias.

 

Comunión: "Com" y unión. Implica la unión, exactamente, del otro con el otro. Implica una Iglesia a donde religiosos, sacerdotes, religiosas, laicos y laicas tengamos el mismo nivel de toma de decisiones.

 

3.- Ante estas realidades y ante la promoción de estas tres "Com", tenemos que aterrizar en una pastoral concreta e integral, que asuma la defensa de los derechos humanos, la defensa de la naturaleza, la defensa de la mujer y sobre todo, la defensa de los niños y niñas que están en condiciones muy precarias.

 

Esto tiene que ser a través de una real Iglesia, que es una ecclesia, una convocatoria en donde todos estamos llamados a ser verdaderos seguidores de Jesús.

 

Gracias.

 

MODERADOR: Escuchemos ahora la intervención de Enriqueta Curiel.

 

ENRIQUETA CURIEL: Hace cinco años terminamos el II Sínodo Diocesano, expresando en repetidas ocasiones que fue Gracia de Dios para esta Iglesia.

 

Este maravilloso acontecimiento eclesial ha sido motivo de búsqueda, de reflexión, de estudio y trabajo, en un espíritu de comunión y de corresponsabilidad.

 

Estamos viviendo un proceso, en ocasiones muy lento, muy cuesta arriba, pero al fin y al cabo un proceso.

 

Hoy estamos reunidos en esta III Asamblea Diocesana, discutiendo el proceso pastoral emanado de este Sínodo. Y aunque sea un trabajo incipiente en cuanto a la sectorización y formación de los agentes laicos, así como de las acciones encaminadas a atender la prioridad sinodal, a los alejados y pobres, como exigencia evangélica y a las familias y jóvenes como urgencia pastoral; al reunirnos a evaluar estos trabajos, aunque pequeños, pero al menos puestos ya en el punto de arranque.

 

Considero que es sano valorar los pasos que aunque parecieran insignificantes, los podemos ver y palpar como signo de una Iglesia en marcha y de la presencia fiel del Espíritu de Dios.

 

Ciertamente nos sentimos desafiados por la realidad de esta gran Ciudad. Por eso me pregunto: ¿cómo lograr que los agentes laicos lleguemos a asumir nuestra tarea en el campo específico de la transformación de las realidades temporales en esta Ciudad de México, que en medio de tantos signos de muerte descubrimos también tantos signos de vida?

 

Una mayor organización de la sociedad civil, con toda su fuerza transformadora, así como también un proceso de democratización.

 

Yo todavía percibo entre mis hermanos laicos un divorcio entre la fe y la vida. Importante es recordar lo que decía nuestro Pastor al inicio de esta Asamblea: se necesitan laicos preparados, pero comprometidos.

 

Hoy la Iglesia tiene que recobrar su misión de dar testimonio de la Caridad de Cristo, desempeñando una pastoral social adecuada, que responda a las necesidades de esta gran Ciudad.

 

Que esta no se siga viendo, sobre todo en las parroquias, como algo opcional: se puede o no tener pastoral social. O sea, algo secundario; o se reduzca a lo puramente asistencial.

 

Creo que tenemos este gran reto.

 

Urge también una formación adecuada para los nuevos sacerdotes de esta Arquidiócesis, que sean capaces de responder a las exigencias de una pastoral verdaderamente misionera, para que estén a la altura que los tiempos requieren.

 

Muchas gracias.

 

MODERADOR: Ahora pedimos la presencia de María Zazueta, para su intervención.

 

DULCE MARÍA ZAZUETA DE MARTíNEZ GAMA: Muy buenas tardes. Mi nombre es Dulce María Zazueta de Martínez Gama. Mi esposo Valentín y yo colaboramos con el equipo de Pastoral Familiar, aquí, en la Arquidiócesis.

 

En espíritu postsinodal, es importante resaltar la necesidad de que por criterio de eficacia y en vista a la misión de fe de la Iglesia Católica, en la Arquidiócesis se ejercite la comunión y la corresponsabilidad entre el Arzobispo y los laicos.

 

Que se permeé la apertura católica a los carismas de fidelidad, a la Iglesia de Cristo, a través de la fidelidad a Su Santidad Juan Pablo II.

 

Al considerar esta época actual, necesitada de misión, de evangelización, de reintegración de hombres y mujeres bautizados pero alejados, es indispensable establecer una buena comunicación del mensaje a través de modernos métodos de la tecnología avanzada, por supuesto; pero sobre todo, en la claridad, en la transparencia, en la fidelidad entre el emisor y el receptor.

 

El mensaje es el Evangelio, el mismo Cristo.

 

En nuestra III Asamblea Diocesana, el emisor, el que nos convoca hoy es el Señor Arzobispo, que con sus acciones, con sus iniciativas, con sus escritos y su labor pastoral nos muestra el contenido de este mensaje común a todos los presentes, al que hay que concebir como elemento de unidad, estableciendo así la relación constructiva entre los miembros de la Iglesia Católica de México. Disposición que exigen estos tiempos actuales.

 

Esta comunión une así nuestra Iglesia particular de México con la fidelidad al Vicario de Cristo, centro de unidad de toda la Iglesia: Su Santidad Juan Pablo II.

 

Asumiendo todos la corresponsabilidad en las acciones y en las omisiones, podremos algún día, también, compartir los éxitos y los logros que sin duda emanarán de esta Asamblea: de hombres y mujeres que con rectitud de intención nos hemos reunido a evaluar para profundizar.

 

Corresponsabilidad que es colaboración leal, sin interpretaciones desintegradoras, de corazones que saben reconocer la particularidad de los carismas, con los que el Espíritu Santo ha querido enriquecer a esta, nuestra Arquidiócesis.

 

Mil gracias.

 

MODERADOR: Escuchemos ahora la intervención de Georgina Ávila.

 

GEORGINA ÁVILA: Buenas tardes. Voy a ser muy concreta.

 

Este trabajo está elaborado por seis personas que pertenecemos a la Cuarta Vicaría y estas son nuestras propuestas:

 

Uno.- Disposición del Decano y de las autoridades eclesiásticas para aceptar opiniones y decisiones de los laicos, porque en muchas ocasiones las opiniones de los laicos no son tomadas en cuenta.

 

Dos.- Promoción de la Pastoral Social entendida no sólo como entregar despensas y desayunos, sino con la escucha, acompañamiento y solidaridad a ejemplo de Cristo.

 

Tres.- Promoción y apoyo económico para los Centros de Formación. Es decir, no vamos a tomar en cuenta los Sacramentos que se llevan a cabo dentro de las parroquias para tomar un porcentaje, sino que se les puede dar una cuota muy baja a cada laico y si no, entregando becas o medias becas para sostenimiento de este Centro de Formación.

 

Cuatro.- Fraternidad y unidad de objetivos entre los grupos parroquiales, porque falta caridad entre los laicos que conformamos los grupos parroquiales. En muchos de los casos sólo se trabaja para el objetivo del propio movimiento y no para un objetivo común de la parroquia.

 

Cinco.- Que los laicos y sacerdotes demos testimonio, con nuestra palabra y acciones diarias, de que somos discípulos de Cristo.

 

En ocasiones, tanto sacerdotes como laicos ahuyentamos a la gente con nuestras palabras y actitudes.

 

Es todo. Gracias.

 

MODERADOR: Escuchemos ahora la intervención de Javier Villamil.

 

JAVIER VILLAMIL: Señor Obispo, Señores Obispos, Señor Cardenal, Hermanos todos, Hijos de un Mismo Padre:

 

Si el Padre no construye el Edificio, en vano se fatigan los obreros.

 

Hermanos:

 

Nosotros que hemos sido llamados por el Padre, de manera especial, para la construcción del Edificio Sinodal, no olvidemos nunca que es necesario preguntarle al Padre cómo tenemos que construir este Edificio.

 

Como hijos del mismo Padre, es necesario el caminar juntos, de una manera real y clara, dejar a un lado nuestros propios intereses; aprender —como los apóstoles— a caminar los Pasos de Cristo Jesús, pasos de caridad pastoral.

 

Seamos, después de esta Asamblea, mensajeros de buenas noticias en nuestras comunidades. Que el anuncio de la buena nueva y la búsqueda de la instauración del Reino sea de nuestras principales prioridades en cada una de las comunidades a las que pertenecemos.

 

Los apóstoles, continuadores no de su obra sino de la Obra del Padre, se abandonaron en el Espíritu Santo. Él, el mismo Espíritu, fue quien eliminó todo miedo, fatiga, malos entendidos, apatía. Y el mismo Espíritu fue el que permitió a los apóstoles reconocer la autoridad de Pedro; autoridad que no fue por méritos propios, sino por la Gracia del Padre.

 

Hoy la Voz del Padre se hace escuchar en la voz del Obispo y de sus sacerdotes. Es necesario, hermanos, que nos reconozcamos como una sola familia, que sólo tiene una sola cabeza: nuestro Obispo. Y un Cristo reflejado en cada uno de los sacerdotes. Ellos, en cada una de sus comunidades a donde el Padre los envíe, son otro Cristo que obedientes al Padre, anuncian la buena nueva e instauran no su propio reino, sino el Reino que el Padre quiere.

 

Hermanos Laicos:

 

Pidamos al Espíritu nos permita eliminar de nosotros todo miedo, fatiga, malos entendidos, apatías; y como los apóstoles, no seamos de Apolo o de Pablo, sino de Cristo Jesús.

 

Pidamos a la Madre del Silencio que esta historia que estamos gestando, sea historia de salvación para el pueblo de Dios.

 

No olvidemos que aunque nuestros esfuerzos sean mayores, si el Padre no construye el Edificio, en vano se cansan los obreros.

 

MODERADOR: La última intervención, a dúo, será por Felipe Contreras y María Esther Garduño.

 

FELIPE CONTRERAS: Reciban este mensaje, en nombre de Jesús y María. Esto es lo que consideramos nosotros lo que es un criterio, una propuesta y una solución.

 

De acuerdo al Plan de Dios, al Espíritu eclesial, misional y profético, como lo pide la naturaleza misma de la Iglesia, en la aplicación de este III Sínodo debemos tomar en cuenta que aquí lo que importa es lo sencillo y lo elemental.

 

Si nuestra Santa Iglesia nos pide que regresemos a los orígenes de la evangelización; es decir, vivir y transmitir la ley del amor, esto es: Cristo Mismo, tenemos que recordar que si bien es cierto que debemos conocer estar convencidos y comprometidos con los planes de la Arquidiócesis, siguiendo una educación continua tanto de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos para caminar juntos e impulsar con amor a nuestros hermanos, con testimonio de vida; así tampoco debemos olvidar que contamos para esto con medios eficaces para hacerlo realidad.

 

Estos medios son espirituales y son los siguientes:

 

Primero.- Invocación al Espíritu Santo para que sea nuestro Guía.

 

Segundo.- Oración constante.

 

Tercero.- Participación frecuente de los Sacramentos.

 

Cuarto.- Lectura de La Palabra, a través de libros como, por ejemplo, "Comentarios de San Jerónimo".

 

Quinto.- Pedir la intercesión de María Santísima como Madre, de preferencia mediante el rezo del Santo Rosario.

 

Sexto.- Ayuno, como un medio eficaz de purificación y fortaleza.

 

Séptimo.- Entrega integral y confiada a la Voluntad de Dios.

 

La segunda parte:

 

MARÍA ESTHER GARDUÑO: Esta evangelización que debemos realizar con nuestros hermanos, siempre debemos de hacerla a través de esa luz. Esa Luz es La Verdad, es La Vida, es La Resurrección.

 

Nuestros hermanos no están muertos, están dormidos. Igual que Cristo, tenemos que decirles: "¡levántate!" Esta evangelización nos la dio hoy una niña de 16 años, rebelde; una niña callejera de las casas del Padre Chinchachoma.

 

Ella fue la que nos hizo ver que a través de esa Luz, todo lo que nosotros digamos, si la filtramos a través de Él, va a decir la verdad.

 

Es todo. Gracias.

 

MODERADOR: Bien. Las intervenciones de los laicos se van a entregar en los equipos de trabajo siguientes.

 

Con esto hemos terminado esta parte importante de las presentaciones, de las intervenciones libres. Vamos a pasar a la parte penúltima de nuestra jornada de 3 días que tuvimos, para concluir con la Eucaristía.

 

Se llama: "Las propuestas por grupos representativos".

 

Vamos a organizarnos de la siguiente manera:

 

Vamos a dividirnos por bloques, vamos a trabajar por Vicarías, por organismos diocesanos y religiosos y religiosas.

 

Vamos a estar colocados en los siguientes lugares:

 

En El octavo piso se van a reunir las vicarías 3, 7 y 8. Estas vicarías deciden si hacen un trabajo todos los que están ahí o se subdividen. Pero al final tendrán que presentar las propuestas mancomunadas.

 

Trabajan en cada vicaría y ahí ya deciden si cada vicaría se subdivide, porque algunas vicarías son muy grandes. Es decisión de cada vicaría.

 

En el tercer piso va a estar la vicaría 5 y las organizaciones diocesanas.

 

En el segundo piso se van a encontrar las vicarías 1, 2 y 4.

 

En el lobby la vicaría número 6. Y en el auditorio las religiosas y religiosos.

 

Hay algunos de los aquí presentes que tienen varios cargos, entonces deciden en qué lugar se colocan, cada uno de los respectivos deciden si van a vicaría, si van a organismo diocesano, etcétera.

 

Les van a entregar, si no es que ya los tienen en sus manos, los puntos y la pregunta que se formula. Léanla con cuidado, antes de empezar su trabajo.