SECRETARIADO DE PASTORAL LITÚRGICA

OCTAVA JORNADA ARQUIDIOCESANA DE ESTUDIO LITÚRTICO

ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO


La Liturgia en la Arquidiócesis de México
desde el II Sínodo y las Asambleas Diocesanas

Mons. Alberto Márquez Aquino

La liturgia identificación y definición
La liturgia celebración de los sacramentos
La liturgia como medio de Evangelización
Dimensión pastoral del II Sínodo

En el ámbito de las Asambleas sinodales «la liturgia y la oración enmarcaban el trabajo de cada día y de cada semana», por lo que en un primer momento podemos observar la importancia que se le dio a la liturgia desde el principio. En otras palabras se buscó consagrar el trabajo a Dios; para que, asistidos por el Espíritu Santo, los sinodales pudieran reflexionar en torno a la situación de la Iglesia que peregrina en México — Tenochtitlán.

En este ambiente de trabajo y oración, se realizaron las jornadas de preparación, las asambleas sinodales (con sus semanas de reflexión), y otros momentos en los que se habló de la liturgia directa o tangencialmente. De hecho, el término liturgia aparece en el ECUCIM (Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México, II Sínodo Diocesano, Arquidiócesis de México 1995) unas 47 veces indicando por una parte la naturaleza misma de la liturgia, y por otra, las implicaciones que tiene el vasto ámbito de la liturgia en la acción evangelizadora de la Iglesia.

Durante la tercera semana, en la que se abordaron los “Medios de la Nueva Evangelización”, se tocó el tema de la liturgia en el VII capítulo, donde se establecen los criterios fundamentales para situar la dimensión de la Liturgia en la acción evangelizadora de la Iglesia. Así, en el primer párrafo del capítulo, la liturgia es definida de la siguiente manera:

La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, es la fuente de donde dimana toda su fuerza.

El documento retoma por entero la propuesta hecha por el Concilio Vaticano II, apuntando de este modo a una —y no a todas— de las notas que identifican a la liturgia. Es decir, en vistas a elaborar un documento que revisa los “Medios de la Nueva Evangelización”, la consideración que se hace de la liturgia obedece a la óptica e intención que fue propia de esta tercer semana, por lo que al hablar de la “acción evangelizadora” de la Iglesia, es obvio que la liturgia es vista desde esta perspectiva de modo que pueda iluminar suficientemente la reflexión y el análisis de un tema tan importante como es el de la Evangelización. Esta, empero, no es la única definición que se da sobre la liturgia. En el glosario del documento, bajo la voz «liturgia», leemos el siguiente postulado:

Es la acción de la Iglesia que celebra su fe. Todo bautizado está llamado a participar plenamente en ella, cada uno de acuerdo a su estado o función.

En el siguiente punto se habla de que «todo bautizado está llamado a participar plenamente en ella», tocando así dos notas importantes que complementan la definición: el bautismo como «vitae spiritualis janua»  incorpora a la comunidad que celebra la fe, por lo tanto los miembros están invitados a participar en la liturgia como parte integrante de la vida espiritual otorgada en el bautismo. El texto sinodal emplea el adverbio «plenamente» podría interpretarse como una síntesis de las expresiones empleadas por el Concilio a propósito de la participación de los fieles: plena, consciente y activa como parte integrante de la vida espiritual otorgada en el bautismo. El texto sinodal emplea el adverbio «plenamente» podría interpretarse como una síntesis de las expresiones empleadas por el Concilio a propósito de la participación de los fieles: plena, consciente y activa. Sin embargo, la mención que se hace sobre el «estado o función» de cada uno de los bautizados, es un eco de la especificidad de funciones presentadas por la Constitución litúrgica, donde en función de las acciones litúrgicas de la Iglesia, por su orden y ejecución.

Se pone de manifiesto que la Iglesia es «unitatis sacramentum». Cuando se habla de funciones, es necesario decir que el ministerio de los Obispos, Presbíteros y Diáconos quienes, al servicio de la comunidad eclesial por el triple ministerio de la palabra, de la liturgia y de la caridad, van acompañando el crecimiento y maduración apostólica de las otras vocaciones cristianas.

En otras palabras, desde esta propuesta, se visualiza la naturaleza de la Iglesia que celebra su fe en los diferentes servicios u oficios que se desarrollan en la comunidad y se amplía el horizonte del la visión sinodal en cuanto a la liturgia se refiere.

Ahora bien, conviene presentar otro punto de consideración que se encuentra en el documento sinodal y que permite ir formando el mosaico de las notas constitutivas que nos permiten adentrarnos en la identidad de la liturgia. El texto reza así:

Desde el inicio de los trabajos sinodales se habló de la liturgia como elemento indispensable en la proclamación del Evangelio; a ella se le dedica, en este Cuaderno de Trabajo, una extensión considerable, debido a la importancia práctica que reviste en la acción pastoral para la Ciudad y su cultura. Conviene situar la liturgia en su verdadero nivel, no como un simple medio para obtener algo —lo cual sería una especie de instrumentalización—, sino como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo por el cual «la Iglesia cumple la función de santificar de modo peculiar». Ojalá que las consideraciones y discusiones sobre el papel de la liturgia nos lleven a clarificar su valor propio y a descubrir sus implicaciones concretas en las tareas de la Nueva Evangelización.

En la relación especial de la tercera semana, cuyo tema es el de los Medios de la Nueva Evangelización, entre los varios puntos en  los que se desglosa el argumento, se habla de la liturgia como un «elemento indispensable en la proclamación del Evangelio». En la formulación se encuadra la dimensión propia de la liturgia, evitando considerarla como un simple medio, más bien se la define como «el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo» empleando la misma expresión de la Constitución litúrgica.

Se aborda además otra de las características de la liturgia: la función de santificar. Este «munus sanctificandi» es una obra que tanto el Concilio, como el CIC de 1983, consideran como la «acción sagrada por excelencia», pues incluye por una parte la glorificación de Dios y la santificación del hombre, por lo que no es igualable a ninguna acción de la Iglesia.

De hecho, cuando el texto sinodal habla acerca de las «consideraciones y discusiones sobre el papel de la liturgia», propone que éstas «nos lleven a clarificar su valor propio y a descubrir sus implicaciones concretas en las tareas de la nueva Evangelización». Las diferentes propuestas, sobre todo en el momento de la ejecución, no es siempre fácil interpretar de una manera adecuada un documento de esta índole. Por otra parte, cuando en su momento se habló de la importancia de la liturgia en la acción Evangelizadora de la Iglesia, se pidió evitar su instrumentalización.

La liturgia
Celebración de los Sacramentos

Entre los postulados en los que se toca específicamente la liturgia —en el VII capítulo de la tercera semana—, después de hablar de la liturgia como «cumbre y fuente», se busca aprovechar la riqueza de la liturgia en la «celebración de los sacramentos», pero no limitándola,  como rezan los siguientes párrafos:

La celebración de los sacramentos —centro de la experiencia de la vida cristiana— ha sido la base fundamental en la práctica de evangelización de la mayoría de los fieles.

En la mentalidad mexicana, la cultura simbólica y celebrativa ha favorecido la pastoral de los sacramentos como medio ordinario y, en ocasiones, único medio de la evangelización.

Es cierto que existen riesgos de “sacramentalismo”, igualmente, al negar o minimizar la importancia y significado de la práctica sacramental, se correría un grave riesgo teológico y pastoral.

¿Cómo lograr que la acción sacramental tenga un sentido evangelizador desde su preparación, en su celebración y después de la misma? Éste es el desafío fundamental.

¿Cómo desligar la celebración de los sacramentos de toda apariencia de lucro o interés económico?  Esta también es una cuestión primordial en el propósito de la Nueva Evangelización.

¿Cómo conseguir que la celebración y la participación en los sacramentos forme parte de un proceso de conversión y de verdadero compromiso en la vida cristiana?

Ciertamente cuando se llega a los «hechos», se reconocen los límites de formación litúrgica así como las dificultades concretas que ofrece una Iglesia local como la nuestra.

La liturgia
como medio de
Evangelización

El II Sínodo invita a revisar toda celebración litúrgica para recuperar su lugar dentro del proceso evangelizador y su significado en la vida de los hombres. La Nueva Evangelización pide hacer de la liturgia, es decir de la celebración de la fe, algo más vivo y testimonial.

Una vez que en el glosario se define la liturgia, aparece una de las formulaciones del decreto en la que se revalora el papel de ésta en el proceso evangelizador, en virtud de la vivencia y testimonio que demanda la Nueva Evangelización. Si se habla de proceso evangelizador o del significado en la vida de los hombres, así como la vivencia y el testimonio, es menester proponer algunas pautas concretas que conduzcan a estas metas, que en la mentalidad sinodal, está determinada por la perspectiva que la concibe como «medio» que sirve para evangelizar, cuando se nota que el peligro estriba en lo que el mismo Sínodo quiere evitar: la «instrumentalización».

La «liturgia» —y en particular el conjunto de los sacramentos— es el medio más habitual de la evangelización de las comunidades. Requerimos de una renovación profunda de la pastoral de los sacramentos de manera que los fieles puedan vivir una experiencia verdaderamente evangelizadora antes, durante y después de la celebración sacramental.

El documento apunta a dos consideraciones de suma importancia. La primera de ellas es la «renovación profunda de la pastoral de los sacramentos» que aplicada apropiadamente, daría como consecuencia una celebración litúrgico sacramental más intensa que favorezca una «experiencia verdaderamente evangelizadora». Ahora bien, el documento sinodal aborda el tema del tiempo con la expresión «antes, durante y después», por medio de la cual se coloca la preparación en una continuidad de vida.

En el siguiente enunciado se observa un añadido al «ambiente cultural» que enriquece la propuesta:

En nuestro ambiente cultural y aun en la misma Iglesia, marcada por la religiosidad popular y la diversidad de devociones, no ha sido suficientemente comprendido, valorado y explorado —incluso entre los Sacerdotes— el potencial evangelizador de la liturgia. Las celebraciones litúrgicas deben llegar a ser acciones evangelizadoras más completas y fructuosas; para esto se requieren profundos cambios de mentalidad y de práctica pastoral.

Los términos en los que se expresa este «desafío» del VII capítulo de la tercera semana, son contundentes: se declara la peculiaridad del ambiente cultural, la insuficiencia de comprensión, valoración y exploración del potencial de la liturgia, incluso —dice el texto— de los mismos sacerdotes que son los ministros de la actualización del Misterio Pascual de Cristo por medio de la acción litúrgica. Este aspecto de cambio, como lo propone el  desafío, resulta en sí mismo un reto difícil pues el texto apoya su reflexión en la profundidad del cambio de mentalidad y de práctica pastoral.

Quiera Dios que en nuestra Iglesia local se puedan verificar en su totalidad estas propuestas, para lograr así que la liturgia, se concretice en un proyecto comunitario de la inculturación del Evangelio, ya que entendida la celebración del Misterio en la liturgia y como testimonio de fe, se visualiza mayormente diálogo con todos los hombres de nuestra comunidad local y universal para caminar en la búsqueda de la verdad.

Dimensión pastoral del Sínodo

Con lo anteriormente dicho, se observa que el documento sinodal manifiesta algunas preocupaciones en torno a la dinámica pastoral de la comunidad, donde la liturgia tiene un lugar particularmente importante. Lo que se requiere es crear un lugar de reflexión desde la propuesta sinodal para la edificación y construcción del Reino de Dios en la situación concreta de nuestra Iglesia local.

Necesidad de adaptar la Liturgia

La necesidad de adaptar la liturgia a las diferentes condiciones y modelos culturales ha sido una de las exigencias y prioridades del Concilio Vaticano II, además el tema mismo de la inculturación litúrgica ha sido una preocupación que ha dado lugar a una reflexión sobre los modelos de inculturación, por lo que es necesario entender desde esta óptica las propuestas que el II Sínodo hace al respecto.

El documento dice que “los libros litúrgicos permiten un margen de adaptación a la asamblea y a las personas, y una posibilidad de apertura a la idiosincrasia y a la cultura de los diversos pueblos; por eso se debe adaptar la liturgia a las diversas culturas y a las situaciones de nuestro pueblo joven, pobre y sencillo”. «Es necesario que la liturgia incida en el compromiso social de los cristianos sin desfigurar su valor evangelizador».

Debe ser anuncio e incidir en la vida. De hecho el documento lo afirma en otro momento de la siguiente manera:

La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el modo de ser y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos.

La liturgia personas y organismos que la promueven

Para lograr lo anterior, el ECUCIM propone que haya algunas personas y organismos que, desde su situación específica, promuevan la acción sagrada, su valor catequético y su eficacia evangelizadora.

Los Obispos y Vicarios Episcopales —en su función propia de liturgos— animen, orienten, supervisen y promuevan, junto con los Párrocos y Sacerdotes, la capacitación de equipos de liturgia en las comunidades, tomando en cuenta las experiencias existentes y los centros de formación existentes en la Arquidiócesis.

La Comisión Diocesana de Liturgia, en coordinación con las comisiones vicariales, elabore y dé a conocer diversos esquemas de celebraciones adaptadas a los distintos ambientes de la Ciudad y a los diversos grupos humanos; apoyen y asesoren «centros piloto» de promoción litúrgica, conforme a las directrices del Magisterio.

Los Párrocos y los Sacerdotes en general procuren actualizarse para poder atender a la capacitación de los equipos de liturgia en las comunidades, tomando en cuenta las experiencias existentes y los centros de formación que hay en la Arquidiócesis.

Líneas de acción

Las así llamadas líneas de acción para la Opción Prioritaria Sinodal, que abarca los números 4292-4442, contiene un apartado para la «liturgia y la oración» que aborda el tema que nos interesa en clave de acciones concretas a realizar, y que tienen como finalidad fomentar la participación de los fieles en la acción litúrgica. Dichas líneas se presentan en los siguientes postulados que buscan responder a las diferentes inquietudes pastorales del II Sínodo, logrando articular una dimensión.

Más amplia de trabajo específico y de renovación en la manera de entender y vivir la celebración de los sacramentos.

Celebrar las acciones litúrgicas no sólo como experiencias internas o comunitarias de fe sino también como estímulo del compromiso personal y social con Dios y con los hermanos, para la construcción del Reino de Dios en el ámbito de la vida y de las estructuras seculares.

Dar a la Palabra de Dios el lugar primordial en las celebraciones litúrgicas, en la predicación y enseñanza, en las oportunidades ordinarias de trato pastoral, leyéndola de acuerdo a la tradición viva de la Iglesia, al Magisterio y a la situación concreta de las personas y de la comunidad.

Subrayar en las celebraciones sacramentales la presencia de las familias, y hacer sentir que juntas forman la gran familia del Pueblo de Dios cuyo sentido comunitario consiste, principalmente, en la proyección hacia el compromiso cristiano con los demás.

Impulsar la convicción de que el bautismo, la confirmación y la eucaristía —bajo los aspectos de la liturgia y de la pastoral— forman una unidad que, al mismo tiempo, debe constituir un proceso gradual de las diversas dimensiones de la fe, y que por tanto estos sacramentos, tratándose de adultos, exigen el catecumenado.

Desarrollar la creatividad pastoral en respuesta a las necesidades de los fieles e implementar una evangelización que, sin dejar de ser expresión de fe en el culto, llegue a los más alejados y pobres, para construir el reino de Dios, dinamizando la vida litúrgica de la Parroquia como lugar de encuentro de pequeñas comunidades y grupos menores.

Introducir en las celebraciones litúrgicas símbolos, cantos y plegarias que sean más adecuados a la cultura y a las situaciones de la comunidad concreta, a fin de que la liturgia, guardado el respeto a las normas de la Iglesia universal y particular, sea más vivamente participada y su fruto se proyecte mejor a la vida del pueblo.

Promover la oración personal, comunitaria y en grupos, a través de formas adecuadas a los diversos tipos de fieles y a sus ambientes, partiendo del testimonio de oración de los mismos Agentes de evangelización y de las comunidades de vida contemplativa.

Como se puede observar, estas líneas de acción dibujan un proyecto pastoral y litúrgico que permita responder a las necesidades pastorales de una Iglesia como la nuestra. Dicho proyecto, una vez analizado, puede ser presentado bajo el siguiente esquema que contiene los puntos esenciales por medio de los cuales se desarrolla la pastoral litúrgico-teológica de nuestra Iglesia particular:

  • La dimensión espiritual.
  • La íntima unión con la Palabra y la tradición.
  • Los aspectos concretos del cuerpo místico de Cristo que se verifican en toda celebración litúrgica.
  • La iniciación cristiana como el momento privilegiado para asumir un compromiso de vida.
  • La dinámica propia de la liturgia que permite el anuncio y celebración de la Buena Nueva así como la actualización del Misterio, de modo que los elementos constitutivos de la celebración litúrgica –símbolos, cantos y plegarías– son parte importante dentro del proyecto de la inculturación litúrgica.

A. El Segundo Sínodo Diocesano

Los ministerios laicales fueron tratados como un tema importante en la reflexión del II Sínodo Diocesano, en el cual se abren amplios horizontes y se señalan cauces para que, mediante aquellos, podamos avanzar en la realización de las respuestas que necesita nuestra pastoral, animada por el espíritu de comunión y corresponsabilidad. Es oportuno que recordemos algunos principios de especial relevancia que se encuentran en los diversos documentos sinodales.

“Los ministerios laicales tienen su fundamento sacramental en el bautismo y en la confirmación, y también en el matrimonio” (ECUCIM 247). Son el resultado y condición de la vitalidad de una comunidad (cf. Ib. 2536). En la comunidad eclesial son un servicio para la vida y el crecimiento de ésta, al mismo tiempo, por medio de ellos los laicos cumplen su misión en la restauración del orden temporal (cf. 2548 y 2541). Hay una amplia gama de ministerios para hombres y para mujeres (cf. 2551).

Se requiere de estudio para conocer cuáles son los ministerios laicales convenientes y oportunos de acuerdo a las necesidades más urgentes de la Ciudad y difundir los perfiles propios de estos ministerios (cf. 2561). La pluralidad de ministerios laicales nos ayuda a abrirnos, de manera misionera, a la comunidad católica y “ad gentes” (cf. 2114). Por otra parte, es necesario profundizar en el término (ministerios) y no abusar de él (cf. 2539).

B. Etapa Postsinodal

Algunas comunidades en la Diócesis han venido trabajando respecto a la búsqueda y a la práctica de servicios estables de los cristianos laicos. Por su parte el Señor Cardenal, ha señalado algunos lineamientos en relación con los ministerios laicales sobre todo con ocasión de algunas de sus orientaciones pastorales de cada año. Se hace en seguida alusión a las principales ideas que hay que tener en cuenta.

“Será conveniente continuar profundizando sobre la doctrina y posibles aplicaciones concretas de nuevos ministerios laicales, por ejemplo, los coordinadores de comunidades menores, de los equipos misioneros parroquiales, decanales y de vicaría. De modo análogo piénsese en servicios que contribuyan a la mejor participación litúrgica, como coordinadores de música, de áreas de pastoral (juvenil, familiar, movimientos y asociaciones laicales) y sectores territoriales y ambientales” (PESJ 58-59).

Hay que advertir que en nuestro lenguaje Arquidiocesano, como en otras Iglesias locales, el calificativo de “instituidos”, referido a los Ministerios laicales, se utiliza no en sentido estrictamente canónico (cf. c. 230, 1), sino en un sentido análogo.

C. Momento Actual

Más recientemente se ha despertado en la Arquidiócesis un nuevo interés por los ministerios laicales, desde la realidad de formar agentes comprometidos con la Misión permanente de nuestra Iglesia.  Necesitamos la gran diversidad de carismas que se manifiestan, se hacen eficaces y concretos en la ministerialidad de la Iglesia y para la  Iglesia: Ad intra y ad extra.

D. Hacia Adelante

Este hecho de ninguna forma es punto de llegada en nuestro proceso pastoral; por el contrario, debemos considerarlo como un paso que nos permita ahondar más en el significado teológico de los ministerios laicales y de su puesta en práctica, tanto en las Parroquias como en otros ámbitos de la vida pastoral.

Por eso, el Señor Cardenal exhorta a todos los agentes de pastoral a que pongan interés en avanzar juntos en este camino que, como hemos dicho, ya desde hace tiempo hemos empezado. Particularmente, pide a las instancias que tienen ya iniciado un estudio sobre este tema y a todos los que participan en organizaciones y movimientos laicales, continúen en ese trabajo para que, explicitando y profundizando los principios expuestos, puedan entregar al mismo Señor Cardenal y a la comunidad Arquidiocesana sus conclusiones que, desde luego, habrán de referirse a la formación de los laicos, a su apostolado en la Iglesia y en el mundo y, a la  proyección de los ministerios laicales.


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