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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral por la Canonización del Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin (Laico)

II. JUAN DIEGO PREEVANGELIZADO

1. Algunos datos biográficos iniciales

45. Juan Diego Cuauhtlatoatzin, al parecer, vio la primera luz hacia 1474 y murió en 1548. Su vida transcurría como la de muchos de sus contemporáneos. Habiendo nacido en Cuauhtitlán, de la etnia chichimeca, reino de Texcoco, se crió en el barrio de san José Millán; luego se fue a vivir a Tulpetlac, municipio de Cuauhtitlán, conservando la propiedad de su casa natal45. Contrajo matrimonio en santa Cruz el Alto (Tlacpan), cerca de san Pedro, con la joven Malitzin, quien en su bautismo tomó el nombre de María Lucía, la cual murió dos años antes de las apariciones de la Inmaculada46.

46. Por fuentes históricas sabemos que Juan Diego tuvo descendencia. Este hecho parece haber sido ignorado por el gran Lorenzo Boturini Benalluci, quien pretendía a toda costa defender la virginidad total del beato, como una gloria singular de Juan Diego y como defensa contra la pretensión de algunos que neciamente quisieran aparecer como sus descendientes y parientes en línea recta. Sin embargo, los misioneros franciscanos dan fe de esta prole tenida antes de que fuera bautizado47.

47. Juan Diego y Juan Bernardino tenían "casas y tierras" heredadas de sus "padres y abuelos"48, es decir, desde tiempos antiguos, lo que puede indicar que no eran miembros de un calpulli, donde la tierra era propiedad comunal, sino que ellos tenían la responsabilidad de la manutención y del bienestar de otras familias de trabajadores.

48. Todavía no se edificaba el convento de Tlatelolco49, cuando ya funcionaba allí un centro de evangelización desde 1524; los frailes asistían entre semana, cada tercer día, y todos los domingos y fiestas50. Para 1528 Juan Diego había entrado en contacto con los misioneros franciscanos y, tocado por la gracia de Dios, terminó por solicitar el Bautismo. Con su esposa María Lucía, inició su camino de preparación, bajo la sabia dirección de Fray Toribio Paredes de Benavente, que adoptó el sobrenombre de "Motolinía"51. De él aprendió la doctrina cristiana y las exigencias de vivir de acuerdo con el Evangelio, así como la excelencia de la virtud de la pureza y castidad, hasta el grado de decidir, junto con su esposa, vivir castamente una vez recibido el Bautismo52. Fue bautizado con el nombre de Juan Diego53.

49. Cuando andaba en los 57 años, es decir, siendo ya un hombre cabal y con buen grado de madurez, comenzó a ser conocido como uno de los protagonistas de los hechos en la colina del Tepeyac. Este repunte de su personalidad nos lleva a la necesidad de preguntarnos sobre el tipo de formación tenida, que le permitió alcanzar una madurez humana respetable y que fue la base de su santidad cristiana.

2. La base de los valores familiares y sociales

50. Muy diversas eran las culturas indígenas que habitaban el territorio de lo que luego llegó a ser México. Al referirme al mundo de la educación estoy hablando de una cultura que sobresalió por su contacto inmediato con lo que hemos venido nombrando el Acontecimiento Guadalupano, me refiero a la cultura náhuatl.

51. Fray Bernardino de Sahagún consignó por escrito el tipo de educación esmerada que recibían los indígenas54. Las virtudes domésticas comenzaban a sembrarse desde que la madre estaba segura de haber quedado en cinta. Con tiernos y solemnes discursos el abuelo o el miembro más anciano de la familia se dirigía a la embarazada, recordándole que el fruto en camino era obra del señor Dios, que debía cuidar de ese fruto divino absteniéndose de levantar cosas pesadas, evitar discusiones con el marido y disminuir las relaciones maritales para no hacer daño a la criatura en formación, y terminaba deseándole dicha, salud, alegría y un parto sano55.

52. Todo el proceso del embarazo y el mismo parto era acompañado por nuevos discursos, oraciones y consejos. Cuando la mujer daba a luz, la partera prorrumpía en gritos de victoria en nombre de la parturienta, indicando así que ésta había superado valientemente la prueba, y había cautivado a una criatura56. Y si era varón, lo recibían con la advertencia de que venía a un mundo que no era el suyo, y que su verdadero nacimiento dependería de que tuviera el honor de merecer la muerte florida, es decir, de morir como prisionero de guerra sacrificado a la divinidad57.

53. La figura materna era muy cercana, mientras que la del padre era lejana por andar en las batallas. Cuando éste visitaba a los suyos, en lugar de ponerse a jugar con sus hijos e hijas, se dedicaba a ofrecerles elementos educativos a través de discursos: los invitaba a prepararse para la vida, les enseñaba el modo cómo acercarse a Dios para obtener sus favores, les recordaba que había que ganarse el pan diario, para lo que tenían que aprender oficios diversos, como el trabajar las plumas u oficios mecánicos, o la agricultura (maíz, maguey, árboles frutales, tunas), les ilustraba sobre cómo hacerse amigos de Dios acercándosele con humildad y esperanza y cómo vivir en paz con todos, siendo prudentes en el hablar y no violentos ni vengativos, dejando a Dios el juicio de quien les hubiera hecho algún mal; en fin, los animaba a emplear diariamente el tiempo en cosas provechosas58.

54. La educación indígena proporcionada por las instituciones educativas de entonces, al mismo tiempo que amorosísima era muy severa. El Calmécac y el Tepochcalli eran las dos instituciones oficiales que se encargaban de la educación59. La disciplina férrea y militar que se impartía buscaba formar personas virtuosas, generosas, abiertas a Dios para descubrir su voluntad, laboriosas, amantes de la paz, respetando y reverenciando a todos, con simplicidad de vida, que supieran aprovechar el día y la noche y que evitaran caer en la ciencia vana. Quien iba allá, era enseñado a no mirar atrás: tenía que aprender a dejar la familia, los parientes, las comodidades; ejercitarse en barrer, recoger, arreglar, pasar la noche en vela. Un texto muy ilustrativo de esta educación dice así: "cuando haya que correr, correrás, te darás prisa, no serás pesado ni haragán. Sólo una vez tendrás que oír, con una vez que se te llame te pondrás en pie con agilidad, de un salto, no se te llamará dos veces; y aun cuando no te llamen, levántate, ve corriendo por lo que tienes que traer, haz lo que se quiere que hagas. Vas a obedecer, a humillarte, a vivir en pobreza. Pues cuando ya te pongas algo duro, si suda o se inquieta tu cuerpo, refrénate, sométete, no recuerdes, no desees el polvo y la basura. Esfuérzate cuanto puedas por desechar el desasosiego de la sensualidad. Lo que tienes que hacer es cortar espinas y ramas de abeto y ofrecerlas (cubiertas con tu sangre), y meterte en el agua helada (= mortificación). No comas hasta hartarte, conoce y ama la abstinencia... No uses demasiada ropa; no tiemble tu cuerpo con el frío... Llégate a la prudencia de los prudentes, de los sabios, conserva la ciencia y la sabiduría antigua por escrito"60.

55. Así pues, aun cuando no contemos con una biografía de Juan Diego Cuauhtlatoatzin antes de su conversión, al leer sobre las costumbres familiares y sobre la educación que recibían los niños, podemos deducir que lo que Juan Diego manifestó de su personalidad en el encuentro con la Virgen y en su vida de convertido al cristianismo, no apareció como por arte de magia, sino que fue el florecimiento de las semillas que sembraron en su casa sus parientes y sus maestros.

3. Su muerte

56. Después de servir a la Señora del Cielo durante 16 años, murió en 1548, a la edad de 74 años61, año en que también falleció Fray Juan de Zumárraga62.Fue sepultado en la ermita, igual que su tío Juan Bernardino63.

57. El Códice 1548 o Códice Escalada, descubierto en 1995, ha sido considerado como el acta de defunción de Juan Diego, pues refiere la muerte del beato en 1548. Consigna la fecha de aparición de Guadalupe a Cuauhtlatoatzin. El vidente está representado hincado, de perfil, con la vista hacia el lado derecho, portando el clásico ayate, anudado sobre su hombro derecho. Mira hacia una imagen Guadalupana rodeada de nubes, con la luna a sus pies y estrellas en el manto, posada sobre la falda de un cerro rocoso, con plantas de la estepa del altiplano de México. Al calce, lleva la firma de "Sahún" y el glifo de Antonio Valeriano, como juez64. Ciertamente éste no es el único códice donde se habla de la muerte de Juan Diego, ya que se complementa con la convergencia de otros códices, como por ejemplo el "Códice de la Universidad" o "Códice de Bartolache"65.