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Vicaría      de Pastoral

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Comisión Bíblica Arquidiócesis de México

Lectio Divina

"YO SOY JESÚS,
A QUIEN TÚ PERSIGUES"
(Hch 9, 5)

Saulo de Tarso

REUNIÓN MENSUAL

CURIA ARQUIDIOCESANA

23 de ENERO de 2007


Siguiendo el método de Lectio Divina conocido, leamos, meditemos, oremos y contemplemos la Palabra, hecha vida en la comunidad primitiva y particularmente en el llamado que recibe Pablo, durante su camino a Damasco. Acontecimiento realmente importante, no sólo para él, sino para todos nosotros.

1. LECTURA
DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES
(9, 1-30)

1 Saulo, que seguía amenazando de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote 2 y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar encadenados a Jerusalén a todos los que encontrara, hombres o mujeres, que siguieran el camino de Jesús. 3 Cuando estaba ya cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor del cielo, 4 cayó a tierra y oyó una voz que decía: -Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? 5 Saulo preguntó: -¿Quién eres, Señor? La voz respondió: -Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.  7 Los hombres que lo acompañaban se detuvieron espantados; oían la voz, pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber. 10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: -¡Ananías! Él respondió: -Aquí me tienes, Señor. 11 Y el Señor le dijo: -Levántate, vete a la calle llamada Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, 12 y ha visto a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista. 13 Ananías respondió: -Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti; 14 y ha venido con poderes de los jefes de los sacerdotes para arrestar a todos los que invocan tu nombre. 15 Pero el Señor le dijo: -Vete, porque éste es para mí un instrumento elegido para anunciar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. 16 Yo le daré a conocer cuánto tendrá que padecer por causa de mi nombre. 17 Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: -Hermano Saulo, Jesús, el Señor, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. 18 En ese mismo momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista, y a continuación fue bautizado. 19 Luego comió y recobró las fuerzas. Después de pasar algunos días con los discípulos que había en Damasco, 20 Pablo empezó a predicar en las sinagogas, porclamando que Jesús es el Hijo de Dios. 21 Todos los que le oían quedaban asombrados y decían: -¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan ese nombre? ¿No ha venido aquí para llevarlos encadenados ante los jefes de los sacerdotes? 22 Pero Saulo se sentía cada vez más seguro y discutía con los judíos de Damasco, demostrando que Jesús es el Mesías. 23 Algún tiempo después, los judíos decidieron matarlo. 24 Saulo se enteró de la conspiración y, aunque vigilaban día y noche las puertas de la ciudad para darle muerte, 25 sus discípulos lo descolgaron de noche por la muralla, metido en una canasta. 26 Cuando llegó a Jerusalén, intentaba unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuera realmente un discípulo. 27 Entonces Bernabé tomó consigo a Saulo y lo presentó a los apóstoles. Les contó cómo en el camino Saulo había visto al Señor que le había hablado, y con qué convencimiento había predicado en Damasco el nombre de Jesús. 28 Desde entonces iba y venía libremente con los apóstoles en Jerusalén, predicando con valentía el nombre del Señor. 29 Hablaba y discutía también con los judíos de procedencia helenista, pero éstos decidieron matarlo. 30 Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y de allí lo enviaron hacia Tarso.

El perseguidor, convertido en testigo

La vocación de Pablo se nos presenta en tres ocasiones; esto indica la importancia que le concede Lucas. A pesar del uso, es preferible hablar de “vocación” que de “conversión”; en sentido estricto, un judío no puede convertirse, esto es, “abandonar a los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tes 1, 9), ya que adora al verdadero Dios; sólo puede —en nuestra perspectiva cristiana ir hasta el fondo de su fe reconociendo que ese Dios le interpela en Jesús, el Mesías.

Tal como se presentan, los relatos parecen estar hechos desde tres distintos puntos de vista, lo cual explica en parte sus divergencias. El texto que acabamos de escuchar es el único autobiográfico y nos presenta el punto de vista de la iglesia perseguida de Antioquía.

En 22, 1-21, es el propio Pablo quien la narra ante los judíos hablando “en su defensa”. Se muestra especialmente atento en señalar que su cambio de actitud no es una traición al judaísmo, sino fidelidad a la religión de los padres. En 26, 2-23, Pablo habla ante el rey Agripa y su “hermana” Berenice. Es el relato más personal, donde expone el lugar que Dios le ha reservado en el cumplimiento de sus designios.

A estos textos, habría que añadir Gál 1, 11-17 donde, con algunas palabras técnicas, Pablo hace la teología de aquel acontecimiento; así como 1 Cor 15, 8-10 y Flp 3, 5.

La visión de Saulo y la de Ananías relacionan este pasaje y el anterior (conversión del etíope) y sigue el mismo procedimiento en la historia de Cornelio (10 ,3-6.11-16). El punto principal del relato está en las palabras del Señor a Ananías, porque marcan el contraste entre el pasado y el futuro de Pablo: el perseguidor es convertido en testigo y mensajero. El que hizo padecer a otros, ahora tendrá que padecer por el nombre de Jesús. Pero todo es obra del Espíritu, verdadero protagonista de la historia de la salvación, que desciende sobre Pablo y le devuelve la vista.

Después de haber leído y reflexionado en el texto bíblico, preguntémonos:

  • ¿Recuerdas tu “llamado” o quizás tu conversión?
  • ¿Has sido dócil a la voz del Señor como lo fue Ananías para ir en busca de quien ha hecho daño a los miembros de la Iglesia, como lo hizo Pablo antes de ponerse al servicio de Jesús?

MEDITACIÓN

Creo en el Espíritu Santo, confesamos cuando recitamos el credo. No nos contradigamos viendo en la Iglesia de los Hechos un tiempo feliz que la Iglesia no ha conocido … Si no conoció aquel tiempo, tampoco se debe su pecaminosidad actual a una especie de pecado universal y constante que la haya marcado a partir de Constantino o a partir del siglo II. Desde el punto de vista estrictamente histórico, las cosas son más complejas y por tanto mucho más ricas de cómo nos las deja entender esa caricatura … Si no se ha reproducido aquella época feliz (tan discutible), ha sido sin duda en virtud de la incesante originalidad de la historia; pero, para nosotros, esto se debe a la incesante novedad del espíritu.

Porque hoy, lo mismo que ayer y como en los primeros tiempos de la iglesia, el espíritu sigue actuando y Cristo sigue estando vivo. Esta es, en definitiva, la enseñanza fundamental y última del libro de los Hechos de los apóstoles. Recordemos que, cuando Pablo aceptó predicar la Palabra, seguir el Camino, ciudades como Corinto contaban con 600,000 habitantes (400,000 de los cuales eran esclavos) y él estaba solo. Pero se puso a disposición de su Señor y comenzó a anunciar la Buena Nueva a todos. En este contexto, nosotros podemos preguntarnos ahora:

  • ¿Cómo anunciar a Jesucristo en medio de esos millones de personas que habitan nuestras ciudades actuales?

ORACIÓN

Respondamos a la Palabra de Dios con un salmo o cántico inspirado.

Del Salmo 18

El cielo proclama la gloria de Dios,
     el firmamento pregona la obra de sus manos;
     el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz,
     a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
     Allí le ha puesto su tienda al sol: él sale como el esposo de su alcoba,
     contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo, y su órbita llega al otro extremo:
     nada se libra de su calor.

CONTEMPLACIÓN

Esta Palabra nos invita a comprometernos con el servicio o ministerio que realizamos, tal como lo hizo Pablo. Respondamos la pregunta y concluyamos con el Padre nuestro.

  • ¿A qué te motiva el llamado de Pablo?

Biblia de América, notas al pie de página. Liturgia de las Horas, tomo III.
Equipo “Cahiers Evangile”, Los Hechos de los Apóstoles, Verbo Divino, cuadernillo 21, España 2006.

www.servicont.com

COMISIÓN DE BIBLIA