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SIGNOS DE LA REALIDAD URBANA
EN LA CIUDAD DE MÉXICO


Algunos Hechos Sociales Negativos y Positivos de la Ciudad de México
que Exigen la Participación de los Ciudadanos

(fragmento de la Instrucción Pastoral del Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera
sobre la Participación Ciudadana —15/03/97— (nn. 17-51)

A continuación me refiero a algunos de los problemas de la Ciudad que están exigiendo la participación de los ciudadanos. Lo hago en calidad de Pastor, de hombre de fe, consciente de que es necesario que cada uno de los que vivimos en la Ciudad se plantee estos asuntos, independientemente de su afiliación religiosa o política partidista.

También quiero reconocer todos los signos esperanzadores de renovación, de creatividad, de esfuerzo y de caridad cristiana que realizan muchos grupos organizados como señal de participación democrática en la solución de los problemas. Frecuentemente en la opinión pública prevalecen los aspectos negativos olvidándose todo lo positivo y bueno que ya existe.

Es deber de los pastores discernir en las cuestiones sociales, los problemas, gozos y anhelos de las personas, en actitud creyente, para escuchar la palabra de Dios que nos llama a la conversión y participar de sus planes de salvación en la historia (GS 1, 4).

a) Inseguridad — Anhelos de Paz

En los últimos años todos los habitantes de la Capital hemos vivido en constante zozobra, ya que se ha incrementado de manera considerable el índice delictivo. El promedio diario de delitos alcanza ya cifras alarmantes.1 Casi todos conocemos a alguien que ha sufrido las consecuencias de esta situación.

A pesar de los esfuerzos emprendidos para enfrentar la inseguridad pública, parece que no se ha reducido el índice de criminalidad y sí en cambio han aparecido otras prácticas delictivas que afectan a la sociedad. No se puede combatir el delito cometiendo otros delitos o atentados a los derechos fundamentales de la persona.

Por otra parte, cada día surgen más grupos y organizaciones de todo tipo, que hacen sentir una voz clara y decidida de rechazo a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones; han surgido también las organizaciones de apoyo a las víctimas del delito; se establecen formas de cooperación entre vecinos para mejorar los sistemas de seguridad y autocuidado.

Es necesario seguir participando en forma muy concreta para dar alternativas de educación, capacitación y promoción a los jóvenes, entre quienes se manifiesta de manera particular la conducta delictiva, aun cuando las causas de esta problemática están en realidad en la sociedad en su conjunto.

b) Contaminación Ambiental — Defensa del Medio Ambiente

Todos los días padecemos los efectos de la contaminación en todo sentido. A pesar de los esfuerzos realizados, no se han alcanzado todavía los resultados esperados; son muchos los casos de enfermedades respiratorias;2 no se ha mejorado ni sustituido la tecnología de los hidrocarburos para la industria y los servicios.3 La Ciudad sufre constantemente la agresión irresponsable de la basura por todos lados, además de los desechos peligrosos sin control. Por otra parte, es alarmante la deforestación irracional de las zonas boscosas que paulatinamente desaparecen ante el crecimiento habitacional desordenado de la Ciudad.

Es esperanzador, en contraste con lo anterior, ver cómo han surgido iniciativas de la sociedad civil para responsabilizar a las familias, estudiantes y población en general en el mejoramiento del ambiente. Se trata de tener conciencia ante asuntos que frecuentemente se consideran ajenos a la vida moral, tales como afinar los motores de los autos, tirar la basura en el lugar adecuado, educar a los niños y jóvenes en el cuidado, mantenimiento y creación de parques y áreas verdes, entre otras cosas. Todavía hay mucho por hacer.

c) Agudización de la Pobreza — Lucha por su Erradicación

De los casi 9 millones de habitantes que hay en el Distrito Federal,4 se estima que 1 millón de personas viven en condiciones de pobreza extrema y 5 millones en pobreza moderada.5 Este es un hecho central de nuestra problemática social e histórica y de nuestro discernimiento creyente ante la realidad social que apela a la conciencia de todos. Todavía persiste la muerte por desnutrición y otro tipo de enfermedades previsibles.6 Numerosas familias carecen de vivienda digna7 y muchos adultos y mayores de quince años son analfabetas.8 Todo esto lo he atestiguado en diálogos y visitas pastorales.

El desempleo en la Ciudad de México es mayor que la media nacional.9 La economía informal se incrementa de manera notable; todos los días podemos ver llenas las calles de vendedores ambulantes que buscan el sustento de sus familias en condiciones realmente difíciles.10 La carestía de la vida afecta a todos pero muy especialmente a muchos trabajadores y empleados cuyos salarios resultan cada día más insuficientes.11

Casi la mitad de los habitantes del Distrito Federal carecen de seguridad social. En materia de enfermedades, persisten las infecto-contagiosas y respiratorias agudas; el SIDA afecta cada día a un número creciente de personas cuya atención es urgente. El cólera no se ha logrado erradicar.12 Son pocos los recursos que se destinan a la medicina preventiva, en tanto que la mayor parte se aplica a la curativa.13

Quiero enfatizar que, ante estas realidades negativas y sin desconocer el esfuerzo de las autoridades, las iniciativas de grupos, de organizaciones sociales y de instituciones de asistencia privada se han multiplicado en los últimos años dentro del marco legal y en colaboración con autoridades gubernamentales. Su trabajo incide de manera muy importante en todos los campos sociales en donde se manifiesta la pobreza. Son hechos de participación que hay que dar a conocer y fomentar cada día más.

Es urgente que las mismas familias, grupos y comunidades se organicen cada vez más para poner en marcha iniciativas de trabajo creativo; que las mismas comunidades vecinales atiendan y asistan a sus pobres en extremo: enfermos, ancianos, niños y madres solteras.

En este sentido es también urgente la participación de voluntarios profesionistas y estudiantes universitarios que quieran compartir su preparación para multiplicar la formación de los promotores sociales de las mismas comunidades marginadas y pobres; se trata de capacitar promotores de salud, de nutrición, de atención a niños y ancianos. Es necesario que los trabajos realizados en este campo por la sociedad civil aumenten y se consoliden en una concertación con el gobierno, que requiere cada vez más de sensibilidad para apoyar los esfuerzos de la sociedad organizada.

d) Grupos en Graves Dificultades — Esperanza de una Asistencia Social Renovada

Como cristianos sentimos compasión por el prójimo en necesidad. Existen en la Ciudad miles de indigentes,14 ancianos en graves dificultades15 y cientos de miles de indígenas que hacen de la capital la circunscripción en donde hay más indígenas en todo el país.16 Son miles los discapacitados cuyas condiciones en su conjunto sufren alta vulnerabilidad, están desprotegidos en materia social y al margen de los programas asistenciales.17

Ante estas realidades existen ya otras que muestran la gran capacidad de actuar en favor de los más pobres. Los invito a una más decidida y organizada participación social para erradicar la miseria y desarrollar programas de asistencia y promoción, colaborando con cualquier esfuerzo tendiente al propósito de la justicia.

e) Grupos Vulnerados — Signos de Compromiso Fraternal

Al circular por las calles de la Ciudad, en mi condición de Pastor, me duele mucho ver a tantos niños de y en la calle;18 saber de miles de menores maltratados19 y de tantas mujeres prostituidas,20 así como palpar que hay tantos adolescentes y jóvenes farmacodependientes.21 Tampoco se puede olvidar que en las grandes ciudades como la nuestra se multiplican también los indigentes con trastornos mentales.

No se puede vivir al margen de estas lacerantes realidades, como si estos hermanos pobres en extremo no existiesen. Me refiero a su pobreza y abandono. Verdadera, agotadora, interminable pobreza.

Me alientan todos los cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad que, en lo personal y sobre todo de manera organizada, están intranquilos y activos al ver a tantos hermanos que sufren. Con esperanza y con una extraordinaria caridad, los invito a seguir participando en todo esfuerzo de superación de los graves problemas sociales.

f) Servicios Públicos — Proyectos Innovadores

Cuando visito comunidades advierto que la distribución del agua es inequitativa; en algunas zonas el agua es de muy mala calidad y todavía se da un alto grado de desperdicio por instalaciones defectuosas o inconciencia de algunos. Por otra parte, la red vial primaria registra deficiencias y, circular en la Ciudad, se torna cada día más estresante y difícil.22

A pesar de que diariamente se recolectan toneladas de basura, en varias colonias se carece de este servicio;23 la propagación de enfermedades se incrementa y no se cuenta con programas para el reciclamiento de los desechos sólidos.24

Cabe también mencionar en este renglón que tan sólo en la Central de Abastos, el mayor mercado de toda la Ciudad, el desperdicio de alimentos perecederos asciende a 800 toneladas diarias. Un signo positivo de organización participativa para enfrentar este problema son los bancos de alimentos que ya existen en la Ciudad y en otras partes del país.

Por ejemplo, el Banco de Alimentos de Caritas acopia un promedio de 350 toneladas mensuales que benefician a casi 46,000 personas diariamente. Sin embargo, todos los días se desperdician alrededor de 800 toneladas; si se potenciara la participación ciudadana en este renglón, miles de personas más se podrían ver beneficiadas diariamente. Con participación decidida, sostenida, organizada y responsable podemos erradicar los diversos problemas de desnutrición en nuestra Ciudad.

Esta meta es posible porque hay muchos corazones generosos y grandes capacidades de organización y fuerza social. Esperamos que el marco legal apoye estas acciones. Este es un claro ejemplo de cómo la democracia participativa puede impulsar la representatividad.

g) Violación a los Derechos Humanos — Cultura Humanizante

En su informe anual de 1996, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal menciona que ha habido diversos tipos de violación a los derechos humanos, entre los que destaca la dilación en la procuración de justicia, el ejercicio indebido del servicio público, la integración irregular de la averiguación previa y otros.25

De lo anterior se desprende que los eventos represivos más frecuentes se sitúan en los campos político (violencia ejercida contra personas por diferencias políticas) y policiaco (alto número de casos de abuso y persistencia de prácticas de tortura).

Me consuela saber que en los últimos años se ha ido creando una amplia cultura de los derechos humanos entre los niños, jóvenes, vecinos, estudiantes y profesionistas. Cada ciudadano debe conocer sus derechos y ser el primero en protegerlos. Es necesario participar para crear más comités de defensa de los derechos humanos.

h) Desastres — Fraternidad Ciudadana

El Distrito Federal está en desventaja ante los desastres naturales. Es altamente vulnerable. El riesgo de los daños por siniestro se ha incrementado. Existen muchos puntos de alto riesgo en la Ciudad (gasolineras, gasoductos, zonas de hundimiento y derrumbe, y la faja sísmica).26 Debido a la inmensidad de la Ciudad, entre otras cosas, no es fácil definir una política clara de protección civil.27

Como Obispo, animador de la caridad, los invito a educarnos en la prevención de los desastres y en la autoayuda de la población en casos de desastre. Los terremotos de 1985 nos recuerdan que la población civil es capaz hasta el heroísmo— de ayudar al hermano en desgracia; sin embargo, se requiere de una educación y organización adecuadas que hagan posible una participación mejor, potenciando así los recursos y personal específico de la protección civil.

i) Inconvenientes de Vivir en la Ciudad — Renovación del Espíritu

Por último, no quiero dejar de mencionar una problemática más específicamente cultural en su referencia a los valores, si bien es cierto que en los problemas anteriormente señalados están en juego muchos temas de la moral humana y cristiana.

El vivir en la ciudad genera, frecuentemente, rasgos de personalidad de individualismo, prepotencia, afán de anteponerse a los demás, nerviosismo intolerante, entre otras cosas. Vivir en la Ciudad de México permite acceder a un gran patrimonio histórico y a multitud de posibilidades, pero resulta muy desgastante y riesgoso para el equilibrio emocional y espiritual de la personalidad.

En las parroquias, escuelas y otros centros comunitarios sé muy bien que se crean espacios familiares y amistosos de personalización, de comunicación, de autoestima, de trabajo en grupo y en equipo, de recreación sana, de aprendizaje o reaprendizaje vivencial de valores tales como la dignidad de la persona humana, el espíritu de justicia, la honestidad, la paz y la fraternidad. Todo esto nos invita a una mayor y mejor participación social.

La dimensión religiosa de la persona está en la base misma de las grandes y graves crisis de la humanidad contemporánea. Los habitantes de la Ciudad de México no pueden escapar a esta dimensión.

La motivación religiosa es fuente de la más genuina y auténtica participación social. Es necesario recuperar como algo propio la enorme riqueza religiosa que hemos heredado; hace falta reencontrar un sentido de profundidad y celebrativo que nos identifique en la vida social y cultural.