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Vicaría      de Pastoral

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6. LAS LINEAS DE ACCIÓN DEL PROCESO PASTORAL ARQUIDIOCESANO

153. En este apartado se expondrán las diferentes líneas de acción propuestas por el II Sínodo, así como los elementos y acciones que se han ido puntualizando el proceso postsinodal.

154. Se ha estructurado la presentación de los medios señalados en el proceso pastoral de acuerdo al proceso evangelizador: Primer anuncio (conversión), Catequesis (Inserción en la Comunidad), Apostolado (Compromiso Eclesial).

A. EL CAMINO DE LA CONVERSIÓN. LA ACEPTACIÓN DE CRISTO

Testimonio

155. El primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios y al prójimo. Será, sobre todo, mediante su conducta y su vida como la Iglesia evangelizará al mundo: fidelidad a Jesucristo, pobreza y despego de los bienes materiales, libertad ante los poderes del mundo (EN 41).

156. La Iglesia cumple su misión cuando sus comunidades y personas se convierten, por su estilo de vida y de servicio, en signos de la presencia del Reino, en testigos de la acción y presencia del Resucitado. Es una forma intensa y sumamente creíble de misión (Cf. DG 112-124). El testimonio de lo que se cree y se vive es la maduración de la vocación bautismal en el cristiano. El servicio es la expresión natural de su fe. Por esto podemos decir que el testimonio de la caridad forma parte primera y principal del trabajo evangelizador de la Iglesia (MP 75).

157. Se trata de ayudar a toda la comunidad a poner la caridad en el centro del testimonio cristiano, de modo que las personas aprendan a servir a su Señor que está presente en los pobres concretos, que están en el territorio donde las familias viven, estos son parte de la comunidad.

158. Más allá de la ayuda espiritual y organizada por la comunidad cristiana para servir a Cristo en los pobres, la caridad exige también y sobre todo, recibirlos y verlos como personas, insertándolos en una comunidad de vida y de afecto (MP 78-79).

159. El testimonio es servicio caritativo en sus más variadas expresiones: beneficencia, educación, cultura, promoción humana, etc. La praxis cristiana debe ser entendida sobre todo como servicio de la caridad (MP 80).

160. Una acción pastoral tiene verdadero sentido evangelizador si quien la realiza lleva la fuerza de su propio testimonio cristiano (DG 47).

Promoción humana

161. Este medio se refiere a la participación individual en organizaciones sociales que promuevan el desarrollo individual y social así como la dignidad de las personas que se encuentren en situaciones difíciles: pobres, enfermos, niños de la calle, desempleados, indígenas.

162. La promoción humana debe partir en las propias familias revalorizando a los ancianos y dándole su lugar a cada quien en el hogar.

163. La promoción de las mujeres que se encuentran en situaciones difíciles: Viudas, madres solteras, enfermas física y mentalmente, encarceladas etc.

164. La organización de acciones caritativas como iniciativa de la comunidad eclesial, se tratarán en el apartado referente a la caridad.

Primer Anuncio (Kerigma)

165. El sentido de la pastoral Arquidiocesana como se ha señalado anteriormente, implica un proceso pedagógico y gradual de la fe. Este proceso se da de manera individual dentro de una comunidad. El primer anuncio (Kerigma) es la primera etapa donde se tiene un encuentro personal con Jesucristo Vivo y presente.

166. Es el anuncio fundamental de la salvación: "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día" (1 Cor 15, 3-4). "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 Jn 4,1 0-1 l).

167. Esta proclamación conlleva una interpelación para aceptar a Jesús como Salvador y Señor, cuyo fruto será la conversión inicial que continuará profundizándose y haciéndose más conciente y comprometedora a lo largo de la vida, meditando y asimilando el mensaje central de la fe. El testimonio personal y el de la comunidad eclesial es su fundamento. (EN 21.41.76.80; Rm 42-43) (MP 52-53).

168. Al kerigma le suceden las etapas de Reiniciación Cristiana, Catequesis y Apostolado, que juntas conforman el proceso evangelizador.

Reiniciación Cristiana

169. La reiniciación cristiana con sentido catecumenal, o neocatecumenado, es el camino ideal de la evangelización y conversión, para los ya bautizados que no han sido debidamente evangelizados, situación que vive la mayoría de nuestros católicos. Sigue siendo un camino fundamental de la vida cristiana. Está constituida por la experiencia eclesial mediante la cual los principios teológicos del bautismo y de los otros sacramentos de iniciación son percibidos y asumidos vitalmente. Supone recorrer el camino de la conversión a través de la escucha y meditación de la Palabra, la oportunidad de un cambio de vida. La Iglesia ofrece a sus hijos que quieren tomar conciencia de las implicaciones de su bautismo un itinerario hecho de instrucción, liturgia, oración, orientación, y práctica de la caridad, hasta verlos convertidos en miembros conscientes y comprometidos de la Iglesia (MP 59). La Reiniciación Cristiana es la personalización de la fe.

Piedad y Religiosidad Popular

170. La realidad indicada con la palabra "religiosidad popular", se refiere a una experiencia universal: en el corazón de toda persona, como en la cultura de todo pueblo y en sus manifestaciones colectivas, está siempre presente una dimensión religiosa. Todo pueblo, de hecho, tiende a expresar su visión total de la trascendencia y su concepción de la naturaleza, de la sociedad y de la historia, a través de mediaciones cultuales, en una síntesis característica, de gran significado humano y espiritual.

171. La religiosidad popular no tiene relación, necesariamente, con la revelación cristiana. Pero en muchas regiones, expresándose en una sociedad impregnada de diversas formas de elementos cristianos, da lugar a una especie de "catolicismo popular", en el cual coexisten, más o menos armónicamente, elementos provenientes del sentido religioso de la vida, de la cultura propia de un pueblo, de la revelación cristiana (Directorio sobre la Piedad Popular N. 10).

172. Es necesario reconocer, dinamizar y purificar las manifestaciones de piedad estimadas por la generalidad de los fieles: las bendiciones de casas, de imágenes y autos, las procesiones y peregrinaciones, los juramentos y promesas, las plegarias por los difuntos etc., de manera que lleguen a ser medios de auténtica evangelización.

173. La congregación de grandes multitudes por motivo de fiestas y celebraciones -especialmente en los santuarios y también en los demás templos- deben ser aprovechadas para enriquecer, con el Evangelio y con mensajes de tipo catequético, las valiosas expresiones de la fe del pueblo, y suscitar así la coherencia entre la fe y la vida, el verdadero sentido comunitario y el compromiso cristiano.

174. El respaldo de la acción y la formación de los líderes natos que intervienen, de una u otra forma, en la religiosidad popular, para que puedan ser verdaderos Agentes de evangelización; poner especial atención a los llamados fiscales o mayordomos, donde todavía existen (DG 136-138).

B. INSERCIÓN EN LA COMUNIDAD

Catequesis

175. Es también anuncio en un paso ulterior. Es la explicitación cada vez más sistemática de la primera evangelización; es la iniciación en la vida de la Iglesia y en el testimonio concreto de la caridad; es la acción eclesial que conduce a las comunidades y a cada cristiano a la madurez en Cristo.

176. Es una etapa del "proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la celebración litúrgica del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros" (EA 69).

177. Es formación orgánica y sistemática de la fe que lleva a conformar toda la vida bajo la inspiración de Cristo. Es un camino educativo que se propone iniciar y desarrollar progresivamente el conocimiento y la acogida de la fe, que se alimenta de la Palabra de Dios, se abre a la celebración sacramental y se pone al servicio de la comunidad (Cf. Sínodo de 1977, Mensaje al Pueblo de Dios, 11).

178. Los métodos de catequesis deben tener contenidos claros, completos y vivenciales; diversificados para las distintas etapas de la vida y para los diversos ambientes y sectores; con referencias ricas a la Palabra de Dios, a la Liturgia y a la vida concreta.

179. En relación con los catequistas, los necesitamos en mayor número y mejor preparados para las diversas comunidades, poniendo énfasis en que sean capaces de asegurar la catequesis de los adultos. En cuanto a la catequesis de niños se debe propiciar que los padres de familia sean los principales responsables de su educación en la fe, y los catequistas se constituyan en un apoyo para ellos (MP 63-67).

180. La catequesis forma parte del proceso evangelizador y en la cual se va dando la maduración de la fe individual y comunitariamente.

Liturgia

181. Otra forma muy intensa e inequívoca del anuncio de Jesucristo y del Reino es la acción sacramental de la Iglesia en la liturgia, especialmente en la Eucaristía. Es el momento cumbre de la vida de la Iglesia; en ella se realiza en su grado supremo el anuncio de Jesucristo y debe ser considerada como el momento más intenso de misión.

182. La Liturgia, en cuanto celebración de la fe, debe acompañar al creyente en todas las etapas de la vida, la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad adulta, la ancianidad; también en todos los momentos por los que avanza el crecimiento cristiano, como converso, como iniciado, como catecúmeno, como fiel, como discípulo, como apóstol.

183. En la situación que vivimos, la mayoría de nuestro pueblo sigue siendo de bautizados, por tanto, tienen el derecho, la necesidad y la responsabilidad de celebrar su fe. Los pastores deben aprovechar esta gracia realizando su servicio litúrgico con un sentido pedagógico, catequético y misionero, de tal manera que favorezca en los fieles una participación más consciente, activa y fructuosa. Con este propósito los sacerdotes deben ser muy cuidadosos en la celebración de las misas dominicales a las que un gran número de fieles asiste con regularidad.

184. Los signos litúrgicos han de ser sencillos, auténticos y, siempre, revestidos de arte y belleza a fin de que con facilidad hagan transparentes las realidades trascendentes que simbolizan (MP 71-72)

Oración

185. Es necesario promover la oración personal, comunitaria y en grupos, a través de formas adecuadas a los diversos tipos de fieles y a sus ambientes, partiendo del testimonio de oración de los mismos Agentes de evangelización y de las comunidades de vida contemplativa.

186. Favorecer experiencias y métodos que propicien la oración de los laicos -atendiendo a sus iniciativas, edad y condición- en los ambientes y expresiones propias de su vocación en la Iglesia y en el mundo (DG 168-169)

Educación

187. Es de trascendencia proponer a los responsables de la sociedad -personas e instituciones- unirse en un gran esfuerzo encaminado a la promoción juvenil en diversos campos, dando énfasis a la educación vivencial de los valores para una nueva sociedad basada en la justicia, en la fraternidad y en la custodia de la dignidad de todos los seres humanos (DG 170)

188. Incluir como objetivo fundamental del proceso educativo, en todas sus etapas, la unidad de vida como valor opuesto a la ruptura entre hogar y escuela, entre trabajo y familia, entre actuación pública y conducta privada, entre Evangelio y cultura (DG 173).

189. Estimular y apoyar a los laicos y religiosos que trabajan en el campo de la educación, y buscar el modo de unir toda esa fuerza para formar, con sentido evangélico, las nuevas generaciones, a fin de que influyan positivamente en los cambios de la sociedad (DG 179).

C. COMPROMISO ECLESIAL

Construcción de la comunidad

190. Toda parroquia está llamada a ser la comunidad de comunidades, animadas por el Espíritu, donde las personas puedan encontrarse con Cristo y afianzarse en su seguimiento, por el servicio con el que unos a otros se expresen el amor cristiano y compartan dones y carismas. Demos los pasos concretos para que nuestras parroquias sean comunidades forjadoras de apóstoles, lugar donde encuentren a Jesucristo los que todavía no lo conocen y vuelvan a él los que lo han olvidado. Hagamos de cada parroquia un centro promotor donde los esposos puedan revivir el entusiasmo y la entrega en el amor y la fidelidad que se profesan, donde las familias aprendan a ser escuelas de fe para los hijos y las generaciones más jóvenes (cfr. PCT 29).

El II Sínodo nos señala como pasos importantes en este aspecto: DG 180-192

191. Encontrar nuevas formas de presencia de la Iglesia en medio de los diversos ambientes, de tal manera que las familias y las personas, mediante un proceso de maduración en la fe, proyecten la fuerza del Evangelio que profesan para darles un sentido comunitario a los diversos tipos de relaciones humanas que viven.

192. Fomentar diversas expresiones de fraternidad sacerdotal en el Presbiterio, como testimonio y germen de edificación de las diversas comunidades de fe, vida y compromiso cristiano.

193. Favorecer una actitud de acercamiento y diálogo con las familias, con los más alejados, con los pobres y con los jóvenes, a fin de que puedan reencontrarse con Cristo a través de la Iglesia como comunidad que vive y trabaja en el mundo.

194. Revitalizar, según ambientes y circunstancias específicas, la vivencia comunitaria de las Parroquias, de suerte que sean auténtico campo de la promoción laical ministerial en beneficio de la vida intraeclesial y de la sociedad.

195. Propiciar un cambio de mentalidad y de actitudes en los pastores y en los demás fieles para que la Parroquia, comunidad de personas comprometidas en el proceso evangelizador, llegue a ser "comunidad de comunidades".

196. Fomentar en la estructura parroquial el surgimiento de comunidades eclesiales de base como núcleos vitales de la experiencia de Dios, de comunión y de compromiso evangelizador.

197. Dar fuerza a la participación de las comunidades eclesiales de base en la vida de la Iglesia local, especialmente a través de la liturgia y del acompañamiento del pueblo en sus manifestaciones de religiosidad popular, mediante el ejercicio de ministerios laicales, para formar así la comunión y la corresponsabilidad eclesial.

198. Impulsar y apoyar los movimientos y organizaciones laicales, y comprometerlos en su formación según el espíritu de la Nueva Evangelización y en el apostolado.

La Caridad

199. La práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano debe caracterizar la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral. Nuestra Iglesia arquidiocesana debe hacer suya la opción preferencial por los pobres, para ser signo del amor providente y misericordioso de Dios y para seguir sembrando en la ciudad las semillas del reino sembradas por Jesús cuando en su vida terrena atendía a cuantos recurrían a él para toda clase de necesidades espirituales y materiales (NMI 49).

200. La ciudad de México presenta antiguas y nuevas pobrezas que afectan a ambientes y grupos de todo estrato social, expuestos a la falta de esperanza para vivir, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social. Como cristianos tenemos que sumarnos a la tradición de caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los siglos pasados (NMI 50).

201. Ante esta situación, requerimos nueva imaginación de la caridad que promueva, especialmente, la capacidad de acercarse solidariamente a quien sufre para compartir con él diversas ayudas en forma fraterna y no como limosna humillante (Id.)

202. Para que cada comunidad evangelizadora, especialmente las parroquias, tengan actividades concretas de pastoral social, será conveniente que se pida la asesoría y, en la medida de lo posible, otros tipos de apoyo a las correspondientes instancias diocesanas.

203. A los servicios de caridad ya existentes en las parroquias, que no son escasos, incorpóreseles más orgánicamente a las actividades ordinarias de la parroquia, dándoles un mayor sentido comunitario, especialmente por la toma de conciencia de servicio, en los inmediatos responsables.

204. Para impulsar la elaboración de los programas de pastoral de la caridad, así como para su realización, es necesario que cada comunidad promueva la formación de agentes específicos de esta pastoral (CPM 89-94).

El Envío DG 193-197

205. Privilegiar la dimensión misionera de toda la pastoral, de modo que aparezca clara la naturaleza de la Iglesia como comunidad enviada -no como grupo cerrado-, cuya acción se proyecte no sólo a los fieles cristianos sino también a los alejados y a los no cristianos.

206. Impulsar un cambio en la comprensión de la palabra "apostolado", para entenderlo no sólo como acciones organizadas o estructuradas dentro de la Iglesia sino también como parte integrante de la vida cristiana.

207. Fomentar en todos los cristianos el sentido de pertenencia y su corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, de manera que se vean llevados a una espiritualidad apostólica encarnada en las necesidades concretas del ambiente en que cada comunidad vive, y proyectada hacia todas las dimensiones de la Iglesia y del mundo.

208. Propiciar todas aquellas acciones humanizantes que favorecen el trabajo en común con todas las personas de buena voluntad, camino del verdadero proceso de evangelización que debe culminar en el anuncio de la fe cristiana llevado a cabo por quienes van tomando conciencia de su condición de bautizados.

209. Vigorizar en la comunidad cristiana la conciencia de que la oración, el silencio y el sufrimiento son valores significativos de la dimensión misionera de la vida de fe.

210. Despertar en los Presbíteros diocesanos -junto con su Obispo- la dimensión misionera de su ministerio al servicio de la Iglesia universal, así como la disponibilidad a servir en cualquier lugar al que se les destine en la Iglesia particular.

211. Organizar cursos y semanas de reflexión pastoral que, como testimonio para la comunidad, culminen con una celebración de envío, y hacer periódicamente una evaluación de sus resultados

Transformación de las estructuras y de los medios sociales de comunicación

212. A continuación se muestran algunas propuestas plasmadas en el Decreto General en torno a este tema.

213. Dar la debida importancia a la Doctrina Social de la Iglesia para esclarecer cada vez más, en los pastores y en los fieles, la conciencia acerca de la responsabilidad que tienen las estructuras eclesiales y los cristianos en el cambio social, económico, político y cultural, según el Espíritu de Jesús.

214. Crear centros de promoción y defensa de los derechos humanos; generar programas que desarrollen la formación de valores humanos en el ámbito de la Arquidiócesis de México, las Vicarías, los Decanatos y las Parroquias.

215. Favorecer el diálogo con grupos y organizaciones sociales -tanto civiles como populares- que buscan una contribución positiva a la solución de los ingentes problemas que afectan a los estratos humanos más desprotegidos.

216. Despertar la conciencia crítica frente al creciente embate antievangélico del consumismo, del afán de dominio, del hedonismo, de la cultura de muerte, de la corrupción, de modo que se favorezca la creación de comunidades en las que se vivan testimonialmente los valores del Evangelio.

217. Acompañar desde el Evangelio las actividades y compromisos sociales, económicos, políticos y culturales de los laicos en la comunidad; así como responsabilizarse con ellos de forma comprometida en los movimientos laicales cuando buscan tales fines.

218. Iluminar con la luz del Evangelio los medios de comunicación social, de manera que promuevan y difundan, en favor de las familias y de los individuos, los auténticos valores referentes a la vida, la fraternidad, la justicia, la solidaridad.

219. Propiciar una mayor participación de Agentes cualificados en los medios de comunicación social, a través de diversos planes que presenten los valores evangélicos en un claro lenguaje humano y cristiano (DG 200-209).

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