ASAMBLEAS

 

XIX ASAMBLEA

Un Rostro Joven para renovar la
Misión Permanente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21 al - 23 de Noviembre 2013

Seminario Conciliar de México

Casa Huipulco

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JUEVES 21

VIERNES 22

SÁBADO 23

DESAFÍOS DE LOS LAICOS

CON MIRAS A LA RENOVACIÓN DE LA MISIÓN PERMANENTE.

 

Viernes 22 de Noviembre de 2013

 

 

 

De acuerdo con el programa este momento corresponde a la participación de Silvia González de Rubí, quien por tener a su hijo en el hospital no se encuentra entre nosotros. Antes de iniciar, les pido que hagamos una oración por su hijo, por ella, por su familia y por todas las madres que en este momento tienen a un hijo en el hospital.

 

Quisiera comenzar diciendo que la participación del laico en la iglesia ha evolucionado, pero esta evolución ha traído consigo además de grandes avances, la vivencia de algunos “vicios pastorales” en los que es necesario poner atención.

 

Algunos desafíos que se nos presentan a los laicos para vivir una renovación en la iglesia para que sea verdaderamente misionera son:

 

Estar conscientes del momento del proceso evangelizador en el que cada uno de nosotros se encuentra: primer anuncio, catequesis básica, apostolado. Cuando hemos tenido la oportunidad en diferentes reuniones de hablar de estas etapas, resulta que encontramos quienes nos mencionan que no han vivido plenamente el encuentro con Cristo. Tener presente este proceso de manera personal y también dentro del grupo y apostolado en el que participamos, ubicar nuestra tarea pastoral en alguna de esas etapas y trabajar en conjunto con otras pastorales o grupos que atienden otras etapas.

 

Al respecto de la primera etapa, es un desafío mantener la frescura del con Cristo y en caso de no haberlo vivido, buscarlo. Sobre todo cuando la rutina, el cansancio, los problemas, la inmensidad de actividades nos absorbe y se comienza a desdibujar su rostro, entonces es preciso buscarle, renovar el encuentro.

 

Empeñarnos en ser Iglesia, donde cada uno de los miembros es distinto e importante a la vez, para el buen funcionamiento de la misma. Ser corresponsables en el cumplimiento de la misión.

 

Ser nosotros mismos y no querer ser el otro. El laico tiene su papel dentro de la iglesia y las demás figuras, consagrados y consagradas, presbíteros, el suyo. No pretender ser los “padrecitos” o las “párrocas”. Estar atentos a la tentación de clericalizarnos.  Ser capaces de entablar un diálogo sincero con todos los agentes de pastoral. Asumir nuestro papel en la Iglesia, partir de la reflexión de somos Iglesia, pueblo de Dios y él nos ha llamado a cumplir una misión, a ser signos visibles de esperanza en el lugar donde nos encontramos.

Otro desafío por superar, es el hacer cosas para quedar bien con el Sacerdote, el obispo, la religiosa que coordina…

 

Tener la capacidad de ser propositivos, de hacer nuestra la misión que Jesús nos encomienda, no esperar a que nos tengan que decir qué hacer. Hoy por la mañana en una reunión escuché de una persona precisamente la necesidad que tenemos de ser propositivos.

 

Escuchar a Dios, a los demás, a lo que sucede y creerle a Dios. Basar nuestras decisiones en lo que Él nos pide. Esto conlleva a aprender a renunciar y optar. Es un ejercicio constante que nos lleva a la conversión y esto sólo se logra con una espiritualidad cristiana profunda, que abarca todo nuestro ser. Ser capaces de relacionarnos con Dios en el hoy y dejarnos sorprender por sus manifestaciones. Dar una respuesta nueva a los problemas nuevos y viejos.

 

Ser consciente de que con lo que hacemos por pequeño o grande que sea, estamos colaborando con la misión universal de la Iglesia. Alguna vez escuché en Brasil en unas pláticas pre bautismales, que a las personas les explicaban que por el sacramento formaban parte de una familia y tendrían hermanos en todo el mundo, hoy en nuestras comunidades encontramos muchas cosas pero casi nunca encontramos a hermanos que nos reciban.

 

Ser signos visibles de Esperanza.

 

No perder la cabeza ni el corazón con lo que se nos pone en las manos. Algunas veces por tener bajo nuestra responsabilidad “grandes o importantes actividades”, podemos olvidarnos de quiénes somos. El contacto con lo sencillo, lo pequeño, frágil, donde se toca el dolor nos hace recordar nuestra propia fragilidad y limitación, nos hace recurrir a refugiarnos en Dios para tratar de entender lo que sucede a nuestro alrededor y descubrir en ese dialogo, cuál es la parte que nos toca, esto, nos puede impulsar a renovarnos, a vivir en la actualidad y a desarrollar nuevas formas de acercarnos de una manera distinta a lo que “siempre” hacemos.

 

Hacer sinergia con otros, sobre todo con aquellos que descubrimos que tienen aspiraciones comunes a las nuestras y, por el testimonio, poco a poco arrasaremos con los obstáculos.

 

Ser corresponsables con los otros, en el cumplimiento de la misión.

 

Ir más allá de nosotros y de nuestra zona de confort. Atrevernos en las condiciones de cada uno a identificar aquellos lugares donde hace falta estar presentes. Tener siempre en cuenta que elegimos de lo mejor, lo mejor; que elegimos el todo por el todo, no optamos por Dios por mitad, porque Él opta por nosotros de manera absoluta. Es nuestra vida misma.

 

Formarnos de manera constante y permanente, de tal manera que podamos con esto tener los elementos de discernimiento.

 

Quiero terminar con la siguiente frase:

 

Mientras exista una persona que no conozca a Jesús o no haya experimentado su amor o esté alejada de él, la necesidad de que existan discípulos y misioneros es vigente.

 

 

 

 

 

Guadalupe Isabel Velázquez Sánchez

Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de México y

Comisión de Pastoral Misionera