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Vicaría      de Pastoral

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VÍA LUCIS
Camino de la Luz

Resucitó


En el Vía Crucis se recorre la Pasión y Muerte de Cristo: desde la oración en el huerto hasta la sepultura de su cuerpo. Pero ésta es la primera parte de una historia que no acaba en un sepulcro. Desde el Domingo de Pascua hasta el de Pentecostés hubo cincuenta días llenos de acontecimientos, inolvidables y trascendentales, que los cercanos a Jesús vivieron intensamente: es el Via Lucis, el “Camino de la Luz”.

INTRODUCCIÓN

El vialucis o camino de la luz consiste en acompañar en reflexión y oración durante catorce momentos a Jesús Resucitado, así como el viacrucis o camino de la cruz consiste en seguirlo en catorce momentos de pasión y muerte.

El número 14 es para continuar el mismo número del vía crucis popular; y simbólicamente podemos pensar en 2 veces 7, es decir, en un seguimiento de Jesús que quiere ser “completo”, ya que el número 7 indica simbólicamente “perfección”, totalidad.

En la procesión se puede llevar el Cirio Pascual o una imagen de Jesús Resucitado; los participantes pueden llevar flores blancas en las manos; en cada estación se puede poner un símbolo junto al título de la estación; los vecinos pueden arreglar y limpiar el camino y poner algún adorno.

El Vialucis puede ser celebrado el Domingo de Resurrección o durante la semana de Pascua o cualquier día de la cincuentena Pascual.

No hace falta que se mediten las 14 estaciones seguidas; pueden dividirse en dos o tres celebraciones. La base de nuestra meditación será la Palabra de Dios.

Participemos activamente con nuestra reflexión personal, con nuestros cantos, con aclamaciones y vivas y con breves alabanzas o súplicas. Iniciemos con un canto a Cristo Resucitado. (Canto a la resurrección).

PRIMERA ESTACIÓN

¡Cristo Vive! ¡Ha Resucitado! San Mateo 28, 1-7

1Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. 2De pronto se produjo un gran terremoto, pues el ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. 3Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. 4Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. 5El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "Ustedes no teman, pues sé que buscan a Jesús, el Crucificado; 6no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Vengan, vean el lugar donde estaba. 7Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.' Esto es lo que tenía qué decirles".

Cuando todo parece que está acabado, cuando la muerte parece haber dicho la última palabra, hay que proclamar llenos de gozo que Cristo vive, porque ha resucitado. Ésa es la gran noticia que da consistencia a nuestra fe, que llena de una alegría desbordante nuestra vida, y que se entrega a todos: “Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Noticia” (1 Pe 4, 6), porque Jesús abrió las puertas del cielo a los justos que murieron antes que Él.

RÚBRICA: Se pueden agregar espontáneamente intenciones.

Oración: Oh Dios nuestro bondadoso, tu infinita sabiduría encontró el medio eficaz de revelarnos tu Mensaje de Salvación en Cristo hecho Palabra. Abre nuestros oídos para que, escuchando ese mensaje liberador, logremos llegar hasta Ti.

SEGUNDA ESTACIÓN

El Encuentro con María Magdalena San Juan 20, 10-18

10 Los discípulos regresaron entonces a su casa. 11 María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13 Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?" María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". 14 Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 15 Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?" Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". 16 Jesús le dijo: "¡María!" Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir, "¡Maestro!" 17 Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes"". 18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

La Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor está hecho de fortaleza y eficacia, como el de tantas mujeres que saben hacer de él entrega. María ha buscado al Maestro y la respuesta no se ha hecho esperar: el Señor reconoce su cariño sin fisuras y pronuncia su nombre. Cristo nos llama por nuestros nombres personalmente, porque nos ama a cada uno.

Oración: Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que vuelvan al camino de la verdad, concede a cuantos nos llamamos cristianos, imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de Él.

TERCERA ESTACIÓN

Jesús se aparece a las mujeres San Mateo 28, 8-10 (Mc 16,9-10; Lc 24,8-10; Jn 20,18).

8Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 9En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: "¡Dios los guarde!" Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. 10Entonces les dice Jesús: "No teman. Vayan, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán".

Las mujeres son las primeras en reaccionar ante la muerte de Jesús. Y obran con diligencia: su cariño es tan auténtico que no repara en respetos humanos, en el qué dirán. Son valientes y generosas, porque aman con obras. Han echado fuera el sueño y la pereza y, antes de despuntar el día, ya se encaminan hacia el sepulcro. Hay dificultades objetivas, pero ellas no se asustan porque saben poner todo en manos de Dios.

Oración: Dios Padre bondadoso que quieres para nosotros todo el bien, concede a todos los que nos alegramos con la resurrección de tu Hijo, muerto en la cruz para salvarnos, que merezcamos llegar con Él a vivir la plena alegría de la eternidad.

CUARTA ESTACIÓN

Los soldados custodian el sepulcro de Cristo San Mateo 28, 11-15

11Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. 12Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, 13advirtiéndoles: "Digan: 'Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos'. 14Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y les evitaremos complicaciones". 15Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

Los enemigos de Cristo quisieron cerciorarse de que su cuerpo no pudiera ser robado por sus discípulos y aseguraron el sepulcro sellando la piedra y montando la guardia. Y son ellos quienes contaron lo ocurrido. Qué acertado es el comentario de un Padre de la Iglesia cuando dice a los soldados: “Si dormíais ¿por qué sabéis que lo han robado?, y si lo habéis visto, ¿por qué no se lo habéis impedido?”. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Oración: Dios nuestro, que has reunido pueblos de toda la tierra para alabar tu Nombre, concede a todos tus hijos, nacidos a una vida nueva por medio del bautismo, tener una misma fe y manifestarla en la vida con un mismo amor.

QUINTA ESTACIÓN

Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío San Juan 20, 3-10 (Mt 28, 6-7; Mc 16, 6-7; Lc 24, 3-6).

3Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos, entonces, volvieron a casa.

Pedro y Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han llegado corriendo, con el alma esperanzada y el corazón latiendo fuerte. Y comprueban que todo es como les han dicho las mujeres. Cristo ha vencido a la muerte, no es una vana ilusión: es un hecho de la historia que la cambiará. Después, el Señor saldría al encuentro de Pedro, y así, el que llegaría a ser Cabeza de los Apóstoles y tendría que confirmarlos en la fe, recibió una visita personal de Jesús. Nos lo cuenta Pablo y Lucas: (Cristo) se apareció a Cefas y luego a los Doce (1 Cor 15, 5; cfr. Lc 24, 34).

Oración: Padre nuestro, Creador de cuanto existe, de tu bondad recibimos la vida, por tu amor la conservas y proteges. Te damos gracias porque en la resurrección de Jesús nos das la oportunidad de una nueva vida más plena y duradera.

SEXTA ESTACIÓN

Jesús en el cenáculo muestra sus llagas a los apóstoles San Lucas 24, 36-43

36Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz con ustedes". 37Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38Pero él les dijo: "¿Por qué se turban, y por qué se suscitan dudas en su corazón? 39Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo. Pálpenme y vean que un espíritu no tiene carne y huesos como ven que yo tengo". 40Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?" 42Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43Lo tomó y comió delante de ellos.

Los apóstoles apenas pueden creerlo: están asustados, temerosos de correr su misma suerte. Es entonces cuando se presenta en medio de ellos, y les muestra sus llagas como trofeo, la señal de su victoria sobre la muerte y el pecado. Con ellas nos ha rescatado. Han sido el precio de nuestra redención. Es verdaderamente el mismo Jesús que los eligió como amigos, y ahora come con ellos.

Oración: Señor, tú que nos has librado del pecado por medio de la muerte y resurrección de tu Hijo, prosigue en nosotros la obra liberadora de tu gracia y concédenos el gozo de celebrar la pascua eterna, que ya desde ahora nos llena de esperanza y alegría.

SÉPTIMA ESTACIÓN

En el camino de Emaús San Lucas 24, 13-32

13Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba once kilómetros de Jerusalén, 14y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17Él les dijo: "¿De qué discuten entre ustedes mientras van andando?" Ellos se pararon con aire entristecido. 18Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: "¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?" 19Él les dijo: "¿Qué cosas?" Ellos le dijeron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron". 25Él les dijo: "¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?" 27Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29Pero ellos le forzaron diciéndole: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado". Y entró a quedarse con ellos. 30Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32Se dijeron uno a otro: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"

Los discípulos de Emaús se iban tristes y desesperanzados: como tantos que ven con perplejidad cómo las cosas no salen según lo previsto. No acaban de confiar en el Señor. Sin embargo, Cristo “se viste de caminante” para iluminar su decepción, para recuperar su esperanza. Y mientras les explica las Escrituras, su corazón se llena de luz, “arde” de fe, alegría y amor. Hasta que Jesús parte el pan y se les abren la mente y el corazón. Y descubren que era el Señor.

Oración: Dios Padre misericordioso, Tú que por Cristo has querido reunir a todos los pueblos en una sola e inmensa familia, mira las dificultades que sufre tu Iglesia peregrina y dale la mano para que pueda llegar contigo a compartir la fiesta eterna del cielo.

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús da a los apóstoles el poder de perdonar los pecados Jn 20, 19-23 (Mc 16, 14; Mt 28, 16-17; Lc 24, 36-42)

19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con ustedes". 20Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21Jesús les dijo otra vez: "La paz con ustedes. Como el Padre me envió, también yo los envío". 22Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos".

Los apóstoles vuelven a vivir la intimidad del amor, la cercanía del Maestro. Las puertas están cerradas por el miedo, y Él les va a ayudar a abrir de par en par su corazón para acoger a todo hombre. Les hace partícipes de la misericordia de Dios: el poder de perdonar los pecados. Los apóstoles, y con ellos los sacerdotes, han acogido este regalo precioso: la capacidad de volver a la amistad con Dios después de haberlo abandonado por el pecado, la reconciliación.

Oración: Señor Dios, Tú escuchas toda súplica sincera que sale del corazón, Tú nos das la posibilidad de encontrarte en medio de tantos obstáculos que nos dificultan creer en Ti. Concédenos realizar en plenitud lo que ahora celebramos en la fe.

NOVENA ESTACIÓN

Jesús fortalece la fe de Tomás San Juan 20, 26-29

26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con ustedes". 27Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". 28Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". 29Dícele Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído".

Tomás no se deja convencer por las palabras de los demás apóstoles. Jesús, que conoce tan íntimamente nuestro corazón, busca recuperar su confianza perdida. La fe es una gracia de Dios que nos lleva a reconocerlo como Señor, que mueve nuestro corazón hacia Él, que nos abre los ojos del espíritu. La fe supera nuestras capacidades, pero no es irracional, ni algo que se imponga contra nuestra libertad: es más bien una luz que ilumina nuestra existencia.

Oración: Padre de bondad, al crearnos nos diste un cuerpo con sentidos, sentimientos y afectos… y nos enseñas a usarlos como medios de encuentro contigo y con Cristo, tu Hijo, nuestro redentor. Concédenos apreciar la gracia que nos das en los signos sensibles de los Sacramentos, así como Tú no desdeñas los aspectos sensibles de nuestra humanidad.

DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús resucitado, en el lago de Galilea San Juan 21, 1-6

1Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3Simón Pedro les dice: "Voy a pescar". Le contestan ellos: "También nosotros vamos contigo". Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5Díceles Jesús: "Muchachos, ¿no tienen pescado?" Le contestaron: "No". 6El les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán". La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.

En la incertidumbre, los apóstoles se unen en el trabajo con Pedro. La barca de Pedro es imagen de la Iglesia, cuyos miembros, a lo largo de la historia, están llamados a poner por obra el mandato del Señor: “Serán pescadores de hombres”. No es suficiente el esfuerzo humano, hay que contar con el Señor, fiándonos de su palabra, y echar las redes. En circunstancias difíciles, cuando parece que humanamente se ha puesto todo, es el momento de la confianza en Dios, de la fidelidad a la Iglesia y a su doctrina.

Oración: Dios Creador de la luz, por tu voluntad divina creaste la luz que nos ilumina, da también claridad a nuestros ojos para que puedan ver, y pureza a nuestro espíritu para que sepamos contemplar tus maravillas y, con un corazón agradecido, te busquemos también en todos los momentos de oscuridad.

DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN

Jesús confirma a Pedro en el amor San Juan 21, 15-19

15Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos". 16Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan, ¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas". 17Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: "¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero". Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas". 18"En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras". 19Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme".

Pedro queda a solas con el Señor. Está avergonzado porque le ha fallado cuando más lo necesitaba. Jesús no se lo reprocha: el amor es más grande que nuestras miserias. Le lleva por el camino de renovar el amor, nunca hay nada perdido. Las tres preguntas de Jesús son la mejor prueba de que Él nunca abandona a los suyos: siempre está abierta la puerta de la esperanza para quien ama. Así, Pedro, el primer Papa, y sus sucesores son “el Siervo de los siervos de Dios”.

Oración: Padre nuestro de donde procede todo amor, Tú no has dudado en inclinarte hasta tus creaturas para manifestarnos en muchas formas, lo mucho que nos amas… Te pedimos que también nosotros nos comprometamos a amarte en todo y sobre todo y que, expresando amor a todo cuanto existe, hagamos crecer tu amor en nuestro mundo.

DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN

La despedida: Jesús encarga su misión a los apóstoles San Mateo 28, 16-20 (Mc 16, 15-20)

16 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. 18Jesús se acercó a ellos y les habló así: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".

Los últimos días de Jesús en la tierra junto a sus discípulos debieron quedar muy grabados en sus mentes y corazones. La intimidad de la amistad se ha ido concretando con la cercanía del Resucitado, que les ha ayudado a saborear estos últimos instantes con Él. Pero el Señor pone en su horizonte toda la tarea que tienen por delante: “Vayan al mundo entero...” Ese es su testamento: hay que ponerse en camino para llevar a todos el mensaje que han visto y oído.

Oración: Señor, Tú nos diste Palabras de vida eterna, para que también nosotros sepamos hablar con voces proféticas, de lo que tú mismo nos has comunicado.

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN

Jesús asciende al cielo Hechos de los Apóstoles 1, 9-11

9Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. 10Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco 11que les dijeron: "Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que les ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le han visto subir al cielo".

Todos se han reunido para la despedida del Maestro. Sienten el dolor de la separación, pero el Señor les ha llenado de esperanza: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Es el momento de emplearse a fondo para llevar el mensaje de alegría, el Evangelio, hasta los confines del mundo. Contamos con la compañía de Jesús, que no nos abandona. No podemos perder un instante, el tiempo no es nuestro, es de Dios.

Oración: Padre omnipotente, que nos diste la prueba más grande de tu poder y de tu amor en Jesús, ilumina siempre nuestra vida para que pongamos la vista en las metas eternas y no olvidemos nunca que estando con Cristo, toda muerte tiene su resurrección.

DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN

La venida del Espíritu Santo en Pentecostés Hechos de los Apóstoles 2, 1-4

1Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. 2De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. 3Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; 4quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Jesús está ya en el cielo, pero ha prometido a sus amigos que no que-darán solos. Y fiel a la promesa, el Padre envía al Espíritu Santo. Él es el que llena de luz la mente y de fuego el corazón de los discípulos para darles la fuerza y el impulso para predicar el Reino de Dios. Queda inaugurado el “tiempo de la Iglesia”. A partir de este momento la Iglesia, que somos todos los bautizados, está en peregrinación por este mundo.

Oración: Dios nuestro, que en tu bondad sin límites aumentas cada día el número de los que creen en ti, mira con amor a tus elegidos que han nacido a una nueva vida por medio del bautismo y concédeles alcanzar la resurrección gloriosa.


BIBLIOGRAFÍA

DÍEZ DE SOLLANO Alfonso, Pascua de Resurrección, Serie Verde, Promotora juvenil Don    Bosco, Jal. México.
SÁNCHEZ María Belén, El camino de la Gloria, Paulinas, Méx.
DE NICOLÁS, Manuel Martín - Reyes, Alfonso, Desde la Fe. Via Lucis, en periódico La    Prensa. No 111/del 4-10 Abril, 1999.
COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL BÍBLICA, Año de Gracia, Año de Liberación, Ed.    Verbo Divino, Pamplona España.


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