ASAMBLEAS

 

XIX ASAMBLEA

Un Rostro Joven para renovar la
Misión Permanente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21 al - 23 de Noviembre 2013

Seminario Conciliar de México

Casa Huipulco

INICIO

JUEVES 21

VIERNES 22

SÁBADO 23

ORACIÓN INICIAL

 

Ambientación: Sean todos ustedes bienvenidos. “Dios vive en la ciudad”. Esta profunda certeza de fe nos ha animado a prestar atención a los múltiples aspectos de la cultura urbana actual y a reconocer en ella y asumir desde ella los desafíos de una pastoral urbana. La Iglesia arquidiocesana cada año, en actitud de corresponsabilidad, busca encontrar nuevas vías pastorales que impulsen la renovación de nuestra actividad misionera, sobre todo ahora, que sale al encuentro de las nuevas generaciones para evangelizarlas. Confiados en el Señor, demos inicio a nuestra tercera jornada de trabajo.

 

Presidente: En el nombre del Padre + y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

 

Presidente: El Año de la Fe va llegando a su fin, ha sido un año intenso para muchos, hemos intentado redescubrir el inigualable don de la Fe y reflexionar sobre el compromiso que conlleva el profesarla. Sin embargo, el compromiso de transmitir la fe sigue vigente, esto no termina nunca, al contrario, fortalecidos por el Señor tenemos que ser más audaces y creativos en la tarea de la evangelización.

 

Todos: Señor y Padre nuestro, dueño de la historia y de la eternidad. Tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Termina el Año de la Fe: este año que se clausura ha sido esa puerta abierta por la que hemos entrado a la luz y a la amistad, a la alegría, a la libertad, y a la confianza.

 

Presidente: ¡Cuánto necesitamos recuperar la puerta abierta en la vida! Concédenos, Padre nuestro, ser puertas abiertas por donde entren y salgan nuestros hermanos los hombres. Las puertas cerradas nos dañan, nos anquilosan, nos separan y nos dividen.

 

Todos: Pasar esta puerta de la fe ha sido como un renacimiento en el que hemos descubierto, unidos no solo a Jesucristo, sino también a todos aquellos que han caminado y caminan por el mismo camino, nuestro nuevo nacimiento, que comienza con el Bautismo, y continúa en el curso de la vida.

 

Presidente: Este año ha sido una invitación a cruzar el umbral de la fe a dar un paso de decisión interna y libre, a animarnos a entrar a una nueva vida. Pasar esta puerta de la fe ha sido emprender un camino que dura toda la vida.

 

Todos: Pasar esta puerta de la fe es confiar en la fuerza del Espíritu Santo presente en la Iglesia y que también se manifiesta en los signos de los tiempos, es acompañar el constante movimiento de la vida y de la historia sin caer en el derrotismo paralizante de que todo tiempo pasado fue mejor.

 

Presidente: Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro y un corazón no perezosamente acostumbrado, capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a luz se sigue apostando a la vida y al futuro, que cuando cuidamos la inocencia de los niños garantizamos la verdad de un mañana y cuando mimamos la vida entregada de un anciano hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras raíces.

 

Todos: Señor y Padre nuestro: cruzar el umbral de la puerta fe es vivir en el espíritu del Concilio Vaticano II y en una Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de Evangelio nuestras calles y la vida de los hombres de nuestro tiempo.

 

Monición: Ahora, en medio de este ambiente de agradecimiento escuchemos la Palabra de Dios. El Evangelio de Lucas nos regala una bella y comprometedora Parábola. Detengamos nuestra mirada en el Crucifijo, veamos todo lo que Él dio por salvarnos y escuchemos su llamada a salir a los caminos del mundo para predicar su amor con el testimonio, la palabra y las obras de misericordia.

 

CANTO

 

Diácono: Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 15-24:

 

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: “Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios”.

 

Entonces Jesús le dijo: “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ‘Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

 

”Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: ‘Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

 

”Cuando regresó el criado, le dijo: ‘Señor, hice lo que ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: ‘Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’”. Palabra del Señor.

 

Todos: Gloria a Ti, Señor Jesús.

 

(Sentados)

 

Video – Reflexión.

 

Breve Silencio.

 

(De pie)

 

Presidente: Termina el Año de la Fe. ¡Danos tu Santo Espíritu para no dejarte pasar de largo y recibirte con entera confianza, auténtico amor y esperanza cierta! Que te veamos presente en la historia de los hermanos que están en la orilla del camino, en los desheredados de la tierra, en los que soportan impotentes las injusticias estructurales, en los que languidecen por causa de las hambrunas y pandemias.

 

Todos: Que experimentemos confiados que sigues viniendo una vez más a tu Iglesia, cuando anunciamos la Buena Noticia del Reino, cuando transmitimos la Fe con la fuerza del testimonio y la verdad de tu Palabra. ¡Danos tu Espíritu de alegría, para evangelizar con la misma ilusión de los grandes misioneros del Evangelio! ¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra pobre y necesitada Fe!

 

Presidente: ¡Ven Señor Jesús! Aumenta nuestra Fe en los tiempos complejos que estamos viviendo que obremos siempre con la misma caridad pastoral que Tú tuviste, y que no seamos cobardes para defender los valores evangélicos sin temer a nada ni a nadie!

 

Todos: Acaba el Año de la Fe: comienza la tarea de ser una Iglesia que vive, ora y trabaja en clave misionera. Cruzar el umbral de la fe es, en definitiva, aceptar la novedad de la vida del Resucitado en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva. Amén.

 

Monición: Antes de concluir este momento de oración, invoquemos a Nuestra Señora de Guadalupe, solicitando su maternal intercesión para que logremos anunciar el Evangelio de su Hijo. (Oración del Papa Juan XXIII)

 

Presidente: ¡Señora Nuestra de Guadalupe, que también a la tierra de México has querido dar especiales muestras de Benevolencia, y has prometido consuelo y ayuda a aquellos que te aman y siguen!  Mira benigna a todos tus hijos; ellos te invocan con confianza.

 

Conserva en nuestras almas el don precioso de la gracia divina.  Haznos dóciles a la voluntad del Señor, de tal manera que cada vez más se extienda su reino en los corazones, en las familias, en nuestra querida nación.

 

¡Oh Virgen Santísima! Acompáñanos en las fatigas del trabajo cotidiano, en las alegrías, en las penas y dificultades de la vida, de modo que nuestro espíritu inmortal pueda elevarse, libre y puro, a Dios y servirlo gozosamente, con generosidad y fervor.

 

Defiéndenos de todo mal, Reina y Madre de México; y haz que seamos fieles imitadores de Jesucristo, que es camino, verdad y vida, a fin de que un día podamos, de tu mano, alcanzar en el cielo el premio de la visión beatífica.

 

Todos: Amén.

 

 

 

BENDICIÓN.

 

CANTO FINAL