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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral por la Canonización del Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin (Laico)

1 JUAN PABLO II así los expresa cuando dice: "La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente", en: Ecclesia in America, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, n. 11, P 20.
2 VALERIANO, Antonio, Nican Mopohua, traducción del náhuatl al castellano del Pbro. Mario Rojas Sánchez, Ed. Fundación la Peregrinación, México 1998, vv. 34-35.
3 Ibíd., v. 59.
4 Cuauhtlatoatzin significa: Águila que habla, o el que habla como águila. Cfr. SIGUENZA y Góngora Carlos de, Piedad Heroica de Don Fernando Cortés. Talleres de la Librería Religiosa, 2ª edición de "La Semana Católica", México 1898, p. 31. También: ESCALADA, SJ, Xavier, Ed., Enciclopedia Guadalupana, México 1997, T. V.
5 "Testimonio de Juan de Salazar", Información de 1556, ordenadas realizar por Alonso de Montúfar, arzobispo de México, en ERNESTO DE LA TORRE VILLAR Y RAMIRO NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1982, p. 51. Este testimonio y el de otros como Juan Meza, Marcial de Contreras, Francisco de Salazar, Gonzalo de Alarcón, Juan de Masseguer, confirma el hecho de que la devoción Guadalupana contaba con el respaldo episcopal, pero tenía, ya desde antes, gran arraigo entre el pueblo; mientras que los franciscanos, capitaneados por el Provincial Fray Francisco de Bustamante, la consideraban como peligrosa por provocar la idolatría, invención demoníaca.
6 Gregorio XIII, Ut Deiparae semper virginis, Archivo Secreto Vaticano, Sección Brev.69 fol. 537v-538v;
7 MERCURIANUS, Everardus Gen., "Carta al Arzobispo de México, Pedro Moya de contreras", Roma, 12 de marzo de 1576, en: Zubillaga, Félix (Editor), Monumenta Mexicana. Monumenta Historica Societatis Iesu, Roma 1956, T. I: 1570-1580, p. 192-193.
8 Cfr. CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM, Mexicana 184, Canonizationis Servi Dei Joannis Didaci Cuauhtlatoatzin Viri Laici (1474-1548). Positio super fama sanctitatis, virtutibus et cultu ab immemoriabili praestito ex officio concinnata, Romae 1989, Doc. IX.
9 Las Informaciones Jurídicas sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego es uno de los documentos más seguros por su naturaleza, objetivo y destinatarios sobre el tema que nos ocupa. Se llevaron a cabo en dos momentos, el primero, del tres de enero al 14 de abril de 1666 recopiló los testimonios de indígenas, entre los 80 y los 115 años, vecinos de Cuauhtitlán, cuyos antepasados habían conocido muy bien al indio Juan Diego. El segundo, se desarrolló del 18 de febrero al 11 de marzo y recogió los testimonios de doce ancianos de descendencia española, diez de ellos eclesiásticos y dos laicos. La petición fue hecha por el entonces obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, Gobernador de la Arquidiócesis de México, sede vacante, y por el Virrey de la Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar. La importancia de estas informaciones no es solamente desde el punto de vista de proceso jurídico, sino también como expresión escrita de diversas tradiciones orales, transmitidas por generaciones. Dichas Informaciones, así como los documentos recuperados de la biblioteca que el historiador italiano Lorenzo Boturini reunió en 1739 sobre el Hecho Guadalupano y sobre el indio Juan Diego, junto con muchos otros monumentos históricos nos ofrecen suficientes datos que ubican en la historia los sucesos ocurridos en la colina del Tepeyac aquel año de 1531.
10 PIO XII, Alocución Radiomensaje del 12 de octubre de 1945, en AAS XXXVII (1945) 10, p. 265-266.
11 JUAN XXIII, Ad christifideles qui ex omnibus Americae nationibus Conventui Mariali secundo Mexici interfuerunt, Roma, 12 de octubre de 1961, en AAS, LIII (1970) 12, p. 685-687.
12 PABLO VI, Nuntius Radiotelevisificus, 12 de octubre de 1970, en AAS, LXII (1970) 10, p. 681.
13 GONZALEZ Fernández, Fidel, CHAVEZ Sánchez, Eduardo y GERRERO, Rosado José Luis, El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ed. Porrúa, México 2000, XXXVIII, Doc. XIII, 119.
14 JUAN PABLO II, Alocución por la III Conferencia del Episcopado Latino Americano, 28 de enero de 1979, en AAS LXXI (1979) 3, p. 205.
15 Id., Alocución a los obispos de América Latina, Primer viaje apostólico a México, México, D. F., 27 de enero de 1979, en AAS LXXI (1979) 3, p. 173.
16 Cfr. Carta de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, 8 de junio 1982, Prot. N. 1408-2/1982, p. XVI, XXIV; XIX.
17 ROMERO Salinas, Joel, Juan Diego, su peregrinar a los altares, Ed. Paulinas, México 1992, p. 54.,
18 Cfr. Relatio et Vota de Consultores Históricos, 30 de enero 1990, y de los consultores teólogos, 30 de marzo 1990.
19 CABRERA y Quintero, Cayetano de, Escudo de Armas, Impresiones del Real, México 1746, p. 345, N° 682.
20 JUAN PABLO II, AAS, LXXXII (1990), p. 853-855.
21 JUAN PABLO II, Discurso Inaugural en la IV Conferencia General del Episcopado Latino Americano, Santo Domingo, 12 de octubre de 1992, AAS LXXXV (1993) 9, p. 826, N° 24.
22 Cfr. Nota 14.
23 JUAN PABLO II, Ecclesia in America, México 22 de enero de 1999. Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, n. 11.70. Véase también en AAS, 85 (1993), p. 826.
24 Una Comisión de Historiadores, presidida por el Prof. P. Fidel González Fernández, Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, en 1998 llevó a cabo una atenta revisión de todos los documentos hasta ese entonces conocidos, relativos al Beato Juan Diego y a las apariciones de Guadalupe. Además se realizaron nuevas investigaciones en otros archivos de los Estados Unidos de América, Viena, Ciudad del Vaticano, España, México y en otros lugares. Las conclusiones, que han confirmado científicamente los datos históricos tanto del Beato como del Evento Guadalupano, han sido compartidas por eminentes estudiosos y fueron publicadas en: FIDEL GONZALEZ FERNÁNDEZ, EDUARDO CHAVEZ SÁNCHEZ Y JOSE LUIS GUERRERO, El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego. Ed. Porrúa, México 2000.
25 CONGREGATIO DE CAUSISI SANCTORUM, Canonizationis Beati Ioannis Didaci Cuauhtlatoatzin, viri laici (1474-1548) Relatio et Vota, Congresus Peculiaris super Miro, 11 de mayo de 2001, Mexicana, P. N. 1408, Tip. Guerra, Roma 2001.
26 CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, El Acontecimiento Guadalupano Hoy, n. 3
27 Ibíd.., n. 9.
28 Hay historiadores que consideran que fue el arzobispo Montúfar quien inventó el culto a santa María de Guadalupe, después que captó su importancia y la devoción que ya había despertado en el pueblo, tanto de indígenas como de españoles; incluso consideran que por orden suya fue pintada la imagen y mandada colocar ocultamente en la ermita que mandó construir, todo esto sólo como estrategia para ganarse el favor de los fieles. Uno de ellos fue Edmundo O'GORMAN, quien afirma que la devoción Guadalupana se dio en diez meses, en el lapso comprendido entre principios de noviembre de 1555 y el 6 de septiembre de 1556: O'GORMAN, Edmundo, Destierro de Sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac. Ed. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México 1986, p. 21.
29 En 1995 apareció publicada la obra del sacerdote historiador norteamericano Poole Stafford. Se empeña en demostrar que "Guadalupe" es un símbolo religioso nacional inventado por los criollos del siglo XVII, para oponerse a los peninsulares españoles y ofrecer un fundamento religioso a los mexicanos de entonces, que años después desembocó en la Independencia. Las apariciones serían el instrumento de este simbolismo, que con el paso del tiempo impusieron la devoción Guadalupana a la opinión pública como un hecho histórico. STAFFORD, Poole, Our Lady of Guadalupe. The Origins and Sources of a Mexican National Symbol, 1531 - 1797. The University of Arizona Press, Tucson and London 1995.
30 Cfr. GONZALEZ, Fidel, m.c.c.j, La Virgen de Guadalupe de México y el indio Juan Diego, ¿mito, símbolo o historia?, en L'Osservatore Romano, edición semanal, n. 51, del 21 al 27 de dic., 2001, p. 11.
31 El primero de todos fue fray Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos en México (1556) y su histórica desavenencia con el arzobispo dominico Alonso Montúfar, que le llevó, junto con otros de sus hermanos frailes a mostrarse resueltamente hostiles, ya no digamos contra la aparición, sino contra la misma devoción a la Virgen de Guadalupe, afirmando que era falsa, promotora de la idolatría y, por lo mismo, demoníaca. Le sigue el Pbro. Juan Bautista Muñoz, quien en una disertación ante los miembros de la Academia "Memorias sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México" (1794) afirmaba que en todos los documentos que le habían hecho llegar por orden del rey Carlos III, su tutor, no había encontrado ninguna referencia sobre quienes habían vivido el Hecho, y que nada tenían que aportar los documentos indígenas, a los que denominaba "papeles mugrientos" y sin valor por provenir de los indios. Posteriormente están el brillante y megalómano Fray Servando Teresa de Mier (1794), Joaquín García Icazbalceta (1800), y los recientes encabezados por Mons. Guillermo Schulemburg Prado, ex abad de Guadalupe, los canónigos Carlos Warnlholtz Bustillos y Esteban Martínez de la Serna y el Pbro. Manuel Olimón Nolasco.
32 GONZALEZ Fernández Fidel, o. c., p XVI y XVII.
33 Ibíd., p. XVII. Aun cuando haya excepciones, podemos avanzar la hipótesis plausible de que los franciscanos de la primera mitad del siglo XVI guardaron silencio para no favorecer las supersticiones, destruyeron códices, templos tradicionales y manifestaron desconfianza hacia todos los elementos culturales y religiosos de las tradiciones indígenas.
34 Ibíd.., p. XVIII.
35 Es el caso de las mandas, herencias dejadas para el servicio de la ermita, visitas de personajes de la vida pública cuando entraban al reino de la Nueva España, controversias de diversa índole.
36 Cfr. NEBEL, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe. Continuidad y Transformación Religiosa en México. México 1996 -traducción de la obra alemana de 1992-, Fondo de Cultura Económica, p. 237-238.
37 Las fuentes narrativas, sin ser las únicas, sí forman una buena parte de las fuentes guadalupanas. Se presentan bajo la forma de anales, crónicas, cantares, que fijan una tradición oral.
38 Prácticamente todas las fuentes epistolares son de origen español.
39 Los escritos jurídicos son muy variados y se refieren al gobierno de la Iglesia o del culto, como los legados de herencias, los testamentos, las indulgencias, las gracias concedidas a Santa María de Guadalupe, la disputa entre el provincial franciscano Bustamante y el segundo arzobispo de México Montúfar, disputas con los frailes jerónimos de Extremadura...
40 Las fuentes administrativas reflejan la ordenación del territorio novohispano mediante los censos, los mapas topográficos, algunos de los cuales señalan desde temprana hora la existencia de la primera ermita en el Tepeyac.
41 La iconografía sobre Juan Diego, unida a la Guadalupana, crece, sobre todo, a partir del siglo XVII, en templos donde existe población mayoritariamente indígena. Por ejemplo, en san Lorenzo Ríotenco, los jesuitas, difusores convencidos de la tradición Guadalupana, propiciaron la construcción de un templo(finales del XVI o principios del XVII) cuyo retablo representa la imagen Guadalupana y a Juan Diego en lugar del "ángel" que aparece ordinariamente llevando sobre sus hombros a la Morenita. Especial mención reserva la tradición oral a la tilma o ayate donde se encuentra plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe, y que algunos de los documentos, sobre todo indígenas del siglo XVI, afirman que se trata de la misma tilma de Juan Diego. La iconografía indígena caracteriza a Juan Diego con la aureola de santo y algunos de los Códices indígenas que sobrevivieron a la destrucción, representan al macehual con signos que los mismos naturales reservaban para lo sagrado, signos que conocemos por lo que afirman Fray Bernarido de Sahagún y Fray Jerónimo de Mendieta, y en 1578, el misionero dominico Fray Diego Durán.
42 Las fuentes arqueológicas se encuentran en un estado incipiente. Lo que hasta el presente se puede afirmar es que, en los lugares donde vivió Juan Diego, desde el siglo XVI los indígenas han sostenido una continua veneración por el beato, expresada en capillas y ermitas. Así por ejemplo, en el valle del Anáhuac hay tres lugares donde la tradición oral consigna que tienen que ver con el nacimiento y la residencia de Juan Diego: Cuauhtitlán, Tulpetlac y San Juanico. En Cuauhtitlán, existe tres construcciones: la primera, los restos de una casa indígena prehispánica, sobre la cual se construyó en el siglo XVI una pequeña capilla cristiana, que a su vez sirvió de base para el actual templo de finales del siglo XVIII y principios del XIX, dedicado a la Virgen de Guadalupe. Sobre esta lugar existe una tradición indígena sin interrupción sobre la existencia de este lugar de culto unido a la historia de Juan Diego. Las mismas Informaciones Jurídicas de 1666 afirmaron unánimemente que éste era el lugar del nacimiento de Juan Diego.
43 Tengamos presenta que la devoción a la Virgen de Guadalupe existía ya en Extremadura, lugar de procedencia de Hernando de Cortés, el conquistador, y formaba parte del profundo sentido mariano de los conquistadores y misioneros. El Acontecimiento Guadalupano en México es diverso y no viene a ser un sustituto que reemplace a las deidades maternas de la cultura náhuatl (Coatlícue, Cihuacóatl...), sino que fue un acontecimiento histórico, reafirmado por los más antiguos documentos hasta ahora encontrados y estudiados.
44 Cfr. GONZALEZ, Fidel, o. c., p. XXIX.
45 Informe económico para la edificación de la capilla de Juan Diego en Santa María Tulpetlac, 1791, Archivo General de la Nación, Archivo Histórico de Hacienda, Legajo 674-2 (antiguo) 91.
46 Cfr. IXTLIXOCHITL, Fernando de Alva, Nican Motecpana, en DE LA TORRE Villar Ernesto y NAVARRO de Anda Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1ª. Edición , México 1982, p. 305.
47 Así se habla de la religiosa clarisa Gertrudis de Torres Vázquez, bautizada el 2 de marzo de 1703 y muerta el 1 de abril de 1774, que ingresó al convento de Corpus Christi a la edad de 23 ó 24 años, e hizo su profesión religiosa el 2 de febrero de 1726. Se dice que era tenida por descendiente del dichoso Juan Diego, Cfr. Vida de Gertrudis de Torres Vázquez, en Apuntes de varias vidas de Religiosas que han florecido en virtudes en este convento de Corpus Christi. De Indias Caciques, s. n. f. El 24 de mayo de 1739 recibió el hábito de religiosa en el mismo convento de franciscanas descalzas doña María Micaela Antonia de Escalona y Rosas, quinta nieta del venerable y venturoso indio Juan Diego, en Gacetas de México, Ed. SEP, t. III, México 1950, p. 178.
48 Idem, Cfr. Nota 46.
49 El convento franciscano fue construido en 1540.
50 Cfr. MOTOLINIA, Fray Toribio Paredes de Benavente, Historia de los Indios de la Nueva España. Editorial Porrúa. Colección "Sepan Cuantos", n° 129, 4ª edición. México 1984. Tratado II, c. I, n° 190, p. 78.
51 "Motolinía" quiere decir "pobre" o "el que se automortifica".
52 Cfr. BECERRA Tanco, Luis, Felicidad de México, en DE LA TORRE Villar, Ernesto y NAVARRO de Anda, Ramiro, Testimonios Históricos..., p. 330. IXTLIXOCHITL, Fernando, Nican Motecpana, en DE LA TORRE Ernesto, o. c., p. 305.
53 BECERRA, o. c., p. 312.
54 Cfr. SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de la Nueva España, Porrúa, Colección "Sepan Cuantos", n° 300, México, 1975, p. 297-299.
55 Cfr. Ibíd., p. 369-370.
56 Cfr. Ibíd., p. 383.
57 Cfr. Ibíd., p. 384-385. Desearle a un recién nacido la "muerte florida" requiere conocer el significado del concepto "guerra florida" en la antigua cultura mexicana. Ellos veían que dos veces al día el cielo se inundaba de "sangre", cuando el sol muere tragado por la tierra y surgen la luna y las estrellas, que, a su vez, mueren cuando el sol nace al amanecer. Los sabios mexicanos consideraban que la vida era movimiento, mientras que la muerte significaba dejar de moverse. El elemento humano que siempre estaba en movimiento era el corazón y la sangre, por lo que llamaban a la vida "yoliztli". Ahora bien, tanto el corazón como la sangre eran dones recibidos del sol (Quetzalcóatl), y que todos los seres vivios necesitaban para resucitar cada día. Ahora bien, el mismo sol necesitaba de esta sangre para seguir en movimiento, lo cual significaba vida y estabilidad para el universo. Por lo mismo, poder ofrendar el propio corazón, es decir, el propio movimiento o la propia vida era un deber y un privilegio reservado a los valientes muertos o capturados en la guerra. Morir en la batalla o ser ofrendados en sacrificio era el camino para adquirir la verdadera vida, pues quedaban divinizados. De este modo, la guerra mexicana no era directamente para matar enemigos, sino para que el Sol pudiera "cosechar corazones" en ambos ejércitos. Así pues, los indígenas aztecas veían la guerra como una vocación religiosa, profundamente ascética y exigente, ya que no se trataba de herir y matar, sino de capturar "corazones". Si un guerrero mataba a su adversario, se sentía avergonzado de no haber sabido vencerlo desarmándolo, y el que había muerto era considerado glorioso por haberse sabido defender y logrado la victoria de la "muerte florida", o sea, la divinización. Por tanto, un guerrero mexicano tenía que vencer dos impulsos fuertes: su miedo instintivo al peligro y la muerte, y su ansia agresiva de matar, por lo que la batalla resultaba una verdadera ascesis de autodominio, que empezaba a aprender desde el hogar. La guerra era un acto de amor a Dios y al prójimo, una vocación de engrandecimiento propio, pero a partir de la renuncia a sí mismo y de servicio a los demás. Era algo semejante al martirio. En la guerra florida se buscaba el bien del enemigo, pues se le ayudaba a que se hiciera realidad el sueño de entregar totalmente su vida para que "Dios viviera" y así hubiera estabilidad para todos los que vivían en este mundo.
58 Cfr. Ibíd., p. 343-345.
59 La educación en estos centros "oficiales" era obligatoria para los varones, mientras que para las mujeres era opcional.
60 SAHAGUN, Fray Bernardino, Códice Florentino, Huehutlatolli, Libro Sexto, p. 126-128. ANDERSON, Arthur J. O., y DIBBLE, Charles E., Florentine Codex, 12 Volúmenes, 2a. Edition, The School of American Research and the University of UTA, 1982. Es una edición crítica de todo el Código Florentino, con traducción al inglés.
61 Algunas fuentes históricas donde se habla de la muerte del Beato Juan Diego son: el Códice Escalada, Noticias Curiosas, Nican Motecpana. En Anales de Puebla y Tlaxcala o Anales de los Sabios Tlaxcaltecas o Anales de Catedral, AHMA, AAMC, n° 18, 1, se dice: Año de 1148 omomiquili in Juan Diego in oquimotenextilitzino in tlazo Cihuapilli Guadalupe México", es decir, "Año de 1548. Murió dignamente Juan Diego, a quien se le apareció la preciosa Señora de Guadalupe de México". También Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad, BNAH, Archivo Histórico, Archivo de Sucs. Gómez de Orozco, que dice: "Tecxia 1548, Omomiquilili Juan Diego in oquimonextilli in tlazocihuapilli Guadalupe México. Otecihuilo niztac tépetl", es decir, "Año técpatl, 1548 Murió dignamente Juan Diego (a quien) se dignó aparecer la amada Señora de Guadalupe de México. Granizó en el cerro blanco".
62 Fray Juan de Zumárraga murió el domingo 3 de junio de 1548, a las nueve de la mañana, estando con todo su juicio. MENDIETA, Jerónimo de, Historia Eclesiástica, o. c., p. 636.
63 Cfr. IXTLIXOCHITL, o. c., p. 305. Juan Bernardino murió a consecuencia de la peste ocurrida en 1544. Como Juan Diego, también él recibió en sueños la visita de la Señora del Cielo, quien le dijo que había llegado la hora de morir, pero que ella estaría a su lado y lo llevaría a su casa, puesto que le había servido con fidelidad. Murió el 15 de mayo de 1544, a la edad de 86 años.
64 ESCALADA SJ, Xavier, Enciclopedia Guadalupana, vol. 5. Excavaciones recientes han sacado a la luz los restos de un santuario mucho más antiguos de los actuales templos guadalupanos, situado en el costado derecho del templo actualmente conocido como "parroquia de indios". Una tradición constante coloca en este lugar la casa de Juan Diego, custodio del santuario. Como se acostumbraba entonces, los cristianos era sepultados en las iglesias o cerca de ellas, por lo cual es probable que Juan Diego haya sido sepultado en dicho lugar, donde se encuentran otras sepulturas de la época virreinal.
65 Cfr. Nota 61. El Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad, de autor anónimo fue realizado en la región de Puebla. Se trata de anales históricos que comprenden de 1454 a 1737; se conoce un fragmento copiado y hecho autenticar por el sabio José Ignacio Bartolache y Díaz de Posadas.
66 Prácticamente todos los mejores investigadores afirman que el Nican Mopohua es obra del indio Antonio Valeriano. El que el Nican Mopohua sea un relato literario no quita su fundamento histórico, máxime que otras fuentes de diferente naturaleza aportan una convergencia sólida con relación a los datos históricos que nos proporciona. Fue dado a conocer en 1649 por Lasso de la Vega; es como el ejemplo a seguir para otros relatos posteriores. En él aflora el extraordinario mensaje de la maternidad espiritual de María, principalmente hacia los pobres y los desamparados. El Nican Mopohua viene a ser como la culminación de tres milenios de actividad literaria de cantos, crónica y poesía de sabios toltecas, teotihuacanos y los inventores del así llamado "Calendario Azteca", sobre la búsqueda del sentido de la vida, de la muerte, del mundo y de la historia. Su redacción final ya no es solamente indígena, sino que está profundamente coloreado por la cristianización y la cultura humanista europea, en la que fueron formados varios de los misioneros venidos a nuestras tierras.
67 Esta segunda sección ha sido inspirada por la "exégesis" realizada por el prestigiado investigador José Luis Guerrero Rosado y plasmada en dos volúmenes: "El Nican Mopohua", un intento de exégesis, U.P.M., Biblioteca Mexicana, 1996.
68 VALERIANO, Antonio, o. c., v. 12
69 Ibíd.., v. 8.
70 Ibíd.., v. 16-21.
71 Ibíd.., v. 9-10.
72 Ibíd.., v. 5-6; 24.
73 Ibíd.., v. 22.
74 Ibíd., v. 24.
75 Ibíd.., v. 24.
76 Cfr. SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General..., Lib. 6, c. 7, n. 34, p. 315.
77 "Por ventura los templos, oratorios y altares, y lugares dedicados a vuestro servicio, ¿habéis de permitir que se destruyan y asuelen, y no haya más memoria de ellos?, SAHAGUN, "Historia General..." Lib. 6, c. 1, n. 9-10, p. 300.
78 En la conquista de la gran capital azteca, los españoles encontraron en otras tribus y reinos indígenas excelentes aliados; tal es el caso de los tlaxcaltecas y texcocanos. Los españoles supieron aprovechar el descontento indígena contra la opresión de los aztecas, que había impuesto su hegemonía sobre otros pueblos, que se traducía, entre otras cosas, en tener que pagar pesados tributos o impuestos.
79 VALERIANO, Antonio, o. c., v. 33.
80 Ibíd., v. 32.
81 MENDIETA FR. Jerónimo de, o. c., Lib. 2, c. 20, p. 113.
82 SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General, Lib. 6, c. 40, nº 6, p. 403.
83 VALERIANO, Antonio, o. c., v. 46.
84 MENDIETA, o. c., Lib. 3, c. 19, p. 225-226.
85 Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 85-87.
86 Cfr. Ibíd., v. 90-93.
87 Cfr. SAHAGUN, Historia General..., Lib. 6, c. 7, n 34, p. 315.
88 Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 97.
89 Cfr. MOTOLINIA, Historia de los Indios..., Tratado I, c. IV, n° 64, p. 24.
90 MENDIETA, o. c., Libro V, c. 30, p. 637.
91 Ibíd., c. 41, p. 282.
92 Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 101-103.
93 Ibíd.., v. 104-108.
94 Ibíd.., v. 110.
95 JUAN PABLO II, Carta Apostólica "Novo Millennio Ineunte", Vaticano, 6 de enero de 2001.
96 VALERIANO, Antonio, o. c., v. 119
97 SAHAGUN, Historia, o. c., Libro 10, c. 1, n° 2, p. 545.
98 Cfr. Oración colecta de la Misa para el 12 de diciembre. CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA, Misal Romano, Buena Prensa 1996, p. 596.
99 En un cerro donde lo único que había era mezquites, magueyes y nopales, y que en ese tiempo atravesaba por la estación invernal.
100 VALERIANO, Antonio, o. c., v. 125-126.
101 Ibíd.., v. 130.
102 Ibíd.., v. 137-142.
103 Ibid.., v.139
104 Ibíd..., v.139
105 SAHAGUN, Historia…, Libro 11, Apéndice sobre Supersticiones, no. 7. p.704-705.
106 Cfr. IXTLILXOCHITL, o. c., p. 304-305. (Cfr. IXTLILXOCHITL Fernando de Alva, Obras Históricas, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1975)
107 Barrer el templo dedicado a alguna divinidad, cuidar del sahumerio y del copal era un modo como los indígenas mostraban su devoción. Además lo consideraban como un privilegio o una gloria ambicionada, sobre todo si ya no podían participar en las "guerras floridas". Cfr. MENDIETA, Fray Jerónimo de, Historia Eclesiástica Indiana, (obra escrita a finales del siglo XVI), Porrúa, 2ª. Edición Facsimilar, México 1971, p. 429.
108 Cfr. IXTLILXOCHITL, o. c., p. 305. O como decía también el indio Martín de san Luis: "Que siendo de diez a doce años en muchas y diversas ocasiones le dijo Diego de Torres Bullón (...) cómo había conocido, tratado y comunicado al dicho Juan Diego Indio, porque como lleva referido era natural de este dicho Pueblo del dicho Barrio de Tlayácac, y que era un hombre (cuando se le apareció la Reina del cielo y Madre de Dios de Guadalupe) de cincuenta y seis a cincuenta y ocho años, hombre de madura edad, temerosos de Dios, y de su conciencia, y de santas costumbres, sin que diese nota de su persona, muy amigo de ir a las iglesias, y acudir a la doctrina, y divinos oficios, causando mucho ejemplo a todos los que le conocían, trataban y comunicaban", "Testimonio de Martín de San Luis", en Informaciones Jurídicas de 1666, f. 46r-46v. "Testimonio de Gabriel Xuárez", en Informaciones Jurídicas de 1666, ff. 21v-22r.
109 "Testimonio de Gabriel Xuárez", en Informaciones Jurídicas de 1666, Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe, Ramo Histórico, ff. 21v-22r. "Testimonio de Andrés Juan", Idem., f. 28v.
110 IXTLILXOCHITL, Fernando de Alva, Nican Motecpana, p. 305. También: ESCALADA, Xavier, SJ, Ed. Enciclopedia Guadalupana, México 1997, t. V.
111 Los nombres de los otros seis testigos, además de Marcos Pacheco, son: Gabriel Xuárez, Andrés Juan, doña Juana de la Concepción, don Pablo Xuárez, don Martín de san Luis, don Juan Xuárez y Catarina Mónica, en: SADA Lambretón, Ana María, Las Informaciones Jurídicas de 1666 y el beato Juan Diego, Ed., Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, México 1991, p. 105.
112 "Testimonio de Andrés Juan", en Informaciones Jurídicas de 1666, Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe, Ramo Histórico, f. 28v.
113 "Testimonio de Martín de san Luis", en Informaciones Jurídicas de 1666, f. 46v.
114 IXTLILXOCHITL, o. c., p. 305.
115 "Tradición oral de San Miguel Zozocolco, Veracruz", recogida por el P. Ismael Casas en 1995, en Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, Archivo para la Causa de Canonización de Juan Diego.
116 Cfr. ALTAMIRANO, Ignacio Manuel, La Fiesta de Guadalupe, México 1884, p. 1130-1133.