Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

Santiago Apóstol

Lectio Divina

NO JUZGUES
Y NO SERÁS JUZGADO

Pasaje de la Adúltera
“Por tanto tú, quienquiera que seas,
no tienes excusa cuando juzgas a los demás,
pues juzgando a otros tú mismo te condenas,
ya que haces lo mismo que condenas”.

(Rm 2, 1)

MARZO de 2007


MONICIÓN: Para dar inicio a esta Lectura Orante de la Palabra de Dios, nos ponemos en presencia del Señor y decimos juntos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cantemos el siguiente canto.

SI YO NO TENGO AMOR
Si yo no tengo amor, yo nada soy Señor. (2)
El amor es comprensivo, el amor es servicial
El amor no tiene envidia, el amor no busca el mal.

1. LECTURA
(Rm 2, 1-11)

MONICIÓN: La primera parte de la Lectio Divina es la lectura del texto bíblico. Un lector lee en voz alta el texto, mientras los demás escuchan en su interior el resonar de la voz del Señor, tratando de responder a la pregunta ¿qué dice el texto?

1 Por tanto tú, quienquiera que seas, no tienes excusa cuando juzgas a los demás, pues juzgando a otros tú mismo te condenas, ya que haces lo mismo que condenas. 2 Y sabemos que el juicio de Dios es riguroso contra quienes hacen tales cosas. 3 Y tú que condenas a los que hacen las mismas cosas que tú haces ¿piensas que escaparás al castigo de Dios? 4 ¿Desprecias acaso la inmensa bondad de Dios, su paciencia y su generosidad, ignorando que es la bondad de Dios la que te invita al arrepentimiento? 5 Por la dureza y la terquedad de tu corazón estás atesorando ira para el día de la ira, cuando Dios se manifieste como justo juez 6 y dé a cada uno según su merecido: 7 a los que perseverando en la práctica del bien buscan gloria, honor e inmortalidad, les dará vida eterna; 8 pero los que por egoísmo rechazaron la verdad y se abrazaron a la injusticia, tendrán un castigo implacable. 9 Sufrimiento y angustia para todos cuantos hagan el mal: para los judíos, por supuesto, pero también para los que no los son; 10 gloria, honor y paz para los que hacen el bien: para los judíos, desde luego, pero también para quienes no lo son, 11 pues en Dios no hay lugar a favoritismos. Palabra del Señor.

Elementos para la reflexión

Pablo advierte que se requiere un cambio de mentalidad, porque tanto el judaísmo como el paganismo se han enrolado en una contienda de superioridad. Pablo, sin embargo, no deja de sentirse orgulloso de su origen judío, pues continúa pensando y razonando como un judío. Su pensamiento sigue estando visiblemente impregnado de ideas judías. En sus escritos, no sólo se encuentran continuas referencias al Antiguo Testamento, sino también muchas huellas de tradiciones judías. Además, Pablo utiliza a menudo técnicas rabínicas de exégesis y de argumentación1. En su mismo apostolado entre los gentiles procuraba indirectamente ser útil a sus hermanos de raza, “con la esperanza de salvar a algunos de ellos” (Rm 11,14). Para ello contaba con el resorte de la emulación (11,11.14): la vista de la maravillosa fecundidad espiritual que la fe en Cristo Jesús daba a los paganos convertidos suscitaría en algunos judíos el deseo de no dejarse superar y les llevaría a abrirse también a esa fe; esta intención se anticipa en el v. 4; pero en éste advierte que “Dios no hace distinciones en las personas”.

2. MEDITACIÓN

MONICIÓN: Volvemos a leer el texto bíblico mientras nos preguntamos ¿qué quiere decir el texto? ¿Qué expresa Pablo con estas palabras?

La práctica del bien no tiene raza, más bien son las obras lo importante, por tanto, nadie debe descalificar a los demás, porque puede que al final él sea descalificado por las mismas circunstancias. El conocimiento del bien y del mal es un factor que se ponderará para la calificación del juicio final. Al que más sabe, más se le exigirá.

Pablo revela la contraposición entre el decir y el hacer, el parecer y el ser, la fe y la vida. Puesto que el Espíritu nos hace capaces de servir en el amor y no solamente cumplir la ley por cumplirla.

La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo. El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón así como otros textos del Nuevo Testamento hablan de un último destino del alma que puede ser diferente para unos y para otros2.

Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios. El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena.

Una llamada a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía “el tiempo favorable, el tiempo de Salvación” (2 Cor 6,2) inspira el santo temor de Dios, compromete para la justicia del Reino de Dios, anuncia la “bienaventurada esperanza” (Tt 2,13) de la vuelta del Señor que “vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído” (2 Tes 1,10). Mientras llega ese tiempo, respondamos las siguientes preguntas:

  • El testimonio que damos ¿inspira a los demás a la conversión o a que admiren nuestra forma de ser (vanagloria)?
  • ¿Preferimos hacer el bien, que ciertamente no es lo más fácil, o elegimos la opción más conveniente a nuestros propios intereses?

3. ORACIÓN

MONICIÓN: La Palabra de Dios nos interpela, nos llama a conversión cada día de nuestra vida. Por eso, volvamos a leer el texto y preguntémonos ¿qué me dice a mí Dios con la Palabra que acabamos de escuchar, en mi realidad actual? A esa Palabra respondamos con un canto de alabanza o el siguiente Salmo.

Salmo 119

33 Enséñame, Señor, el camino de tus normas, para que lo siga.
34 Instrúyeme para que observe tu ley
y la practique de todo corazón.
35 Guíame por el camino de tus mandatos, que son mi delicia.
36 Inclina mi corazón hacia tus preceptos, apártalo de la avaricia.
37 Desvía mis ojos de lo vano, dame vida con tu palabra.
38 Cúmpleme la promesa que hiciste a quienes te respetan.
39 Aparta de mí la humillación que temo,
porque tus mandamientos son buenos.
40 Mira cuánto anhelo tus decretos, dame vida con tu salvación.

4. CONTEMPLACIÓN

MONICIÓN: Se puede hacer una nueva lectura del texto que hemos meditado y con el que hemos orado a Dios. Enseguida, contemplamos nuestra realidad a la luz de esta Palabra y hacemos un compromiso con Dios. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 143).

La libertad está misteriosamente inclinada a traicionar la apertura a la verdad y al bien humano y con demasiada frecuencia prefiere el mal y la cerrazón egoísta, elevándose a divinidad creadora del bien y del mal. “Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación, tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación.” La libertad del hombre, por tanto, necesita ser liberada. Cristo, con la fuerza de su misterio pascual libera al hombre del amor desordenado de sí mismo, que es fuente del desprecio del prójimo y de las relaciones caracterizadas por el dominio sobre el otro; Él revela que la libertad se realiza en el don de sí mismo. Con su sacrificio en la cruz, Jesús reintegra el hombre a la comunión con Dios y con sus semejantes.

ORACIÓN FINAL

¡Oh, Espíritu Santo! Fuego sagrado que purifica y abraza, caridad que se difunde en nuestro corazón. Fuego que purifica e ilumina, transforma nuestra mente y corazón para que la Palabra de Dios se haga vida en nosotros. Que la infinita misericordia de tu amor nos mueva a la caridad y al servicio, que el reconocimiento a nuestro trabajo sea gloria de tu Nombre y ánimo por buscar cada día la verdad de tu Palabra en anhelos de santidad. Amén.

COMISIÓN DE PASTORAL BÍBLICA, ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

www.servicont.com

COMISIÓN DE BIBLIA