III ASAMBLEA DIOCESANA -VER POSTER-

HACIA LA GRAN MISIÓN DEL AÑO 2000 EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

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EUCARISTÍA DE CLAUSURA


I. RITOS INICIALES

1. Monición Inicial

La división entre los cristianos es un escándalo. La existencia de comunidades separadas, de cristianos divididos por cuestiones políticas, económicas, sociales, religiosas... es una herida al Cuerpo de Cristo. Pero la unidad es una utopía; dicho con el lenguaje de los teólogos, es una realidad escatológica. Por eso es verdad que los cristianos debemos luchar siempre contra la división, no conformarnos con ella, reconocer que hay en ella pecado; pero también que siempre estaremos en camino hacia esa unidad, que los conflictos y las divisiones son inevitables, que nunca alcanzaremos la comunión perfecta. Aunque siempre debamos luchar y orar para avanzar hacia ella. La unidad en nuestra Arquidiócesis de México, no es tarea de una época, sino tarea coextensiva con la historia de la Iglesia. No faltan obstáculos ni dificultades, pero es un impulso del Espíritu. Ningún cristiano puede sentirse desinteresado, insolidario. Aunque sepamos que la unidad siempre será imperfecta, que surgirán otras divisiones, será necesario emprender un nuevo camino de búsqueda de comunión en Jesucristo. Iniciamos nuestra Eucaristía cantando juntos la razón de nuestra unidad:

2. Canto

Pueblo de reyes,
asamblea santa,
pueblo sacerdotal,
pueblo de Dios,
bendice a tu Señor.

1. Te cantamos, oh Hijo amado del Padre,
te alabamos, eterna Palabra salida de Dios.

2. Te cantamos, oh Hijo de la Virgen María,
te alabamos, oh Cristo nuestro hermano, nuestro Salvador.

3. Te cantamos, Mesías esperado por los pobres,
te alabamos, oh Cristo nuestro Rey, de humilde corazón.

3. Saludo del Celebrante

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

4. Acto Penitencial

Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Celebrante: En presencia de nuestro Señor Jesucristo, arrepintámonos y confesemos nuestros pecados contra la unidad. Henos aquí, Señor, humillados delante de ti; hemos introducido la división en tu obra de unidad. Al confesar la verdad, hemos sido frecuentemente duros y exclusivos.

R/ Señor, ten piedad (Cantado)

Celebrante: Hemos olvidado la viga en nuestro ojo, al ver la mota de paja en el ojo ajeno. Hemos ignorado e incluso menospreciado a nuestros hermanos, sobre los que hemos querido triunfar.

R/ Cristo, ten piedad (Cantado)

Celebrante: Entre nosotros, tus hijos, hemos trazado fronteras de raza o de nación, de cultura o de clase social. Por nuestras divisiones hemos entorpecido el testimonio del amor y la extensión del Evangelio en el mundo.

R/ Señor, ten piedad (Cantado)

Celebrante: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

5. Oración Colecta

Dios nuestro, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, mira la abundancia de tu mies y envíales operarios para que se anuncie el Evangelio a toda creatura; y tu pueblo, congregado por la Palabra que da vida y sostenido con la fuerza de los sacramentos, avance por el camino de la salvación y del amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Sentados

II. LITURGIA DE LA PALABRA

1. Primera Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios (Ef 2, 10-18)

Hermanos: Acuérdense de que, en otro tiempo, ustedes, gentiles por su carne sin circuncidar, tratados de incircuncisos por quienes a sí mismos se decían circuncisos debido a una operación practicada en la carne, estaban entonces lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y alejados a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Ahora, en cambio, están en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, están cerca los que antes estaban lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos, judíos y gentiles, una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear en Él un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en Él al odio. Palabra de Dios.

2. Salmo 127 Será cantado, saboreando en la boca y en el corazón cada palabra.

Como brotes de olivo,
en torno a tu mesa, Señor,
así son los hijos de la Iglesia.

1. El que teme al señor será feliz, feliz el que sigue su ruta.

2. Del trabajo de tus manos comerás, a ti la alegría, el gozo.

3. Y tu esposa en medio de tu hogar, será como viña fecunda.

4. Como brotes de un olivo reunirás los hijos en torno a tu mesa.

5. El Señor bendecirá al hombre fiel como esta abundancia de bienes.

6. A los hijos de tus hijos los verás; la gloria al Señor, por los siglos.

De pie

3. Canto del Aleluya

4. Proclamación del Santo Evangelio Según san Juan (Jn 17, 1-26)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Este es mi mandamiento: Que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor: a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido; y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto dure. De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre, se los dé. Palabra del Señor.

5. Homilía

6. Oración Litánica

Presidente: Demos gracias a Dios por el don de la unidad.

R/ Gloria a Dios por los siglos de los siglos.

Presidente: Por la sangre preciosa de tu Hijo, por su resurrección de entre los muertos has reconciliado todas las cosas y reúnes en la unidad a tus hijos dispersos.

R/ Gloria a Dios por los siglos de los siglos.

Presidente: Por Tu Espíritu repartido en abundancia, y por la gracia de la regeneración, quieres que formemos un solo cuerpo para alimentarnos con un solo pan.

R/ Gloria a Dios por los siglos de los siglos.

Presidente: Te damos gracias, Padre nuestro, por todos los que sufren, oran y trabajan en favor de la unidad.

R/ Gloria a Dios por los siglos de los siglos.

I. LITURGIA EUCARÍSTICA

1. Canto de ofertorio

Entre tus manos esta mi vida, Señor;
entre tus manos pongo mi existir.
Hay que morir para vivir,
entre tus manos pongo yo mi ser.

Si el grano de trigo no muerte,
si no muere, sólo quedará,
pero si muere, en abundancia dará
un fruto eterno que no morirá.

2. Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, el rostro de tu ungido, que se entregó a la muerte para salvación de todos y haz que, por mediación suya, tu nombre sea glorificado entre los hombres y en todas las partes de la tierra te sea ofrecido el único y perfecto sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

3. PLEGARIA EUCARÍSTICA V/d

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

CP/ Te damos gracias, Padre de bondad, y te glorificamos, Señor, Dios del universo porque no cesas de convocar a hombres de toda raza y cultura, por medio del Evangelio de tu Hijo, y los reúnes en un solo cuerpo, que es la Iglesia.

Esta Iglesia, vivificada por tu Espíritu, resplandece como signo de la unidad de todos los hombres, da testimonio de tu amor en el mundo y abre a todos las puertas de la esperanza.

De esta forma se convierte en un signo de fidelidad a la alianza, que has sellado con nosotros para siempre.

Por ello, Señor, te enaltecen el cielo y la tierra, y también nosotros, unidos a toda la Iglesia, proclamamos el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo,
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CP/ Te glorificamos, Padre santo, porque estás siempre con nosotros en el camino de la vida, sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús, Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas dice:

CC/ Te rogamos, pues, Padre todopoderoso, que envíes tu Espíritu sobre este pan y este vino, Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente diciendo: de manera que sean para nosotros cuerpo y + Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.

Junta las manos. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

Él mismo, la víspera de su pasión, mientras estaba a la mesa con sus discípulos, Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: tomó el pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Se inclina un poco.

“Tomad y comed todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por vosotros”.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión. Después prosigue:

Del mismo modo, Toma el cáliz, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: tomó el cáliz lleno de vino te dio gracias con la plegaria de bendición y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco

“Tomad y bebed todo de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.

Muestra el cáliz a/ pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión. Luego dice:

CP/ Este es el Sacramento de nuestra fe.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CC/ Por eso, Padre de bondad, celebramos ahora el memorial de nuestra reconciliación, y proclamamos la obra de tu amor: Cristo, tu Hijo, a través del sufrimiento y de la muerte en cruz, ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

Dirige tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda; es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y con su Sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia ti.

Señor, Padre de misericordia, derrama sobre nosotros el Espíritu del amor, el Espíritu de tu Hijo.

C1/ Haz que nuestra Iglesia se renueve constantemente a la luz del Evangelio y encuentre siempre nuevos impulsos de vida; consolida los vínculos de unidad entre los laicos y los pastores de tu Iglesia, entre nuestro Obispo y sus presbíteros y diáconos, entre todos los Obispos y el Papa; que la Iglesia sea, en medio de nuestro mundo, dividido por las guerras y discordias, instrumento de unidad, de concordia y de paz.

C2/ Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo, y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo Tú conociste; admítelos a contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección. Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también a nosotros en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

En comunión con la Virgen María, madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, te invocamos, Padre, y te glorificamos, Junta las manos, por Cristo, Señor nuestro.

Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y , sosteniéndolos elevados, dice:

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama: Amén.

Canto de Comunión

El Señor es mi pastor,
la vida ha dado por mi;
yo su voz he de escuchar
y suyo siempre seré.

Yo soy el buen Pastor:
doy la vida a mis ovejas;
por su nombre yo las llamo
y con gran amor me siguen.

Yo no soy el mercenario
que abandona las ovejas
cuando ve venir al lobo
que las mata y las dispersa.

Yo conozco mis ovejas
y ellas también me conocen,
como el Padre me conoce
y también conozco al Padre.

Tengo otras ovejas lejos
y es preciso que las traiga;
mi llamada escucharán
y se hará sólo un rebaño...

IV. RITOS CONCLUSIVOS

1. Oración después de la comunión

Con el auxilio de este sacramento de salvación eterna, del que acabamos de participar, haz, Señor, que la verdadera fe se extienda por todo el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

2. Canto: A ti Virgencita

A ti, Virgencita, mi Guadalupana,
yo quiero ofrecerte un canto valiente.
Yo quiero decirte lo que tú ya sabes:
porque de nombrarte el alma se inflama.

Tu nombre es orgullo y el mundo lo sabe,
eres nuestro orgullo y México es tuyo,
tu guardas la llave.

Que viva la reina de los mexicanos,
la que con sus manos sembró rosas bellas
y puso en el cielo millares de estrellas.

Yo sé que en el cielo escuchas mi canto
y sé que con celo nos cubre tu manto,
Virgencita chula, eres un encanto.

Por Patria nos diste este lindo suelo
y lo bendijiste porque era tu anhelo
tener un santuario cerquita del cielo.

Mi Virgen ranchera, mi Virgen morena,
eres nuestra dueña, México es tu tierra
y tú su bandera.

Que viva la reina de los mexicanos,
la que con sus manos sembró rosas bellas y
puso en el cielo millares de estrellas.