III ASAMBLEA DIOCESANA -VER POSTER-

HACIA LA GRAN MISIÓN DEL AÑO 2000 EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Logo Vicaría de Pastoral - IR A HOME

Página Principal




 

PRINCIPAL

CONTENIDO

PREASAMBLEA

ASAMBLEA
POSTAMBLEA
VOZ PASTOR
APORTACIONES
MAPA SITIO

 


HACIA LA MISIÓN 2000


Buenas tardes.

Lo que me toca presentarles es precisamente el preámbulo para el momento quizá más fuerte de esta Asamblea, en el sentido de que debemos comenzar a enfocar nuestro camino.

Hemos intentado realizar una primera vista a nuestra situación pastoral y las aportaciones de todos creo que han sido colocar en su justa medida la situación global que vivimos.

Con este antecedente y con este cimiento, vamos ahora a dar un paso adelante. Vamos a fijarnos, a comenzar a poner nuestra vista en la Gran Misión del Año 2000.

Me corresponde darles un enfoque, como propuesta, para este segundo momento.

Al inicio de este año, en la Peregrinación de la Arquidiócesis a la Basílica de Guadalupe, el Señor Arzobispo nos entregó un documento que plasma la perspectiva para el trabajo pastoral hacia el Jubileo del Año 2000.

Nos dice en ese documento:

"En plena fidelidad al proceso de la Pastoral Arquidiocesana, se trazan en ese documento las líneas fundamentales de un plan que integra los cauces del proceso sinodal en las orientaciones del Jubileo.

"Se trata de continuar nuestro caminar juntos, en el dinamismo de la Nueva Evangelización.

"Las acciones que ya se están empezando a realizar, habrán de estar ahora animadas, inspiradas y potenciadas por la fuerza eclesial de la preparación hacia el Jubileo del Año 2000".

Esto está tomado del documento denominado "Hacia el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México".

En este cuadro que están viendo, se encuentran plasmados los distintos momentos y motivaciones que nos ha propuesto el Señor Arzobispo, en consonancia con el proceso del Gran Jubileo convocado por el Santo Padre.

Ahora, en este segundo día de la III Asamblea Diocesana, como parte de la iluminación, volvamos nuestra mirada a estos cauces propuestos por nuestro Pastor, aportando nuestra voz para que "el" hacia el Plan, comience a transformarse en el Plan, encontrando juntos los criterios, la forma y los tiempos para concretizar las líneas generales propuestas.

¿Cómo está nuestra Iglesia particular frente a esta Misión?

En el trabajo de grupos de ayer, con mucha razón de ser, surgió la reflexión respecto a que debemos apreciar más lo que ya se está realizando en nuestra Arquidiócesis. Esto es muy importante para dar cualquier paso subsiguiente, pues es el Espíritu del Señor el que sostiene nuestra fe y el testimonio que damos de ella.

Todo cristiano que tenga vida y toda comunidad que no esté muerta, es Iglesia en Misión o no es Iglesia.

Así como resultan oportunas estas palabras en nuestro trabajo de evaluación pastoral, también es cierto que debemos comprender, en su justa medida, el sentido de la Misión, que resulta siempre un llamado cuestionante y exigente para cualquier creyente y comunidad.

La herencia que nos deja el Papa Paulo VI, en Evangelii Nuntiandi, nos ilumina al presentarnos la Misión desde una visión amplia. Ya el Padre Benjamín Bravo hacía referencia.

El Papa va más allá de lo numérico, la Misión dirigida a todos los hombres; más allá de lo geográfico, para todas las naciones; amplió el campo a lo cualitativo, Misión para todos los valores; y a lo cultural, Misión para todas las culturas.

La Misión tiene, entonces, el sentido cualitativo del Reino, de semilla y de fermento. Su eficacia radica en todo lo que concentra, en toda la riqueza que encierra. Por tanto, el criterio no es la cantidad de las acciones que realizamos, porque nunca serán suficientes para los múltiples problemas.

Las acciones pastorales con sentido de Misión, pueden ser pocas en número, pero privilegian al que es el primer medio de evangelización: el testimonio.

De esta forma, resulta primordial que nuestro Plan Pastoral, sus criterios y programas, estén impregnados del Espíritu Misionero que nos da identidad de Iglesia.

En nuestro empeño pastoral cotidiano debemos tender a vivir una Misión permanente —el II Sínodo la llamó Estado de Misión— aunque habrá momentos especiales, algunos a nivel diocesano como la Misión 2000, en que viviremos una Misión intensiva.

Ahí tenemos una proyección de lo que es nuestro horizonte en tiempo y que tendrá, en el año 2000, un momento intensivo, pero sin olvidar que tenemos también un trabajo permanente de Misión.

Pero debemos comprender todos los procesos surgidos del Sínodo, así como procesos paulatinos. Ahí tienen ustedes en la gráfica ejemplificada la propuesta de sectorización como un proceso creciente, que no se detiene. El deseo es que sea un medio para esta evangelización.

Así, entonces, leemos el documento del Señor Arzobispo: "procesos que se desarrollan paulatinamente, pero que no nacen de la nada".

Si se fijan ustedes, en el '96 la Asamblea Diocesana reflexionó sobre la formación para agentes laicos en acciones específicas. El Señor Arzobispo concretizó esa reflexión en su orientación pastoral. Ahí inició esa acción a nivel diocesano, ya como una propuesta concreta.

Pero recogió los esfuerzos que ya venían desde antes y lo mismo debe pasar con el proceso que se ha propuesto para la reiniciación cristiana.

Está propuesto para iniciarse en el '98, pero esto no nace de la nada. Debe recoger toda la experiencia que ya en la Arquidiócesis se tiene al respecto: ordenarla, profundizarla, encauzarla entre sí. Y así pasa con el resto de las propuestas que vienen en seguida, en el marco del Jubileo: la caridad como testimonio, que tendrá su año de motivación en 1999, también esperemos que recoja toda la vivencia de caridad y de testimonio que ya se realiza.

Todos estos procesos poco a poco deben ir entrelazándose y tienen un horizonte que va más allá del 2000. Estamos con el 2000 iniciando el tercer milenio, pero debemos mirar con una mayor proyección.

El primer anuncio, que será el marco para vivir esa Gran Misión en el 2000, requiere de todos estos programas conjuntados. Por eso, ojalá que tengamos esta perspectiva en el trabajo que estamos realizando y en el que se nos propone.

Con esta perspectiva, también analicemos y comencemos hoy a buscar los criterios que normen nuestro trabajo en el futuro. Es muy importante que así se complementen nuestras acciones y nos den una mayor capacidad misionera.

Pero no sólo se trata de proyectos y programas. Se necesitan los agentes, todos los agentes son necesarios. Y todos los que estamos aquí, en la Arquidiócesis, no estamos por casualidad. En razón de la Misión, es el Señor el que nos tiene aquí. Y todos tienen su lugar en esta vivencia eclesial.

Por eso la preocupación del Señor Arzobispo y de sus colaboradores, en su Consejo, de convocar a todos. Nuevamente surgió esa inquietud, ahora con la Asamblea dedicada a la catequesis: convocar a todos los movimientos con carisma catequístico.

Como en ese campo, también debemos hacer lo mismo en los demás campos.

Hay muchas —distintas formas— de servir a la Misión. Por eso el Señor despierta tantos y variados carismas. La práctica misionera es lo que nos permite, como Iglesia, como Rostro de Iglesia, comenzar a tener más definido nuestro perfil.

Retomemos la evaluación realizada ayer: impulsémonos por el llamado misionero del Señor, para comenzar a clarificar el cómo debemos concretizar —en continuidad y creatividad, porque hay procesos que hay que continuar— la formación de agentes laicos, por ejemplo. Hay otros procesos que a lo mejor necesitan de nuestra creatividad, que están faltando: la comunicación, de la que hablaban.

Así se verá iluminada nuestra labor pastoral, que se aproxima y, que en este momento, en esta instancia de consulta, de alguna manera el Espíritu quisiera hacerse presente en favor de la orientación para el trabajo de toda nuestra Arquidiócesis.

Vamos a dar paso al trabajo por grupos y en este trabajo por grupos se les van a pedir dos formas de expresar sus aportes: a la luz de la evaluación del día de ayer y, también de las intervenciones de hoy, quisiéramos centrarnos en esta pregunta:

¿Qué criterios habrá que tomar en cuenta para dar continuidad al caminar de nuestra Arquidiócesis?

Y les vamos a pedir que traten de elegir dos o tres criterios y fundamentarlos. Eso en el trabajo de grupos y se les entregarán las papeletas con esta pregunta impresa, en los grupos.

La segunda forma, para ampliar más el ámbito de expresión de la Asamblea, tienen en sus manos —me dijeron— una hoja que está encabezada con el título "III Asamblea Sinodal. Formato Para las Intervenciones Libres".

En esta hoja, todos los presentes tendrán oportunidad, si así lo desean, de escribir su propuesta de plasmar los criterios que les parecen prioritarios.

Como somos muchas, solamente algunas las escucharemos de viva voz. Y ahí, en las indicaciones, se dice que las primeras que se reciban serán expuestas en la Sesión del día de mañana. Será de 8 sacerdotes, 6 laicos, 2 religiosas y 2 religiosos.

Esto se hizo también en razón de la participación que estipula el estatuto de la Asamblea. Cada exposición tendrá un límite de 3 minutos y sí, se les tocará la campaña si se pasan.

Entonces, aquellos que quieran directamente plantearla de viva voz, se les va a recibir en la mesa ubicada en la planta baja, frente a los elevadores, entre las 21:00 y 21:45 horas.

Se trata de opinar sobre los criterios más necesarios o propuestas de acción más oportunas para dar continuidad al Plan Pastoral de la Arquidiócesis.

Tomemos en cuenta estos dos ámbitos de participación que hoy se nos plantean y de la misma manera, que fue la dinámica ayer, se reunirán los grupos. Después se harán los Plenarios parciales y ahí mismo se concluirá la Sesión del día de hoy.

Como este es el último momento en que estamos reunidos así, en Plenario, por hoy, les avisamos que el día de mañana, el tercer día de la Sesión de la Asamblea concluirá con Celebración Eucarística y les avisamos a todos, para participar como un momento muy importante de nuestra Reunión.

Les pedimos a todos los sacerdotes que vengan con su alba y estola para participar en esta concelebración.

Damos paso al trabajo de grupos.

Pbro. Juan Carlos Guerrero Ugalde
Versión estenográfica