ASAMBLEAS

 

XIX ASAMBLEA

Un Rostro Joven para renovar la
Misión Permanente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21 al - 23 de Noviembre 2013

Seminario Conciliar de México

Casa Huipulco

Jueves 21 de noviembre

 

Oración inicial

 

RITOS INICIALES

 

EL ROSTRO JOVEN DE LA MISIÓN PERMANENTE

 

Monitor: Hermanos y hermanas.

¡Qué hermoso es contemplar los rostros de todos los que hemos sido convocados por nuestro pastor a participar de esta XIX Asamblea Diocesana!

Ayer, estábamos atentos a la escucha de las voces de la Ciudad: ¡seguro que las hemos escuchado!

Hoy, estamos reunidos para dar seguimiento y respuesta a aquellas voces, partiendo de las mismas experiencias que se detectaron de la realidad de nuestras Culturas Religiosas.

Queremos seguir impulsando la Misión Permanente como el gran proyecto evangelizador de nuestra Iglesia Diocesana, que cautive a nuestras presentes y futuras generaciones.

¡Sean bienvenidos!, y que el Espíritu Santo, alma de la misión, conduzca nuestra Asamblea.

De pie.

 

Se inicia la procesión.

 

Canto: Somos un pueblo que camina

                                   y juntos caminando, podremos alcanzar

otra ciudad que no se acaba

sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.

 

Somos un pueblo que camina,

que marcha por el mundo,

buscando otra ciudad.

Somos errantes peregrinos

en busca de un destino, destino de unidad.

Siempre seremos caminantes,

pues sólo caminando podremos alcanzar

otra ciudad que no se acaba,

sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.

 

Sufren los hombres mis hermanos

buscando entre las piedras

la parte de su pan.

Sufren los hombres oprimidos,

los hombres que no tienen

ni paz ni libertad.

Sufren los hombres mis hermanos:

más Tú vienes con ellos: en ti alcanzarán

otra ciudad que no se acaba,

sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.

Danos valor para la lucha,

valor en las tristezas, valor en nuestro afán.

Danos la luz de tu Palabra

que guíe nuestros pasos en este caminar.

Marcha Señor, junto a nosotros

pues sólo tu presencia podremos alcanzar

otra ciudad que no se acaba,

sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.

 

 

 

Llegando al presbiterio, el Sr. Cardenal venera el Altar y se dirige a la sede y desde ella invita a la Asamblea a proclamar la fe en la Trinidad.

 

Sr. Cardenal: Durante este año hemos venido proclamando la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo- aquí equivale a creer en un solo Dios que es amor (1Jn 4,8), por eso hermanos y hermanas los invito a decir con voz viva y firme:

                                   En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Todos: Amén.

 

SALUDO

 

Sr. Cardenal: A la luz de nuestro caminar en el Año de la Fe, que está por concluirse, y de las muchas reuniones de estudio y reflexión que con motivo de la celebración de los 50 Años del Concilio Vaticano II hemos realizado, los acojo con amor de hermano mayor y les deseo que el Dios de la esperanza, por la acción del Espíritu Santo, los colme de gracia y de paz y permanezca siempre con todos ustedes.

 

Monitor: Unidos en oración, invoquemos al Espíritu Santo.

                                   Pausadamente digamos:

 

Todos: Ven, de Dios Sabiduría,

nuestros ojos ilumina.

Es hora de despertar,

de velar y de allanar,

valles, montes y veredas.

 

Ven, llave de libertad;

mi casa te espera abierta,

pero todavía hay puertas

y muros por derribar.

Ven, para hacerme de nuevo

renuevo  de vida nueva;

por el retoño escondido

pon la savia que recrea.

 

Ven, Pastor, a conducir

tantos pasos aún perdidos,

que buscan norte y sentido,

y pon la luz de tu Luz

en mis pasos de testigo.

 

Ven, Sol, que llega del cielo

a prender fuego a la tierra

ven a quemar injusticias,

a curar nuestras cegueras.

 

Ven, Señor, Rey de la Paz;

y que nos llueva el rocío

sereno de tu bondad

en nuestros pozos vacíos,

para volverla a sembrar.

 

Ven, Dios cercano,

Dios-con-nosotros, amigo;

ven y quédate con nosotros

para hacernos más amigos.

 

 

 

Sr. Cardenal: Señor, que guías y proteges a tu Iglesia,

concede a tus hijos reunidos en esta Asamblea,

el espíritu de sabiduría, de verdad y de paz,

para que nos esforcemos por conocer tu voluntad

y te sirvamos con todo empeño.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Todos: Amén.

 

 

 

Canto: El Espíritu del Señor

llenó la faz de la tierra.

Aleluya, aleluya, aleluya. (2)

 

Enviaste, Señor, a tu Espíritu

y todo ha sido creado,

y se ha renovado la faz de la tierra. (2)

El viene a dar testimonio

de lo que hizo Jesús,

y a confirmar toda su doctrina. (2)

 

 

 

Monitor: Abramos nuestros sentidos: mente y corazón para entronizar las Sagradas Escrituras que presidirán nuestra XIX Asamblea Diocesana.

Atentos a la escucha de la Palabra, Cristo conducirá, por la fuerza de su Espíritu, esta Asamblea.

 

El Diácono, que porta las Sagradas Escrituras, se presenta en la entrada de la Capilla acompañado de ministros con ciriales. Proclama con voz fuerte el texto de Ez 3, 1. Después de la aclamación y con el servicio de acólitos avanza hacia el Presbiterio, mientras se entona el canto.

Llegando al Presbiterio, presenta las Sagradas Escrituras y posteriormente las coloca en el Ambón.

 

Diácono: “Come este libro y ve a hablar a la gente de Israel” (Ez 3,1)

 

Canto:   Escuchar tu Palabra,

es inicio de fe en ti, Señor.

Meditar tu Palabra,

es captar tu mensaje de amor.

Proclamar tu Palabra, Señor,

es  estar embebido de ti.

Proclamar tu Palabra, Señor,

es ya dar testimonio de ti, mi Dios. (2)

 

Monitor:Sentados.

 

 

 

La vocación de Jeremías

 

Las lecturas de las Sagradas Escrituras se proclaman desde el Ambón.

Las moniciones desde el atril.

 

Monitor: ¿Quiénes somos?

                                   Los convocados a la XIX Asamblea Diocesana: el profeta, que ante el temor por las debilidades, tiene miedo de afrontar su realidad.

 

Lector 1: Del Profeta Jeremías (1, 4-6)

“El Señor me habló así:

Antes de formarte en el vientre te conocí: antes de que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones.

Yo dije: ¡Ah, Señor mira que no sé hablar, pues soy un niño!”

Silencio.

 

Monitor: ¿Para qué nos ha llamado el Señor?

                                   Todo profeta tiene una misión.

                                   Superar nuestras cobardías, nuestros desánimos, es romper la fuerza del mal para salir a anunciar el bien.

 

 

 

Lector 2: Del Profeta Jeremías (1, 7-8)

“Y el Señor me respondió:

                                   No digas: “Soy un niño”, porque irás a donde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.

                                   No les tengas miedo, pues yo estoy contigo para liberarte, oráculo del Señor”.

 

Silencio.

 

Monitor: El profeta, hoy discípulo y misionero, está lleno del Espíritu para ser enviado a las periferias de la Ciudad, a los marginados y necesitados del anuncio del Evangelio, actuando con autoridad, autoridad de servicio.

 

Lector 3: Del Profeta Jeremías (1, 9-10)

“Entonces el Señor alargó su mano, tocó mi boca y me dijo:

‘Mira, pongo mis palabras en tu boca:

En este día te doy autoridad sobre naciones y reinos, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, para edificar y plantar´”.

 

Silencio.

 

Canto: Tú me llamas Señor,

y me quieres mandar

a llevar tu palabra

por tierra y por mar.

Pero yo no podré

anunciar tu verdad,

porque soy como un niño

que no sabe hablar.

 

Ya antes que hubieras nacido,

por siempre pensaba yo en ti;

no habías nacido y ya eras profeta;

no habías nacido y te consagré.

 

 

 

No, no digas que eres un niño,

un niño que no sabe hablar.

No sientas tristeza; no temas al mundo,

pues siempre en la lucha contigo estaré.

 

De pie.

 

Mientras que se canta, el Diácono se dirige al Sr. Cardenal para pedirle la bendición.

En el Altar de la Palabra, el Diácono dice:

 

Diácono: Alégrense, queridos hermanos, que asisten a esta Asamblea Diocesana, invoquen conmigo la misericordia de Dios, para que Aquél que sin mérito mío, me agregó al número de los Diáconos, ponga en mis labios la dulzura de su Palabra.

 

Diácono: El Señor esté con ustedes.

Todos: Y con tu espíritu.

 

Diácono: Proclamación del Santo Evangelio según san Marcos (6, 7,13)

Todos: Gloria a ti, Señor.

 

Diácono: “Jesús recorría los pueblos de alrededor enseñando. Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan ni morral, ni dinero consigo. Que llevaran sandalias, pero no dos túnicas. Les dijo además:

-Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de aquel lugar. Si en algún sitio no los reciben ni los escuchan, váyanse de allí y sacudan el polvo de la planta de sus pies, como testimonio contra ellos”.

Palabra del Señor.

 

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Canto: Escuchar tu Palabra,

                                   es inicio de fe en ti, Señor.

Meditar tu Palabra,

es captar tu mensaje de amor.

Proclamar tu Palabra, Señor,

es  estar embebido de ti.

Proclamar tu Palabra, Señor,

es ya dar testimonio de ti, mi Dios. (2)

 

Sentados.

Monitor: Atentos, escuchemos lo que el Señor nos dice a través de su gran profeta, nuestro Pastor.

 

 

 

Reflexión del Sr. Cardenal.

 

 

 

Terminada la reflexión, de pie.

 

Monitor: Dispongámonos a presentarle al Señor nuestras plegarias.

 

 

 

Plegarias

 

Sr. Cardenal: Padre de bondad, te pedimos escuches y atiendas las súplicas que tus hijos te dirigen en el inicio de nuestra Asamblea Diocesana.

 

Monitor: Después de cada petición diremos:

Padre, escúchanos.

 

Lector: Por la Iglesia, para que sea sacramento de salvación, para todo el mundo y trabaje incansablemente por el anuncio de la Buena Nueva. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

Lector: Por el Santo Padre Francisco, para que su testimonio de vida nos aliente a encontrarnos con Cristo y dar testimonio de Él con valentía. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

Lector: Por todas las personas que han aceptado ser discípulos y misioneros, para que perseveren en la misión que les has confiado: ir a aquellos lugares donde se ha excluido la presencia de Dios. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

Lector: Por los gobernantes y quienes están al frente de las instituciones, para que promuevan los valores humanos, que garanticen el desarrollo, la justicia y la paz. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

Lector: Por las culturas de nuestra Ciudad, para que con la luz del Evangelio se transformen en signo del Reino. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

Lector: Por todos nosotros, para que asumamos con un corazón generoso el compromiso de promover la Misión Continental y Permanente, saliendo al encuentro de las nuevas generaciones, impulsados y acompañados de nuestra primera evangelizadora Santa María de Guadalupe, nuestra Tonantzin. Oremos.

Todos: Padre, escúchanos.

 

 

 

Sr. Cardenal: Padre bueno, escucha las súplicas que tu pueblo te hace confiado en tu amor, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

 

 

 

Monitor: Hermanos, hermanas, que esta celebración nos impulse a trabajar con entusiasmo en nuestra Asamblea, siendo autocríticos, propositivos y corresponsables para que sus frutos y compromisos los pongamos en manos de nuestro Pastor, quien a su juicio, indicará el camino a seguir.

Recibamos su bendición.

De pie.

 

Bendición final

 

Sr. Cardenal: El Señor esté con ustedes.

Todos: Y con tu espíritu.

 

Sr. Cardenal: Que Dios todopoderoso nos bendiga con su misericordia,

que les conceda la sabiduría que salva.

Todos: Amén.

 

Sr. Cardenal: Que aumente en ustedes la fe y los haga perseverar en buenas obras.

Todos: Amén.

 

Sr. Cardenal: Que enderece hacia sí sus pasos y les muestre el camino del amor y de la paz.

Todos: Amén.

 

Sr. Cardenal: Y la bendición de Dios todopoderoso,

                                   Padre, Hijo y Espíritu Santo

                                   descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Todos: Amén.

Monitor: Hermanos avancemos ahora procesionalmente llevando las Sagradas Escrituras al Aula Sinodal, ellas presidirán nuestros trabajos durante estos días.

 

 

 

Sale el Diácono llevando en alto las Sagradas Escrituras acompañado de ciriales, atrás de él el Sr. Cardenal y ministros, posteriormente la Asamblea.

Mientras tanto se entona el canto:

 

 

 

Canto: Señor toma mi vida nueva

antes de que la espera desgaste años en mi

estoy dispuesto a lo que quieras

no importa lo que sea Tú llámame a servir.

 

Llévame donde los hombres

necesiten tus palabras

necesiten mis ganas de vivir;

donde falte la esperanza,

donde falte la alegría

simplemente por no saber de ti.

 

Te doy mi corazón sincero

para gritar sin miedo tus grandezas Señor.

Tendré mis manos sin cansancio

victoria entre mis labios y fuerza en la oración.

 

Y así, en marcha iré cantando

por calles predicando lo bello que es tu amor.

Señor tengo alma misionera,

condúceme a la tierra que tenga sed de Dios.

 

 

 

Llegada a la Sala Sinodal el Diácono coloca las Sagradas Escrituras en el lugar preparado y con voz fuerte se dirige a la Asamblea:

 

 

 

Diácono: Hermanos, hermanas que la Palabra de Dios sea la luz que ilumine nuestros trabajos pastorales en esta XIX Asamblea Diocesana.

 

Todos: Amén.

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