SECRETARIADO DE PASTORAL LITÚRGICA

OCTAVA JORNADA ARQUIDIOCESANA DE ESTUDIO LITÚRTICO

ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO


Los ministerios litúrgicos en la Arquidiócesis de México
(Panel)

Panelistas:
Pbro. Eduardo Mercado Guzmán
Pbro. Dr. Ricardo Valenzuela Pérez

Los ministerios laicales en la Iglesia

El modelo de Iglesia que hoy impulsamos se le puede denominar evangelizador, el cual es consecuencia de la visón eclesiológica del Concilio Vaticano II, la cual se comprende por los conceptos de Comunión y Servicio.

Para comprender esta nueva visión de “Ser” Iglesia tenemos que recurrir a la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, en donde precisamente se define el Ser o naturaleza de la Iglesia como Pueblo de Dios, el cual se expresa de manera clara como Comunión, conformada e integrada por todos los bautizados, los cuales participamos en igualdad en este cuerpo que llamamos la Iglesia, inspirados en las imágenes del Cuerpo de Cristo o el de la construcción de un edificio.

Siguiendo las orientaciones de la Lumen gentium, este Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo está constituido por los laicos, consagrados y consagradas, así como por los ministros ordenados.

En esta nueva perspectiva todos los bautizados participamos del triple oficio de Cristo sacerdote, profeta y rey, los cuales se traducen en el campo pastoral como profética, litúrgica y socio-caritativa. Esta participación nos hace a todos corresponsables de la Misión de la Iglesia, la cual significa llevar a todos al conocimiento de Cristo como el único salvador de la humanidad.

Los laicos corresponsables en una Iglesia ministerial

Desde el origen de la Iglesia, ésta se entendió como una comunidad ministerial, en la que por la acción del Espíritu Santo surgieron aquellos carismas que puestos al servicio de la comunidad se constituyeron en ministerios o servicios, con la intención de edificar o construir la Iglesia.

Pronto se fueron identificando diferentes servicios necesarios para la vida de la comunidad, entre ellos están la definición del ministerio sacerdotal, especialmente la del obispo y del presbítero con sus tareas especificas.

Hoy con el impulso del Concilio se subraya con mayor insistencia la participación directa de los laicos en la Misión de la Iglesia, y aunque el Concilio subraya de manera más sensible que su vocación radica en la santificación de los llamados ambientes seculares, esto no impide que su acción se vea reflejada en tareas “intra” como “extraeclesiales”, ya que el dinamismo de la Misión de la Iglesia radica en la edificación del Cuerpo para que éste sea constructor del Reino en el Mundo.

Así que los laicos incorporados por el bautismo a Cristo sacerdote, profeta y rey son también corresponsables de la Misión desde las tareas pastorales derivadas de la dimensión profética, litúrgica y socio-caritativa;de estas dimensiones se derivan una serie de tareas que van desde el anuncio de la Palabra en sus distintas modalidades, pasando por la celebración de los misterios de la fe, hasta el testimonio cristiano en el mundo.

Los ministerios laicales en nuestra Arquidiócesis de México

Nuestra Iglesia arquidiocesana desde la celebración de su II Sínodo ha ido configurando un modelo pastoral evangelizador, hoy bastante enriquecido por la V Conferencia episcopal latinoamericana, celebrada en Aparecida Brasil, de ahí hemos ratificado la urgencia de asumir como eje de nuestro proyecto pastoral la Misión permanente.

Desde la celebración del II Sínodo quedó suficientemente claro que los Agentes de la Nueva evangelización para nuestra arquidiócesis somos todos los bautizados: laicos, religiosos y religiosas y los ministros ordenados. Hoy nos queda muy claro que esto solo lo lograremos cuando pasemos del proceso de discípulos al de misioneros. Aparecida ha dicho discípulos misioneros, en donde los laicos están incluidos.

Como consecuencia de nuestra opción pastoral arquidiocesana, está el tema de los ministerios laicales, que en esta Jornada de pastoral litúrgica se ha tomado como tema de reflexión, mirando especialmente a aquellos que surgen de la liturgia.

Sin embargo no podemos hablar de los ministerios litúrgicos de manera aislada, sino en una visión de conjunto pastoral, en donde todo ministerio encuentra su razón de ser, en cuantohan de estar al servicio de la Iglesia para ser constructores del Reino en el Mundo.

Ojalá que esta Jornada nos anime a todos a asumir un compromiso más sensible con nuestra Iglesia, a través del ejercicio de ministerios más estables en el campo profético, litúrgico y socio-caritativo, para esto es ineludible una formación que garantice por parte de los bautizados un mejor servicio en la Misión permanente en nuestra Arquidiócesis.

La ministerialidad en la Arquidiócesis de México

Principia

Para poder entender mejor la ministerialidad, me parece oportuna detenernos a considerar cinco principios orientadores en materia de ministerio, a saber:

“Yo no he venido ser servido sino a servir” (Mt 28, 20). Cuando el Señor Jesús plantea este postulado, nos da la norma suprema para entender y realizar el servicio en la comunidad. Es más importante servir, lo que pone las bases para una espiritualidad. Al momento de ejercer un ministerio ofrece una constante tentación; sentirse importante y perder la humildad como condición indispensable para la realización de cualquier oficio o servicio dentro de la Iglesia.

SC 28-29: Cuando la Constitución Litúrgica aborda el tema de los diferentes servicios dentro de la celebración, elabora un esquema que jerarquiza las funciones y los servicios, de modo que “cada uno haga lo que le compete”. Cuando no se considera este principio, no es fácil interpretar y desarrollar la sinergia celebrativa, es decir, que los varios ministerios y momentos de participación ponen de manifiesto la vitalidad del “Corpus unum” que es la expresión sensible del Cuerpo Místico de Cristo; al no vivir este aspecto tan importante se corre el riesgo vivir una constante confusión e incomodidad que no conduce a la adecuada expresión eclesial: todos los ministerios sirven para edificar

Astare coram te et tibi ministrare”: En la Plegaria Eucarística II atribuida a Hipólito de Roma (s. III) leemos en la traducción del Misal Romano “nos haces dignos de servirte en tu presencia”. Esto significa que el Señor nos llama para servir y nos da la posibilidad (dignidad) para lograrlo. Forma parte de la espiritualidad del servicio, pues sólo estando delante de él, en su presencia, contemplándolo seremos capaces de ejercer un ministerio de calidad y en la santidad. Prescindir de su presencia es alejarse de la fuente y corromper la naturaleza del ministerio en la Iglesia.

La ministerialidad vista desde la “Dominica in albis deponendis” adquiere una fuerza muy especial ya que tras haber recibido el bautismo en la noche Santa de la Pascua, los neófitos pasaban la primera semana de Pascua en medio de una preparación mistagógica, que consistía en disponerse de tal modo que, alimentados por Cristo y cobijados por la comunidad, se disponían al servicio que marcaba su inicio con la celebración del domingo (II de Pascua) en la que se quitaban las vestiduras blancas de la fiesta para ponerse a servir a los hermanos.

La Eucaristía es principio de Caridad (cf. Ecclesia de Eucharistia 31, 37), por lo que cada celebración, hace brotar la riqueza que en este sacramento se contiene, por esta razón, los fieles que participan y sobre todo, quienes ejercen algún ministerio, están llamados a expresar con su vida y con su actuar, la fuerza renovadora y santificadora del misterio al sirven y en el que participan.

Realidades

El marco eclesial del Discipulado se encuentra ya la programación y sistematización del II Sínodo Arquidiocesano y se condensa  posteriormente, en el documento de Aparecida. De este modo, el ministerio como servicio de santificación para sí y para los demás ha sido muy bien aceptado en la Arquidiócesis de México. Contamos con Ministerio ordenado y Ministerio no ordenado, entre los que se consideran estos ministerios: Acolitado, Lectorado, Cantorado, Mesac (Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión), Catequistado, Sacristanes, Animadores litúrgicos, etc.

Retos

Vislumbro los siguientes retos:

  1. Organización.
  2. Interministerialidad.
  3. Formación continua y espiritual.

Vida en Cristo “Vide ut quo ore cantas, corde credas, et quod corde credis operibus probes”.

Pbro. Dr. Ricardo Valenzuela Pérez


¿Cuál es el objetivo de este encuentro?

La estructura pastoral arquidiocesna organiza estos eventos con la finalidad de animar el trabajo pastoral que tenga repercusión en las demás instancias de la organización passtoral, especialmente las vicarías, decanatos y parroquias.

Siendo esta Jornada organizada por el Secretariado y Comisión de pastoral litúrgica, ésta se centra en el tema de los ministerios laicales especialmente de aquellos que miran a la animación litúrgica.

El tema de los ministerios laicales ha sido una preocupación del servicio pastoral de nuestro actual Arzobispo, el Cardenal Norberto Rivera; a nosotros sus colaboradores de la pastoral arquidiocesana nos toca animar, promover y ejecutar sus orientaciones, así que esta Jornada pretende dar un paso más en la promoción de la ministerialidad en nuestra Iglesia particular.

¿Cuál es el deber actual de los ministerios litúrgicos?

El deber es hacer de nuestras celebraciones litúrgicas, especialmente de la Eucaristía una participación de todos, la celebración comunitaria debe reflejarse por la participación activa de todos los que participamos, sacerdotes y laicos.

En la celebración son importantes tanto el presidente, como los lectores y acólitos, colectores, quienes acogen a los participantes, los que animan con la música…

El asumir un ministerio conlleva la obligación de prepararse para que su participación sea de mayor calidad en beneficio de todos y del decoro y dignidad de la celebración; la espontaneidad e improvisación las más de las veces no ayudan a que la celebración dé todos sus frutos en bien del crecimiento espiritual de la comunidad.

Los distintos servicios litúrgico deben estar en sintonía con los otros ministerios eclesiales para lograr una buena formación de todos los cristianos, que alimentados por la Palabra deben transformarse en testigos del amor de Dios entre sus hermanos.

¿Qué se espera con esta asamblea?

Como ha quedado señalado en el objetivo, esperamos animar y promover la participación de todos en nuestras celebraciones litúrgicas y motivar, particularmente a los laicos a asumir de una manera más consciente los distintos servicios en la Iglesia que le son propios. Ellos también son llamados desde su vocación específica para ser enviados a ser corresponsables de la Misión de la Iglesia.

¿Podría comentarnos el objetivo de su participación?

Considero que la razón por la que se me ha invitado a participar en esta Jornada, es para reflejar la comunión que ha de existir entre las distintas tareas pastorales en la Iglesia y aunque soy el responsable de la animación de la pastoral profética, ésta no puede ser ajena a las otras dimensiones de la pastoral como son la litúrgica y la socio-caritativa.

Dentro de la especificidad de los ministerios, éstos no deben perder el sentido eclesial que mira a todo el cuerpo y a su Misión única, que es estar al servicio del Reino.

La Comisión de catequesis arquidiocesana, la cual también coordino, en su Semana arquidiocesana asumió el compromiso de impulsar la institución del Ministerio estable del Catequista, promulgado por el Sr. Arzobispo hace dos años, el camino que hemos llevado ha sido interesante por la reflexión en el tema de los ministerios laicales, así como en las exigencias que esto conlleva hacia la formación de los agentes catequistas.

Además con esta idea de la transversalidad pastoral yo no entendería el ministerio del catequista sin las otras áreas de la pastoral, la litúrgica y la socio-caritativa. De hecho la catequesis encuentra en la liturgia el lugar propio de la fe celebrada y en la pastoral socio-caritativa el lugar del testimonio cristiano. La catequesis hoy entendida como un momento de formación integral de la fe, mira como sus tareas propias la educación litúrgica y la vida en Cristo, como la manera de ayudar a nuestros bautizados a autentificar su fe, no solo por la Palabra sino por la vivencia de la misma.

PRESENTACIÓN

La institución del ministerio de catequista se realiza en la perspectiva de la participación activa de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, en sus vertientes: profética, sacerdotal y caritativa; impulsada por el Concilio Vaticano II, asumida como línea fundamental en el II Sínodo diocesano y el proceso postsinodal.

Después de las convenientes consultas y de un tiempo oportuno de discernimiento, el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, junto con su Consejo episcopal, decidió instituir en la Arquidiócesis Primada de México el “Ministerio de Catequista”, en el amplio y profundo sentido Que el magisterio actual da a la catequesis.

El presente trabajo recoge:

  1. El Decreto de Institución con el cual se instituye en la Arquidiócesis de México el “Ministerio de Catequista”.
  2. La Iluminación con la que la Vicaría de pastoral y la Comisión arquidiocesana de Catequesis motivan e invitan a reflexionar, sobre la Ministerialidad de la Iglesia en general y específica de los ministerios Laicales; así el ministerio del catequista viene a enriquecer a nuestra Iglesia local con el reconocimiento de este ministerio.
  • Las Orientaciones Prácticas, ofrecen los aspectos a considerar Sobre el “Perfil” de los candidatos y los “Criterios” para acceder a la institución del ministerio; además se presenta un apéndice con los formularios que se pueden utilizar.

Que la bendición de Santa María de Guadalupe, primera evangelizadora y catequista de nuestra ciudad, nos acompañe en nuestro caminar pastoral arquidiocesano.

Mons. Alberto Márquez Aquino, Vicario de Pastoral
Pbro. Eduardo Mercado Guzmán, Director de la Comisión de Catequesis

DECRETO DE INSTITUCIÓN
DEL MINISTERIO DE CATEQUISTA
+ Norberto Card. Rivera Carrera

Por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica
Arzobispo Primado de México

El mandato del Señor de ir y hacer discípulos, de bautizar y de enseñar (cf. Mt 28, 18-20; Mc. 16, 15),  se profundiza mediante la catequesis.

“La catequesis es la enseñanza orgánica y sistemática de la doctrina cristiana, impartida con el fin de iniciar a los creyentes en la plenitud de la vida evangélica. El fin último de la catequesis es ‘poner a uno no sólo en contacto, sino en Comunión, en intimidad con Jesucristo’, para que así pueda reconocer la acción, del Espíritu Santo, del cual proviene el don de la vida nueva en Cristo” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 529, CEM, 2004, pp. 96-297).

El Siervo de Dios Juan Pablo II al mandar que se publicara el Catecismo de La Iglesia Católica, afirmaba: “El Concilio Ecuménico Vaticano II tenía como Propósito y deseo hacer patente la visión apostólica y pastoral de la Iglesia, y conducir a todos los hombres, mediante el resplandor de la verdad del Evangelio, a la búsqueda y acogida del amor de Cristo que está sobre toda Cosa”. (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Fidei Depositum, 11, 10. 1992, n. 1, Introducción).


Ir al CONTENIDO