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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral por la Canonización del Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin (Laico)

IV. JUAN DIEGO
Y EL DESAFÍO PARA LA MISIÓN DE LOS LAICOS HOY DÍA

121. Esta es la hora de los laicos. Su presencia en medio de las realidades temporales les hace contar con un amplio radio de acción para dar testimonio de su bautismo. Ayudar en la santificación de estas realidades significará hacer presentes los criterios del Evangelio que inspiren las actividades de todos los que trabajan por el bien común.

122. La canonización no separa a Juan Diego de su pueblo, más bien abre el espacio para que puedan entrar en "su mundo" los diversos indígenas, dondequiera que se encuentren, y cualquier miembro del pueblo de Dios. Ser elevado a los altares significa que su identidad como hombre de su tiempo ha recibido la perfección por obra del Espíritu de Cristo resucitado, y este mismo Espíritu es el que le da al santo su apertura a la sociedad y a la Iglesia. Si ha llegado a la perfección, quiere decir que ha tenido que recorrer un largo camino, en el que progresivamente fue encontrando la respuesta a Dios que lo buscó y a sus hermanos que seguirán tocando a su puerta.

123. En su itinerario personal mucho tuvo que ver la asimilación de los valores familiares y culturales de su tiempo. La acción de la gracia encontró un terreno abonado y fértil, de modo que cuando oyó la predicación evangélica, descubrió la cercanía de Ometéotl, "Señor de la dualidad" "Señor del cerca y del junto". Y así comenzó la nueva etapa de su vida, ahora bajo el explícito conocimiento de Jesucristo, de su Padre y del Espíritu, todo bajo el signo de una Mujer vestida de Sol.

124. Habiendo entrado en el camino de la conversión, fue progresivamente llevado de la mano hasta convertirse en un evangelizador para sus hermanos. La comunión con Dios se convirtió en comunión y servicio con los hermanos, y por lo mismo misión (ChL 32). Gracias a esta comunión pudo dar fruto abundante. Cristo mismo así lo proclamó cuando a sus discípulos decía "El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto" (Jn 15, 5)

1. Compromiso evangelizador

125. Mirar a Juan Diego significará en primer lugar, tomar conciencia de la propia identidad y de los valores que cada uno ha heredado de la familia, de la parroquia, de la escuela, de algún amigo o de algún acontecimiento que haya sido significativo en la experiencia de todos los días.

126. Habiendo valorado esto, viene el momento de reconocer la presencia de Dios en la vida personal y en la vida de los demás. La experiencia de Dios marca la existencia de quien se deja amar; le abre nuevos horizontes y le introduce en una dinámica nueva. Juan Diego vivió este itinerario y encontró una escuela maravillosa. Su maestra fue nada menos que la Siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien vivimos, somos y existimos, Madre compasiva y misericordiosa, Madre del Amor y de la santa esperanza. Obedeciendo la voluntad de Dios aprendió a ser constante y a enfrentar los retos de la vida.

127. Los laicos están llamados a participar en la nueva civilización del amor: oficios diversos, insertos en la comunidad, multiplicidad de vocaciones inspiradas en el amor creador de Dios, hacen que la presencia de los laicos en el mundo sea como la presencia del alma en el cuerpo.

128. Nacida del bautismo, su vocación cristiana es vocación de servicio; su ocupación esencial es evangelizar: llevar a todos, con las palabras y el testimonio diario el Evangelio que anuncia y realiza la salvación. Vocación de llevarnos a todos a Jesucristo.

2. El idioma del cristiano en camino de conversión

129. La misión de evangelizar en medio de la sociedad requiere que aceptemos que nuestros sentimientos y actitudes encuentren su dinamismo en el Espíritu de Jesucristo. El cambio de actitudes, criterios y conducta es una expresión de la libertad de vivir según los criterios de este Espíritu; y es aquí donde encuentra su lugar la caridad como fuente constante del vivir cristiano. Su idioma tiene diversos vocablos que encierran otros tantos criterios para hacer presencia de Cristo misionero.

A. Hondamente contemplativos

130. La mano de Dios está presente en toda su creación. Cada uno de nosotros está llamado a contemplar los reflejos de la belleza y bondad del Padre creador en el mundo animal, vegetal, humano. Debemos aprender a vivir los momentos de rectificación en la vida, de reconciliarnos contemplando al que pende de la cruz, con su costado y brazos abiertos. Hay que ejercitarnos en experimentar las diversas facetas del amor en las relaciones interpersonales, más allá de una mera manifestación de instintos o de necesidades biológicas, sino también y principalmente como expresiones del amor del Espíritu que habita en nuestros corazones.

131. La experiencia de Juan Diego, aun cuando es personal, puede motivarnos mucho, pues supo aquilatar los valores de su cultura, aprendió a relacionarlos con los valores propuestos por el cristianismo, se ejercitó en proyectarlos en el servicio a sus contemporáneos y los modeló en la escuela de María de Guadalupe. Para lograrlo necesitó ser un hombre de gran contemplación y profundidad en las cosas de la vida, de la religión, de la familia, de las autoridades y un laico cercano y comprometido por evangelizar a sus hermanos.

B. Ambiciosamente dialogantes

132. Comunicarnos como personas y ser escuchados es una necesidad para superar tantos traumas o golpes afectivos que aquejan nuestra vida. La misión que Cristo nos encomienda es muy ambiciosa y tiene que desarrollarse en un constante diálogo con Dios y con los hermanos. En efecto, debe llegar a todas las gentes de todos los pueblos, a los sectores y ambientes diversos de nuestra ciudad, a las familias, los jóvenes, los pobres. Al mismo tiempo es una propuesta en el amor, no una imposición, por bien motivada que sea. Quien es contemplativo, sabe escuchar la voz de Dios en quien pasa necesidad, cualquiera que ésta sea, y también sabe comprometerse efectivamente con quien requiere su apoyo.

133. La Misión que estamos llevando a cabo en la ciudad de México nos está urgiendo a caminar más, a evangelizar con renovados bríos y con imaginación pastoral, a salir a buscar a tantos alejados del influjo del Evangelio para despertar en ellos la alegría de encontrarse con Cristo, se dejen amar por él y se comprometan solidariamente en el bien de los demás. Siguen existiendo muchos ambientes y sectores de la sociedad en donde no ha resonado la Voz que busca amigos para compartir la vida entera. Es una exigencia evangélica que involucremos nuestras personas y nos preparemos para evangelizar a los hermanos, como en su tiempo lo hizo Juan Diego.

C. Siempre marianos

134. Si queremos que la Nueva Evangelización provoque este renovada vitalidad pastoral, debemos reconocer que en México y en nuestro continente Americano pasa por la mediación de María. Así comenzó la evangelización en nuestras tierras y así se ha desarrollado nuestra identidad nacional y continental. Aquella que es Madre y Maestra del Hijo de Dios, tiene mucho que decirnos a los que hemos sido adoptados gracias al bautismo. Volver constantemente a su imagen, nos llevará a tener una sana imaginación espiritual y pastoral. Releer nuestra historia a la luz del Acontecimiento Guadalupano, despertará en nosotros el deseo de acercarnos a Juan Diego para aprender de él sus diversas virtudes: apertura a Dios, disponibilidad para la misión, veneración de la imagen de Dios en cada hermano, tenacidad para enfrentar los retos que implica su vocación, caridad fraterna.

3. Religiosidad popular y Evangelización

135. Es indudable que la tradición del pueblo con sus jerarcas ha sabido valorar la gracia que Dios nos ha ofrecido en el indio Juan Diego. Su experiencia de ir y venir entre la Reina del Cielo, Fray Juan de Zumárraga y Juan Bernardino, con la mezcla de sentimientos que iban desde la alegría hasta la preocupación, la afluencia hacia la ermita de diversas personas, marcaron el camino que muchas generaciones hasta el día de hoy siguen recorriendo.

136. Las peregrinaciones de grupos parroquiales, de obreros, comerciantes, colonias, voceros de periódicos, diócesis, familias, extranjeros, danzantes, son valiosas expresiones vivientes de fe individual y comunitaria, cuya fuerza evangelizadora debemos motivar con el Evangelio, de modo que exista coherencia entre fe y vida, que se traduzca en un compromiso cristiano a favor de nuestra ciudad.

137. Así pues, debemos seguir descubriendo el encanto de esta "casita" de Santa María de Guadalupe, punto donde confluyen y se hermanan familias e individuos de diversos rumbos. Todavía queda mucho que recorrer para que podamos tener la identidad que Cristo nos mereció con su encarnación, muerte y resurrección. Sin embargo, este peregrinar constante nos enseña que formamos parte de un pueblo que ya camina hacia la casa del Padre.

138. Junto a la Morenita siempre encontraremos a su embajador y mensajero. Al ir siguiendo su itinerario, nos hemos dado cuenta de que su valor no es únicamente para los de su misma sangre, sino también para todos los que tenemos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios y Padre.(Cfr. Ef 4,5). Por lo mismo, su figura no puede quedar reducida a algo folklórico; es una personalidad normal ofrecida como inspiración para todos los que quieran dejarse guiar por Dios y colaborar en la formación de una comunidad más fraterna animada por los valores evangélicos.

4. Una aportación de la Iglesia en México para la Iglesia en América

139. El Acontecimiento Guadalupano y Juan Diego Cuauhtlatoatzin tienen un marcado sentido eclesial y misionero, de gran significado para entonces y para nosotros hoy día. El Hecho Guadalupano es la síntesis del mundo cultural y religioso precolombino y el cristiano llegado de Europa, transformada evangélicamente: de los dos pueblos, Dios hizo uno solo. Ante la riqueza del Evangelio de Cristo caen las barreras que levantan las diversas culturas, porque la salvación abarca a todos como un proyecto eterno y divino, fraguado y llevado a término en la caridad; de este modo podemos afirmar que Dios ha apostado todo por el amor.

140. Por su parte Juan Diego Cuauhtlatoatzin fue el eslabón entre el mundo antiguo mexicano, no cristiano, y la propuesta misionera venida por la mediación de España. El es el elegido por Dios para el encuentro de Jesucristo con la cultura indígena, a través de la mediación de María.

141. Los misioneros españoles descubrieron que debían asumir la defensa de los derechos humanos de los conquistados, frente a sus compatriotas que se confesaban cristianos, pero que estaban lejos de demostrarlo a través de las obras. Sin optar a favor de uno en contra del otro, los misioneros presentaron el hecho cristiano como un hecho significativo de reconciliación para ambos.

142. El Acontecimiento Guadalupano fue la confirmación de esta metodología misionera del anuncio cristiano, por lo que con toda razón podemos afirmar que en todo mexicano existe un rasgo de Zumárraga y de Juan Diego, ambos arrodillados frente a María De Guadalupe116.

143. La historia del Acontecimiento Guadalupano y Juan Diego da testimonio de que la nación mestiza que se ha ido formando a lo largo de estos últimos cinco siglos, en medio de luchas y conquistas en el campo religioso, político, social y cultural ha desembocado en dar un paso más en la consolidación de la Iglesia en América Latina, con una fuerte dosis de identidad como Iglesia católica. Esto significa que el Acontecimiento Guadalupano va más allá de una sola nación.

144. Juan Pablo II ha querido que este tesoro sea compartido con todo el continente americano. Nació como un regalo de amor de Dios y como una respuesta de gracia a una situación dramática de oposición entre dos culturas, sin esperanza de solución humana, y que no le ahorraron ni las luchas ni las incomprensiones fratricidas. Por lo mismo se puede entender la actitud repetida de Juan Pablo II en presentar la vocación del Tepeyac como "corazón mariano de América", "auténtico cenáculo de comunión eclesial", "experiencia fraterna de encuentro con el Señor resucitado, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América", y por lo mismo ha declarado el 12 de diciembre Fiesta de Santa María de Guadalupe obligatoria para todo el Continente. Todo esto, sin Guadalupe ni Juan Diego no hubiera sido posible.

145. El milagro de este encuentro es todavía incompleto, pero el Hecho Guadalupano tiene todavía mucho que aportar para que este ideal avance un paso más, hasta que llegue a su realización definitiva en el reino de los cielos.