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Vicaría      de Pastoral

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Boletín 01


Año 2000
No. 1

 

Palabra y Testimonio

EDITORIAL

Apreciables lectores: Con este número, la Comisión de Pastoral Bíblica inicia un programa sencillo, con la finalidad de que sirva de apoyo a los trabajos de la Misión 2000 que en nuestra Arquiodiócesis estamos realizando. La idea es que llegue a todos aquellos hermanos de las diferentes comunidades eclesiales en las parroquias, y juntos podamos conocer, profundizar y vivir la Palabra que Dios nos ha dirigido.

“Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (Cfr. Ef 1,9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (Cfr. Ef 2,18; 2 Pe 1,4). En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla de los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos; para invitarlos a la comunicación consigo, y recibirlos en su compañía” (DV 2). Y es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia. A tal grado que toda predicación eclesiástica debe nutrirse de la Sagrada Escritura y debe regirse por ella. Porque en los Sagrados Libros, el Padre, que está en los cielos, se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos... (DV 21).

Por tanto, el material que iremos presentando cada mes, es el fruto del trabajo entusiasta de los equipos de Pastoral Bíblica de cada una de las 8 Vicarías en nuestra Arquiodiócesis. Se trata del trabajo que agentes laicos y sacerdotes van elaborando con dedicación y seriedad, en la idea de que tal material ayude a las familias cristianas a conocer a Cristo, Luz del mundo, quien viene a disipar nuestras tinieblas. Si Él es la luz, ¿por qué seguir viviendo en las tinieblas? Como nos dice Isaías: “El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras una luz brilló sobre ellos” (Is 9,1). Así, su Palabra es fuente de nuestra salvación, de santidad y de vida. ¿Por qué seguir ignorándola?

Hermanos y hermanas, seguros de que la Biblia es Luz para todos, puesto que en ella nos habla Cristo Jesús que es luz del mundo (Jn 8,12), ofrecemos este material básico con la finalidad de contribuir y servir a los integrantes de las comunidades parroquiales de nuestra Arquiodiócesis, exhortando a que sea utilizada en los diferentes grupos que las integran, siendo un apoyo importante para el trabajo que estamos realizando en la Misión 2000. De tal manera que nuestro pueblo aprenda y practique con la Biblia en la mano la lectura orante de la Palabra de Dios.

Dios nos llene de sabiduría y entusiasmo para meditar, profundizar y vivir su Palabra.

Pbro. Dr. F. Armando Colín Cruz
Director




Rollos

"Jesucristo

es el mismo

ayer, hoy y

siempre".

Hb 13, 18



I. LECTURA ORANTE DE LA BIBLIA
LECTIO DIVINA

Como material básico para toda la actividad pastoral de la Misión 2000, presentamos estos lineamientos acerca de la “Lectura asidua de la Biblia en ambiente de oración”, que se conoce como “LECTIO DIVINA”. Método que ha despertado gran interés en los últimos años y que fuera propuesta como práctica a todos los fieles en el Concilio Vaticano II (DV 25).

De una manera especial la “Lectio Divina” ha sido citada e impulsada por el Papa Juan Pablo II, como un instrumento necesario en el programa de la Nueva Evangelización, en su documento “Ecclesia in America”.

Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). “Con estas palabras Jesús se presenta como el único camino que conduce a la santidad. Pero el conocimiento concreto de este itinerario se obtiene principalmente mediante la Palabra de Dios que la Iglesia anuncia con su predicación. Por ello, la Iglesia en América “debe conceder una gran prioridad a la reflexión orante sobre la Sagrada Escritura, realizada por todos los fieles”. Esta lectura de la Biblia, acompañada de la oración, se conoce por la tradición de la Iglesia con el nombre de Lectio Divina, práctica que se ha de fomentar entre todos los cristianos. Para los presbíteros debe constituir un elemento fundamental en la preparación de sus homilías, especialmente las dominicales” (EA 31).

Esta es la razón por la cual se ha elaborado este material dirigido tanto a familias, como a comunidades, grupos parroquiales y a toda persona interesada en escuchar y reflexionar la Palabra de Dios, en la Sagrada Escritura, leída a la luz de la Tradición, de los Padres y del Magisterio, y profundizada en la Meditación y la Oración. El Papa Juan Pablo II, nos insistía, que el encuentro con Jesucristo vivo se da en la Sagrada Escritura, que junto con el Sacramento de la Eucaristía, en la Sagrada Liturgia y con la asistencia al necesitado, constituye el punto de partida para una auténtica conversión y una renovada comunión y solidaridad (Cfr. EA 12).

II. CONCEPTO Y METODOLOGÍA DE LA LECTURA ORANTE

La Pontificia Comisión Bíblica define este método en el documento tan importante sobre la “Interpretación de la Biblia en la Iglesia”, publicado en abril de 1993, de la siguiente manera: “La Lectio Divina es una lectura, individual o comunitaria, de un pasaje más o menos largo de la Escritura, acogida como Palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la moción del Espíritu en: Meditación, Oración y Contemplación”. Son cuatro los pasos principales de este método tan necesario:

Lectura, Meditación, Oración y Contemplación, que desarrollaremos a continuación tomando como referencia básica los pasos que ha propuesto el Cardenal Don Carlo María Martini, arzobispo de Milán, con gran reconocimiento en el campo de los estudios bíblicos y quien fuera director del Instituto Bíblico de Roma, y rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, antes de ser obispo.

“La Lectio Divina es el ejercicio ordenado de la escucha personal de la Palabra”:

Ejercicio: Es algo activo, un momento en el que uno se coloca, decide, camina, de forma habitual.

Ordenado: Con su dinámica interna, mediante un método específico, siguiendo unos pasos concretos.

De la escucha: Hecha en actitud de adoración y de humildad. En la Escritura Sagrada no debemos buscar conocimientos para narrar a los demás o algo que nos interese, sino que debemos, ante todo, dejar que Dios nos hable, que nos muestre su voluntad.

Personal: Es un momento personal de la escucha, que se corresponde necesariamente con el momento comunitario. Se requiere, pues, además del interés y de la reflexión en grupo, el tiempo dedicado a la oración y a la meditación personal. Es un encuentro personal, íntimo con el Señor, en diálogo profundo y silencioso. Esto nos obliga a buscar estos momentos.

De la Palabra: Es Dios quien habla, Cristo quien habla, el Espíritu Santo que habla. Me habla la Palabra que me ha creado, que tiene el secreto de mi vida, la clave de mi situaciones presentes; me habla el Espíritu que penetra toda la realidad económica, social, política y cultural del mundo.

1. LECTURA

El término Lectio (lectura) indica que se ha de leer y releer el texto bíblico, con el fin de poner de relieve los temas principales, los símbolos primarios, los personajes, las figuras, las acciones y el dinamismo del texto. Se trata de apreciar “qué dice el texto”, dentro de su contexto histórico y literario.

2. MEDITACIÓN

Esta es una reflexión sobre los valores contenidos en el texto, aquí se responde a las preguntas: “¿Qué me dice este texto a mí?” Como Palabra de Dios vivo “¿qué me está diciendo hoy? ¿Qué fuerza tienen para mí los valores permanentes que están detrás de las personas, palabras y acciones?”

3. ORACIÓN

La oración, que nace de la meditación, es una respuesta a Dios que me habla, yo lo escucho y le contesto en forma de alabanza, acción de gracias, petición o adoración. Con ello, se establece el diálogo entre lo divino–humano para iluminar tanto la vida cotidiana de todo hombre, como sus grandes decisiones y compromisos, fortaleciendo su fe.

4. CONTEMPLACIÓN

Este paso es el momento en que se saborea y se disfruta el texto, en vías a su mejor captación y asimilación. La Palabra de Dios nutre y alimenta toda nuestra vida espiritual. Todo esto es un proceso que se inicia con la primera Oración que nace de la Meditación, la comunicación divino–humana me consuela y me proporciona alegría de la misma oración, al sentir el gusto de experimentar a Dios y de las cosas de Cristo. Esta relación nos hace sensibles para descubrir lo que es evangélico y lo que no lo es, para así tomar decisiones que me lleven a una actividad concreta en mi vida cotidiana. Es decir, la contemplación nos conduce por el camino que termina en algo concreto para nuestra vida, un compromiso personal.

En resumen, no leemos la Sagrada Escritura para sacar de ella conocimientos intelectuales, y realizar lo que ya hemos resuelto, al contrario, la leemos y la meditamos para que nazcan de ahí las decisiones precisas y para que la fuerza consoladora del Espíritu nos ayude a ponerlas en práctica.

III. LA LECTIO DIVINA:
APLICACIÓN Y SUGERENCIAS

En esta parte se señalan algunos criterios básicos para llevar a cabo esta lectura orante de la Biblia en pequeños grupos.

En los grupos parroquiales se puede dedicar una reunión cada quince días o al mes, exclusivamente a este ejercicio espiritual de la lectura orante de la Biblia; en las familias y diversas comunidades puede ser cada semana. Hay que dar el tiempo necesario, no hacerlo con prisas, interiorizar lo que el Señor dice.

El inicio consiste en ponerse en presencia del Señor, recordando sus palabras: “Donde dos o más estén reunidos en mi Nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18,20). También se hace la invocación al Espíritu Santo que ilumina toda vida eclesial y algún canto u oración para prepararse a la escucha de la Palabra de Dios. Después siguen los cuatro pasos ya señalados anteriormente: lectura, meditación, oración y contemplación.

En el primer paso, una persona hace la lectura del pasaje bíblico que se ha elegido y los demás escuchan con atención. A continuación se dan de 3 a 5 minutos para reflexiones personales en silencio, cada uno con su Biblia abierta; conviene sintetizar lo más relevante para la comunidad; luego se comparten las reflexiones en el grupo, cubriendo los requerimientos necesarios y recordando que se trata de analizar en este paso únicamente lo que dice el texto, con nuestras propias palabras.

Para la meditación, otra persona vuelve a hacer la lectura del pasaje bíblico, se prepara cada uno a compartir sus reflexiones. Se puede empezar con señalar las enseñanzas para los destinatarios originales: discípulos, pueblo judío, fariseos, etc. Acto seguido, se sugiere contestar las preguntas señaladas en este paso para determinar qué me (nos) dice el texto aquí y ahora. Para finalizar esta parte se puede ver algún comentario eclesial que enriquezca las reflexiones realizadas para afianzar las enseñanzas. Este comentario puede ser tomado, por ejemplo, del Catecismo de la Iglesia Católica, de documentos del Papa y de Obispos, de estudios bíblicos realizados por doctores de la Iglesia y de especialistas en el estudio de la Biblia.

La Lectio Divina se termina con una oración personal en silencio y después la oración comunitaria o algún salmo.


TE DAMOS GRACIAS POR TU PALABRA

Te damos gracias, Señor, por este tiempo que nos concedes para escuchar tu palabra. Te pedimos, Señor, que hagas de nosotros atentos oyentes, porque en tu palabra está el secreto de nuestra vida, de nuestra identidad, de nuestra verdadera realidad a la que somos llamados.

Aleja de nosotros, Señor, todo prejuicio, toda prevención, todo preconcepto que nos impidiera acoger libremente la palabra de tu Evangelio... y haz resplandecer solamente lo que tú, en el Espíritu, quieres decirnos a cada uno de nosotros.

Virgen María, madre de Jesús, que meditabas en tu corazón las palabras y los hechos de tu Hijo, haz que te imitemos con sencillez, con tranquilidad, con paz; quita de nosotros todo esfuerzo, ansia o nerviosismo y haznos atentos oyentes, para que nazca en nosotros el fruto del Evangelio.

Te lo pedimos, Madre, por el nombre de tu Hijo glorioso, vivo, que reina entre nosotros, en nuestra comunidad, en la Iglesia de todos los tiempos, en el mundo, en la historia, por los siglos de los siglos. Amén.

Card. Carlo M. Martini

www.servicont.com

COMISIÓN DE BIBLIA