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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

7. LA OPCIÓN PASTORAL DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO: LA MISIÓN PERMANENTE

220. Con la conciencia y compromiso de ser corresponsables en la misión que Dios Padre encomendó a su Hijo Jesucristo, ungido por el Espíritu Santo; nos hemos puesto en el camino de conformar una estructura como expresión y medio de comunión; paulatinamente vamos conociendo y aprendiendo a utilizar los medios de evangelización para hacer más misionera nuestra pastoral. De esta manera vamos realizando el "nuevo y vigoroso proyecto misionero" (CPM 4).

221. El trabajo pastoral en las comunidades, debe considerarse como una serie de procesos catecumenales. Cada proceso catecumenal o evangelizador incluye una etapa misionera donde se invita a vivir el kerigma y la reiniciación cristiana; una fase de crecimiento integral, gradual y sistemático de la fe:catequesis y la etapa de compromiso apostólico. Esto implica un trabajo conjunto de las diversos agentes, grupos e instancias de pastoral de los diferentes niveles arquidiocesanos.

222. Cada comunidad debe asumir como forma y estilo pastoral a la Misión Permanente, dado que implica fortalecer y consolidar un proceso misionero que lleva a difundir y a vivir la fe donde ahora está ausente; a renovar la vocación apostólica de los agentes de pastoral y a reactivar el espíritu de servicio de las instancias arquidiocesanas.

223. El reto al que tenemos que responder es el de la continuidad del compromiso evangelizador que impulsó con la Misión 2000 y que se pretende sea la forma habitual de llevar a cabo los trabajos pastorales en esta porción de la Iglesia (CPM 12).

224. En forma operativa, la Misión Permanente consiste en:

  • Convocar personas para que reciban el primer anuncio. Esta convocatoria es una invitación para recibir el primer anuncio. No es tocar puertas de madera, sino tocar la puerta del corazón para escuchar la Palabra de Dios.
  • Predicar, a los que aceptaron la invitación, el kerigma.
  • Consolidar pequeñas comunidades para que personalicen su fe mediante la reiniciación cristiana.
  • Formación de nuevos misioneros para invitar y dar el primer anuncio.
  • Crecimiento mediante la catequesis.
  • Apostolados generales y específicos en la parroquia.

EJES PASTORALES PARA LA MISIÓN PERMANENTE

225. Como vemos este proceso requiere la formación de agentes laicos que apoyen el proceso, además de una comunidad organizada y corresponsable con su Pastor. El proceso pastoral necesita el apoyo interparroquial que se da en el decanato. Es por eso que enseguida se presentan los ejes pastorales que impulsan y animan a la tarea de evangelizar esta gran ciudad:

  • Formación de Agentes Laicos. CEFALAE
  • Promoción Vocacional Sacerdotal
  • Formación y funcionamiento de los Consejos Pastorales Parroquiales (CPP), Consejos Pastorales Decanales (CPD)
  • El decanato, instancia de comunión y colaboración interparroquial
  • Aplicación del Directorio para los Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana
  • La parroquia, comunidad para todos
  • Formación Permanente del Presbítero

Formación de Agentes Laicos. CEFALAE

226. Al hablar aquí de "formación", me refiero al necesario desarrollo cristiano de los laicos, en su dimensión personal y comunitaria, con las actitudes evangélicas, las aptitudes y las habilidades prácticas que los capaciten para ser portadores de la Buena Nueva del Reino, no sólo en los lugares donde habitan, sino también en los sectores o ambientes humanos que brotan del trabajo, de la vida cultural, del esparcimiento, de la vida social, de las situaciones económicas y políticas etcétera, ya que estas realidades influyen profundamente, con sus valores o antivalores, en las personas y en las comunidades, favoreciendo o poniendo obstáculos al Reino de Dios.

227. Son los mismos cristianos laicos los primeros responsables en procurar, por todos los medios posibles, su crecimiento y maduración cristiana que los convierta en auténticos discípulos, testigos y apóstoles de Jesús y de su Evangelio. Los pastores, como servidores y hermanos, pero también como guías del pueblo de Dios, por deber de caridad pastoral están comprometidos con ellos para acompañarlos, apoyarlos y guiarlos en este camino de formación cristiana, ofreciéndoles, ante todo, los medios y servicios propios de su ministerio (FALAE 10-11).

Niveles de Formación

228. El plan de formación atenderá las tres áreas de formación de un apóstol laico: su crecimiento como discípulo de Cristo, el conocimiento de su fe y la capacitación para insertarse como apóstol en la pastoral de conjunto.

229. Dos son los niveles de formación, a saber: el básico o fundamental y el específico o ministerial. En el segundo nivel, las comisiones arquidiocesanas y vicariales, cuya encomienda es la animación de alguna área de pastoral, tendrían que apoyar a los CEFALAEs con los programas y subsidios que les corresponden, pero adaptados al plan general, para que resulten en plena continuidad con la formación básica (PCT 60-61).

230. Es importante recordar que además de la formación intelectual, se debe tener en paralelo un desarrollo de la vida espiritual, gracias a la cual el laico se pone en camino para seguir a Jesucristo a través de la vida sacramental, la ascética cristiana y la oración.

231. Todo laico que ingrese a los Centros de Formación debe estar en una acción apostólica o en posibilidad de comprometerse en forma real (HPPAM 22).

232. Es necesario cuidar que el nivel y el lenguaje de la formación básica de los agentes laicos no reproduzca la formación teológica de los seminarios, ni tenga como nota predominante la preocupación académica. Debemos ubicar el alcance de esta etapa de la formación fundamental, de modo que corresponda al proceso pastoral y a un lenguaje catequético (PCT 62).

233. La formación debe ser gradual y que los agentes sean de y para su propio ambiente. Desde el principio debemos desarrollar en el laico, que es o quiere llegar a ser agente, la práctica de un compromiso con su propio ambiente -sea territorial o sectorial-. Que aprenda a dialogar con las personas y generar solidaridad en medio de los problemas de su propia comunidad. Esto le irá capacitando para evangelizar las diversas culturas de su entorno, llevando a su vida de fe los problemas de la comunidad, con miras a lograr una auténtica inculturación del Evangelio (cf HPPAM 23-26).

Promoción vocacional sacerdotal

234. El surgimiento, cultivo y orientación de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa está condicionado desfavorablemente por:

  • el deterioro de la calidad de la vida humana;
  • la falta de compromiso apostólico y de testimonio cualificado de los consagrados.

Para favorecer el florecimiento de auténticas vocaciones se requiere que haya:

  • procesos de maduración humana y cristiana;
  • discernimiento atinado de aptitudes;
  • acertada selección de los candidatos;
  • una Pastoral Vocacional integrada más plenamente al conjunto de la acción evangelizadora de la Arquidiócesis (ECUCIM 2427).

235. Es responsabilidad de toda la comunidad católica implorar al Señor su ayuda, y alentar la corresponsabilidad de las comunidades en el surgimiento y cultivo de las vocaciones sacerdotales.

Consejos de Pastoral

236. La pastoral de las comunidades debe desarrollarse en un ambiente de comunión y participación con un buen funcionamiento del Consejo de Pastoral y del Consejo de Asuntos económicos para que sean expresión de la maduración y fortalecimiento de una comunidad que aprovecha los diferentes dones y carismas con los que el Señor la ha enriquecido (MP 163).

237. Si asumimos que la parroquia es fundamentalmente comunidad, no podemos pensar en una comunidad desestructurada que no tendría consistencia para crecer. Para que la comunidad parroquial pueda cumplir eficazmente la tarea que le es propia es indispensable que cuente con una organización pastoral. Por su organización la parroquia se fortalece como comunidad y se hace más eficaz para evangelizar.

238. Toda parroquia debe contar con su plan pastoral (MP 164; CPM 60-61). Este plan, según las propias características, estará centrado en las prioridades del II Sínodo y la Misión Permanente, además de que tendrá muy en cuenta el conjunto de orientaciones que presento en este documento.

239. En la elaboración del plan parroquial intervendrán, de forma estructurada, todos los agentes de pastoral, animados y coordinados por el Párroco con ayuda de su Consejo Pastoral. Este plan se ha de nutrir de los planes de otras instancias parroquiales, así, al mismo tiempo las ilumina y dinamiza; dígase, por ejemplo, del equipo misionero, el consejo de economía, la pastoral juvenil, la pastoral familiar, cáritas parroquial, etc. (PCT 86-88).

Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana

240. La Iglesia, por la conciencia que tiene de ser depositaria y trasmisora de los sacramentos, como medios de salvación, siempre ha cuidado de que su celebración sea acorde con la voluntad de su fundador, Cristo Jesús, y, al mismo tiempo, con un lenguaje y una simbología, que puedan ser fructuosamente entendidos y apreciados por los fieles de cada época.

241. Después de un discernimiento en el que se invitó a participar especialmente al presbiterio, y de la sistematización de aportaciones y de algunas enseñanzas importantes del Magisterio de la Iglesia, en que intervinieron diversas instancias diocesanas, ha sido promulgado el Directorio de Pastoral sobre los Sacramentos de la Iniciación Cristiana. Pretende ser un instrumento para que, como comunidad arquidiocesana, seamos más fieles servidores de la gracia que el Señor quiere derramar sobre esta Iglesia particular, para que, por ella, se haga más viva su presencia en esta Ciudad.

242. Es urgente que, por todos los medios, nos esforcemos por afrontar los desafíos que nos plantea la grave carencia de formación cristiana en las familias y el creciente fenómeno de descristianización, que se está dando entre los mismos católicos". Resulta así muy explícita la conexión, que se da en el Directorio, entre los primeros sacramentos de la fe y la Reiniciación Cristiana. Es preciso mantenernos en el rumbo de la Nueva Evangelización (PCT 98).

243. En la Arquidiócesis se está viviendo un proceso para la comprensión y aplicación de los ordenamientos que surgen del Directorio.

El decanato, instancia de comunión y colaboración interparroquial

244. Es necesario insistir en la unidad dentro del decanato: que sea en verdad el lugar de la integración armónica de todos los ministerios y los carismas. Las experiencias de trabajo en común favorecen la madurez de las comunidades y son de gran valor en el proceso pastoral con el que estamos comprometidos.

245. La tarea pastoral del decano se sintetiza en el servicio de comunión y colaboración que habrá de ofrecer a sus hermanos: sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos.

246. En la pastoral de conjunto, el decano no será el que resuelva o ejecute todas las iniciativas o acciones decanales. Su servicio será de promoción, acompañamiento, coordinación e integración de los proyectos comunes con todas las parroquias, grupos organizados, movimientos y comunidades de vida consagrada; de tal forma que se garantice la ejecución de lo acordado en beneficio de todo el decanato.

247. Esto será siempre con sentido eclesial, ayudando a superar el que las parroquias sean consideradas como comunidades cerradas y autónomas; los carismas como distintivos que dividen y separan; y los sistemas, movimientos y organizaciones apostólicas como respuestas en competencia unas con otras.

248. Las parroquias buscarán participar, expresando su aprecio y apoyo a las tareas del decanato. Tenderán puentes por medio de los agentes. La conversión a la comunidad, que conlleva el conocimiento recíproco, la amistad y la ayuda mutua, es la base de un trabajo en común.

249. Para que el decanato trabaje por la pastoral de conjunto, más que la multiplicación de iniciativas, lo importante será que todos los responsables elijan el área que se considere prioritaria, de acuerdo con las necesidades y características del decanato.

250. Con este ambiente debe buscar el decano convocar reuniones de carácter eclesial donde convivan, oren, evalúen y planifiquen juntos, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos; y también reuniones por separado, en donde cada uno de estos grupos se apoye en el crecimiento de su propia vocación (MP 85-96).

251. Es el momento de recordar que hay que fortalecer los Equipos Misioneros Decanales y los CEFALAEs. En este rubro de la formación de agentes laicos resulta muy oportuno que el decanato detecte las acciones específicas más adecuadas para las necesidades de sus parroquias y decida la formación específica correspondiente. Puede tratarse de medidas encaminadas a las acciones parroquiales ordinarias, catequesis, liturgia etc., o bien pueden ser acciones de pastoral ambiental, comercio ambulante, escuelas, hospitales etc.

252. Además del trabajo interparroquial en los decanatos, se pueden impulsar iniciativas entre parroquias que sin pertenecer al mismo decanato, tienen necesidades similares (PCT 91-92).

Formación permanente del presbítero

253. Hablar de la renovación de la parroquia implica hablar del cambio de la mente y del corazón de aquel que hace cabeza en la comunidad, de tal forma que él continuamente se esté transformando con la novedad de la vida en Cristo. El Párroco ha de reavivar, permanentemente, su proceso de conversión como el servicio que le corresponde en razón del ministerio a él confiado (Cf. IPM 30). Ha de vivir dicha conversión, junto con la comunidad; ha de redescubrir y valorar la propia vocación y misión junto con los laicos (Cf. Id. 27).

254. Que haya una preocupación muy clara en cada uno de la pastores por ejercer el servicio de ser signo y constructor de unidad, atento al surgimiento y al crecimiento de apóstoles laicos, dispuesto a apoyar a los miembros de la vida consagrada, reconociendo sus carismas e integrándolos a la pastoral de conjunto.

255. Que la unidad se exprese en el compromiso por la pastoral de conjunto, estando dispuestos y siendo generosos para participar en los planes diocesanos y llevando a cabo programas interparroquiales.

256. Que nos convirtamos "al sentido de Iglesia particular" (IPM 61), "hacia la propia comunidad y en favor de la misma, como enfoque permanente de nuestra formación continua" (Id. 26); y por esta conversión, asumir la Misión permanente como opción pastoral (cfr. CPM 47).

257. Que la fraternidad entre los pastores sea cada vez más sólida, de tal manera que ésta se exprese por medio de una convivencia no sólo de eventos, sino también en acciones cotidianas. Que se sigan buscando formas más estables de "vida en común", (Cf. PO No. 8). Que la preocupación de unos por otros nos lleve a compromisos más efectivos, interesándonos por el bienestar del hermano y acudiendo a él, sobre todo en situaciones difíciles.

258. Que los recursos, de los que somos administradores, estén siempre al servicio común, canalizándolos adecuadamente para la realización de programas pastorales, misioneros, litúrgicos, de la caridad etc. Esto implica el fiel cumplimiento de las prescripciones diocesanas en esta materia, pero también una mayor sensibilidad para superar desigualdades entre los pastores y entre las comunidades.

259. Que tales esfuerzos estén sólidamente apoyados en el diálogo fraterno y oportuno entre los pastores, según los distintos niveles de responsabilidad, a saber: de los presbíteros entre sí, de los presbíteros con el Obispo, de los obispos entre sí. En este espíritu de diálogo se fomentará la disponibilidad para hacer la voluntad de Dios, en donde él los llame a través de la voz de la autoridad correspondiente (PCT 64-74).

La parroquia, comunidad para todos

260. Si queremos reafirmar el propósito de transformar la práctica pastoral de nuestra Iglesia local, debemos ocuparnos del ser y quehacer de las parroquias en la ciudad. La parroquia es el lugar de la concretización de todas las etapas pastorales vividas hasta ahora desde la promulgación del Decreto sinodal, y el mejor termómetro del real estado pastoral de la Arquidiócesis.

261. Ocuparnos de la parroquia estimulará la búsqueda conjunta de la metodología pastoral que anime el trabajo habitual de las parroquias, que se refleje en el plan diocesano, lo cual ayudará a moldear la estructura de la Iglesia particular arquidiocesana (PCT 22-23).

262. Así pues, toda parroquia está llamada a ser la comunidad de comunidades, animadas por el Espíritu, donde las personas puedan encontrarse con Cristo y afianzarse en su seguimiento, por el servicio con el que unos a otros se expresen el amor cristiano y compartan dones y carismas. Demos los pasos concretos para que nuestras parroquias sean comunidades forjadoras de apóstoles, lugar donde encuentren a Jesucristo los que todavía no lo conocen y vuelvan a él los que lo han olvidado. Hagamos de cada parroquia un centro promotor donde los esposos puedan revivir el entusiasmo y la entrega en el amor y la fidelidad que se profesan, donde las familias aprendan a ser escuelas de fe para los hijos y las generaciones más jóvenes (PCT 29).

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