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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

4. CRITERIOS PASTORALES

71. En los documentos del proceso postsinodal se han dado un conjunto de orientaciones frecuentemente con el nombre de "criterios pastorales" para hacer efectiva la puesta en práctica del II Sínodo Diocesano. Aquí presentamos una síntesis de ellos.

EVANGELIZACIÓN DE LAS CULTURAS

72. El Plan Pastoral de la Arquidiócesis se encuentra fundamentalmente plasmado en el Decreto General del II Sínodo Diocesano con su variedad de elementos: las realidades de nuestra Gran Ciudad; el desafio permanente de evangelizar las culturas presentes en esta ciudad; la iluminación a través de un nuevo y vigoroso proyecto misionero; la opción prioritaria sinodal vista desde cuatro enfoques (familias, jóvenes, alejados y pobres); los grandes pasos del proceso evangelizador (conversión, inserción en la comunidad, compromiso eclesial); la exigencia de la formación de agentes; la renovación de las estructuras de servicio pastoral (IP 37).

SER SANTOS EN LA CIUDAD: CONVERSIÓN PERSONAL

73. Para llevar a efecto la tarea de la evangelización se requiere de todos nosotros un renovado compromiso apostólico que nos convierta en animadores decididos y entusiastas de las diversas acciones que habrán de dar continuidad al proceso de evangelización de las culturas en esta Ciudad. El seguimiento a Jesús exige de sus discípulos un perseverante encuentro con Él y una actitud de conversión para ser sus testigos en los ambientes en que cada uno compromete su vida por el Evangelio (FALAE 58).

74. Consecuencia natural de lo apenas dicho es que seremos Iglesia evangelizadora si los laicos, los consagrados, los diáconos, los presbíteros y los obispos hacemos realidad la conversión evangélica concretizada en la conversión pastoral.

75. La conversión es creíble si se traduce en actitudes y acciones de caridad tales como renunciar a sí mismo, perseverar en la oración, creer en el poder de Dios, construir relaciones fraternas y de comunión, estar siempre dispuestos al perdón, ejercer la autoridad como servicio, realizar lo ordinario y extraordinario con la actitud de ofrendar la vida a Dios a través del servicio a los hermanos.

76. Una renovación así vivida responde a la profunda hambre de Dios con la que diariamente viven y luchan los habitantes de esta gran ciudad. No aspiramos a una transformación que sólo nos haga sentir satisfechos y con la conciencia tranquila; ni a una imagen agradable sólo pensada para la opinión pública. El llamado de Cristo, el Señor, es radical: para ser instrumentos de salvación tenemos que ser testigos creíbles de su Amor, lo que sólo es posible caminando y actuando cotidianamente con Jesucristo y como él lo hizo (PCT 26-28).

ORAR PARA EVANGELIZAR

77. Antes de mirar hacia el futuro en términos inmediatamente operativos, hemos de profundizar la contemplación del misterio de Cristo orante (Cf. NMI 16) La oración para Jesús era: encontrarse en la soledad con su Papá, diálogo amoroso entre Padre e Hijo, alabanza y bendición por el modo como su Padre actuaba, abandono confiado a la voluntad paterna, reclamo amoroso ante la profundidad del sufrimiento, súplica de perdón e intercesión a favor de sus hermanos, petición y consagración de sus discípulos.

78. El camino de espiritualidad apostólica para los misioneros y misioneras del tercer milenio arranca del discernimiento en un clima de oración y disponibilidad. Dar prioridad a la oración personal y comunitaria significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. Dios nos pide una colaboración real a su gracia, pero sin Cristo nada podemos hacer (Cf. Jn 15,5).

79. La verdadera oración nace de la inspiración del Espíritu Santo que nos mueve a dejarnos amar por el Padre de nuestro Señor Jesucristo, a quien el creyente desea corresponder. Es atracción, es adhesión, es amor, es disponibilidad. Con este espíritu debemos esforzarnos por celebrar la Eucaristía, culmen y fuente de la vida cristiana.

80. Una oración así practicada se convierte en el ámbito donde debe ser captado tanto el proyecto del Padre como el rostro y las voces de la ciudad. De este discernimiento en clima de oración deberán brotar fervientes propósitos y líneas de acción concretas en el nivel de cada templo, de los decanatos, de las vicarías y de la Arquidiócesis en torno al obispo.

81. Es el momento para que cada comunidad analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso pastoral animados por el Espíritu de Dios. Es así como las experiencias vividas deben suscitar un dinamismo renovado, empujándonos a emprender nuevas iniciativas y a tomar compromisos apostólicos organizados como un instrumento concreto de corresponsabilidad eclesial (Cf. NMI 15) (CPM 32-36).

ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

82. Para ser fieles al designio de Dios y a las profundas esperanzas de quienes viven en esta ciudad trataremos de hacer de nuestra Iglesia la casa y la escuela de la comunión. Este es el principio educativo en todos los lugares donde se forma cualquier persona y donde se construyen las familias y las comunidades y es el principio animador de toda programación pastoral (Cf. NMI 43).

83. Esta espiritualidad nace de la contemplación del misterio de la Trinidad que habita en nosotros y en cada prójimo. Se proyecta en el descubrimiento del lugar que cada uno tiene en la Iglesia, de lo positivo que hay en toda persona para acogerlo y valorarlo como don de Dios y de la vocación a caminar juntos, compartiendo las cargas de la vida (Id.)

84. Necesitamos cultivar y ampliar diariamente los espacios de comunión entre obispos, presbíteros y diáconos, entre pastores y todo el pueblo de Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales, favoreciendo la escucha recíproca, aportando la propia voz en orden a tomar opciones ponderadas y compartidas, respetando los campos de competencia, con reglas claras y precisas para la participación, manteniéndonos unidos en todo lo esencial (NMI 45) (CPM 37-39).

VARIEDAD DE VOCACIONES

85. La unidad de nuestra Iglesia arquidiocesana quiere integrar orgánicamente las legítimas diversidades, que a la vez constituyen un aspecto de la gran riqueza de nuestra Arquidiócesis. Es necesario insistir en la necesidad de impulsar a todos los bautizados y confirmados para que tomen conciencia de la propia responsabilidad en la vida eclesial.

86. Enraizados en la riqueza nueva recibida en el sacramento del bautismo hay que trabajar en la promoción de las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagración, en forma amplia y capilar y en la oración para que cada bautizado responda a su vocación específica por la causa del reino.

87. De igual forma, debemos descubrir y alentar la vocación propia de los laicos llamados a trabajar por el reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y empeñándose por evangelizarlas y santificarlas ordenándolas según Dios (Cf. LG 31).

88. Con la conciencia de que no debemos extinguir el Espíritu (Cf. 1 Ts 5, 19-21) tenemos que promover las asociaciones y movimientos apostólicos para que actúen en plena sintonía eclesial, en espíritu de comunión y en obediencia a las directrices de los pastores (NMI 46) (CPM 40-43).

TESTIMONIO DE LA VIDA CONSAGRADA

89. La participación de la vida consagrada en el proceso pastoral arquidiocesano es indispensable. Son numerosos los ambientes de la ciudad donde los consagrados hacen presente el Evangelio y es considerable el número de comunidades parroquiales que se ven favorecidas por su participación en acciones pastorales específicas. Busquemos constantemente el acercamiento y la comunión pastoral con las personas y Comunidades de Vida Consagrada que son parte viva de la Iglesia diocesana (PCT 50).

LAS COMUNIDADES DE VIDA CONTEMPLATIVA Y LA ACCIÓN PASTORAL

90. Las Comunidades de Vida Contemplativa son una riqueza para la Iglesia arquidiocesana y un apoyo eficaz para los agentes de evangelización. Su testimonio ha sido y es motor para la acción misionera de la Iglesia, e inspiración para recurrir constantemente a la Eucaristía, fuente de donde proceden todos los dones y la eficacia de nuestras acciones. Además, la presencia de los hermanos y hermanas de Vida Contemplativa son la memoria de la Iglesia que nos remite a nuestra vocación definitiva en el Reino (PCT 51).

CAMINAR HACIA LOS MINISTERIOS. LA PARROQUIA, ESPACIO DONDE ONFLUYEN CARISMAS

91. De ahí que los ministerios son un don del Señor a la comunidad de creyentes y una exigencia de fidelidad a la vocación de servicio que debe caracterizar a los seguidores de Jesús de Nazaret. La razón más profunda de este don y de esta exigencia radica en el hecho de la apostolicidad y de la sucesión apostólica de la Iglesia. Por lo mismo, los ministerios son a la vez comunitarios y carismáticos.

92. La Iglesia particular de la Arquidiócesis de México tiene que ir discerniendo la actualidad de que, junto con el ministerio ordenado, pueden florecer otros ministerios, instituidos o simplemente reconocidos, para el bien de toda la comunidad, respondiendo a sus múltiples necesidades: de la catequesis a la animación litúrgica, de la educación de los jóvenes a las más diversas formas de la caridad (NMI 46) (CPM 72-73).

93. La maduración de una comunidad cristiana que emprende el proceso de evangelización, proclamando el primer anuncio, acompañando los procesos de reiniciación cristiana y ofreciendo la catequesis adecuada a los distintos grupos de la comunidad, desemboca siempre en el apostolado. Este caminar pide a la comunidad discernir y madurar los diferentes carismas sembrados por el Espíritu, encauzándolos a los diversos servicios que respondan a las necesidades existentes.

Nivel 1

ACTIVACIÓN CONCRETA

En este sentido las parroquias, las comunidades educativas, los movimientos y otros grupos o estructuras de trabajo directo son las responsables de este nivel. Se trata de programar acciones concretas, en tiempos determinados.

 
Nivel 2

PROGRAMACIÓN,
COORDINACIÓN

Proponer la combinación de recursos para que el Nivel 1 cuente con el apoyo suficiente.

Los decanatos, los grupos naturales de coordinación, sean territoriales o funcionales, tienen a su cargo este nivel. Se trata de buscar la complementariedad de las acciones.

Nivel 3

SISTEMATIZACIÓN

Integración en planes de sentido orgánico de los programas distintos por la naturaleza tan diversificada de la realidad sociocultural de la Arquidiócesis. Son las Vicarías territoriales y los organismos de acción las estructuras propias de trabajo de este nivel. Se trata de definir objetivos, de crear consensos de mentalidad y enfoque sobre las líneas de acción.

 
Nivel 4

DIRECCIÓN
LINEAS DIRECTRICES

Señala el rumbo de la pastoral de conjunto.
Arzobispo, su Consejo Episcopal, y sus organismos de consulta.

94. Siempre es saludable favorecer la participación de un número mayor de miembros de la comunidad, otorgándoles oficialmente responsabilidades definidas y estables. Quien ejerce algunos de estos servicios, madura su adhesión a Cristo, colaborando en el fortalecimiento de la Iglesia.

95. Los carismas tienen un camino de desarrollo en las diversas agrupaciones o movimientos laicales. La presencia de estos grupos es riqueza para la comunidad eclesial. En la parroquia debe existir un reconocimiento y apoyo a las organizaciones laicales para que su patrimonio espiritual y pastoral se complemente con los otros carismas presentes en la comunidad parroquial al servicio de la evangelización. La oración en común y el diálogo sobre el contenido del plan pastoral diocesano son medios de acercamiento para lograr un trabajo de conjunto (PCT 47-49).

CORRESPONSABILIDAD EN LA PLANEACIÓN, SUBSIDARIEDAD Y PASTORAL ORGÁNICA

96. Los fieles laicos, los clérigos y los miembros de la vida consagrada han de trabajar en armonía y complementación, ya que ambos conforman el Cuerpo Místico de Cristo y "a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está el servicio de los demás" (Rm 12, 4-5); "en este cuerpo hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo, hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don que es también un servicio (FALAE 60).

97. Para ubicar el sentido de la participación de cada uno de la participación de cada uno de los involucrados y su necesaria complementariedad se mencionan a continuación los diferentes niveles de la planificación pastoral (HPPAM 41-45).

98. Vamos a procurar que la planificación pastoral ponga en marcha estos diversos niveles de acción de manera dinámica, de modo que se propicie más que un plan, una acción planificada a lo largo de los próximos cuatro años de trabajo evangelizador (HPPAM 41-44).

99. Por ello es necesario que cada uno de los niveles (arquidiocesano, Vicarial, Decanal, parroquial) revitalice su propio compromiso y que los responsables de los mismos favorezcan la participación específica de los diversos implicados (IPM 39).

100. Los responsables de los diversos niveles, comunidades de evangelización, parroquias, decanatos, vicarías, en corresponsabilidad con sus equipos, analicen a qué ambientes y a qué tipos de personas no han llegado y cuáles son los campos más necesitados de evangelización, para programar actividades por las cuales se vaya llegando a ellos de forma organizada (CPM 59).

101. La pastoral de conjunto exige realizar acciones en común, apreciar la riqueza de los demás, que los límites territoriales no signifiquen prácticas pastorales con criterios muy distintos y hasta opuestos entre sí. La peculiaridad de cada parroquia no se opone a vivir una armonía pastoral entre las parroquias, para dar testimonio del sentido de Iglesia diocesana. La pastoral orgánica es todavía una meta por alcanzar (PCT 108).

FLEXIBILIDAD PASTORAL

102. Manifestación del nuevo estilo de vida urbano es también el fenómeno de la movilidad humana. Aunque el territorio continúa siendo distintivo, la parroquia tiene su principal punto de referencia en las personas. Hay que sacar las consecuencias de esta realidad y, con audacia, poner en práctica un nuevo dinamismo de relaciones que tenga como objetivo generar procesos de evangelización y crecimiento en la fe de los diversos ambientes.

103. Enfrentar este desafío requiere de "flexibilidad pastoral", entendida como una nueva actitud y nueva práctica evangelizadora. La pastoral parroquial no puede continuar condicionada sólo por la personalidad del párroco o por los laicos de siempre, o por la consideración absolutista de los límites territoriales sin que se haga el esfuerzo de ir más adelante.

104. En los pastores significa una disposición para atender fraternalmente a todas las personas con las que entra en contacto, independientemente que vivan o no en el territorio parroquial que tiene encomendado. Los fieles reiteradamente piden una actitud más disponible de los pastores. Necesitan que la parroquia sea el lugar donde las personas se sientan acogidas, no quieren una atención burocrática o administrativa, sino encontrarse con un real interés por el bien de cada persona. Es necesario romper con la mentalidad de ofrecer sólo "servicios religiosos", para recorrer el camino de construir un ambiente comunitario que sea escuela de fe y servicio.

105. Para los agentes laicos de evangelización quiere decir adecuar la organización parroquial con una atención de horarios diversos, para los distintos destinatarios y, cuando sea necesario, personalizado. Quiere decir, además, formarse sistemáticamente para hacer presencia del Evangelio en los distintos ambientes de la realidad social donde se mueven y aprender a trabajar en complementariedad con los demás agentes de pastoral parroquial (PCT 33-36).

PLURALIDAD DE PROCESOS

106. La misión evangelizadora ha de ser concebida como proceso de procesos diversos. Lo importante es realizar un esfuerzo común y trabajar unidos por los mismos criterios (IPM 44).

DIALOGAR CON EL LENGUAJE DE LA CIUDAD

107. Ante la saturación de lenguaje simbólico y de imágenes debemos entrar con la propuesta concreta de los valores evangélicos, con toda la riqueza que ofrecen los recursos del Espíritu que inspiró las santas Escrituras y valiéndonos de los profesionales creyentes que se mueven en el mundo de los medios de comunicación. Asimismo debemos impulsar el lenguaje testimonial evangélico de las familias, de los jóvenes, de los profesionistas, de los servidores públicos y de cada creyente, entendido este testimonio como una vida inspirada en la fe en Jesucristo (PCT 38).

CONTINUIDAD EN EL PROCESO PASTORAL

108. Reafirmar e impulsar la dimensión misionera, la mayor organicidad y el sentido catecumenal, como características en que se ha de cimentar nuestra renovada actitud pastoral (MP 30).

109. Aún en sus limitaciones, el proceso de una comunidad merece respeto y siempre debe ser tomado en cuenta para cualquier desarrollo futuro. Para ello será muy conveniente que la parroquia tenga su plan de trabajo, que pueda ser asumido por quien sea enviado a presidir esa comunidad. (PCT 39). Esto fortalece la continuidad del proceso evangelizador que hemos emprendido con sentido misionero, dentro de una más vigoroza pastoral de conjunto que oriente las exigencias de la conversión y los cambios exigidos a todos, tanto a las personas como a las estructuras (MP 9). Los aspectos clave para la continuidad se detallan en el plan pastoral del 2001.

METODOLOGÍA PASTORAL

110. Para todas las instancias eclesiales es necesario fomentar la cultura de la planeación pastoral. No se trata de implantar un único método, sino de evitar la improvisación y la repetición inconsciente. Hay que superar, igualmente, el inmediatismo y lograr horizontes de trabajo más amplios, en cuya definición participen, a distintos niveles, todos los agentes de pastoral.

111. Con el fin de potenciar los planes pastorales de las parroquias, foméntese entre los párrocos, bajo el impulso del decano y su equipo, el intercambio de experiencias y de subsidios, de tal manera que esto vaya consolidando entre todos los agentes la comunión y participación (CPM 60-61).

112. El sujeto de la misión es toda la Iglesia, pero con carismas y servicios diferenciados y en corresponsabilidad de funciones (cf. DP 1308).

113. Debemos insistir en la necesidad de formar equipos eclesiales, de tal modo que haya espacio para que se integren los diferentes carismas con vistas a la Misión, especialmente el carisma propio de los laicos.

114. Tenemos que impulsar la complementariedad interparroquial, por la que unas parroquias compartirán su proceso y sus equipos misioneros con otras que los necesiten. Esto no significa que ninguna parroquia tiene que frenar su proceso pastoral evangelizador, sino que todas deben abrirse a la riqueza que proviene de compartir lo propio con otras comunidades.

115. El Decano será como el catalizador que favorezca dicha apertura eclesial y el Decanato un espacio fraterno para promover acciones comunes o interparroquiales (IPM 41-43).

PEDAGOGÍA PASTORAL

116. Las acciones extraordinarias y significativas, deben estar programadas de tal manera que no sólo tengan un logro inmediato en los destinatarios, sino que también transformen el modo ordinario de llevar a cabo la pastoral arquidiocesana, como por ejemplo la Misión permanente (IPM 45).

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