MATRIMONIO, FAMILIA E IGLESIA


ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL Y FAMILIAR

Partimos de un dato concreto:

Dios llama a todo hombre a la salvación.

La salvación no hay que entenderla como una ‘cosa’, como algo que uno recibe, tiene y puede perder, sino como una relación profunda con el Señor, que coloca a cada individuo en una situación fundamental y le hace vivir plenamente.

El proyecto de Dios sobre el hombre, creado a su imagen.

“Hagamos al hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza...”

"Hombre y mujer los creó..."

La Familia es signo de la Trinidad, está invitada a participar de ese mismo amor y esa misma vida de Dios.

Cuando Dios se comunica a los hombres (pensemos en Abraham, Isaac, etc.) lo hace teniendo en cuenta a sus familias.

Lo mismo pasa en el Nuevo Testamento, La figura de Jesús es la imagen más patente de la relación del hombre con Dios, a cuya imagen han sido creadas todas las cosas (Jn 1, 3: “Todo se hizo por ella (la Palabra) y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”).

Los evangelios continuamente hacen relación a la familia: María y José no salen de su ambiente familiar;  ellos realizan su salvación, el plan de Dios sobre ellos, en su vida familiar ordinaria, cotidiana, de aldeanos de Galilea.  El marco familiar es para los miembros de la Sagrada Familia su lugar de encuentro con Dios.

Más adelante en el Evangelio se firma que Jesús abandona su núcleo estrictamente familiar para realizar la misión que el Padre le ha encomendado, pero es entonces cuando se afirma que otros ambientes o contextos vitales son también la ‘familia’ de Jesús, sobre todo cuando cumplen la voluntad del Padre:

“Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan. El les responde: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3, 31-35;  cf. Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21).

La familia pequeña, historia de salvación:

a familia es el ambiente natural en donde el ser humano encuentra su realización y vida personal.

La salvación, aún siendo un suceso personal, se realiza en unión con otros. La familia representa el grupo más inmediato para ello.  

El amor es la vivencia concreta de la salvación.  Es la relación con Dios —en y por el otro— y la relación de Dios con el hombre por medio del otro. 

Constituye, además, el centro del mensaje de Jesús. La Sagrada Escritura, especialmente la Primera Carta de San Juan y el cap. 13 de la Primera Carta a los Corintios nos lo atestiguan y confirman.

Si la familia está dentro del plan de salvación divino —como realmente lo está— es necesaria, además del esfuerzo humano, la presencia e intervención del Señor como ayuda absolutamente imprescindible para que llegue a buen término el proyecto familiar que Él ha creado.

Concepto de Espiritualidad según el esquema platónico

Elementos de la Espiritualidad:

  1. Conocimiento.  De mí mismo. De Dios. Del proceso espiritual. De la Vocación.
  2. Opción Fundamental. Decisión por Cristo. Motivación básica de la vida; es el para qué de la vida. La Opción Fundamental siempre es por una persona. El Evangelio reclama una adhesión personal a Cristo: es la fe que se vive como comunión.
  3. Estilo de vida. Es la forma de vivir, en coherencia con la opción fundamental.
  4. Medios. Elementos de los que nos valemos para vivir la coherencia y para sostener la Opción Fundamental.

El criterio fundamental que inspira toda acción y toda vida espiritual es el Evangelio, toda espiritualidad cristiana tiene como finalidad una búsqueda práctica de la santidad:

"Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre" (LG11).

La fuerza dinamizadora de este proceso es siempre la Gracia, como acción del Espíritu Santo, que actúa en nosotros.

"La vocación universal a la santidad está  dirigida también a los cónyuges y padres cristianos. Para ellos está  especificada por el sacramento del matrimonio y traducida concretamente en las realidades propias de la existencia conyugal y familiar. De ahí nacen la gracia y la exigencia de una auténtica y profunda espiritualidad conyugal y familiar, que ha de inspirarse en los motivos de la creación, de la alianza, de la cruz, de la resurrección y del signo”.

La espiritualidad familiar consiste en la forma como la familia responde a la vocación o llamada que Dios le hace por la Iglesia, en las circunstancias cotidianas de su propia vida familiar. Por tanto, la espiritualidad familiar tiene como sujeto a la comunidad familiar. Dentro de la comunidad familiar se destaca una comunidad menor, la comunidad conyugal, que tiene entidad propia, toda vez que constituye el núcleo de la familia y a la cual corresponde una espiritualidad propia que podríamos definir así: la forma como la pareja responde a la vocación o llamada que Dios le hace por la Iglesia, en las circunstancias cotidianas de su propia vida conyugal y familiar.

El amor de los esposos, en su relación diaria, está  llamado a ser signo de ese otro amor: el de Cristo por su Iglesia. Su matrimonio es sacramento, un signo de salvación. Ambos ingresan en el misterio redentor de Cristo como esposos: su relación y la calidad de su relación adquieren importancia primordial.

La fidelidad de los esposos no se reduce a cumplir la palabra dada, a cumplir un pacto bilateral. Es fidelidad mediada por Cristo: permanecer en su amor, durar en la opción que un día hicieron ante Él. Esto significa cuidar el amor, perfeccionarlo para que dure, utilizar los medios adecuados para lograr la unión de las personas en el amor.

Los medios de la espiritualidad:

  1. Los medios no son la espiritualidad; pero la espiritualidad exige que se pongan los medios adecuados.
  2. Los medios naturales, exigidos por la naturaleza creada del ser humano, no sólo obligan en conciencia sino que son elemento insustituible de la espiritualidad conyugal. Si no se ponen en práctica, no es posible lograr una vida de pareja y mucho menos una pareja de calidad. Los medios sobrenaturales no reemplazan los naturales, pero ayudan a superar las dificultades que éstos plantean en circunstancias concretas (v.g. el perdón).
  3. En la práctica pastoral no podemos contentarnos con el fomento exclusivo de los medios naturales. Sería dejar a las parejas a medio camino, en un plano inferior al que les corresponde. Por vía pedagógica, sí conviene comenzar por la práctica de los medios naturales.

Medios naturales:

  1. 1. Cultivo de virtudes naturales (respeto, del otro, cortesía, buenos modales; alegría; justicia, fortaleza, prudencia, responsabilidad; sacrificio, generosidad, etc.)
  2. 2.Comunicación interpersonal, diálogo;
  3. 3.Expresión interpersonal del afecto;
  4. 4.Aprendizaje y práctica de un adecuado comportamiento sexual (calidad de la vida sexual);
  5. 5.Adecuado desempeño en el trabajo;
  6. 6.Manejo correcto de los bienes económicos.
  7. 7.Participación en actividades que se propongan en beneficio de la comunidad (v.g. sindicatos, cooperativas, juntas de acción comunal, juntas de padres de familia).

Medios sobrenaturales:

  1. Oración personal, conyugal y familiar.
  2. Práctica de los sacramentos (el matrimonio no puede aislarse de los otros sacramentos).
  3. Participación en la liturgia.
  4. Lectura de la Palabra de Dios.
  5. Formación en la fe (catequesis y doctrina).
  6. Entrenamiento y participación en el apostolado como pareja (apostolado personal, participación en la parroquia, vinculación a movimientos apostólicos, preferentemente familiares).

Y todo, para ser una pareja feliz...

Si logramos esto, ¡estaremos viviendo con plenitud! ¡Se trata de vivir!

  • ¿Tenemos elementos para vivir plenamente según el amor y según el proyecto de Dios para lograr nuestra salvación?
  • ¿Nuestras familias nos ofrecen ese amor que nos hace vivir libres?
  • ¿Hacemos en nuestras familias eco de las palabras de paz de Jesús?
  • ¿Qué valores de vida nos ofrecen nuestras familias para poder caminar con seguridad en medio de nuestro mundo, hacia la plenitud de la vida?
  • ¿Son nuestras familias comunidades de vida y amor que nos permiten formarnos como personas y educarnos como creyentes?

Una espiritualidad matrimonial y familiar se presenta como:

  • Una invitación a la intimidad.
  • Una llamada a la fecundidad.
  • Una promesa de felicidad.

La intimidad

Un hogar es la casa donde da gusto estar: la morada del amor. Es el lugar donde podemos hacer todo con libertad, alegría y naturalidad.

Todos necesitamos un hogar, donde sentirnos bien y donde desarrollar todas nuestras potencialidades humanas

La fraternidad

 Cuando hablamos de intimidad, esta palabra la asociamos con exclusividad, pequeñez, privacidad. Sin embargo, quien ha probado el sabor de la intimidad de la vida del hogar y en él ha probado la intimidad con el Señor, que habita con nosotros, se hace consciente de que la intimidad del hogar incluye a todos.

La fecundidad

La fecundidad con frecuencia no es entendida en toda la riqueza que contiene, la fecundidad es la capacidad de regalar vida. Muchas personas sufren no solamente por no tener un hogar, sino por sus dudas en cuanto a la capacidad de regalar vida: es el temor de ser inútiles, estériles, no valer nada.

Los momentos más íntimos pueden ser invadidos y distorsionados por el ansia de ‘hacer las cosas muy bien’. hasta las relaciones sexuales están condicionadas por el ‘éxito’.

Cuántas personas se sienten solas e incapaces de amar... deberían buscar no la perfección en las técnicas, sino la calidad y profundidad del amor en las relaciones entre esposos.

El gozo es liberarse de situaciones rígidas y fijas. El gozo es siempre nuevo. No hay gozo viejo. El gozo está siempre unido al cambio, al movimiento, a la vida.

El gozo irrumpe en nuestras vidas brotando de una fuente divina que se hace presente en el seno de la familia.

Que cada familia, cada hogar, cada hombre y mujer, cada niño o niña puedan encontrar la riqueza maravillosa de este santuario de vida y espiritualidad que es la propia familia y puedan tener una vida íntima, solidaria, llena de valores, feliz y llena también de buenos frutos.

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