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CELEBRACIÓN DE APERTURA


LITURGIA DE LA PALABRA
LLAMADA A LA CONVERSIÓN

RITOS INICIALES

De pié

ENTRADA

Canto:

Danos un corazón, grande para amar;
danos un corazón, fuerte para luchar.

1. Hombres nuevos creadores de la historia,
constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia,
como riesgo de un largo caminar.

2. Hombres nuevos, luchando en esperanza,
caminantes sedientos de verdad.
Hombres nuevos sin frenos ni cadenas,
hombres libres que exigen libertad.

3. Hombres nuevos amando sin fronteras,
por encima de razas y lugar.
Hombres nuevos al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.

Saludo

Ministro:

El Dios de la esperanza, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.

Todos: Y con tú espíritu.

Monición introductoria:

Cristo es luz de los pueblos, por eso esta IV Asamblea Diocesana, reunida en el Espíritu Santo, lo evoca en el simbolismo de este Cirio encendido en medio de nuestra asamblea, lo reconoce entronizando su Palabra que es lampara para nuestros pasos y luz en nuestro caminar hacia el tercer milenio y, lo vemos presente en todos nosotros, miembros de su Cuerpo, llamados a la conversión constante, para ser mejores misioneros de la vida que recibimos por el Evangelio.

ORACIÓN COLECTA
En una reunión espiritual o Pastoral A, MR 754.

Infúndenos, Señor, el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz, para que nos esforcemos en conocer lo que te agrada y lo pongamos en práctica de común acuerdo. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Monición

Sentados. Así como el Señor llama al pueblo de la Antigua Alianza, a quien escogió para ser agente de la bendición universal anunciada a Abraham y a su descendencia, hoy nos llama a nosotros a llevar una vida conforme a la Nueva Alianza, para ser agentes de su Evangelio en medio de las naciones.

Lectura Profética del Antiguo Testamento

Lectura del libro del profeta Amos 5, 4. 14-15. 21-14.

Esto dice el Señor a la casa de Israel: "Búsquenme y vivirán. Busquen el bien, no el mal, y vivirán, y así estará con ustedes, como ustedes mismos dicen, el Señor, Dios de los ejércitos. Aborrezcan el mal y amen el bien, implanten la justicia en los tribunales; quizá entonces el Señor, Dios de los ejércitos, tenga piedad de los sobrevivientes de José. Yo desprecio y detesto las fiestas de ustedes, no me agradan sus solemnidades. Aunque me ofrezcan holocaustos, no aceptaré ofrendas ni miraré con agrado sus sacrificios de novillos gordos. Alejen de mí el ruido de sus canciones; no quiero escuchar la música de sus arpas. Que fluya la justicia como el agua y la bondad como un torrente inagotable". Palabra de Dios.

Salmo 50

Monición al salmo

R. Ten compasión de nosotros, Señor, porque hemos pecado

1. Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.

2. Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.

1. Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.

2. Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.

Lectura Apostólica del Nuevo Testamento

Lectura de san Pablo a los romanos (12, 1-13)

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos con una ofrenda viva, pura y agradable a Dios, porque en esto consiste el culto espiritual. No se acomoden a los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los trasforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, los que es bueno, lo que agrada, lo perfecto. Por la autoridad que ha sido dada, exhorto a todos y cada uno de ustedes a que no sobrevaloren su función en la Iglesia, sino que cada uno se estime en lo justo según los dones que Dios le haya concedido. Nuestro cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros y cada uno de ellos tiene una función diferente. Pues de la misma forma, todos nosotros, aún siendo muchos formamos un solo cuerpo unidos a Cristo y todos y cada uno somos miembros los unos de los otros. Pero tenemos dones diferentes, según la gracia concedida a cada uno. El que tenga el don de profecía, que lo ejerza de acuerdo con la fe; el que tenga el don de servicio, que se dedique a servir; el que enseña, que se consagre a enseñar; el que exhorta, que se entregue a exhortar. El que da, hágalo con sencillez; el que preside, con solicitud el que atiende a los necesitados, hágalo con alegría. Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad. Palabra de Dios.

Aclamación

De pié

Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya
(2)

Busca primero el Reino de Dios
y su justicia divina,
y por añadidura lo demás se te dará.
Aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya
(2)

Evangelio

Ministro: El Señor esté con vosotros.

Todos: Y con tu espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos (1, 12-15)

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían. Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea a predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio". Palabra del Señor.

Homilía

Oración titánica para el perdón De rodillas

1.Tú, que nos has llamado, para ser un pueblo santo, en el que brille la justicia y la verdad, para instaurar en el mundo tú Reino de paz y de amor.

Todos: Señor, piedad.

2. Por no saber trabajar, para elevar la dignidad humana: de los hombres y mujeres de nuestra Ciudad, de los niños de la calle, de los jóvenes arrastrados por el hedonismo de la sociedad de consumo, de los adultos que son prostituidos, de las mujeres que son humilladas, de los ancianos que son olvidados.

Todos: Señor, piedad.

3. Por no ser luz orientadora, para los maestros educadores de la niñez y la juventud, por no promover con valor a la justicia a los dirigentes de las distintas agrupaciones e instituciones sociales, públicas y políticas.

Todos: Señor, piedad.

4. Por no saber ser consuelo y compañía para los enfermos, faro orientador para los que están confundidos, liberación para los que se encuentran aprisionados en situaciones críticas.

Todos: Señor, piedad.

5.  Tú que nos has llamado a ser continuadores de tu acción redentora, a ser sal de la tierra, luz del mundo y levadura en la masa.

Todos: Cristo, piedad.

6. Por el individualismo en que se anquilosan nuestros movimientos e instituciones religiosas, por no saber compartir nuestro compromiso en corresponsabilidad con otros grupos y movimientos que luchan por el bien común.

Todos: Cristo, piedad.

7. Por no buscar la unidad de todos los que creen en Cristo, olvidarnos de atraer al seno de la Iglesia a nuestros hermanos separados y no saber hablar el lenguaje de Cristo para acercar a todos los hombres a tu santa familia.

Todos: Cristo, piedad.

8. Tú, que trabajaste con manos de hombre, pensaste con inteligencia de hombre y obraste con voluntad de hombre, apiádate de nosotros por no acercarnos al mundo de los hombres en el ámbito del trabajo, de la comprensión de la sociedad, por descuidar la defensa de la naturaleza, de los derechos humanos y la conciencia política.

Todos: Cristo, piedad.

9. Tú, que nos concediste el don de la Iglesia, para que por medio de ella, todos los hombres fueran enseñados a cumplir lo que tu nos has mandado.

Todos: Señor, piedad.

10. Ten misericordia de quienes somos tus ministros ordenados, por no apacentar en forma promotora, así como no gobernar, enseñar y nutrir con tu Palabra en forma generosa, abnegada, respetuosa y fraternal a tu pueblo, compadécete de nosotros por las veces que hayamos profanado tu nombre.

Todos: Señor, piedad.

11. Míranos con piedad a quienes hemos consagrado nuestra vida a la pobreza, la castidad y la obediencia de los principios evangélicos en la vida activa y contemplativa, por no promover la integración de la Iglesia local y, desentendernos de la pastoral de conjunto.

Todos: Señor, piedad.

12. Escucha nuestras súplicas por nosotros, los bautizados laicos, a quienes nos has llamado a organizamos para colaborar con el ministerio de tus ordenados, por nuestra resistencia al esfuerzo en nuestra formación, por el protagonismo egocéntrico en nuestras acciones, por no ser coherentes con el Evangelio en medio del mundo y de los negocios temporales.

Todos: Señor, piedad.

Todos:

Señor, Dios nuestro y Dios de nuestros padres, perdónanos,
absuélvenos, porque somos tu pueblo y Tú eres nuestro Dios.
Somos tus hijos y Tú eres nuestro Padre,
somos tus siervos y Tú eres nuestro dueño,
somos tu heredad y Tú, nuestro patrimonio,
somos tu rebaño y Tú, nuestro pastor,
somos tu viña y Tú, nuestro guardián,
somos tu obra y Tú, nuestro Creador.
Si somos descarados, Tú eres indulgente y benévolo;
si somos duros de corazón, Tú eres paciente;
si estamos llenos de faltas, Tú, lleno de bondad.
Tú, que has derramado tu misericordia sobre nosotros,
nos has mostrado tu rostro y nos has dado tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

PADRE NUESTRO

ORACIÓN CONCLUSIVA
En una reunión espiritual o Pastoral B, MR 754.

Concédenos, Señor, sentir en medio de nosotros la presencia de tu Hijo, a fin de que, actuando con espíritu de verdad y de amor, experimentemos la abundancia de su gracia, de su misericordia y de su paz. Por nuestro Señor Jesucristo.

Todos: Amén.

BENDICIÓN
TIEMPO ORDINARIO VIII, (Hb 13, 20-21), MR 421

Ministro: El Señor esté con vosotros.

Todos: Y con tu espíritu.

Ministro: El Dios de la paz, que resucitó de entre los muertos al gran pastor de la ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, en virtud de la sangre de la alianza eterna, para que cumpláis su voluntad, realizando en vosotros lo que es de su agrado

Todos: Amén.