VICARÍA EPISCOPAL DE ÁREAS DE PASTORAL

SUBSIDIOS

PARA LA MISIÓN

PROCESO PASTORAL ARQUIDIOCESANO

 

MANUAL OPERATIVO PARA LA PASTORAL PARROQUIAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

Después de haber escuchado algunas propuestas, el señor Arzobispo, Cardenal Norberto Rivera Carrera, ha dado indicaciones a la Vicaría de Pastoral para que prepare un proyecto de Manual Parroquial encaminado a agilizar la puesta en práctica del conjunto de principios, criterios y líneas de acción que, como una abundante riqueza, tenemos en el pensamiento del II Sínodo Diocesano y en la reflexión del Proceso postsinodal.

 

Con gusto y con grande esperanza nos hemos avocado a esta encomienda, pues estamos seguros de que es el momento oportuno para tomar una medida de esta índole y que, con la participación de todos, nos ayudará a dar pasos decisivos en el caminar pastoral de la Arquidiócesis. En esta tarea hemos contado con la colaboración generosa y cualificada de algunos de los integrantes, laicos y religiosas, del Consejo Pastoral Arquidiocesano.

 

Presentamos ahora este Manual, como instrumento de consulta, a todos los agentes de pastoral de la comunidad arquidiocesana, pidiéndoles que desde el primer momento lo descubran con estas tres características generales:

 

1ª Es un instrumento que tiene como fin suscitar la participación de todos, agentes e instancias de pastoral, y así, encontrar juntos las formas más adecuadas para estructurar las parroquias y para facilitar la realización de sus acciones pastorales, siempre centradas en el Proceso Evangelizador con sentido misionero. No es un documento normativo. Es un medio para propiciar la reflexión, abrir espacios a las aportaciones y compartir experiencias, metodologías y materiales valiosos que han probado ser eficaces en la labor pastoral de la parroquia.

 

2ª Es un subsidio al servicio de los párrocos –y demás pastores- y sus equipos parroquiales, como apoyo a la pastoral parroquial para que sea impulsada y fortalecida al contar con cauces suficientemente ágiles, concretos y cada vez más sólidos.

 

3ª Es un medio importante para la pastoral orgánica y de conjunto, para la unidad de la Arquidiócesis, pues por la experiencia sabemos que lo que más une a las personas es el trabajo compartido. En este caso los vínculos de unidad serán más fuertes, ya que la acción se hará con criterios comunes para caminar juntos.

 

El material que aquí se presenta pretende ser ágil, breve, esquemático, de tal manera que sobre él se puedan recibir todos los aportes pertinentes que lleven a completar o a cambiar convenientemente el contenido y se llegue a un instrumento que tenga la categoría de manual. Concientes de que nos encontramos, en este sentido, en un punto de partida, estamos llamando a este subsidio «Hacia un Manual Operativo para la Pastoral Parroquial. Instrumento de consulta».

 

En la primera sección el manual ofrece algunos principios y orientaciones, cuya finalidad es la de iluminar las propuestas prácticas que se presentan después. Son: la Introducción eclesiológica; Algunas características socio-pastorales de la parroquia urbana; el Proceso evangelizador con sentido misionero y el Proceso de formación de agentes y ministerios laicales. A estos dos últimos temas se les ha querido dar una especial relevancia, por la repercusión que deben tener en la vida parroquial y porque, frecuentemente, acerca de ellos se advierten serias carencias.

 

En la introducción eclesiológica se trata de algunos principios que den los rasgos básicos para una imagen de la Iglesia que queremos construir con nuestras opciones pastorales. Es la eclesiología del Concilio Vaticano II, la que nos presenta a la Iglesia como misterio, como comunión y como misión, Iglesia evangelizada y evangelizadora que encuentra su inspiración y la fuente de su vida en el misterio trinitario.

 

Con el tema de las características de la parroquia urbana se quiere invitar a la reflexión sobre algunas circunstancias en las que más comúnmente se suelen encontrar las parroquias de la Ciudad de México, tanto desde el punto de vista sociológico, como desde el punto de vista de los acentos en su práctica pastoral. En este aspecto, como en los demás, se trata de una tipología realmente elemental, con miras a que sea completada por múltiples observaciones que surjan de la experiencia de los demás.

 

El Proceso evangelizador con sentido misionero se presenta como la dimensión desde cuya óptica ha de construirse toda la pastoral parroquial y como punto de referencia a donde se orienten los esfuerzos de los agentes de evangelización y el funcionamiento de las estructuras parroquiales.

 

Al Proceso de formación de los agentes de pastoral y los ministerios laicales se le trata con el enfoque de una necesidad insoslayable para que pueda lograrse la misión que, por naturaleza, le corresponde a la parroquia. Más aun, si no se le reconoce la debida importancia a esta formación, incluyendo la de los ministros ordenados, se expone la misma vitalidad de las comunidades parroquiales.

 

En una segunda sección se hace referencia a algunas realidades que, como estructura y como actividad, nunca deberían estar ausentes de la parroquia, se le llama Organización básica de la parroquia. En cuanto a instancias propiamente, se habla del Consejo pastoral, del Consejo de asuntos económicos y del Asistente administrativo. A manera de perfil, cuando se juzga oportuno, se sugieren algunas características para el funcionamiento de estos organismos y para el desempeño de las personas involucradas en estas funciones. Se señalan, con cuadros sinópticos, la relación conveniente entre las parroquias y las instancias de otro nivel. Por último se recuerdan algunos principios que remarcan la importancia de la pastoral parroquial básica.

 

En una última sección del manual parroquial se proponen manuales particulares para trabajar algunas áreas principales de la evangelización parroquial. Con esto se completan los temas que desde la 8ª Asamblea, con el nombre de dimensiones, y después en la 9ª Asamblea, como áreas de pastoral, se han venido analizando. Son, en efecto, las prioridades surgidas del II Sínodo y los cauces por donde ha venido buscando caminos el Proceso Postsinodal. Esto significa que estos son los temas en los que se ha querido empeñar la comunidad arquidiocesana, guiada por sus sucesivos pastores, el señor Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, el señor Cardenal Norberto Rivera Carrera. Dicho con palabras de fe, es por donde el soplo del Espíritu nos ha ido conduciendo.

 

De esta manera, en una mirada de conjunto y en el orden en el que se van presentando en el manual, tenemos: Proceso Evangelizador con Sentido Misionero, Formación de Agentes y Ministerios Laicales, Pastoral Familiar, Pastoral Juvenil, Pastoral Social, Pastoral Litúrgica, Pastoral Catequética, Pastoral de la Piedad y Religiosidad Popular, Promoción Vocacional Sacerdotal. Hay que advertir, además, que con este conjunto de elementos, de forma indirecta, y en la segunda sección explícitamente, se aborda el tema de la organización pastoral.

 

Con la propuesta de este manual esperamos que ningún consejo de pastoral parroquial y ningún párroco se sienta agobiado, pensando que debe abarcar simultáneamente todo lo aquí enunciado. Se trata, más que nada, de una aportación para ayudar a aclarar los horizontes y afinar el tino, con el fin de ver en el futuro próximo inmediato de cada parroquia, cuál es el siguiente paso y cuáles son los caminos específicos para dar los pasos sucesivos. Establecer prioridades sobre la atención que cada parroquia le dará a los diversos campos de trabajo parroquial.

 

Ponemos este manual, como instrumento de consulta, a disposición de los agentes de pastoral involucrados en la vida y en la acción de las parroquias. Les pedimos que lo analicen, lo confronten con su realidad y traten de llevarlo a la práctica, adaptándolo en todo lo que juzguen conveniente.

 

La finalidad, hay que decirlo una vez más, es que todos den sus aportaciones para mejorarlo y así, enriquecido y avalado por la experiencia de quienes lo hayan utilizado, después de un tiempo razonable de experimentación, podamos devolverlo al servicio de la Arquidiócesis con mayor autoridad moral y mayor credibilidad.

 

Para lograr este fin, la Vicaría de Áreas y la Vicaría de Agentes de Pastoral, en lo que corresponda a cada cual, así como sus respectivas Comisiones, estaremos atentos a las observaciones y sugerencias enviadas. Por nuestra parte queremos propiciar este diálogo organizando talleres a lo largo del año, así como otros encuentros encaminados a analizar la validez de las propuestas contenidas en el manual. Estos talleres y estos encuentros se podrán tener tanto con una temática general, como de forma parcial en lo que se refiere a las distintas áreas.

 

Vale la pena tomar conciencia, desde ahora, de que este camino que estamos iniciando va a significar una importante oportunidad para potenciar las Comisiones, tanto en su nivel arquidiocesano, como en su nivel de Vicaría territorial. Esto, si lo sabemos aprovechar, redundará en favor de una más fuerte pastoral de conjunto en general y, desde luego, en beneficio de las parroquias.

 

El señor Cardenal, D. Norberto Rivera Carrera, anunció este manual a los pies de Santa María de Guadalupe el día de la peregrinación de la Arquidiócesis, nosotros, junto con él, pidamos la intercesión de la celestial Señora para que, en el esfuerzo por avanzar en la evangelización de nuestra Ciudad, podamos ser fieles discípulos y apóstoles de su Hijo Jesús.

 

A 11 de enero, fiesta del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, del año 2004.

 

Mons. Alberto Márquez Aquino

Vicario de Pastoral

 

Índice

 

 

PRIMERA SECCIÓN

I. INTRODUCCIÓN ECLESIOLÓGICA

 

a. LA MISIÓN TRINITARIA DE LA IGLESIA

 

1. La Iglesia como obra de Dios, brota de la Santísima Trinidad, participando del misterio de su Misión y Comunión.

 

2. Esa comunión de Dios Trinidad es lo que da fundamento a la comunidad y comunión de la Iglesia, que es el Pueblo de Dios congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Cfr. LG 4).

 

3. La Iglesia que es también el Cuerpo de Cristo participa por ello de la misión que Él tiene, pues así como el Padre ha enviado a su Hijo, así ahora Él nos envía a continuar con su obra de salvación, guiados por la luz de su Espíritu (Cfr. Jn 20, 21). De tal manera que el envío que ha recibido la Iglesia, radica en el envío que ha recibido Jesús, su único maestro.

 

4. Del misterio trinitario se desprende que la misión de la Iglesia sea para todo el Pueblo de Dios, en cuanto cuerpo de Cristo, convirtiéndose éste en destinatario, pero también sujeto de la misión; de aquí podemos comprender la llamada a ser una Iglesia evangelizada y evangelizadora.

 

5. Comprender esta realidad significa entender que todos los bautizados, al participar del sacerdocio bautismal, somos destinatarios y sujetos de la misión de la Iglesia. De ahí la necesidad de superar visiones eclesiales que separan a los pastores del resto de los fieles, como si los primeros fueran sujetos activos de la pastoral y los otros objetos pasivos de los primeros.

 

6. Como bautizados, estamos integrados al único pueblo de Dios, congregado a través de la Iglesia, de este modo todos somos hechos partícipes, cada uno a su modo, del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo (Cfr. LG 31).

 

7. De aquí se desprende una eclesiología como la del Vaticano II, de Comunión y Participación, por la cual toda la Iglesia, Pueblo de Dios, participa del misterio de la misión trinitaria y por ello está llamada a empeñarse cada día con mayor urgencia por una evangelización ad intra y ad extra de ella misma (Cfr. EN 14).

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b. LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO, UNA IGLESIA MISIONERA

 

8. Nuestra Iglesia arquidiocesana inspirada en las enseñanzas del Concilio, ha asumido con responsabilidad la llamada a convertirnos en una Iglesia evangelizada y evangelizadora.

 

9. El Segundo Sínodo ha sido un impulso decisivo ir transformado a nuestra Arquidiócesis en una Iglesia misionera y evangelizadora, de comunión y participación.

 

10. El objetivo del II Sínodo fue la Nueva Evangelización de las Culturas de la Ciudad de México, para esto, fue necesario descubrir que aunque todos los habitantes de esta ciudad son destinatarios de la misión de esta Iglesia Particular, sin embargo siempre habrá núcleos de personas que por vulnerabilidad, pero también por su proyección dentro y fuera de la Iglesia se convierten en sujetos prioritarios de la misión, así que las familias, los jóvenes y los pobres y, en general, todos los bautizados alejados del influjo del evangelio, son la prioridad en la tarea evangelizadora de nuestra Iglesia arquidiocesana.

 

11. El tema de los agentes, en consonancia con la eclesiología del Vaticano II, ha llevado cada vez más a la conciencia de la corresponsabilidad pastoral de todos los bautizados como sujetos activos de la misión de la Iglesia. Hoy los laicos, religiosas, religiosos y ministros ordenados caminamos juntos, cumpliendo una misma tarea, la de evangelizarnos y evangelizar a nuestros hermanos.

 

12. Los medios de evangelización, especialmente el primer anuncio y el testimonio, han ido renovándose con mayor fuerza cada día, con el esfuerzo de que, a través de diferentes caminos, vayamos asemejándonos a Cristo el Buen Pastor que no vino a ser servido sino a servir.

 

13. La organización pastoral, cada vez más claramente, la hemos entendido como un vehículo necesario para el trabajo pastoral, de ahí que se vaya teniendo una mayor conciencia de que las estructuras, instituciones y organización deben ser un medio que facilite el buen desempeño de la tarea evangelizadora.

 

14. Desde el II Sínodo la Iglesia de la Arquidiócesis ha llevado un proceso en donde se han ido implementando diferentes líneas de acción que vayan ayudando a concretizar un plan en donde el espíritu y las acciones misioneras se conviertan en tareas permanentes, la Misión Permanente.

15. La celebración jubilar del año 2000 con la misión intensiva que se llevó a cabo, han sido un aprendizaje y un impulso para descubrir un itinerario que conduzca a cumplir con mayor fidelidad el cometido de la Misión Permanente.

 

16. En este contexto, el marco de referencia ha sido el Proceso Evangelizador con sentido misionero, que a veces llamamos simplemente Proceso Misionero, en razón de que, con su inspiración catecumenal, nos ayuda a realizar la Misión en sus diversas etapas, con cuyo recorrido se va acompañando al crecimiento de la fe, a partir del descubrimiento o «redescubrimiento» del Señor en nuestras vidas. Así queremos responder, como Iglesia local, al mandato misionero de Jesús (Mt 28, 19-20): «vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio».

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c. UN PROYECTO PASTORAL INTEGRAL QUE PARTA DE LA PARROQUIA

 

17. A través del recorrido pastoral arquidiocesano, y especialmente en la 8ª. y 9ª. Asambleas diocesanas, se ha venido descubriendo la urgencia de que sea la parroquia el lugar en donde las orientaciones del Vaticano II, del II Sínodo y del proceso postsinodal, encuentren su campo más propio para su realización. Ya que «Ocuparnos de la parroquia estimulará la búsqueda conjunta de la metodología pastoral que anime el trabajo habitual de las parroquias, que se refleje en el plan diocesano, lo cual ayudará a moldear la estructura de la Iglesia particular arquidiocesana» (PCT 23).

 

18. Con este manual estamos invitando a recorrer un camino que ayude a las comunidades parroquiales a descubrir el qué, el cómo, los quiénes-agentes, los quiénes-destinatarios de la acción eclesial y la organización pastoral adecuada, esforzándonos así por construir la comunión, que representa a la vez la fuente y el fruto de la misión, por lo que podemos decir, con el Papa, que la comunión es para la misión y la misión es para la comunión (Cf. Ch L 32).

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II. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS SOCIO-PASTORALES DE LA PARROQUIA URBANA

 

a. CARACTERÍSTICAS SOCIOLÓGICAS

 

En esta sección del Manual se hará una breve descripción de las principales características socio pastorales de las parroquias, a partir de la presentación de una tipología que recupere los distintos ambientes existentes.

 

Para construir esta tipología socio-pastoral de las parroquias, se considerarán dos variables fundamentales: perfil urbano de las parroquias, y perfil religioso de la población.

 

I. Perfil urbano de las parroquias:

 

En este rubro se clasificarán los distintos ambientes sociales de las parroquias en cinco tipos básicos:

 

1. Parroquias de barrios populares, ubicadas en centros urbanos originados en etapas antiguas de formación de la ciudad, y que frecuentemente presentan importantes niveles de deterioro en el paisaje urbano; o bien, se trata de parroquias de antiguos pueblos que fueron conurbadas por el crecimiento de la mancha urbana. En este tipo de parroquias, es común encontrar grupos y asociaciones de larga historia vinculados a la piedad y religiosidad populares.

 

2. Parroquias de colonias populares, ubicadas en zonas de resiente formación o urbanización, y localizadas frecuentemente en la periferia de la ciudad. Es común encontrar que carecen de diversos servicios urbanos, y que muchos de sus habitantes son inmigrantes de segunda o tercera generación.

 

3. Parroquias de unidades habitacionales, localizadas en los desarrollos habitacionales impulsados sobre todo por el gobierno a través del IMSS, INFONAVIT y FOVISSSTE.

 

4. Parroquias de clase media, localizadas en colonias con buen nivel de servicios urbanos, cuyas viviendas son de tipo unifamiliar o departamental, como son los condominios.

 

5. Parroquias residenciales, ubicadas en colonias con muy alto nivel de servicios urbanos, cuyas viviendas son de tipo unifamiliar y de grandes dimensiones.

 

6. Parroquias en zonas industriales o comerciales, localizadas en zonas donde hay preponderancia de actividades de tipo económico y, en consecuencia, son zonas de tránsito, con poca presencia de población residente.

 

7. Parroquias mixtas, que son aquéllas que combinan dos o más ambientes sociales.

 

II. Perfil religioso de la población: *

 

* Cfr. Diversas tipologías de alejados ECUCIM 1341; CT 44

 

Dentro de los ambientes socio-urbanos que se describieron anteriormente, encontramos seis grupos fundamentales de familias o de personas, de acuerdo a sus orientaciones y tradiciones en materia religiosa:

 

1. Familias católicas prácticantes, que acuden de manera regular a los servicios litúrgicos de las parroquias, se autodefinen como católicos que tratan de seguir las enseñanzas de la Iglesia, y en algunos casos participan en alguna de las comunidades menores dentro de la parroquia.

 

2. Familias católica participantes en actividades de piedad y religiosidad populares. Este tipo de familias, el más numeroso, suele estar combinado con el anterior, pero no de manera necesaria: no es raro encontrar que, si bien se trata de un sector poblacional que comparte distintas prácticas y actitudes propias del catolicismo, como son una sincera fé religiosa, la valoración de la vida familiar y la importancia de la solidaridad cotidiana con el prójimo, sin embargo, se trata muchas veces de formas iniciales de vivir el catolicismo, que le faltan procesos más sólidos de formación.

 

3. Familias indiferentes en materia religiosa, son aquéllas que frecuentemente han participado en alguno de los sacramentos católicos, en especial bautismo, primera comunión y matrimonio, pero que viven muy alejadas de las actividades litúrgicas de las parroquias y de numerosas exigencias propias de la enseñanza de la Iglesia.

 

4. Familias de otros grupos religiosos, que frecuentemente tienen una profunda fe religiosa, pero que pertenecen a otras denominaciones confesionales.

 

5. Familias de tipo agnóstico, que no profesan ninguna religión y no han tenido ningún vínculo con las tradiciones y actividades que desarrollan las parroquias. Sin embargo, se trata de personas que respetan las convicciones religiosas de las otras personas.

 

6. Familias que critican y cuestionan al catolicismo, en este caso se trata de personas que, por una experiencia de decepción, o por distintas razones de índole socio-cultural, cuestionan directamente las creencias, actividades y modos de vida propias del catolicismo, sin hacer ninguna diferenciación entre sus distintas personas, grupos y tradiciones.

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b. MODELOS DE ACCIÓN PASTORAL

 

Cuando se habla de modelos de acción pastoral se entienden diferentes formas de realizar la Misión que Cristo encomendó a su Iglesia; normalmente éstos responden a una determinada visión de Iglesia y de pastoral que ha dado origen a una determinada práctica pastoral. Hay que decir que las visiones de Iglesia que se tienen, nunca son completas y cerradas, sino que se complementan mutuamente para dar una visión total de la acción pastoral. Aquí se presentan tres, de los cuales se ha de tomar lo que cada uno tiene de positivo con el objetivo de seguir respondiendo al mandato misionero del Señor.

 

Ningún modelo pastoral puede prescindir de elementos fundamentales de la acción pastoral de la Iglesia, aunque sean enfocados con distintas ópticas y desde distintos presupuestos eclesiológicos. Es por eso que, en cualquier modelo han de estar presente los siguientes elementos, para que realice la Misión de Cristo: la Palabra de Dios, la fe, la conversión, el bautismo; la eucaristía, la reconciliación, la solidaridad, la oración; los carismas, las tareas, la participación de todos.

 

I. Modelo centrado en el Culto y la Liturgia

 

1. Este modelo ha potenciado más directamente la acción litúrgica y en torno a ella ha configurado una Iglesia que en el culto ha encontrado su principal campo de acción y desde él se ha entendido.

 

2. La misma configuración cultual ha dependido y ha potenciado una imagen de Iglesia y unas acciones pastorales, hoy presentes en muchos lugares.

 

3. Este modelo corresponde a la imagen de una Iglesia que ha actuado en medio de un mundo sociológicamente cristiano, en donde la mayoría de los ciudadanos al menos institucionalmente pertenecen a ella, hecho que se da apoyado en gran manera en el peso específico de la Iglesia en una determinada sociedad y cultura.

 

4. Esta fuerza social, estaba apoyada también por una cultura eminentemente cristiana, de tal forma que el cristianismo era uno de los medios normales para el desarrollo y el crecimiento de la misma.

 

5. Esto llevó a que la Iglesia en este contexto tomara tres posturas: el que se preocupara exclusivamente por una vida interior; los elementos de la fe se adquirían por tradición y costumbre, esto liberaba a la Iglesia de muchas tareas evangelizadoras, ya que culturalmente eran transmitidos valores y contenidos cristianos; se daba un reconocimiento social que, por una parte, facilitaba a la Iglesia la ejecución de sus acciones.

 

6. La imagen que sustentaba esta práctica es la de «sociedad perfecta», es decir, aquella que tiene en sí misma todos los medios para conseguir sus fines.

 

7. Esta imagen muchas veces no deja apreciar con claridad su distancia del Reino, confundiéndose con ella, olvidando por lo tanto su carácter peregrinante, de lo que se deduce un cierto eclesiocentrismo.

 

8. Una Iglesia concebida de esta manera hace centrar su acción pastoral, especialmente en la parte espiritual del hombre. De tal forma, que no es tarea de la Iglesia la edificación de este mundo más allá de lo que sea garantía para realizar su labor espiritual. De ahí que la acción pastoral propuesta sea la cura animarum realizada fundamentalmente a través de la sacramentalización.

 

9. La acción pastoral es actuada activamente por los ministros ordenados y muchas veces recibida pasivamente por los laicos.

 

10. Lo fundamental, son las acciones del culto sacramental que, de modo especial tienen a la parroquia como plataforma de realización. Otras acciones pastorales están puestas a su servicio y otras estructuras son consideradas solamente como complementos.

 

11. En este contexto la acción catequética es entendida desde su relación con los sacramentos que se van a recibir y para los que prepara. La pastoral profética era amplia, pero situada en el mismo contexto. La vida comunitaria parroquial tendía especialmente a asegurar la práctica y la recepción sacramental. La pastoral de la caridad, es entendida frecuentemente sólo de manera asistencial. La práctica cristiana, estaba asegurada por la realización de ciertas prácticas piadosas.

 

II. Modelo Comunitario de grupos y movimientos

 

1. La reaparición de las comunidades en la Iglesia como medio concreto de vivir la fe y la eclesialidad, han favorecido la renovación de la acción pastoral. Aquí se ha dado un descubrimiento y el impulso de la comunión y las comunidades en la Iglesia.

 

2. Responde a una situación en donde se ha perdido el sustrato sociológico sobre el que se asentaba la comunidad parroquial y pastoral anterior al Vaticano II.

 

3. Este modelo es especialmente adaptado para situaciones antiguas de cristiandad, que quieren renovar su vida y buscar la autenticidad por la vivencia comunitaria de la fe.

 

4. Desde este modelo, se intenta renovar la totalidad de la vida eclesial, partiendo de pequeñas comunidades que hagan realidad el ser comunitario de la Iglesia, que se ha de configurar como comunión de comunidades.

 

5. Dos ideas básicas sustentan este modelo, y ambas proceden de la concepción eclesiológica del Vaticano II. Por un lado, la concepción de la Iglesia como misterio de comunión que tiene su origen en el misterio mismo de Dios. Por otro, la eclesiología del Pueblo de Dios que ha valorado el carácter profético, sacerdotal y real de todos los miembros de la Iglesia; desde la vocación bautismal ha afirmado la igualdad esencial de todos ellos dentro de una distribución orgánica de carismas y ministerios, y ha hecho a todos partícipes de la misión y, por tanto, agentes de la vida pastoral.

 

6. La acción pastoral que se ha propuesto, ha sido el de la edificación de la Iglesia, partiendo de la base de la pequeña comunidad hasta la totalidad de la Iglesia como comunión de comunidades y, hacer de cada comunidad la célula de la Iglesia.

 

7. La estructura comunitaria y el modelo de comunidad no es único en la Iglesia, sino plural. Esto ha dado como resultado, el origen de muchos grupos eclesiales que, sin ser en sí mismos una comunidad, tienen elementos comunitarios y se enrolan en algunos niveles comunitarios de la Iglesia, fundamentalmente de la parroquia o la diócesis. El problema de estos grupos está, en ese encuentro con la comunidad total de la Iglesia que los haga universales y abiertos.

 

8. En toda esta estructura de comunidades y de grupos en los que se vive el modelo comunitario, aparece el elemento carismático que hace posible la unidad en la pluralidad.

 

9. La comunidad es el elemento cristalizador de los demás elementos eclesiales: el servicio al mundo, la evangelización tanto ad intra como ad extra y la liturgia. Así, la comunidad intenta ser un signo vivo de salvación en medio de la comunidad humana.

 

10. La estructura evangelizadora es muy fuerte. En esta evangelización tiene una importancia decisiva la Palabra de Dios como fuente y origen de toda evangelización.

 

11. En cuanto a la liturgia comunitaria, es común el tiempo amplio, la participación y la espontaneidad, la escucha meditativa de la Palabra y la escucha del hermano que la hace suya.

 

12. Por la participación de sus miembros, la comunidad es fuente continua de distintos ministerios y funciones dentro de ella. Así que la vida comunitaria debe potenciar ministerios, tanto ordenados como laicales.

 

III. Modelo Misionero y Evangelizador

 

1. Con el concepto evangelizador se entiende la búsqueda de un itinerario que haga que el anuncio del Evangelio lleve, al que lo escucha, a la fe y a la adhesión a Jesucristo por mediación de la Iglesia.

 

2. Este modelo quiere responder, a un cristianismo sociológico que no es manifestación de una autenticidad de la fe y que se refleja en una sacramentalización, que no conlleva a la evangelización previa, en donde los sacramentos así recibidos responden más a una costumbre social que a una celebración de la fe. Esto refleja fácilmente un infantilismo de la fe en muchos adultos.

 

3. Otros fenómenos a los que quiere responder son la separación (divorcio) entre fe y vida en muchos creyentes, así como la situación de la increencia que está llegando a tener un rango cultural.

 

4. Esta situación de los países católicos de antigua cristiandad, está obligando a la Iglesia a hacerse un nuevo planteamiento de su evangelización desde presupuestos distintos. Por lo cual, los países tradicionalmente cristianos se están convirtiendo en tierras de misión.

 

5. A la base se encuentran dos ideas: la misión como autentificación de la comunión; y la sacramentalidad de la Iglesia que la hace significativa para el mundo y eficaz en él.

 

6. Ambas ideas confluyen en una apertura de la Iglesia hacia el mundo, para el que la Iglesia se comprende como sacramento de salvación. Hoy la Iglesia se siente enviada y ve en los hombres y en el mundo los destinatarios de su ser y de su acción.

 

7. Esta nueva postura implica una serie de actitudes nuevas que van a transformar la acción pastoral: el respeto; el diálogo sobre la base común que los une: el hombre; el servicio; la participación y el pluralismo.

 

8. Ante esta situación la acción pastoral que la Iglesia se propone, es lo que se ha llamado nueva evangelización que, dicho de otra manera, implica la evangelización de los alejados, la cercanía a los que se están alejando, la reevangelización de los cristianos y la auténtica iniciación cristiana que sirve de sustrato a una fe madura y auténtica.

 

9. Esto tiene que llevar a tomar nuevas actitudes y exigencias en la misma Iglesia: romper el concepto de pastoral de mantenimiento o de subsistencia provocada muchas veces por el miedo a lo nuevo; valorización del mundo de hoy y del momento presente, lo cual implica, cercanía, encarnación, sintonía con sus problemas, hablar el mismo lenguaje y, en definitiva, encuentro con este mundo, junto con la valorización del mismo; la práctica sana del profetismo; abierta al pluralismo; una pastoral de conjunto. En síntesis la búsqueda de hacer de la Iglesia una casa para todos, que sea signo evidente de la salvación histórica y realizada, que invite a entrar en ella.

 

10. Para lograr este planteamiento pastoral, habría que potenciar las siguientes acciones: La iniciación cristiana seria que incluya una celebración auténtica de los sacramentos de iniciación, recuperando el catecumenado, aunque de forma diversificada y plural; impulso de la misión de la Iglesia, abarcando los diferentes ambientes, promoviendo a un laicado participante, y promoviendo a los movimientos apostólicos como evangelizadores de los mismos.

 

11. Empeño y trabajo por la transformación social, especialmente: por la acogida y cercanía a los pobres; por el trabajo serio por el cambio de las estructuras sociales; por la participación en los lugares y plataformas en los que se plantea la marcha y estructuración concreta de la sociedad; por la presencia pública de la Iglesia testimonial.

 

12. Una nueva espiritualidad desde la vida y la misión, con una nueva liturgia relacionada con la vida y origen de la misión para los cristianos que la celebran; una espiritualidad profunda desde el testimonio y los signos de los tiempos; la búsqueda de una nueva encarnación cultural; con una atención pastoral a los jóvenes y a la religiosidad popular.

 

 

c. CUADRO SINÓPTICO DE LOS MODELOS DE ACCIÓN PASTORAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es frecuente encontrar parroquias con modelos múltiples que pueden convivir y complementarse de acuerdo con los diferentes grupos de fieles que participan en la parroquia.

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III. PROCESO EVANGELIZADOR CON SENTIDO MISIONERO

 

a. LA MISIÓN DE JESÚS, MISIÓN DE LA IGLESIA

 

1. "No he venido por mi propia cuenta, sino que Dios me envió" (Jn 8, 42). En el centro de la conciencia misionera del Hijo estaba la convicción de ser el enviado por el Padre amoroso: era el Mensaje vivo de Dios, la Palabra, la Misión encarnada (IPM 14). El origen de la misión es Dios Padre que ha elegido y consagrado a su pueblo para realizarla. La Iglesia es la comunidad que Dios Padre se ha elegido mediante su Hijo Jesucristo. Es también la comunidad que Dios Padre ha consagrado y habilitado para la misión al derramar sobre ella su Espíritu (MP 43).

 

2. La misión consiste en anunciar a Jesucristo, centro y contenido del Reino de Dios, presencia salvadora que es vida, verdad, justicia, paz y amor para toda la humanidad.

 

3. La Misión Permanente, opción pastoral de nuestra Comunidad Arquidiocesana, no es una actividad pastoral más, sino una llamada providencial para sumarnos a la misión que el Padre ha confiado a su Hijo Jesucristo y Él a su Iglesia.

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b. MISIÓN DE TODOS LOS BAUTIZADOS

 

1. Todo fiel cristiano, por estar incorporado a Cristo mediante el bautismo, está llamado a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia. Todos los cristianos deben prestar su ayuda a la difusión del Evangelio, cada uno según sus posibilidades, sus talentos, su carisma y su ministerio en la Iglesia (AG 28). "La orden dada a los Doce: "Vayan y proclamen la Buena Nueva", vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos... " (EN 13).

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c. MISIÓN Y NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

1. Dentro de la gran misión de la Iglesia se distingue la misión "ad gentes", o sea, a quienes no tienen la fe cristiana; la atención pastoral y la nueva evangelización. Ésta es descrita como «una situación intermedia que se da (entre misión ad gentes y atención pastoral)... donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio» (RM 33).

 

2. La tarea urgente de la nueva evangelización hace comprender a la Iglesia que «no puede ser misionera respecto a los no cristianos de otros países y continentes si antes no se preocupa seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa» (RM 34).

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d. NUEVA EVANGELIZACIÓN Y II SÍNODO DIOCESANO: HACIA UNA PASTORAL MISIONERA

 

1. El propósito del II Sínodo Diocesano replanteó a fondo la misión pastoral de esta Iglesia particular arquidiocesana. Nuestra ciudad, en efecto, es de aquellos lugares señalados por el Papa Juan Pablo II como necesitados de una nueva evangelización por tantos bautizados lejanos de la vivencia de fe, y donde «faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos» (RM 33).

 

2. Es por ello que el plan pastoral de la Arquidiócesis de México se centra en la evangelización de las culturas. Evangelizar las culturas que conforman la ciudad capital es una tarea difícil que sólo será posible cumplir con proyectos de largo alcance que tengan consistencia y continuidad.

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e. UN NUEVO Y VIGOROSO PROYECTO MISIONERO

 

1. Así pues, ante los grandes retos pastorales que plantean los ambientes de la Ciudad de México se requiere no cualquier empeño evangelizador. Urge una labor de Iglesia que aproveche el gran potencial de presencia que tiene el laico en el mundo cotidiano, una mejor capacitación y formación de agentes para acciones concretas, una conciencia de ser parte de una comunidad organizada para evangelizar, la unidad en torno a un proyecto Misionero con sus prioridades sin descuidar los demás campos (ECUCIM 4220-4222; 4225; 4081; 4380).

 

2. «A la luz de estos hechos quiero invitar, con mucha insistencia, a quienes todavía no entran en este cauce de la Misión, a que se sumen ya a este gran proyecto arquidiocesano, a fin de que nuestra Iglesia particular, profundamente renovada, cumpla la misión del Señor Jesús en esta ciudad. Que por ningún motivo queden parroquias, comunidades o movimientos en donde todavía no se toma en cuenta la Misión Permanente» (2ª Etapa Itinerario Pastoral, No. 9).

 

3. Cada comunidad debe asumir como forma y estilo personal a la Misión Permanente, dado que implica fortalecer y consolidar un proceso misionero que lleva a difundir y a vivir la fe donde ahora está ausente; a renovar la vocación apostólica de los agentes de pastoral y a reactivar el espíritu de servicio de las instancias arquidiocesanas.

 

4. El interés de todo agente evangelizador, ha de estar centrado en que, si amamos a la Iglesia como Cristo la amó y se entregó por ella, también participaremos con alegría y generosidad en la formación de pequeñas comunidades donde se pueda alimentar y vivir mejor el ideal presentado por las primitivas comunidades: tener todo en común; estar unidos en la oración, en la enseñanza de los apóstoles y celebrar esfuerzos y fatigas de cada día en la fracción del pan (Hch 2, 42).

 

5. A través de estas comunidades menores sembraremos la esperanza cristiana para la ciudad capital que se abre al nuevo milenio queriendo reconquistar los valores de su identidad como pueblo de Cristo y de María de Guadalupe.

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f. ESPIRITUALIDAD MISIONERA

 

1. En el Apocalipsis del apóstol San Juan hay una palabra que puede ayudarnos a entender cómo ve el Señor a quienes nos llama a colaborar en su obra: «Yo sé todo lo que haces; conozco tu duro trabajo y tu constancia, y sé que no puedes soportar a los malvados... Has sido constante, y has sufrido mucho por mi causa sin desmayar. Pero tengo una cosa que reprocharte: que dejaste enfriar el primer amor» (Ap 2,2-4).

 

2. También hoy, el Señor podría dirigir el mismo «reproche amoroso» a algunos de sus elegidos, en especial a quienes ha confiado ser pastores de un Comunidad. Ciertamente reconoce el trabajo desgastante de la parroquia; reconoce la defensa de la grey ante los malvados; reconoce y agradece todas las fatigas y cansancio a favor de los que Él les ha encomendado cuidar y acompañar. Pero les descubre un cierto vacío y por ello le dice a cada uno: «ya no tienes el mismo amor que al principio».

 

El inicio de toda misión, de toda tarea evangelizadora,

debe comenzar volviendo al amor primero.

 

3. Sólo retornando al fervor del primer encuentro, se es capaz de reavivar esfuerzos, que superen los años que se cargan encima, los fracasos y aún las miserias propias. Para emprender una nueva misión hay que volver al lugar de aquel encuentro que dio la capacidad de dejarlo todo (Cf. Mt 4,18-22), para ir al seguimiento del Señor: «Así dice el Señor: Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño de joven esposa, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivar» (Jer 2, 2).

 

El primer paso de la misión

no consiste en salir a la búsqueda de la oveja perdida,

sino en dejarse reencontrar por el amado.

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g. ETAPAS DEL PROCESO EVANGELIZADOR

 

La forma de esquematizar el proceso evangelizador, en nuestra práctica pastoral, es:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Breve explicación de las etapas:

 

Etapa Misionera que tiene como finalidad poner los cimientos de la fe, está constituida por:

el primer anuncio o kerigma,

y la reiniciación cristiana,

 

Etapa Catequética: cuyo objetivo es ofrecer un camino de crecimiento integral, gradual y sistemático de la fe, encaminado a que el bautizado pueda dar razón de su fe y vivir el seguimiento de Jesús al interior de una comunidad menor;

 

Etapa Apostólica: que nace de la alegría de haber encontrado a Cristo y que impulsa al discípulo a poner todo lo que es y lo que tiene al servicio del Reino.

Descripción del sentido de cada una de estas etapas:

 

I. Primer Anuncio o Kerigma, se acepta a Jesús como Señor y Salvador

 

1. Es el anuncio fundamental de la salvación: "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día" (1 Cor 15, 3-4). "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 Jn 4,1 0-1 1).

 

2. Esta proclamación conlleva una interpelación para aceptar a Jesús como Salvador y Señor, cuyo fruto será la conversión inicial que continuará profundizándose y haciéndose más consciente y comprometedora a lo largo de la vida, meditando y asimilando el mensaje central de la fe. El testimonio personal y el de la comunidad eclesial es su fundamento (EN 21.41.76.80; Rm 42-43).

 

3. Este anuncio es indispensable tanto en las tierras de misión, como en los países católicos donde los niños son bautizados pequeños y se ha vuelto urgente la Nueva Evangelización, en razón de que la fe de la mayoría de los bautizados no se ha desarrollado.

 

4. Los medios para realizarlo son variados en su forma y su adaptación para los diversos ambientes y clases de personas. Todas requieren el contacto personal y el testimonio (MP 52-55).

 

II. Reiniciación Cristiana, la fe se personaliza

 

1. Es un proceso intensivo de evangelización que a través del conocimiento y experiencia de las exigencias fundamentales de la vida cristiana, quiere impulsar en los adultos su conversión y adhesión a Cristo, para que decidan insertarse en la Comunidad Eclesial como miembros comprometidos.

 

2. La Reiniciación Cristiana se ubica en el proceso evangelizador entre el anuncio del Kerigma, y la catequesis permanente. Es una propuesta de la buena nueva en orden a una opción sólida de fe (DGC n. 62). Se pretende dar una fundamentación y profundidad a la primera respuesta o adhesión provocada por el kerigma. Este cimiento es vital para el crecimiento de la fe, pues toma en cuenta: la profesión de fe, la celebración de los misterios, la vivencia de los valores evangélicos, la experiencia y compromiso comunitarios.

 

3. Está constituida por la experiencia eclesial mediante la cual los principios teológicos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, son percibidos y asumidos vitalmente. Supone recorrer el camino de la conversión a través de la escucha y meditación de la Palabra, la oportunidad de un cambio de vida. La Iglesia ofrece a sus hijos que quieren tomar conciencia de las implicaciones de su bautismo un itinerario hecho de instrucción, liturgia, oración, orientación, y práctica de la caridad, hasta verlos convertidos en miembros conscientes y comprometidos de la Iglesia (MP 61).

 

III. Catequesis permanente, crecimiento de la fe

 

1. Dentro de una comunidad menor, es la explicitación cada vez más sistemática de la primera evangelización; es la iniciación en la vida de la Iglesia y en el testimonio concreto de la caridad; es la acción eclesial que conduce a las comunidades y a cada cristiano a la madurez en Cristo.

 

2. Es una etapa del "proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la celebración litúrgica del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros" (MP 63-64).

 

Presenta lo más básico y lo más completo posible el mensaje de Jesús.

Favorece la amistad, la intimidad, la unión viva con Jesús.

Fomenta el conocimiento sapiencial del mensaje de Jesús.

Educa para celebrar la fe.

Forma en los criterios morales del Evangelio.

Ejercita en la oración personal.

Capacita para vivir en comunidad.

Sensibiliza y capacita para estar activamente presentes en la sociedad, testimoniando a Jesús de obra y de palabra.

3. En este tiempo se va formando al nuevo creyente para:

 

Vivir según el Evangelio.

Ser Iglesia y vivir en comunidad.

Participar de forma comprometida en la misión de la Iglesia.

 

IV. Apostolado, Construyendo el Reino de Dios

 

1. La Iglesia cumple su misión cuando sus comunidades y personas se convierten, por su estilo de vida y de servicio, en signos de la presencia del Reino, en testigos de la acción y presencia del Resucitado. Es una forma intensa y sumamente creíble de misión. El testimonio de lo que se cree y se vive es la maduración de la vocación bautismal en el cristiano. El servicio es la expresión natural de su fe. Por esto podemos decir que el testimonio de la caridad forma parte primera y principal del trabajo evangelizador de la Iglesia (MP 75).

 

2. La primera responsabilidad de los laicos es la transformación del orden temporal. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la función específica de los pastores-, sino la animación cristiana del orden temporal (EN 70).

 

3. Significa ser un agente de cambio, un factor de transformación de la sociedad en que vivimos. Es buscar que los valores del evangelio se vivan en todas las estructuras humanas: familia, trabajo, colonia, ciudad, país, etc.

 

4. A su vez, los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos. Estos ministerios adquirirán un verdadero valor pastoral y serán constructivos en la medida en que se realicen con un respeto absoluto a la unidad y a los artífices de la unidad de la Iglesia. Laicos que dedican parte de su tiempo, de sus energías y a veces, la vida entera al servicio de la misión (EN 73).

 

h. ESQUEMA OPERATIVO DEL PROCESO EVANGELIZADOR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV.- PROCESO DE FORMACIÓN DE AGENTES Y MINISTERIOS LAICALES

 

Relación de la comunidad parroquial con la formación de agentes

 

La formación de agentes en una parroquia no tendrá fruto como actividad, si no se comprende el proceso de crecimiento en la fe que ilumina y dinamiza toda la vida de la comunidad.

 

Para que cada parroquia comprenda debidamente el crecimiento y formación que requieren los diferentes agentes de pastoral, es importante que antes asuma su compromiso de velar por el crecimiento y maduración en la fe de cada uno de los miembros que la integran: debe cuidar y procurar el pleno florecimiento de la vocación bautismal que invita a todos y cada uno a ser santos; a la comunión con Dios.

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a. ITINERARIO DE FORMACIÓN PARA TODOS LOS BAUTIZADOS:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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b. FORMACIÓN EN LOS CEFALAE U OTRAS INSTANCIAS DE FORMACIÓN ARQUIDIOCESANAS

 

1. El agente laico necesita de otros niveles de formación que rebasan a lo proporcionado por la parroquia. La propuesta arquidiocesana contempla tres grandes niveles: Propedéutica desde la parroquia; Básica y Específica.

 

2. El cuadro de acogida (en este mismo apartado), explica el proceso de la integración de un agente en la etapa propedéutica propia de la parroquia.

 

3. La formación básica, sin dejar de ser teológico-pastoral, mantiene un lenguaje más catequético, que ayude a profundizar la propia experiencia de fe y que capacite para compartirla en el ministerio o apostolado a realizar.

 

4. La formación específica será ofrecida por las comisiones que afectan a tareas concretas en la pastoral: Catequesis, Pastoral Juvenil, Pastoral Familiar, etc.

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c. EJERCICIO PARA UNA EVALUACIÓN COMUNITARIA SOBRE LA FORMACIÓN DE AGENTES

 

Para valorar si en nuestra parroquia se comprende a profundidad la formación de agentes, puede resultar útil el siguiente ejercicio, como evaluación comunitaria (Puede servir como apoyo para la discusión del tema en el Consejo de Pastoral, en función del desarrollo de una visión común).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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d. ESTRUCTURACIÓN DE LA COMUNIDAD PARROQUIAL PARA LA FORMACIÓN DE AGENTES

 

Para valorar si el trabajo pastoral de nuestra comunidad está estructurado para fomentar la formación de los agentes conviene que revisemos si atendemos cinco aspectos importantes y cómo los estamos atendiendo.

 

Se presenta un formato de apoyo con este objetivo:

 

Revisar y valorar la organización en relación con el fomento y atenciónde la formación de los agentes en la parroquia.

 

Los cinco aspectos importantes son:

 

1. Clima de acogida en la parroquia (capacidad acogedora):

 

1.1. Quién se preocupa:

1..2. Cómo se cuida:

1.3. Qué recursos se emplean para cuidarlo:

1.4. Personas:

1.5. Espacios:

1.6. Materiales:

 

2. Integración de nuevos agentes a la pastoral parroquial:

 

2.1. Quién se preocupa y ocupa de favorecer la integración de nuevos agentes:

2.2. Cómo la favorece:

2.3. Cómo invita el párroco a los laicos para servicios o ministerios específicos:

2.4. ¿Se les comunica a los laicos, desde un inicio, la formación específica que requerirán para poder prestar o atender dicho servicio o ministerio?

2.5. Qué recursos se emplean para atender dicha integración:

2.6. Personas:

2.7. Espacios:

2.8 Materiales:

 

3. Cuidado personalizado; cultivo de la relación pastoral

 

3.1. Quién se preocupa y ocupa de favorecer la relación pastoral personal:

3.2. Cómo la favorece:

3.3. Qué recursos se emplean para atenderla:

3.4. Personas:

3.5. Espacios:

3.6. Materiales:

 

4. Formación permanente dentro de la comunidad

 

4.1. Quién se preocupa y ocupa de favorecer la formación permanente dentro de la comunidad (clima formativo):

4.2. Cómo la favorece:

4.3. Qué recursos se emplean para atenderla:

4.4. Personas:

4.5. Espacios:

4.6. Materiales:

 

5. Invitación a algunos a que se sigan formando fuera de la comunidad parroquial

 

5.1. Quién se preocupa y ocupa de favorecer la formación permanente dentro de la comunidad (clima formativo):

5.2. Cómo la favorece:

5.3. Qué recursos se emplean para atenderla:

5.4. Personas:

5.5. Espacios:

5.6. Materiales:

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e. PROCESO DE ACOGIDA-INTEGRACIÓN-FORMACIÓN DE AGENTES DESDE LA COMUNIDAD PARROQUIAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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f. EXIGENCIAS DE FORMACIÓN PARA LOS SERVICIOS, APOSTOLADOS Y MINISTERIOS LAICALES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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g. PANORAMA DE SERVICIOS, APOSTOLADOS Y MINISTERIOS LAICALES EN UNA COMUNIDAD PARROQUIAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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h. OTROS APOYOS PROPUESTOS

 

Puesto que la formación de agentes está muy relacionada con el cuidado y seguimiento de procesos de desarrollo de personas, quizás deban considerarse algunas herramientas que ayuden a este propósito, tales como:

 

Directorio de agentes: nombre, servicio o ministerio, teléfono, dirección.

Control de colaboradores por ministerio o apostolado: quienes ayudan, en qué actividades; en qué horario; con qué responsabilidades.

Expediente de agentes: registro de perfiles de los agentes (a modo de curriculum pastoral) que sirva de referencia para organización de actividades futuras. El conjunto de expedientes va integrando un tipo de inventario de recursos humanos que ayuda a tomar decisiones sobre asignación de responsabilidades conforme a carismas y recursos personales.

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i. RELACIÓN DEL PROCESO EVANGELIZADOR Y LA FORMACIÓN DE AGENTES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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FASE
RESPONSABLE(S)
ACCIONES
SUBSIDIOS

E
T
A
P
A

M
I
S
I
O
N
E
R
A

1. CONVICCIÓN DEL PÁRROCO, de hacer de su parroquia una comunidad de comunidades y movimientos; comunidad evangelizada y evangelizadora.
Párroco
 
 
2. SENSIBILIZAR A LA COMUNIDAD sobre la necesidad de una nueva evangelización, entendida como una invitación a todos los católicos ya bautizados a reavivar su fe y a renovar los sacramentos de la iniciación cristiana.
Párroco /
Consejo de Pastoral Parroquial
2.1 El párroco comunicará al Consejo de Pastoral sobre la necesidad de implementar el proceso evangelizador en su parroquia y la creación del Equipo Misionero Parroquial, EMP
_____________________________
2.2 Avisar a los grupos, movimientos y demás fieles que la parroquia estará en estado de Misión.
Carteles, trípticos, cartas sobre la Misión parroquial
3. INTEGRAR Y FORMAR EL EMP QUE COORDINE Y ANIME EL PROCESO EVANGELIZADOR EN LA PARROQUIA
Párroco /
Consejo de Pastoral Parroquial /
EMD (si existe)
3.1 El Párroco invitará a los miembros del Consejo de Pastoral para abrir la invitación a ser misioneros a los miembros de los grupos, movimientos, coros y a los fieles en las misas, interesados en llevar la Buena Nueva.
_____________________________
3.2 Calendarizar reuniones de sensibilización misionera.
_____________________________
3.3 A las personas que acepten ser misionerosinvitarlos a vivir el Kerigma
_____________________________
3.4 Impartir un taller de espiritualidad misionera3.5 Trabajar el taller de planeación misionera (ver siguiente fase)
* Folleto Arquidiócesis de México, Formadora de Misioneros
_____________________________
* Pregones del Primer Anuncio. Arquidiócesis de México
4. PLANEACIÓN EN LA MISIÓN
EMP
4.1 Definir el tipo de estrategia que se ha de utilizar para la convocación.La Pesca hacia adentro se refiere a que, antes de salir a visitar por las casas, se invite a los miembros de los diferentes grupos y movimientos para integrarse al proceso evangelizador de la parroquia. Esta estrategia también podría incluir a los asistentes a las misas dominicales.La Pesca hacia fuera se entiende como la salida misionera casa por casa dirigida los alejados de la parroquia.
_____________________________
4.2 Aprovechar la sectorización del territorio parroquial.
_____________________________
4.3 Calendarizar las fechas, asignar responsables y definir requerimientos materiales de acuerdo a la estrategia de Misión.Es importante considerar los medios impresos para invitar a las personas a vivir el encuentro con Jesús.
_____________________________
4.4 Celebración de envío
Guía del Proceso Misionero
5. REALIZACIÓN DE LA MISIÓN
EMP
5.1 Invitar a vivir el Primer Anuncio de acuerdo a lo establecido en la planeación misionera
_____________________________
5.2 Proclamar el Kerigma en el lugar (es) determinados en el plan.
_____________________________
5.3 Celebración de acción de gracias con todos los grupos de Primer anuncio
_____________________________
5.4 Evaluación del EMP con el párroco sobre la misión kerigmática.
 
6.VIVENCIA DE LA REINICIACIÓN CRISTIANA
 
6.1 Desarrollar el proceso de RC con las personas que perseveren del Kerigma.
_____________________________
6.2 celebración de la Renovación de los sacramentos de la iniciación Cristiana
_____________________________
6.3 Celebración de clausura de la RC
 
7. FORMACIÓN PERMANENTE
DE LA FE
  
Ver sección de Pastoral Cetequética
Serie de Catequesis de Adultos "Al encuentro de Jesús"
8. APOSTOLADO
 
Ver apartado de Formación de agentes y ministerios laicales

 

Palomear las afirmaciones que corresponden a la visión de Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II y que debieran iluminar la manera de atender la formación de agentes en la parroquia.

 

 

Tachar las afirmaciones que no corresponden a la visión de Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II y que la comunidad parroquial debe superar.

 

 

Sólo tienen el deber de formarse los laicos.

 

 

Todos los laicos que quieran participar en la pastoral requieren la misma formación.

 

 

La formación es un deber que todos los bautizados tenemos como respuesta responsable y agradecida al don de Dios que hemos recibido por nuestro bautismo y que debemos cultivar, para permitir que florezca en la santidad de vida a la que todos estamos llamados.

 

 

Tanto los pastores deben ayudar a los laicos a formarse, como los laicos pueden y deben colaborar en la formación de otros laicos, y apoyar a sus pastores para que también ellos puedan formarse.

 

 

La formación de agentes es una actividad que es posible realizar a corto plazo.

 

 

La formación de agentes es un proceso que debe cuidarse a mediano y largo plazo.

 

 

Es una inversión que siempre reditúa, aunque el fruto no sea siempre palpable en el corto plazo.

 

 

Es en muchas ocasiones un desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo. Pocas veces da fruto.

 

 

El párroco es el único responsable de la formación de los agentes.

 

 

Todos los miembros de la comunidad somos corresponsables de la formación de agentes, bajo la guía del párroco.

 

 

La formación se da fundamentalmente a través de cursos, pláticas y clases.

 

 

La formación general se da fundamentalmente a partir de la vida misma de la comunidad (liturgia, testimonio de vida de personas y grupos; predicación en sus diferentes formas). Los cursos, pláticas y clases son un aspecto importante que atiende objetivos específicos.

 

 

Cuidar un clima formativo que aliente y promueva una actitud de renovación y conversión permanente de todos debe ser una preocupación constante de la comunidad parroquial.

 

 

La atención de la formación se reduce a contar con un programa de cursos y pláticas.

 

 

Es fácil proponer la formación a la consideración de los fieles y pastores. Fácilmente se convencen de la necesidad que tienen de ella.

 

 

Para que la formación sea acogida con verdadero deseo y conciencia por los fieles y pastores, es importante cultivar antes una relación pastoral que prepare el corazón y la mente de las personas.

 

 

Es importante personalizar el proceso de formación para que constituya un camino de conversión, mediante el acompañamiento fraterno para evitar que se quede en un simple conocimiento intelectual que no transforma a las personas.

 

 

La oración debe ser el alma de toda iniciativa formativa ya que si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores.