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Vicaría      de Pastoral

Manual Operativo para la Pastoral Parroquial: Vicaría de Pastoral Arquidiócesis de México

III. PROCESO EVANGELIZADOR CON SENTIDO MISIONERO

a. LA MISIÓN DE JESÚS, MISIÓN DE LA IGLESIA

1. "No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió" (Jn 8, 42). En el centro de la conciencia misionera del Hijo estaba la convicción de ser el enviado por el Padre amoroso: era el Mensaje vivo de Dios, la Palabra, la Misión encarnada (IPM 14). El origen de la misión es Dios Padre que ha elegido y consagrado a su pueblo para realizarla. La Iglesia es la comunidad que Dios Padre se ha elegido mediante su Hijo Jesucristo. Es también la comunidad que Dios Padre ha consagrado y habilitado para la misión al derramar sobre ella su Espíritu (MP 43).

2. La misión consiste en anunciar a Jesucristo, centro y contenido del Reino de Dios, presencia salvadora que es vida, verdad, justicia, paz y amor para toda la humanidad.

3. La Misión Permanente, opción pastoral de nuestra Comunidad Arquidiocesana, no es una actividad pastoral más, sino una llamada providencial para sumarnos a la misión que el Padre ha confiado a su Hijo Jesucristo y Él a su Iglesia.

b. MISIÓN DE TODOS LOS BAUTIZADOS

1. Todo fiel cristiano, por estar incorporado a Cristo mediante el bautismo, está llamado a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia. Todos los cristianos deben prestar su ayuda a la difusión del Evangelio, cada uno según sus posibilidades, sus talentos, su carisma y su ministerio en la Iglesia (AG 28). "La orden dada a los Doce: "Vayan y proclamen la Buena Nueva", vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos... " (EN 13).

c. MISIÓN Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

1. Dentro de la gran misión de la Iglesia se distingue la misión "ad gentes", o sea, a quienes no tienen la fe cristiana; la atención pastoral y la nueva evangelización. Ésta es descrita como «una situación intermedia que se da (entre misión ad gentes y atención pastoral)... donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio» (RM 33).

2. La tarea urgente de la nueva evangelización hace comprender a la Iglesia que «no puede ser misionera respecto a los no cristianos de otros países y continentes si antes no se preocupa seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa» (RM 34).

d. NUEVA EVANGELIZACIÓN Y II SÍNODO DIOCESANO: HACIA UNA PASTORAL MISIONERA

1. El propósito del II Sínodo Diocesano replanteó a fondo la misión pastoral de esta Iglesia particular arquidiocesana. Nuestra ciudad, en efecto, es de aquellos lugares señalados por el Papa Juan Pablo II como necesitados de una nueva evangelización por tantos bautizados lejanos de la vivencia de fe, y donde «faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos» (RM 33).

2. Es por ello que el plan pastoral de la Arquidiócesis de México se centra en la evangelización de las culturas. Evangelizar las culturas que conforman la ciudad capital es una tarea difícil que sólo será posible cumplir con proyectos de largo alcance que tengan consistencia y continuidad.

e. UN NUEVO Y VIGOROSO PROYECTO MISIONERO

1. Así pues, ante los grandes retos pastorales que plantean los ambientes de la Ciudad de México se requiere no cualquier empeño evangelizador. Urge una labor de Iglesia que aproveche el gran potencial de presencia que tiene el laico en el mundo cotidiano, una mejor capacitación y formación de agentes para acciones concretas, una conciencia de ser parte de una comunidad organizada para evangelizar, la unidad en torno a un proyecto Misionero con sus prioridades sin descuidar los demás campos (ECUCIM 4220-4222; 4225; 4081; 4380).

2. «A la luz de estos hechos quiero invitar, con mucha insistencia, a quienes todavía no entran en este cauce de la Misión, a que se sumen ya a este gran proyecto arquidiocesano, a fin de que nuestra Iglesia particular, profundamente renovada, cumpla la misión del Señor Jesús en esta ciudad. Que por ningún motivo queden parroquias, comunidades o movimientos en donde todavía no se toma en cuenta la Misión Permanente» (2ª Etapa Itinerario Pastoral, No. 9).

3. Cada comunidad debe asumir como forma y estilo personal a la Misión Permanente, dado que implica fortalecer y consolidar un proceso misionero que lleva a difundir y a vivir la fe donde ahora está ausente; a renovar la vocación apostólica de los agentes de pastoral y a reactivar el espíritu de servicio de las instancias arquidiocesanas.

4. El interés de todo agente evangelizador, ha de estar centrado en que, si amamos a la Iglesia como Cristo la amó y se entregó por ella, también participaremos con alegría y generosidad en la formación de pequeñas comunidades donde se pueda alimentar y vivir mejor el ideal presentado por las primitivas comunidades: tener todo en común; estar unidos en la oración, en la enseñanza de los apóstoles y celebrar esfuerzos y fatigas de cada día en la fracción del pan (Hch 2, 42).

5. A través de estas comunidades menores sembraremos la esperanza cristiana para la ciudad capital que se abre al nuevo milenio queriendo reconquistar los valores de su identidad como pueblo de Cristo y de María de Guadalupe.

f. ESPIRITUALIDAD MISIONERA

1. En el Apocalipsis del apóstol San Juan hay una palabra que puede ayudarnos a entender cómo ve el Señor a quienes nos llama a colaborar en su obra: «Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar a los malvados... Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa sin desmayar. Pero tengo una cosa que reprocharte: que dejaste enfriar el primer amor» (Ap 2,2-4).

2. También hoy, el Señor podría dirigir el mismo «reproche amoroso» a algunos de sus elegidos, en especial a quienes ha confiado ser pastores de un Comunidad. Ciertamente reconoce el trabajo desgastante de la parroquia; reconoce la defensa de la grey ante los malvados; reconoce y agradece todas las fatigas y cansancio a favor de los que Él les ha encomendado cuidar y acompañar. Pero les descubre un cierto vacío y por ello le dice a cada uno: «ya no tienes el mismo amor que al principio».

El inicio de toda misión, de toda tarea evangelizadora,
debe comenzar volviendo al amor primero.

3. Sólo retornando al fervor del primer encuentro, se es capaz de reavivar esfuerzos, que superen los años que se cargan encima, los fracasos y aún las miserias propias. Para emprender una nueva misión hay que volver al lugar de aquel encuentro que dio la capacidad de dejarlo todo (Cf. Mt 4,18-22), para ir al seguimiento del Señor: «Así dice el Señor: Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño de joven esposa, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivar» (Jer 2, 2).

El primer paso de la misión
no consiste en salir a la búsqueda de la oveja perdida,
sino en dejarse reencontrar por el amado.

g. ETAPAS DEL PROCESO EVANGELIZADOR

La forma de esquematizar el proceso evangelizador, en nuestra práctica pastoral, es:

Breve explicación de las etapas:

  • Etapa Misionera que tiene como finalidad poner los cimientos de la fe, está constituida por:
    • el primer anuncio o kerigma,
    • y la reiniciación cristiana,

  • Etapa Catequética: cuyo objetivo es ofrecer un camino de crecimiento integral, gradual y sistemático de la fe, encaminado a que el bautizado pueda dar razón de su fe y vivir el seguimiento de Jesús al interior de una comunidad menor;

  • Etapa Apostólica: que nace de la alegría de haber encontrado a Cristo y que impulsa al discípulo a poner todo lo que es y lo que tiene al servicio del Reino.

Descripción del sentido de cada una de estas etapas:

I. Primer Anuncio o Kerigma, se acepta a Jesús como Señor y Salvador

1. Es el anuncio fundamental de la salvación: "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día" (1 Cor 15, 3-4). "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 Jn 4,1 0-1 1).

2. Esta proclamación conlleva una interpelación para aceptar a Jesús como Salvador y Señor, cuyo fruto será la conversión inicial que continuará profundizándose y haciéndose más consciente y comprometedora a lo largo de la vida, meditando y asimilando el mensaje central de la fe. El testimonio personal y el de la comunidad eclesial es su fundamento (EN 21.41.76.80; Rm 42-43).

3. Este anuncio es indispensable tanto en las tierras de misión, como en los países católicos donde los niños son bautizados pequeños y se ha vuelto urgente la Nueva Evangelización, en razón de que la fe de la mayoría de los bautizados no se ha desarrollado.

4. Los medios para realizarlo son variados en su forma y su adaptación para los diversos ambientes y clases de personas. Todas requieren el contacto personal y el testimonio (MP 52-55).

II. Reiniciación Cristiana, la fe se personaliza

1. Es un proceso intensivo de evangelización que a través del conocimiento y experiencia de las exigencias fundamentales de la vida cristiana, quiere impulsar en los adultos su conversión y adhesión a Cristo, para que decidan insertarse en la Comunidad Eclesial como miembros comprometidos.

2. La Reiniciación Cristiana se ubica en el proceso evangelizador entre el anuncio del Kerigma, y la catequesis permanente. Es una propuesta de la buena nueva en orden a una opción sólida de fe (DGC n. 62). Se pretende dar una fundamentación y profundidad a la primera respuesta o adhesión provocada por el kerigma. Este cimiento es vital para el crecimiento de la fe, pues toma en cuenta: la profesión de fe, la celebración de los misterios, la vivencia de los valores evangélicos, la experiencia y compromiso comunitarios.

3. Está constituida por la experiencia eclesial mediante la cual los principios teológicos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, son percibidos y asumidos vitalmente. Supone recorrer el camino de la conversión a través de la escucha y meditación de la Palabra, la oportunidad de un cambio de vida. La Iglesia ofrece a sus hijos que quieren tomar conciencia de las implicaciones de su bautismo un itinerario hecho de instrucción, liturgia, oración, orientación, y práctica de la caridad, hasta verlos convertidos en miembros conscientes y comprometidos de la Iglesia (MP 61).

III. Catequesis permanente, crecimiento de la fe

1. Dentro de una comunidad menor, es la explicitación cada vez más sistemática de la primera evangelización; es la iniciación en la vida de la Iglesia y en el testimonio concreto de la caridad; es la acción eclesial que conduce a las comunidades y a cada cristiano a la madurez en Cristo.

2. Es una etapa del "proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la celebración litúrgica del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros" (MP 63-64).

  • Presenta lo más básico y lo más completo posible el mensaje de Jesús.
  • Favorece la amistad, la intimidad, la unión viva con Jesús.
  • Fomenta el conocimiento sapiencial del mensaje de Jesús.
  • Educa para celebrar la fe.
  • Forma en los criterios morales del Evangelio.
  • Ejercita en la oración personal.
  • Capacita para vivir en comunidad.
  • Sensibiliza y capacita para estar activamente presentes en la sociedad, testimoniando a Jesús de obra y de palabra.

3. En este tiempo se va formando al nuevo creyente para:

  • Vivir según el Evangelio.
  • Ser Iglesia y vivir en comunidad.
  • Participar de forma comprometida en la misión de la Iglesia.

IV. Apostolado, Construyendo el Reino de Dios

1. La Iglesia cumple su misión cuando sus comunidades y personas se convierten, por su estilo de vida y de servicio, en signos de la presencia del Reino, en testigos de la acción y presencia del Resucitado. Es una forma intensa y sumamente creíble de misión. El testimonio de lo que se cree y se vive es la maduración de la vocación bautismal en el cristiano. El servicio es la expresión natural de su fe. Por esto podemos decir que el testimonio de la caridad forma parte primera y principal del trabajo evangelizador de la Iglesia (MP 75).

2. La primera responsabilidad de los laicos es la transformación del orden temporal. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la función específica de los pastores-, sino la animación cristiana del orden temporal (EN 70).

3. Significa ser un agente de cambio, un factor de transformación de la sociedad en que vivimos. Es buscar que los valores del evangelio se vivan en todas las estructuras humanas: familia, trabajo, colonia, ciudad, país, etc.

4. A su vez, los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos. Estos ministerios adquirirán un verdadero valor pastoral y serán constructivos en la medida en que se realicen con un respeto absoluto a la unidad y a los artífices de la unidad de la Iglesia. Laicos que dedican parte de su tiempo, de sus energías y a veces, la vida entera al servicio de la misión (EN 73).