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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

Boletín No. 6


Año 2001
No. 6

Palabra y Testimonio

¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO EL SEÑOR!

“Pasado el sábado, al alba del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto hubo un gran temblor. El Ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, rodó la piedra del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Al verlo, los guardianes se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. Pero el Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: No teman; ¿por qué buscan entre los muertos a Jesús, el crucificado? No está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Vayan a decir a sus discípulos: Ha resucitado el Señor de entre los muertos...” (Mt 28, 1-6).

Este anuncio jubiloso ¡Cristo ha resucitado!, en la mañana de la pascua, en donde todo se transforma y se convierte en un nuevo amanecer, nos hace comprender y tomar conciencia del sentido que reviste el Misterio Pascual como un todo que comprende desde el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor hasta la Pascua de Resurreción.

En este contexto y conscientes de que el trabajo misionero sigue adelante y dando frutos, conviene integrar todo este periodo al ambiente misionero que hemos emprendido en nuestra ciudad; por ello, procuremos recalcar en este tiempo el Camino de Reiniciación Cristiana que nos ocupa, especialmente en su aplicación durante este año, para dar continuidad al proceso misionero. El día de Pascua de Resurrección se nos sugiere, especialmente por la tarde, utilizar el evangelio de Lucas que nos narra el pasaje del encuentro de Cristo resucitado con los discípulos de Emaús; texto base para este momento de la misión. Por ello, conviene subrayar este hecho y explicarlo en este contexto para que podamos impregnar en nuestras comunidades este espíritu evangelizador. Llevando siempre en nuestras manos el libro abierto de la Palabra de Dios.

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!



Discípulos de Emaús

“LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS”


LECTIO DIVINA

1. LECTURA

Lectura del Evangelio según San Lucas 24, 13-35

13Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba 11 Km. de Jerusalén, 14y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado; 16pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle. 17Él les dijo: "¿De qué discutían entre ustedes por el camino?" Ellos se pararon con aire entristecido. 18Uno de ellos, llamado Cleofás le respondió: "¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado ahí estos días?" 19Él les dijo: "¿Qué cosas?" Ellos le dijeron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron". 25Él les dijo: "¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?" 27Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le rogaron insistentemente: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado". Y entró a quedarse con ellos. 30Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32Se dijeron uno a otro: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" 33Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34que decían: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" 35Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

I. RESPONDER EL SIGUIENTE CUESTIONARIO

  1. ¿Cuáles son los personajes del texto y qué papel desarrolla cada uno de ellos?
  2. ¿En cuántos actos podríamos dividir el texto?
  3. ¿Cómo es el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús?
  4. ¿De qué hablaban los dos discípulos?
  5. Después de su relato ¿qué les dijo Jesús?
  6. ¿Cuál fue la actitud de Jesús cuando llegaron al pueblo?
  7. ¿Qué le dijeron los discípulos?
  8. ¿Qué ocurrió durante la cena?
  9. ¿Cómo reaccionaron los discípulos (qué hicieron)?

II. MEDITACIÓN

  1. Leemos nuevamente el texto (Lc 24, 13-35).
  2. En silencio sintetizamos las enseñanzas de este pasaje (5 min.).
  3. Comentar las siguientes frases:
  • “Sentíamos que ardía nuestro corazón cuando nos hablaba”.
  • “¡Qué torpes son para comprender y qué duros son para creer lo que dijeron los profetas!”
  • “Era necesario que se cumplieran todas estas cosas”
  • “Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos. Entonces se les abrieron los ojos”.

    4. Contestar las siguientes preguntas:

  • ¿Qué significa que los discípulos no lo reconocieran?
  • ¿Qué representa la expresión: Quédate con nosotros?
  • ¿Qué pretendía Jesús al hacer ademán de seguir adelante?
  • Para este tiempo:

¿Se nos han abierto los ojos y reconocemos a Jesús?
¿Cuál es nuestra respuesta?

    5. Leer y analizar los siguientes comentarios:

Comentario de Mons. Carlo Maria Martini, Arzobispo de Milán, Italia.

1. LA DIVISIÓN DEL TEXTO

La narración nos presenta cuatro actos sucesivos:

En el primer acto hay dos discípulos que van caminando y discutiendo. Y continúan caminando y discutiendo con Jesús, que los acompaña sin que lo reconozcan. Son viajeros que acumulan impresiones distintas en torno a los acontecimientos, hombres en camino como pueden ser todos los hombres que van en la calle o autobús, en el metro, y que hablan de los hechos oídos en el periódico.

En el segundo acto aparece Jesús, primero con una reprensión: ¡Que lentos son para comprender! Después, con una explicación de esos hechos contradictorios y un poco absurdos que los dos estaban refiriendo.

La tercera parte es el momento en que los discípulos y Jesús se encuentran juntos en Emaús, en casa, en la mesa. Ya aquí podemos notar una diferencia: al comienzo eran dos más uno, esto es, los dos eran cautos, recelosos, mientras ahora están juntos y juntos comen, esperan, se unen y actúan. Viven una profunda experiencia de comunión, que termina en la comunión de la comida, en la fracción del pan.

El cuarto y último acto es el retorno apresurado a Jerusalén, los dos con una misión. Deciden volver y anunciar la Palabra.

2. ALGUNOS SÍMBOLOS FUNDAMENTALES DEL TEXTO

El primer símbolo: La primera experiencia es la de caminar, haciendo así una llamada a la experiencia fundamental de la itinerancia, de ir hacia un lugar. San Lucas insiste mucho en esto porque supone que nosotros estamos en camino, y lo dice muchas veces en su Evangelio como aquí: “Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús”. Es un poco lo que se hace en nuestras parroquias para la bendición de la casa en tiempo de Adviento en el rito ambrosiano; y en el rito romano después de la Pascua. Este caminar de casa en casa, de un camino a otro, repite la experiencia de la itinerancia y del diálogo que a veces es signo de una iluminación del camino de la Fe.

El segundo símbolo fundamental es la hospitalidad, la acogida. Se expresa San Lucas a menudo con palabras maravillosas, con ese toque poético que siempre nos golpea y nos conmueve: “Quédate con nosotros”. Es bellísimo este “Quédate”, sobre todo si lo leemos a la luz de lo que San Juan nos da a entender: “Yo permanezco en ustedes y ustedes en mí”. “Quédate con nosotros”, quiere decir: Ya somos amigos, te acogemos con nosotros, queremos estar juntos así, no te vayas porque se hace tarde y el día ya ha declinado. San Lucas insiste en el permanecer: “Y entró para quedarse con ellos” y se sentó con ellos.

El tercer símbolo: Aunque apenas esbozado, es la fracción del pan con toda su simbología humana e histórica: “Cuando estaban sentados a la mesa, tomo el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio”. En la forma en que lo expresa San Lucas se recalca casi palabra por palabra la institución de la Eucaristía. En ese momento reconocen a Jesús.

El cuarto símbolo fundamental es la apertura de los ojos, el cual es el inicio de la fraternidad reencontrada, los ojos se abren a la salvación, el tema se repite muchas veces en la Escritura. El hombre se abre a los tesoros de los mandamientos, de la ley, es la apertura misma de las Escrituras. San Pablo nos dice que los ojos de los judíos que leen la Escritura están velados (2 Cor 3, 12-16), pero que cuando llega Cristo, el velo cae y se abren los ojos. Las mismas Escrituras pueden leerse con los ojos vendados (literalmente: sin entender el sentido) y con ojos abiertos. Sin embargo, la apertura de los ojos es una gracia, un don. Podemos decir que forma parte ya de la contemplación, porque es el Espíritu el que abre los ojos, el Espíritu Santo que nos ha dado el Resucitado.

III. ORACIÓN CONTEMPLACIÓN

Contestar en forma personal y en silencio:

  • ¿Qué le quiero decir a Jesús, después de haber visto cómo Él mismo nos interpela el significado de las Escrituras para que las entendamos?
  • ¿Me alienta esta actitud de Jesús Resucitado, para seguir mi camino de salvación y de conocimiento de la voluntad divina?
  • ¿Qué puedo hacer para que mis ojos se abran al gran misterio de la Redención y de aceptación de la cruz de cada día?
  • ¿Cómo puedo aplicar las reflexiones y enseñanzas de este pasaje bíblico en las actividades de la misión?

LUCERNARIO BÍBLICO

1. INCORPORACIÓN DE LA PALABRA:
TODOS ESTAMOS LLAMADOS A LA LUZ

MONICIÓN DE ENTRADA

La procesión de la luz debe ser “contemplativa”, muy diversa a las otras procesiones. Por lo que estamos aquí reunidos para celebrar la victoria de Cristo sobre la muerte; celebramos su Resurrección como la máxima señal del amor del Padre que glorifica al Hijo obediente que lo ha amado, y celebramos nuestra fe como Buena Noticia de un amor que no termina en el vacío, sino en la plenitud; que no termina en la separación sino en el reencuentro. Al mismo tiempo tenemos la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios; ella ilumina nuestra vida, nuestra situación personal, en nuestra comunidad, en el mundo. Hoy vamos a traer a la celebración todo eso que ha constituido la vivencia de estos días, desde el toque personal profundo que quizá ha llegado a nuestro corazón, hasta las inquietudes, los sufrimientos y las necesidades de nuestros hermanos los hombres, los de cerca y los de lejos.

Queremos celebrar juntos que Dios pasa por nuestra vida y por nuestra historia liberando, sanando, salvando. Que nuestra primera actitud, por tanto, sea la de la esperanza en Dios. Una esperanza a la que abrimos nuestra vida y desde la que queremos hoy contemplar la creación y la humanidad. Podemos expresarlo juntos con un canto: Un pueblo que camina. Este primer paso consiste en percibir e interiorizar que Dios nos ama, nos quiere felices, ha pensado para nosotros un mundo donde reine la paz, la justicia, el amor.

RÚBRICA: En silencio y de pie, acogemos la Palabra en medio de la asamblea. Se abre la Biblia (o el leccionario) y se proclama:

Jesús volvió a hablar a la gente diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

RÚBRICA: Se enciende el cirio pascual, permanecemos en silencio y de pie durante el encendido, y podemos dedicar, si es oportuno, un breve momento para contemplar el Cirio. A continuación iniciamos un canto durante el cual vamos todos pasando para tomar la luz del cirio pascual con las velas, o bien, algunas personas elegidas de antemano toman luz del cirio y, a su vez, la comunican a la Asamblea sin que se muevan de su sitio.

La primera modalidad expresa nuestra actitud activa al tomar la luz; la segunda, sin quitar esto, incluye la transmisión a través de testigos (la mediación). Nos sentamos, contemplamos la luz y rezamos juntos la siguiente oración:

A. Dios Padre nuestro

Dios Padre nuestro, tu ternura para con nosotros es inmensa. Nos has dado la vida y nos has regalado tu creación. Nos buscas permanentemente para que compartamos tu dicha eterna. Quieres que todos conozcamos la paz, la alegría verdadera, la justicia, la fraternidad, el amor, todo el bien que nace de Ti. Has enviado al mundo a tu Hijo, para que sea para nosotros el Camino, la Verdad y la Vida. Él es tu palabra: lámpara que alumbra nuestros pasos; tu Palabra: la Luz que nos hace ver la luz. Reunidos hoy aquí, en el nombre del Señor Jesús, te pedimos poder experimentar su salvación: abre nuestro corazón a la escucha, ilumina los rincones oscuros de nuestra vida, ayúdanos a identificar las sombras de nuestro mundo. Dios Padre nuestro, que en nuestro bautismo nos has concedido la luz de Cristo, permítenos hoy agradecer esta luz, renovar nuestra fe, alimentar nuestra esperanza y convertirnos a tu amor, de tal modo que nuestra vida pueda, con tu gracia, llevar tu luz a los hombres.

2. RECONOCIMIENTO DE LA OSCURIDAD DE NUESTRA VIDA,
DE NUESTRO MUNDO

MONICIÓN: En este segundo momento de nuestra celebración vamos a hacer presente la oscuridad de nuestro mundo y nuestra responsabilidad como cristianos. Como antes hemos contemplado la luz del cirio y la de nuestra vela, en la sala o el templo iluminados, contemplemos ahora cómo apagamos la luz de Cristo en nuestra vida y en la de los demás. ¿Cuál es nuestra infidelidad a la luz que hemos recibido? ¿Cuál es nuestra necesidad, nuestro grito desde la oscuridad?

RÚBRICA: Una persona lee el siguiente texto:

B. Oscuridad del mundo

Señor, nuestros ojos se alegran ante tu luz. Desde ella, delante de tu mirada amorosa, llena de misericordia, queremos hoy reconocer, con sencillez, con humildad, también con dolor, que muchas veces hemos apagado tu luz. Traemos ante ti la ceguera de nuestros corazones. Mira la oscuridad que reina en nuestro mundo, cuando tú nos has llamado a vivir en tu reinado de amor. Señor, hay en el mundo guerra y violencia, hambre y miseria. Tú nos quieres libres, y hay opresión. Tú nos quieres hermanos, y hay odio, rivalidad, rencor. Tú nos quieres felices y hay demasiado llanto, mucho dolor.

Crece la tiniebla en torno nuestro, Señor, y también dentro: en el mundo de la droga, en el de la emigración y en el de la marginación; en las tierras asoladas por las catástrofes; en las ciudades; en los pueblos; en los derechos pisoteados de los indígenas; en la naturaleza explotada y en los mares y ríos envenenados; en los que aún hoy viven como esclavos; en los niños maltratados o utilizados como mano de obra barata; en los ancianos abandonados; en enfermos sin cariño y sin cuidados; en familias destrozadas y rotas; en jóvenes que viven sin sentido. Es la tiniebla espesa de la pobreza, del desamor, de la injusticia. Pero crece también la tiniebla en medio de la riqueza. En los grandes imperios sin alma y en el culto al tener; en el trabajo esclavizante y en la frivolidad insolidaria; en el vacío del corazón y del pensamiento; en la dureza de vivir; en la rivalidad de las personas y en la competitividad del mercado; en las grandes producciones de armas y en los mecanismos de la guerra. Es la tiniebla espesa de la idolatría y la deshumanización. Señor, de esta oscuridad también nosotros somos parte. ¿Hemos escondido tu luz? ¿La hemos apagado?

MONICIÓN: Tras un breve silencio, vamos reconociendo nuestra responsabilidad de todo esto y pidiendo perdón. Manteniendo el clima de oración, los que quieran pueden pronunciar una frase de reconocimiento y apagar su luz, contemplar su vela apagada. Si es posible, se apagan progresivamente las luces de la sala o del templo, hasta quedar a oscuras, permaneciendo sólo encendido el cirio pascual, luz de Cristo. Este reconocimiento se puede hacer rezando todos juntos la siguiente oración y luego haciendo los que quieran “eco” de algún verso y apagando su vela en ese momento; o bien, alguien la dirige y todos se unen respondiendo tras cada estrofa:

R/. “Perdónanos, Señor, y ten misericordia de nosotros”.

C. Señor, hemos apagado tu luz

Señor, hemos apagado tu luz al vivir en el individualismo y la insolidaridad, al pensar sólo en nosotros mismos y en nuestros proyectos, sin preguntarnos por el proyecto de Dios sobre nuestro mundo, sin preocuparnos por los hermanos con quienes compartimos la misma tierra.

Hemos apagado tu luz al entrar en las corrientes del consumismo, al hacernos esclavos del tener, al considerar el dinero, el bienestar o la seguridad como lo más importante de la vida.

Hemos apagado tu luz al no reunirnos en torno a ella, en la familia y en la comunidad; al no tener tiempo para escucharte, al no cuidar nuestra convivencia: cuando no transmitimos la fe a nuestros hijos e hijas porque pensamos que otras cosas son más importantes; cuando en el fondo creemos que la felicidad está en otros sitios fuera de ti; apagamos tu luz por no hablar con verdad, por no vivir con autenticidad.

Hemos apagado tu luz al olvidarnos de palabras como “justicia” y “libertad”; al creer que nada podemos hacer frente a las estructuras de nuestro mundo; al renunciar a poner un granito de arena; al no querer arriesgar nada nuestro.

Apagamos tu luz cuando nos evadimos del compromiso y cuando creemos que el Evangelio no tiene nada qué decirnos.

Hemos apagado la luz al separar la vida y la fe; al dejar que nuestra vida se rompa en trozos; al ser de una manera en cada lugar: en la familia, en el trabajo, en el ocio, en la comunidad.

No sabemos siquiera quiénes somos, para qué vivimos, por qué luchamos.

Apagamos tu luz cuando nos faltan razones para vivir, razones profundas para la esperanza y la alegría.

Y cuando nos encerramos en nuestro vacío interior o nos quedamos en los pequeños desgarrones de nuestros vestidos sin atender a la agonía de millones de hermanos: sordos a los gritos del hambre y del dolor, preocupados de no perder nuestro bienestar.

Señor, apagamos la luz que nos has dado cuando no somos misioneros, ni buenos samaritanos, ni discípulos, ni apóstoles, ni orantes, ni servidores; y cuando no vivimos el espíritu de las bienaventuranzas ni rezamos de verdad el Padrenuestro.

3. PROCLAMACIÓN DE LA BUENA NOTICIA
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
(4, 16-20)

RÚBRICA: En la oscuridad, puestos en pie contemplando el cirio pascual, escuchamos la proclamación del Evangelio:

“Llegó [Jesús] a Nazaret, donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje donde está escrito:El Espíritu del Señor está sobre míporque me ha ungido para anunciarla buena noticia a los pobres;me ha enviado a proclamarla liberación a los cautivosy dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidosy a proclamar un año de gracia del Señor. Después enrolló el libro, se lo dio al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga tenían sus ojos clavados en él y comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acaban de escuchar”.

PALABRA DE DIOS.

RÚBRICA: Interiorizamos en silencio esta palabra, sintiéndonos destinatarios de la liberación que Jesús trae, necesitados de experimentarla para poder transmitirla con verdad.

4. DE NUEVO SE NOS CONCEDE LA LUZ DE CRISTO

RÚBRICA: Al ser nosotros los destinatarios de esta salvación, de nuevo recibimos la luz del cirio en nuestra vela. Pasamos ahora tomándola de nuevo y, mientras alguien recita despacio las siguientes frases, se va iluminando el templo o la sala progresivamente, dejando el encendido final para cuando todos tengamos la luz encendida. Puede permanecer apagada un tiempo la sala para contemplar cómo son nuestras pequeñas luces unas junto a otras las que iluminan la oscuridad.

Y dijo Dios:

Si nadie te ama, mi alegría es amarte. Si lloras, estoy deseando consolarte. Si eres débil, te daré mi fuerza y mi energía. Si nadie te necesita, yo te busco. Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti. Si estás vacío, mi ternura te colmará. Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas. Si quieres caminar, iré contigo. Si me llamas, vengo siempre. Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte. Si estás cansado, soy tu descanso. Si pecas, soy tu perdón. Si me pides, soy don para ti. Si me necesitas, te digo: estoy dentro de ti.

Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza. Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos. Si tienes hambre, soy pan de vida para ti. Si eres infiel, yo soy fiel. Si quieres conversar, yo te escucho siempre. Si me miras, verás la verdad de tu corazón. Si estás en prisión, te voy a visitar y a liberar. Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño. Si no tienes a nadie, me tienes a mí. Si eres silencio, mi palabra habitará en tu corazón.

5. SOMOS ENVIADOS COMO TRANSMISORES DE LA LUZ

MONICIÓN: De aquello que cada uno de nosotros hemos vivido como experiencia profunda de liberación por parte de Dios es de lo que somos testigos, es lo que nos cambia. Desde este amor recibido, podemos amar; con esta luz, podemos iluminar la oscuridad.

RÚBRICA: Se proclaman las bienaventuranzas, permaneciendo todos con las velas encendidas. Como envío y compromiso, se colocarán en pequeños papeles estas frases que se pueden pasar en un cestillo para que a cada uno le toque una a suerte, y se la lleve como llamada al compromiso para cuidar este año; o bien, ponerlas en una pequeña tarjeta que se entregue a la gente. Puede ser la oración que ponemos a continuación, o alguna otra,. Si la comunidad ha llegado a algún compromiso común es el momento de compartirlo.

BIENAVENTURANZAS
(Mt 5, 3-12)

3Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.
12Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.

Sólo Dios...

puede dar la fe... pero tú puedes dar tu testimonio. Sólo Dios puede dar la esperanza... pero tú puedes devolverla a tu hermano. Sólo Dios puede dar el amor... pero tú puedes enseñar a amar. Sólo Dios puede dar la paz... pero tú puedes sembrar la unión. Sólo Dios puede dar la fuerza... pero tú puedes animar al desanimado. Sólo Dios es el camino... pero tú puedes señalárselo a otros. Sólo Dios es la luz... pero tú puedes hacer que brille a los ojos de todos. Sólo Dios es la vida... pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir. Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible... pero tú puedes hacer lo posible. Sólo Dios se basta a sí mismo... pero prefiere contar contigo.

CONCLUSIÓN

Para terminar esta celebración recemos todos juntos el Padre Nuestro.


VIALUCIS


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COMISIÓN DE BIBLIA