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Vicaría      de Pastoral

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Boletín 01


Año 2000
No. 2

Palabra y Testimonio

LA MISIÓN 2000 EN EL CONTEXTO DEL GRAN JUBILEO

Estimados lectores: estamos celebrando el Jubileo del año 2000, que iniciamos el día 24 de Diciembre a media noche, con motivo del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Este tiempo conforma un profundo matiz cristológico. Por tanto, está articulado de acuerdo a la fe cristiana en una proyección mediante la palabra (lectura orante de la Biblia) y el sacramento. Esto nos lleva a recordar el Acontecimiento, no sólo conceptualmente, sino que es necesario hacer presente el valor salvífico mediante la actualización sacramental. El Jubileo debe confirmar en nosotros, los cristianos de hoy, la fe en el Dios revelado en Cristo, sostener la esperanza prolongada en la espera de la vida eterna, y vivificar la caridad comprometida activamente en el servicio a los hermanos.

1. EL JUBILEO, UN TIEMPO DE GRACIA

El Jubileo, por tanto, es un tiempo de gracia particular, un año bendecido por el Señor: como tal reviste un carácter de alegría y gozo. El Jubileo 2000 es una gran plegaria de alabanza y de acción de gracias a Dios sobre todo por el don de la Encarnación del Hijo de Dios y de la redención realizada por ÉL. En este año jubilar los cristianos nos fortalecemos del amor entrañable del Padre que ha enviado a su único Hijo y lo ha entregado por nosotros, “para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Es también una oportunidad para elevar nuestra acción de gracias a Dios por el don de la Iglesia, fundada por Cristo como “sacramento o signo de unión íntima con Dios y de unidad con todo el género humano”. Este agradecimiento se extiende también a los frutos de santidad madurados en la vida de tantos hombres y mujeres que en cada generación y en cada época han sabido acoger sin reservas el don de la redención.

Así el verdadero gozo que el Jubileo comporta es el buscar ardientemente la remisión de las culpas que supone la conversión. Es importante que todos nosotros, como Iglesia, pidamos perdón de nuestros pecados, errores, infidelidades, incoherencias, para que así nos purifiquemos. Reconocer los fracasos y los errores son un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar los problemas y tentaciones de hoy.

2. LA MISIÓN EN NUESTRA CIUDAD

En este ambiente de la Misión 2000 que se respira en nuestra ciudad, en nuestras Vicarías, Decanatos y comunidades, el Señor Jesús nos pide que seamos auténticos colaboradores de él en la misión que nos encomendó como Iglesia. De esta manera, pedimos que este año, dedicado a la Santísima Trinidad, en su unidad indisoluble y en su comunicación perfecta y en el año de la misión 2000, la vocación misionera de todos los bautizados se vea enriquecida por la eficiente realización del trabajo misionero al cual estamos invitados.

Es por ello que en el contexto de este año jubilar reflexionaremos en el trabajo de la misión que como reconocimiento a todos los beneficios que Dios nos ha concedido le ofrecemos nuestro trabajo misionero. Es necesario que nos preparemos para ello y que conozcamos a la luz de la Palabra del Señor sus enseñanzas; con este fin profundizaremos algunos temas correspondientes al Kerigma (Anuncio), como apoyo bíblico para el trabajo de la Misión. Se trata de 12 ejercicios de lectura orante de la Biblia para que sean utilizados al inicio de las reuniones en las casas, en las comunidades, etc.

¡Con un saludo afectuoso en Cristo el Señor!

Pbro. Dr. F. Armando Colín Cruz
Director


EL AMOR DE DIOS Y SU ALIANZA
(Jer 31,31-34; 49,15)

31 “He aquí que días vienen, oráculo de Yahveh, en que yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza; 32 no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos, oráculo de Yahveh. 33 Sino que ésta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días, oráculo de Yahveh: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: Conoced a Yahveh, pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande, oráculo de Yahveh, cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme”. 15 “Porque es cierto que pequeño te hice yo entre las naciones, despreciable entre los hombres”.

Versión tomada de la Biblia de Jerusalén

I. LECTURA

Se trata aquí de un texto del profeta Jeremías. Él era originario de Judá y vivió entre los años 652-585. Dios le llamó a se profeta cuando todavía era muy joven. Durante mucho tiempo, el pueblo de Israel había desobedecido a Dios y menospreciado sus leyes. Jeremías fue enviado a avisarle que, de no cambiar su conducta, el país y la ciudad serían tomados y el pueblo conducido a Babilonia. Mas, si se volvían a él, les perdonaría y reconstruiría el país. “Así será la alianza que haré con Israel, meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón”. Pero el pueblo rehusó escuchar. Años después, Jerusalén fue tomada, incendiada, destruida y sus moradores fueron deportados a Babilonia. Los ancianos y lisiados los dejaron allí.

1. ANOTACIONES SOBRE EL TEXTO

El tema: la Nueva Alianza, manifestación del amor de Dios que será grabada en el corazón para siempre.

Símbolos Primarios: Palabra de Yahveh, Pacto, Pueblo de Israel, padres, Egipto, Tiempo, corazones, ley interior, perdonar, conocimiento de Dios, etc.

Personajes principales: Dios, casa de Israel, casa de Judá, padres, Pueblo, prójimo, hermano, naciones.

Contexto histórico: Mientras Jeremías escribía, el poder de Asiria, el mayor Imperio del norte, se hundía. La nueva amenaza para el reino de Judá era Babilonia. En el 587 a. C. el ejército babilónico, bajo el mando de Nabucodonosor, destruyó la ciudad santa de Jerusalén y el Templo.

Contexto literario: Se trata aquí de un texto narrativo, prosa en forma de oráculo que está matizado por la experiencia personal del profeta, en donde presenta su experiencia de fe.

Acciones: Dios le habla a su pueblo diciéndole que sus pecados le obligaron a castigar. Anuncia Dios una Nueva Alianza de amor y fidelidad. Les promete, como un padre misericordioso, que hará volver a sus hijos dispersos a su patria añorada y les perdonará sus culpas y pecados.

II. MEDITACIÓN
1. REFLEXIÓN SOBRE EL ORÁCULO

Primera alianza: pactada entre Dios y el pueblo elegido, se remonta a la salida del pueblo de Israel de Egipto, en la que fue dirigido por Moisés. Esta alianza significaría el amor de Dios hacia su pueblo. El signo de la alianza es la celebración de la Pascua, en que el pueblo ofrecerá a Dios el sacrificio de un cordero nacido del año, sin mancha ni defecto, dice el Señor. Con la sangre de éste se marcarán los dinteles de la puerta, se comerá asado al fuego, no se guardará de lo que sobre para otro día, se comerán también panes ázimos sin levadura, con la túnica ceñida a la cintura (cfr. Ex 12). Esta celebración, como gran acontecimiento, lo repetirán y recordarán a sus hijos de generación en generación, por siempre.

Segunda alianza: la segunda alianza es Jesús que se nos da, mediante su Pascua: vida, pasión, muerte, resurrección, exaltación y promesa del Espíritu (Kerigma). Ésta, no sólo estará en su memoria, sino grabada en su corazón. Alianza que no podrán borrar ni olvidar, pues ella les impulsará a vivir fieles a su Señor. Esto los llevará a recibir la predilección y bendición de Dios, que se hace hombre por amor al hombre.

Jesús es quien, en la última cena, actualiza la Nueva Alianza sellada con su sangre para el perdón de los pecados. Esta ley, que ha quedado fija en el corazón del hombre, se manifiesta en el mandamiento de la caridad fraterna: “un mandamiento nuevo les doy, que se amen unos a otros como yo los he amado”. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (Jn 13,34-35).

Que maravilla saber que el Espíritu Santo, que está en nosotros, comunica al Padre lo que no podemos expresarle. Es él quien va guiando y orientando nuestro caminar, pensar y obrar. Es una alianza de amor pactada con Dios fijada en nuestro corazón.

2. ACTUALIZACIÓN DEL TEXTO

En cuanto a los compromisos que el hombre hace con Dios, consigo mismo y con la comunidad a la manera que el pueblo de Israel lo hacía con Dios, decimos lo siguiente: Cristo nos invita siempre a ser fieles a su Alianza, es decir, coherentes con nuestra forma de pensar y de obrar para ir en búsqueda de la verdad. En la actualidad, Dios se expresa al hombre de hoy a través del mismo hombre, en las pequeñas cosas y muestras de amor de cada día: en el servicio, en el visitar a los enfermos, en el animar a los decaídos, en ayudar a los pobres, para abarcar los medios que tiene Dios para expresarse. En pocas palabras, la forma en que el hombre se compromete con su Dios, son todas las obras y actividades que vayan con amor en beneficio del hombre. Si es así, hoy podemos hacer sentir el amor de Dios al hombre en lo cotidiano de la vida, en lo sencillo, etc.

Hoy Dios está presente por su hijo Jesucristo en su plenitud y por excelencia en los sacramentos y en especial en el de la Eucaristía, que es la Nueva Alianza que Dios pacta con la humanidad. Es aquí donde Dios comunica su gracia; es aquí donde el hombre recupera su dignidad; es aquí donde, como San Pablo, podemos decir: “donde hubo pecado sobreabundó la gracia de Dios para con el hombre”. Estaes la creación del hombre nuevo.

III. ORACIÓN

¡Señor, sabemos que por amor has querido pactar con nosotros, no te ha importado nuestra condición tan limitada ya que nos quieres como tus hijos. Tú nos muestras confianza, oh Padre y nos manifiestas tu amor y ternura!

¡Tú Señor, haces alianza con nosotros porque nos deseas lo mejor, pero por nuestra misma condición limitada nos olvidamos de nuestro compromiso contigo, porque nos ciegan las cosas superfluas que, en lugar de orientarlas a Ti, las usamos para alejarnos de tu voluntad. Sin embargo, Tú eres paciente en nuestras caídas, no estás esperando el error para castigarlo, sino más bien esperas nuestro pronto regreso, para perdonarnos olvidándote de nuestros errores y volver a confiar en nosotros. Aunque no seamos fieles, Tú siempre eres fiel. Todo ello manifiesta la gran misericordia que nos tienes!

Nos has perdonado, Padre, y nos has hecho hijos tuyos. Por Jesucristo tu hijo, nos das tu Espíritu para que te conozcamos. ¿Qué más podemos pedir que hagas por nosotros? Si algo convendría más para nuestra salvación Tú lo harías Señor. Nos corresponde ahora, ¡oh! Padre, reconocer tu acción en nuestras vidas, tu presencia cercana, la confianza que nos tienes, tu perdón, tu misericordia y postrarnos ante Ti en acción de gracias. ¡Gracias Señor, que nos has creado y nos has salvado. Gracias Señor que no has escatimado en nada para mostrarnos tu amor. Gracias Padre porque por tu Hijo has hecho una alianza nueva y eterna con todo el género humano. Gracias por tu confianza, gracias por tu cercanía y comprensión!

Que sepamos ser agradecidos contigo, Padre, no sólo de palabra, sino que toda nuestra vida sea una continua acción de gracias a ti y que en ella se manifieste el gran amor que tienes por nosotros. Que todos los hombres reconozcamos el gran amor que nos tienes, ¡oh! Padre. Que nos acerquemos a Ti con confianza en los momentos difíciles, sabiendo que no eres un Dios que castiga sin misericordia, sino que nos llamas la atención a través de los acontecimientos difíciles de nuestra vida, para que volvamos a Ti. Padre, que seamos fieles a la alianza que has pactado con nosotros. Que te reconozcamos, ¡oh! Jesús, como nuestro Salvador. Y vivamos conforme a lo que Tú esperas de nosotros. Que no te defraudemos Señor.

¡Gracias por confiar en el hombre de hoy. Gracias por hacer de él un medio para que te expreses y sigas presente en la humanidad. Gracias por darnos a tu hijo Jesús en alimento. Gracias Dios, porque cada día renuevas tu amor y tu alianza con nosotros! Señor, da fuerza a nuestras voluntades que se inclinan a no ser fieles al mandato de amor al prójimo, que se inclinan en buscar lo material en cosas, personas, bienes, etc, y con ello la felicidad. ¡Ayúdanos a vivir en el amor, en el servicio y el recto obrar!

IV. CONTEMPLACIÓN

La contemplación nos lleva a tomar conciencia de lo que tenemos que hacer. Ahora comprendemos cómo Dios muestra su amor y fidelidad al hombre y particularmente en los sacramentos que son medios de santificación y la actualización del amor de Dios en nuestras vidas. Así, si esta Alianza está grabada en nuestros corazones, entonces no hay escapatoria para poder mostrarle al Señor nuestro compromiso:

COMPROMISOS

  • Tratar con mucha comprensión y amor al hermano, ya que es el mismo Jesús que se hace presente en ellos.
  • Dialogar diariamente con Dios, mediante la oración, para alimentar nuestra vida espiritual.
  • Hacer nuestro trabajo con alegría y ofrecer cada jornada a Él, incluso nuestros sufrimientos, fatigas, etc.

V. CONCLUSIÓN

Concluimos nuestra “Lectura Orante de la Palabra de Dios”, con un momento de silencio, con el fin de resumir mentalmente la experiencia de este encuentro con la Palabra del Señor y con los hermanos, después se puede hacer una oración comunitaria (Padre Nuestro, Ave María, etc.) y concluimos con algún canto adaptado para el momento que se está viviendo. Amén.


¡JESÚS SALE AL ENCUENTRO DE TODOS, SIN DISTINCIÓN!

“... Esta peregrinación quiere ser un símbolo de nuestro peregrinar para encontrarnos con Cristo en nuestros hermanos: las familias y los jóvenes, especialmente los más alejados del influjo del evangelio y los más pobres. Este es un gran desafío que nos compromete a todos a dar a conocer más al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, juntamente con María, Madre del Redentor, pues no se puede amar a quien no se conoce...

Este año jubilar marca la etapa intensiva del proceso evangelizador que hemos llamado misión 2000, cuyo impulso deberá proyectarnos a una pastoral permanentemente misionera.

Con este renovado espíritu misionero nos proponemos llegar a las hermanas y hermanos alejados para anunciarles el amor de Dios Padre, que nos dio a su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros; es necesario que cada uno lo acepte como su Señor y Salvador, para que, incorporados a la comunidad eclesial y gozando del auxilio materno de Santa María de Guadalupe, todos nos empeñemos en trabajar por la construcción del reino de Dios en la Ciudad de México.

El Evangelio presenta a Jesús como el paradigma o modelo perfecto de misionero. En efecto, enviado por el Padre y con el poder del Espíritu, sale en busca de las personas, especialmente de las más alejadas, y les anuncia la buena nueva de salvación. Llama a todas sin distinción. Lo único que les pide es que se reconozcan pecadores y se abran con humildad y fe a la acción salvífica del Padre...”

(Fragmento de la Homilía pronunciada por el Emmo. SR. CARDENAL DON NORBERTO RIVERA CARRERA el 15 de enero del 2000, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe con motivo de la peregrinación anual de la Arquidiócesis).

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