3.
UN NUEVO Y VIGOROSO PROYECTO MISIONERO
42.
La Ciudad de México es una metrópoli cambiante, ya el
II Sínodo replanteó la necesidad de renovar a fondo la
misión pastoral de la Arquidiócesis.
43.
Esta renovación pastoral se logrará en la medida en que
a la acción evangelizadora se le dé un verdadero sentido
misionero. Dice Jesús a sus Apóstoles, a quienes confía
la tarea de ir a predicar el Evangelio a toda creatura: "Como mi
Padre me ha enviado, así los envío yo a ustedes"
(Jn 20, 21). Éste es el fundamento de la misión de la
Iglesia para comunicar la salvación de Dios a todos los hombres
y mujeres, en todos los tiempos y en todos los lugares (DG 35-36).
44.
La acción evangelizadora de la Iglesia compromete a todos los
bautizados, pero en forma mucho más urgente a los Agentes
de la evangelización: junto con los Obispos, con los Presbíteros,
con los Diáconos y demás personas de vida consagrada,
son los Laicos los que, en medio de las realidades seculares, han de
llevar con su vida, con su trabajo, con su oración y testimonio,
el mensaje de Jesús a los ambientes en que desarrollan su actividad.
Un cristiano, al vivir profundamente la unidad en la fe y en el amor,
es misionero en cuanto miembro de la Iglesia, ante todo por lo que es
y no por lo que dice o realiza (Cf. RM 23) (DG 37).
45.
La acción misionera, en nuestro medio, debe estar dirigida con
mayor atención hacia los cristianos que se han debilitado en
su fe o que, por causas no del todo conocidas, incluso ya la han abandonado:
en este caso es necesaria una "Nueva Evangelización"
o "re-evangelización" (DG 38).
|
46.
Una forma de responder al reto que plantea la Nueva Evangelización
entorno a los alejados de la Iglesia, ha sido una evangelización
intensiva, con un renovado espíritu y organización
misionero, en continuidad con las prioridades del II Sínodo
Arquidiocesano y dando seguimiento a sus programas pastorales.
- para
que sea difundida y vivida la fe en los campos en que ahora
está ausente,
- para
que se revitalice la vocación apostólica de
los Agentes
- y
el espíritu de servicio de las instancias pastorales,
de tal manera, que fortalecido el proceso pastoral, de dimensión
misionera, mayor organicidad y sentido catecumenal de anuncio,
formación en la fe y compromiso, éste se convierta
en la forma habitual de nuestra práctica pastoral (IPM
9).
|
|
47.
El punto anterior es la esencia de la opción pastoral de la Arquidiócesis
de México, que recibió un impulso con la Misión
2000, y que ahora como forma habitual de nuestra práctica pastoral
se llama Misión Permanente (CPM 47).
|
Nueva
en su ardor
Jesús
nos llama a renovar nuestro ardor apostólico.Para esto
envía su Espíritu, que enciende hoy el corazón
de la Iglesia. El mejor evangelizador es el santo, el hombre de
las bienaventuranzas. Una evangelización nueva en su ardor
supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una
recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu,
genere una mística, un entusiasmo incontenible en la tarea
de anuncia el Evangelio y capaz de despertar la credibilidad para
coger la Buena Nueva de la Salvación (SD 28).
Nueva
en sus métodos
Nuevas
situaciones exigen nuevos caminos para la evangelización.
Se ha de emplear, bajo la acción del Espíritu creador,
la imaginación y creatividad para que de manera pedagógica
y convincente el Evangelio llegue a todos. Ya que vivimos en una
cultura de la imagen, debemos ser audaces para utilizar los medios
que la técnica y la ciencia nos proporcionan, sin poner
jamás en ellos toda nuestra confianza.
Por
otra parte es necesario utilizar aquellos medios que hagan llegar
el Evangelio al centro de la persona y de la sociedad, a las raíces
mismas de la cultura (SD 29).
Nueva
en su expresión
Jesucristo
nos pide proclamar la Buena Nueva con un lenguaje que haga más
cercano el mismo Evangelio de siempre a las nuevas realidades
culturales de hoy. La Nueva Evangelización tiene que inculturarse
más en el modo de ser y de vivir de nuestras culturas.
(urge aprender a hablar según la mentalidad y cultura de
los oyentes, de acuerdo a sus formas de comunicación y
a los medios que están en uso; SD 30).
|
|
ASPECTOS
DE LA PASTORAL ARQUIDIOCESANA

Pastoral
Misionera
48
La misión involucra a todos los bautizados, y con más
fuerza a todos aquellos que ya han puesto la mano en el arado para construir
una civilización del amor. Toda acción evangelizadora
tiene que tener un sentido misionero, es decir, el servidor del Reino,
debe asumir su ser misionero.
49.
No importando el servicio que se preste en la comunidad, (sacerdote,
catequista, MECE, grupos juveniles etc.) debe hacerse como hijos de
Dios enviados por Jesús a anunciar la Buena Nueva.
50.
La labor de las comunidades y miembros de la Iglesia arquidiocesana,
debe tener un marcado acento misionero para no dejarnos absorber únicamente
por acciones de servicio al interior de la comunidad cristiana; sino
para salir a compartir el Evangelio, hecho vida, como respuesta a las
necesidades y problemática del hombre de hoy en nuestra Ciudad.
A continuación se presentan algunos aspectos importantes aspectos
para que la pastoral misionera llegue a ser una realidad en nuestra
comunidad católica arquidiocesana.
Pastoral de Encarnación
51.
Cristo Jesús, se encarnó y tomó la condición
humana, "haciéndose semejante a los hombres", "probado
en todo menos en el pecado" (Fil 2,7; Hb 4,15) La acción
pastoral debe buscar constantemente insertarse en la vida (DG 44).
52.
Para ello, el evangelizador debe experimentar:
- Conversión
personal, de la mente y del corazón.
- Cambio
en el modo de actuar y de relacionarse con los demás.
- Vivir
para compartir con los demás:
- Docilidad
al Espíritu Santo,
- Una
vida de gracia,
- Oración,
- Alimentarse
de la Eucaristía,
- Reconciliación,
- El
Pan de la Palabra,
- Reflexión
y la meditación (DG 45).
53.
Toda acción evangelizadora tiene su fundamento en la acción
del Espíritu Santo. Jesús lo envía como fuego para
transformar interiormente a los discípulos y hacerlos sus enviados.
Esta obra de instauración del Reino es el designio amoroso del
Padre.
54.
Procuremos profundizar ese plan de Dios para que, como discípulos
y comunidad creyente, respondamos a las exigencias de la Misión.
55. No
olvidemos el fundamento de nuestro apostolado (Cf. 1Cor 3, 9-11):
- una
conciencia profunda de ser instrumentos del Amor del Padre;
-
la
convicción de que sólo Cristo, por su muerte y resurrección,
es el mensaje personal del Padre que nos redime, encomendándonos
el anuncio de esta Buena Noticia, y
- la esperanza
inquebrantable en la acción del Espíritu que actúa
en todos.
56. La
meditación constante del porqué y para qué somos
elegidos y enviados retroalimenta nuestra alegría y nuestra fuerza.
Pastoral
de Testimonio
57. La
acción pastoral requiere de la fuerza del propio testimonio cristiano
del evangelizador (DG 47).
58. Debemos
poner en práctica la enseñanza de Jesús en medio
de nuestros ambientes cotidianos, esto es el anuncio implícito
del Evangelio. El compromiso de cada uno en la misión como miembros
de la Iglesia es parte del llamado a la santidad. La gente de nuestro
tiempo no se conforma con oír hablar de Jesús: quiere
descubrir su rostro en los evangelizadores que se esfuerzan por vivir
diariamente como integrantes de la comunidad de Jesús, al modo
de la Virgen María y los santos (CPM 30).
59.
El testimonio no sólo debe ser personal, también se debe
dar testimonio como comunidades eclesiales -familias, comunidades menores,
parroquias, etc- Se puede decir que, sin comunidades verdaderamente
evangelizadas y evangelizadoras que den un testimonio claro y coherente,
no es posible la inculturación del Evangelio (DG 52).
60.
La práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano
debe caracterizar la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación
pastoral. Nuestra Iglesia arquidiocesana debe hacer suya la opción
preferencial por los pobres, para ser signo del amor providente y misericordioso
de Dios y para seguir sembrando en la ciudad las semillas del reino
sembradas por Jesús cuando en su vida terrena atendía
a cuantos recurrían a él para toda clase de necesidades
espirituales y materiales (NMI 49) (CPM 89).
Pastoral
de Diálogo
61.
Inmersos como estamos en una gran ciudad con una multiplicidad de culturas,
hemos de estar siempre atentos a los desafíos que esta sociedad
plural ofrece a la Iglesia arquidiocesana. En el constante diálogo
con estas culturas, la parroquia irá configurando los elementos
nuevos de su identidad pastoral (PCT 5).
La evangelización de la cultura lleva en sí misma el esfuerzo
de descubrir las "semillas del Verbo" en lo positivo de la
realidad que vivimos, para así dejarnos evangelizar por el Espíritu
que, de esa forma, está allí presente como primer testigo
de Jesús y primer evangelizador (Cf. EN 41). La Iglesia, cuando
evangeliza, busca encarnar los valores evangélicos en pleno respeto
a la realidad presente (DG 53).
62.
La actitud de la Iglesia debe hoy examinar con sinceridad y sencillez
las deficiencias de las que se acusa a sus miembros y estructuras; escuchar
con atención las expectativas que los hombres tienen respecto
a ella y así, mediante una renovación al interior de sí
misma, prestar al mundo el servicio para el cual fue convocada por Cristo
y animada por su Espíritu. La misión de la Iglesia no
es huir del mundo ni condenarlo, sino estar presente en el mundo y prestarle
el servicio de la unidad a base de acercar a los hombres, respetando
siempre la pluralidad de caminos que ellos van encontrando para llegar
a la verdad. Será entonces cuando los hombres, viendo el bien
que hace la Iglesia, podrán glorificar al Padre que está
en los cielos" (Cuarta Carta Pastoral Nº 5. 25 de Marzo de
l983).
63.
La Iglesia particular de México quiere ser sacramento de Cristo
sobre todo por su vida testimonial, dedicada al servicio de la promoción
integral del hombre desde el compromiso de la fe en Jesucristo resucitado;
quiere vivir e irradiar la caridad en la asistencia social renovada,
en el servicio promocional para fortalecer la sociedad civil, en la
defensa de los derechos humanos, en el anuncio de la fe, en la celebración
de los sacramentos, en la promoción de un laicado más
comprometido para el servicio misionero en favor de todos sus hermanos,
especialmente de los que no conocen a Cristo o de quienes se han alejado
de Él.
64.
Esta Iglesia, en la aceptación de sus limitaciones y errores
y consciente de ser depositaria y portadora del Evangelio, quiere ser
agente de diálogo en la búsqueda de los medios más
aptos para la construcción del Reino de Dios, con todos los cristianos,
con otros creyentes, con los no creyentes, siempre en pleno respeto
a las personas y a las instituciones.
65.
Todo esto nos compromete a trazar un Nuevo y Vigoroso Proyecto Misionero
que el II Sínodo de la Arquidiócesis de México,
don especial del Espíritu y acontecimiento de gracia, nos ha
ayudado a discernir; en este "proyecto global y orgánico
habrán de integrarse y participar todos los miembros de esta
Iglesia particular, orientando sus diversos dones y carismas a la Nueva
Evangelización de nuestro pueblo, sin olvidar nunca la misión
universal" (SD 57) (DG 57-60).
CUESTIONAMIENTO PARA EL QUE HA SIDO
LLAMADO
66.
En el Apocalipsis del apóstol San Juan hay una palabra que puede
ayudarnos a entender cómo ve el Señor a quienes nos llama
a colaborar en su obra: "Yo sé todo lo que haces; conozco
tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar
a los malvados... Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa
sin desmayar. Pero tengo una cosa que reprocharte: que dejaste enfriar
el primer amor" (Ap 2,2-4).
67.
El Señor reclama a la Iglesia de Éfeso que ha perdido
el primer amor y la invita a volver a él. Así podrá
mantener su lugar de metrópoli religiosa.
68.
También hoy, el Señor podría dirigir el mismo "reproche
amoroso" a algunos de sus elegidos, en especial a quienes ha confiado
ser pastores de un Comunidad. Ciertamente reconoce el trabajo desgastante
de la parroquia; reconoce la defensa de la grey ante los malvados; reconoce
y agradece todas las fatigas y cansancio a favor de los que Él
les ha encomendado cuidar y acompañar. Pero, hay un pequeño
detalle que les descubre al hablarle a cada uno: "ya no tienes
el mismo amor que al principio".
69.
El inicio de toda misión, de toda tarea evangelizadora, debe
comenzar volviendo al amor primero. Sólo retornando al fervor
del primer encuentro, se es capaz de reavivar esfuerzos, que superen
los años que se cargan encima, los fracasos y aún las
miserias propias. Para emprender una nueva misión hay que volver
al lugar de aquel encuentro que dio la capacidad de dejarlo todo (Cf.
Mt 4,18-22), para ir al seguimiento del Señor:
"Así
dice el Señor: Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño
de joven esposa, cuando me seguías por el desierto, por una tierra
sin cultivar" (Jer 2, 2).
70.
El primer paso de la misión no consiste en salir a la búsqueda
de la oveja perdida, sino en dejarse reencontrar por el amado. ¡Que
el Espíritu Santo suscite en nosotros la disposición de
regresar a las manos amorosas del alfarero! (Cf. Jer 18, 6) (Arquidiócesis
de México, formadora de misioneros, 1998).
Apartados
1
| 2
| 3
| 4
| 5
| 6
| 7
| Índice
| PDF