La
dimensión familiar
Pbro. Lic. Luis Alejandro
Monroy

7
de septiembre de 2005
Hablar de la dimensión de la Familia en el contexto eucarístico
es necesariamente traer a la luz un aspecto que hoy por hoy cada pareja
de cónyuges y cada familia debemos de recuperar en nuestro
interior, ese sabernos partícipes, fortalecidos y enviados
para dar testimonio en el mundo. En nuestros días, vemos a
algunas parejas que acuden a misa, otras, que acuden por separado,
primer va ella y luego va él o simplemente, solo va uno. Algunas
familias acuden juntos pero en todas va faltando de repente esa conciencia
de envío, esa conciencia, de vivir una dimensión misionaria
desde la eucaristía, esa conciencia de saberse familia con
Dios, ese saberse don, ese saberse pan partido para el mundo, ese
creas comunión eclesial.
Tocaré a grandes rasgos dos puntos: uno será la forma
misionaria del ser eucarístico nupcial desde la pareja y la
familia, que tiene su ser fundado en el sacramento del matrimonio
como participación en el amor de Cristo y de la Iglesia. Esto
nos envía al bautismo y a la confirmación que, con la
eucaristía, fundan el estatutos sacramental cristiano de los
esposos y especifican en modo nuevo su identidad en el "nosotros"
nupcial de la pareja, partícipe según algunas dimensiones
específicas desde el espíritu profético, sacerdotal
y real . Estamos además referidos al estatuto antropológico
del ser comunional de la persona , que encuentra en la unidad dual
de la pareja su ser eclesial, ordenando en modo específico
la misión de la familia.
Y en el otro momento pondré a la luz algunas dimensiones de
tal misión individual en la custodia de la imprescindible dimensión
nupcial de la pareja, en la cual la persona de los esposos encuentra
identidad sacramental en el cumplimiento en la pareja-familia de una
específica dimensión eucarística, en la coexistencia
en el seno de la iglesia con los otros estados de vida, en la experiencia
del servicio a la vida , a la persona y al mundo , brotando del ser
sacramental y eucarístico de la pareja.
1.
LA FORMA MISIONARIA DEL SER EUCARÍSTICO/NUPCIAL DE LA PAREJA
Y DE LA FAMILIA
1.1
LA SACRAMENTALIDAD DEL MATRIMONIO COMO FUNDAMENTO DE LA MISIÓN
El
sacramento del matrimonio alcanza la plenitud de la configuración
a la nupcialidad eucarística de Cristo esposo de la iglesia
y esposo de la humanidad. La Iglesia, es en efecto, la esposa de Cristo
que, en la comunión y en la identificación con él,
está destinada a la salvación del mundo y de todos los
hombres. Ella es el lugar de la elección, pero de una elección,
pero de una elección inclusiva y no exclusiva. Elegida para
expandirlo e incluirlo en la propia comunión. La Iglesia es
el lugar del amor expansivo del esposo.
Se
debe tomar en justa consideración el hecho que, en la economía
sacramental, el sacramento del matrimonio es el único que alcanza
la propia res en la constitución misma del hombre en cuanto
ser comunional. Ello continúa así, en un modo particular
y específico, la comunión actuada desde Cristo, que
une en sí la naturaleza divina y aquella humana. Cristo resucitado
incorpora en su cósmica persona cada relación de amor
auténtico, donando al horizonte de la relación esponsal
hombre/mujer su último significado.
En
él los cónyuges alcanzan la verdad del propio estatuto
creatural y llegan a ser en su persona, partícipes de la vida
divina y trinitaria. Cristo entra en comunión con los esposos
en su relación, haciéndola sacramental y por medio de
ella expandiendo su comunión salvífica con los hombres.
En el misterio de Cristo la pareja y la familia cristiana son antes
que nada una comunidad pascual.
Es
claro que en este fundamento la misión de la pareja pasará
siempre por medio de la concreta identidad relacional de la misma
pareja, identidad que es diversa y específica para cada pareja
humana que es en sí misma única e irrepetible, como
la persona de cada uno de los dos esposos. Es difícil configurar
en absoluto una misión de la pareja, porque es la pareja misma
que, en cuanto lugar de comunión y de fecundidad en el amor,
generará las formas de la propia misión, como expansión
de la propia identidad.
La
pareja y la familia encuentran en el íntimo ser la razón
y la modalidad de la propia misión en la Iglesia y en el mundo.
La familia llega a ser eclesial dejando que el Espíritu conforme
la vida en el conocimiento y en la praxis del misterio nupcial y eucarístico
de amor que ella expresa a pleno título, como presencia de
Cristo.
1.2
LA RELACIÓN NUPCIAL COMO FORMA DE LA MISIÓN
Los
esposos cristianos participan en la plenitud del misterio de Cristo.
Ello se cumple donde un hombre y una mujer vivificados en Cristo y
que han hecho de la comunión con Cristo el horizonte y el sentido
de la propia vida, se reciben y se donan el uno al otro en el Señor
Resucitado. No solo el propio ser personal viene ofreciendo en Cristo,
sino el mismo ser relacional, aquella unidad dual de la pareja, aquel
"nosotros" que surge de la verdad misma del amor. Por ello
la pareja existe en la irrepetibilidad de una 2íntima comunidad
de vida y de amor".
La
familia participa en la misión de Cristo, en cuanto es asumida
en Cristo en el sacramento del matrimonio. La unidad dual de la pareja
viene asumida en Cristo, por el libre don de los dos esposos el día
de la boda. Cristo asume y santifica las dos personas, su donación
llega a ser lugar de relación trinitaria, de amor auténtico.
Su vida viene consagrada al Espíritu Santo para ser el lugar
de esta encarnación Crística de la esponsalidad.
Eucarísticamente
incorporada en Cristo, la pareja existe como cuerpo de Cristo para
ellos y para todos. Ya el Nuevo Catecismo dice que "el Sacramento
del orden y el matrimonio están ordenados a la salvación
de los demás. Contribuyen ciertamente a la propia salvación,
pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás.
Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la
edificación del Pueblo de Dios" . De hecho, la pareja
y la familia cristiana no encuentran la propia verdad en el existir
para sí, SIMO en el ser don para el mundo.
A)
ESPÍRITU SACERDOTAL
La
Familiaris Consortio nos dice que "La eucaristía es la
fuente misma del matrimonio cristiano. El sacrificio eucarístico
representa la alianza de amor de Cristo con la iglesia, en cuanto
sellada con la sangre de la cruz. Es en este sacrificio de la Nueva
y Eterna alianza que los cónyuges cristianos encuentran la
raíz de la cual brota, es interiormente plasmada y continuamente
vivificada su alianza conyugal".
El
ser sacerdotal de la pareja-familia se expresa al interno de la familia
misma y sustenta eucarísticamente tanto la donación
total, también física, de los esposos, en tanto la donación
total, también física, de los esposos, en la generación
de nuevas vidas y libertad a cada hombre en el don de su cuerpo y
de su sangre.
El
Tálamo de la nupcialidad llega ser tálamo eucarístico,
en el cual el esposo expresa su ser sacerdotal en la recíproca
donación sacerdotal de los esposos y en el actuar desde la
verdad de su comunión, en la cual se efectúa el misterio
pascual de muerte y de resurrección. En cada dimensión
la pareja-familia es testimonio de la alianza pascual de Cristo.
Es
ésta misma ofrenda sacerdotal la que expande además
la pareja como posibilidad real de donarse por la Iglesia y por el
mundo, en cada forma de amor y de servicio que asuma las necesidades
del mundo y de cuantos buscan el rostro de Dios.
B)
ESPÍRITU REAL
El
amor de la pareja participando del amor eucarístico de Cristo,
acoge en sí y resana cada fractura generada en la creación
desde la visión antiesponsal del pecado, y encuentra en los
esposos, unidos en Cristo y partícipes del Espíritu,
un lugar de fecundidad real, en la cual se expresa la potencia del
Resucitado.
Es
en el sentido de esta realeza de amor que se deben leer las palabras
del Apóstol Pablo "sométanse los unos a los otros
en el temor de Cristo" . La voluntad de amor, la tensión
a la unidad dual que procede y funda la disponibilidad total de la
persona hacia el otro, llega a ser en el sacramento del matrimonio
la voluntad de realizar como auténtico amor la soberanía
y la custodia de quien enteramente se confía como Cristo ha
amado la Iglesia y se ha dado así mismo por ella. Ello se cumple
en el cuidar el uno por el otro como hace Cristo con la Iglesia.
La
realeza del amor de Dios se ha manifestado en la cruz y en la resurrección
del Señor esposo de la Iglesia: realiza en la disponibilidad
soberana al amor y al servicio, a fin de que el otro exista en su
verdad. Esta disponibilidad es auténtica eucaristía
y encierra en sí al mundo entero. Mientras el mundo busca de
dominar la familia, encapsulando su forma natural al interno del propio
impulso antiesponsal, la familia en realidad, siendo lugar de la autenticidad
del amor y del amor eucarístico de Cristo, asume en sí
y transforma el mundo. Ella es el pan eucarístico de aquel
tejido social que encuentra la propia y auténtica verdad.
Con
toda verdad debemos afirmar que la eucaristía es fuente y culmen
de la vida de la pareja, de la familia y que desde ella, une a los
esposos y a la familia en Cristo, llevándolos a su plenitud
como su cuerpo en la Iglesia, por ello aquí está la
gran misión por la cual participan, pan de vida donado por
todos y para todos.
2.
DIMENSIONES MISIONERAS DESDE LA EUCARISTÍA
2.1
CUSTODIAR LA IDENTIDAD NUPCIAL
Son la pareja y la familia las que custodian en el cuerpo de Cristo
la identidad nupcial de todo el cuerpo y de cada miembro. Por esto
la primera forma de la misión de la pareja y la familia es
la custodia y la perenne generación de esta unidad sacramental
en la cual brilla la belleza de la unión nupcial de Cristo
y de la Iglesia.
La
dimensión de unidad y de comunión expresa la primera
y fundamental dimensión misionera de la familia. La real acogida
de cada miembro, el intercambio de bienes, la capacidad de asumir
los límites del otro, custodian el tejido de esta comunión
de amor en Cristo que es la familia. La participación en la
eucaristía hace a la familia misma, eucaristía.
El
don recíproco de los esposos es encarnación de la libertad
del don de Cristo. Donándose en la totalidad cada miembro de
la familia y de la pareja realiza la primera forma de misionar. Esto
significa poner la propia vida a los pies de la esposa, del esposo,
recibir en sí la capacidad de ser un don total, una ofrenda
de sí mismo sin medida. Este no pertenecerse a sí mismo
constituye el don más auténtico y profundo en la vida
de la pareja y si una familia esta en grado de testificar esto, cumple
la auténtica martyria de la nupcialidad. en ella cada uno de
los dos no existe más para sí mismo, ni en sí
mismo, sino se recibe desde la acogida del otro al cual se dona, cumplimiento
la auténtica naturaleza del ser humano.
También
el mismo "nosotros" que brota del ser mismo del amor se
cumple en Cristo y encuentra en él, el horizonte de la propia
trascendencia. Ello subsiste como lugar de donación, de acogida,
de perdón, lugar de realización del misterio pascual
de Cristo.
2.2
REALIZANDO LA EUCARISTÍA
En
el realizar la forma eucarística del ser nupcial esta la segunda
línea de fuerza de la misión de la pareja familia.
Es
en la eucaristía donde Cristo esposo comunica con los hombres
en la plenitud de su esponsalidad, es desde ella que la pareja cristiana
alcanza su plenitud de vida. El esposo eucarístico configura
a su verdad eucarística y esponsal la pareja humana que se
ofrece a él en el sacramento del matrimonio. Las cifras de
la totalidad del amor, dela plenitud de la acogida, de la disponibilidad
y existir por el otro, desde la fecundidad como don de sí,
encuentran en la eucaristía su último fundamento.
La
disponibilidad de la persona y de la unidad de la pareja a la misión
alcanza en la eucaristía su fundamento, poniéndose como
expansión del amor nupcial de Cristo por la Iglesia . Es por
ello que viviendo el propio amor en la línea del amor de Cristo
por la Iglesia, que es siempre amor eucarístico, que la pareja
encuentra en la disponibilidad de este amor por la entera humanidad
el fundamento de la propia íntima misión.
3.3
EN LA COMUNIÓN ECLESIAL CON LAS OTRAS VOCACIONES
La nupcialidad sacramental de los esposos se coloca en la Iglesia,
como una forma de adhesión a Cristo y de misión junto
a otras formas de estado de vida y ministerios. El rostro de la nupcialidad
eucarística de los esposos se coloca con su especificidad dentro
de las tres formas vocacionales de la relación con Cristo dándose
recíproco testimonio, constituyendo un único cuerpo
comunional en Cristo resucitado. Ellos son el ministerio ordenado,
la vida nupcial de los esposos y la vida virginal consagrada.
La
relación de Cristo con la Iglesia es una relación esponsal
y de elle entendemos que signa la economía sacramental en todas
sus dimensiones, principalmente la eucarística. Es una llave
para entender a la misma Iglesia desde la economía sacramental
y al interno de la Iglesia la diversidad de los ministerios.
Pertenece
a la dimensión misionera y testimonial del sacramento del matrimonio
ser en la Iglesia la plena transparencia de esta realidad y vivir
en la complementariedad con las otras formas de vida cristiana. Es
necesario volver a redescubrir de los cónyuges en el matrimonio
cristiano y en la familia que desde su amor deriva como paradigma
de la Iglesia esposa, generada en la sangre de Cristo en la cruz.
3.4
AL SERVICIO DE LA PERSONA: DE CADA VIDA PARA TODA LA VIDA
Es ésta intima participación en Cristo, en sus misterio
de donación, que lleva a afirmar que el amor y la vida constituyen
el núcleo de la misión salvífica de la familia
cristiana en la Iglesia y por la Iglesia.
Generar
es acoger, educar es participar la libertad, sin garantía sobre
el don ofrecido y participando así del acto de amor con el
cual Dios mismo participa la libertad a la propia creatura.
Esta
donación es también cruz, en cuanto asume en sí
la verdad del otro, todo esto que es y llega a ser. Asume no sólo
la fatiga de la cotidiana donación, sino el límite en
el cual la donación del partner se cumple y también
su pecado. Esta actitud en al cruz hace a cada uno de los dos cónyuges
partícipes del misterio del cordero pascual que hace suyos
los pecados del mundo y los asume en el amor. Esta dimensión
de cruz puede estar presente en la relación de los dos cuando
conocen la infidelidad, la indiferencia o el abandono. El permanecer
en el amor como extrema posibilidad del cumplimiento del "nosotros"
nupcial de la pareja, cuando está en la espalda de alguno de
los dos, parecería contradecir la naturaleza de la esponsalidad.
Sin
embargo, el don eucarístico de amor, realizado desde Cristo
hasta el fin es donado con un amor que se hace cargo del pecado y
del rechazo, testifica que aquí está la extrema forma,
dramática pero real, del ejercicio de la libertad del amor.
Esto ejercicio es divino y eucarístico y puede representar
la forma extrema de participación al misterio nupcial de Dios
y de testimonio. Tal testimonio llega a ser auténtica martyria,
don de la propia persona en la ofrenda incruenta, pero no menos dolorosa
y sufrida, en el propio cuerpo y sangre donados por todos.
Allá
donde la pareja y la familia se abren a un don gratuito de abundancia
de fecundidad asumiendo en el propio amor la vida de los otros, pensemos
en las formas de adopción, en todos los servicios orientados
a la recuperación de la dignidad de la persona en cada dimensión,
también el cuidado de los anciano y de los demás miembros
débiles de la familia es todavía martyria del amor por
la vida que se cumple, donando a otros la posibilidad de participar
en la alegría y la cruz de la propia comunión nupcial.
en este testimonio la pareja - familia realiza no solo el testimonio
del propio ser eucarístico, sino su auténtico cumplimiento.
Esto
es ser Iglesia y eucaristía según la nupcialidad de
la pareja, que vive en lo concreto de cada dimensión el auténtico
amor con el cual Cristo ama a la humanidad. La pareja cristiana que
vive en el sacramento del matrimonio o vive solo una vida natural,
sino que hace presente en la propia comunión el amor mismo
de Cristo esposo, amor que pasa por las personas del esposo y de la
esposa. Eso es la Iglesia, lugar real de expansión y encarnación
del amor divino.
3.5 AL SERVICIO DE LA COMUNIÓN
ENTRE LAS PERSONAS EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD
Como la familia es lugar de servicio a la persona y a la vida, así
es lugar de servicio a la comunión entre las personas. La familia
es, en efecto el lugar en el cual cada persona responde desde su interior,
no en la medida de su respuesta a lo que espera, sino en la medida
de su verdad, de la autenticidad de su ser, y prescindiendo de sus
límites y pecados. Cada uno llega a ser auténticamente
persona cuando entra en esta dimensión comunional del ser humano
en el cual le ha sido dado al hombre el poder acercarse a un rostro
que es amor.
La
Iglesia testifica en la nupcialidad familiar la verdad del hombre,
atestigua la autenticidad del amor que dona, acoge y perdona y cumple
en esto una auténtica evangelización en su forma más
necesaria.
La
familia es testigo de la gratuidad del don, revelado Dios que ama
gratuitamente y alcanzado a la propia experiencia familiar el conocimiento
del don, que lo hace disponible para todos.
El
ser eucarístico de Cristo se dilata en el ser eucarístico
de la pareja. Cuando un bautizado que vive en el sacramento del matrimonio
como el cuerpo del Señor y bebe su sangre es siempre como sacado
que él es asumido en el cuerpo de Cristo, y es como casado
que lo hace suyo. en cada comunión toda la familia llega a
se así realidad eucarística del ser eucarístico
de Cristo y también en el seno de la sociedad se ofrece como
ofrenda y don, lugar de asunción del pecado del mundo.
La
familia es entregada como pan eucarístico para el mundo, porque
comiendo en la mesa de su comunión de amor cada hombre venga
santificado y reconducido a un lugar divino de pertenencia, en virtud
de la incorporación a Cristo desde la pareja y la familia misma.
Cada familia es un místico altar en el mundo, donde Cristo
puede ser comido y asimilado en la autenticidad del amor humano.
No
podemos olvidar que la totalidad del amor nupcial se cumple en el
cuerpo y santifica por medio del cuerpo. El cuerpo llega a ser el
lugar eucarístico de la ofrenda de sí, el lugar santificado
del don de sí mismo, hasta la expropiación radical.
El cuerpo no sirve al yo, sino sirve al tú y a nuestros cuerpos,
además nuestro cuerpo (una caro). Constituye el lugar creado
en el cual resplandece el amor y la ternura de Dios por todo el cosmo.
Es el cuerpo del hombre que se hace partícipe del cuerpo santificante
de Cristo.
Finalmente,
es en un sentido teológico y no sólo en el horizonte
de un significado meramente natural que la familia es la célula
y alma de la sociedad, porque la sociedad es la comunión en
Dios de todos los hombres. El servicio que la familia hace es social,
pero también es teológico. Como lugar de amor la familia
hace presente y viva la comunión, que es un dato humano y divino
a la vez. En el cuerpo social ella viene a representar el tejido conectivo,
el elemento más unitivo y profundo. Pero, visto teológicamente,
este misterio dice que la pareja - familia está en la sociedad,
de un modo desconocido, presencia eucarística, real levadura
en la masa. Antes de actuar con la acción ella actúa
con su presencia.
Conclusión
La
familia se nutre del tejido eucarístico que brota de la Iglesia.
Participando de la eucaristía, los esposos anuncian la muerte
de Cristo y proclaman su resurrección, haciendo así
presente el misterio pascual en la gracia de la propia vida sacramental.
En cuanto misterio eucarístico, vivido en la profundidad de
la relación esponsal de la pareja y de la familia, ella no
puede cerrarse en sí misma, ni pensarse como un fragmento aislado
de paraíso, pero está llamada a asumir la responsabilidad
del mundo, en unión al Sacrificio de Cristo. Ella es un amor
nupcial existente como expansión participativa del amor nupcial
de Cristo y participa de todas sus actitudes y de todas sus energías.
Vivir esto es misión grande y fecunda para el mundo y para
cada pareja.
Nada
será de mejor ayuda a la familia que hacerse cargo de su misión,
de educarse en el conocimiento de su ser que brota desde el sacramento
del matrimonio y desde la eucaristía.