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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

ASAMBLEA NACIONAL
DE COORDINADORES DE PASTORAL BÍBLICA

MARÍA,
DISCÍPULA DE CRISTO

Lectio Divina

Biblia abierta
¿No saben que tengo que estar en las cosas de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir
.

(Lc 2, 49-50)


BOCA DEL RÍO, VERACRUZ
13 de febrero de 2007

ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO

OBJETIVO

Descubrir cómo María, en obediencia, se constituye discípula de su Hijo, y cómo ella está siempre en esa actitud.

I. AMBIENTACIÓN

Hermanos y hermanas: hoy nos reunimos nuevamente en nuestra Asamblea de Pastoral Bíblica Nacional para trabajar en los retos que nuestra Iglesia-Comunidad nos presenta hoy. Por ello, en este ambiente de trabajo, meditación de la Palabra de Dios y participación fraterna, busquemos pistas propias que nos ayuden a poner en práctica lo que Dios nos pide a cada uno de nosotros: ¿Qué nos pide el Señor?

¿Qué me está indicando a mí nuestro Dios?
Es necesario abrir nuestros oídos y nuestro corazón con el fin de que la Palabra del Señor, que vamos a escuchar, nos despierte del letargo y nos anime a comprometernos para hacer Iglesia, comunidad de hermanos en donde cada uno de nosotros demos frutos abundantes. Así como el Pueblo elegido caminó por el desierto hacia la tierra prometida, hacia la liberación, así nosotros marchemos como Iglesia peregrina, Iglesia Santa, comunidad de fe y caridad.

En este contexto y en este ambiente fraternal, entonemos el canto que está a continuación “Iglesia peregrina”. Cantemos llenos de fe, alegría y esperanza, sabiendo que el Señor escucha nuestra oración y atiende nuestras súplicas.

IGLESIA PEREGRINA

TODOS UNIDOS FORMANDO UN SOLO CUERPO,
UN PUEBLO QUE EN LA PASCUA NACIÓ
MIEMBROS DE CRISTO EN SANGRE REDIMIDOS
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
VIVE EN NOSOTROS LA FUERZA DEL ESPÍRITU
QUE EL HIJO DESDE EL PADRE ENVIÓ,
ÉL NOS EMPUJA, NOS GUÍA Y ALIMENTA,
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
SOMOS EN LA TIERRA SEMILLA DE OTRO REINO
SOMOS TESTIMONIO DE AMOR.
PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ PARA LAS SOMBRAS
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
RUGEN TORMENTAS Y A VECES NUESTRA BARCA
PARECE QUE HA PERDIDO EL TIMÓN
MIRAS CON MIEDO NO TIENES LA CONFIANZA
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
UNA ESPERANZA NOS LLENA DE ALEGRÍA
PRESENCIA QUE EL SEÑOR PROMETIÓ
VAMOS CANTANDO ÉL VIENE CON NOSOTROS
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
SOMOS EN LA TIERRA SEMILLA DE OTRO REINO
SOMOS TESTIMONIO DE AMOR,
PAZ PARA LAS GUERRAS Y LUZ PARA LAS SOMBRAS
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
TODOS NACIDOS EN UN SOLO BAUTISMO
UNIDOS EN LA MISMA COMUNIÓN
TODOS VIVIENDO EN UNA MISMA CASA
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.
TODOS PRENDIDOS EN UNA MISMA SUERTE
LIGADOS A LA MISMA SALVACIÓN,
SOMOS UN CUERPO Y CRISTO ES LA CABEZA
IGLESIA PEREGRINA DE DIOS.

DIRIGENTE: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

DIRIGENTE: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
TODOS: Y con tu espíritu.

II. ESCUCHAMOS LA PALABRA DE DIOS

MONICIÓN: El texto que vamos a meditar hoy corresponde a dos momentos: uno es cuando Jesús se encuentra en medio de los sabios de Israel, haciéndoles preguntas, y el otro, es en el que María y José, afligidos, lo encuentran y le reprochan su actitud. María no siempre comprendió las palabras ni las decisiones de su Hijo, pero aceptó las prioridades de Jesús en camino para realizar su misión salvífica. Así, hermanos, hagamos un silencio en nuestro interior para escuchar la Palabra de Dios y percibir lo que quiere decirnos a cada uno de nosotros. Escuchemos.

MARÍA, DISCÍPULA DE SU HIJO
(Lc 2, 46-52)

46 Después de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los Maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Al verlo, se quedaron asombrados y su madre le dijo: -Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados. 49 Él les contestó: -¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar en las cosas de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. 51 Volvió con ellos a Nazareth, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente todas estas cosas y las meditaba en su corazón. 52 Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, delante de Dios y de los hombres.

¡Palabra del Señor! - Gloria a ti, Señor Jesús.

III. CONSIDERACIÓN DEL TEXTO

Lucas nos ofrece este bellísimo pasaje de la vida adolescente de Jesús en donde descubrimos el momento en que él empieza a dar a conocer su misión. La ocasión se la ofrece la Ley de Israel, según la cual los jóvenes judíos en edad de la pubertad tenían que ir a Jerusalén tres veces al año (cf. Éx 23,14-17). En esa ocasión, durante la pascua y en el Templo, Jesús habla del Padre y de su filiación. El mismo texto relata que, después de lo sucedido en esta escena, “Jesús volvió con ellos a Nazareth, donde vivió obedeciéndoles”. La fuerza del Espíritu Santo le llevará a poder establecer una relación adulta con el Dios trinitario.

Jesús va delineando su proyecto de vida y descubre ciertos avances de su propia revelación y de María. Esta perspectiva es muy positiva para los catecúmenos que hoy en día se preparan durante un tiempo considerado para recibir el Bautismo la noche de Pascua.

  • Jesús comienza a manifestarse como un maestro capaz de estar en medio de los maestros que se ocupan de estudiar e interpretar la Ley (que para el judío es la expresión de la voluntad de Dios) haciendo interpretaciones sorprendentes de esa Ley.
  • Jesús cuestiona a María y es la forma más clara en que ella se constituye en discípula de su Hijo, y parece que le dice que no es suficiente cumplir con la pascua, sino que debe plantearse cuáles son los asuntos de su Padre.

Por su parte, a María, primera discípula de Jesús, le queda aceptar la voluntad de Dios. Lo que está viendo la sorprende, pero confía. Guardar estas cosas en su corazón (v. 51) le conducirán a madurar su proceso de fe, como a cualquiera de nosotros.

IV. ¿QUÉ NOS DICE ESTE PASAJE?

María de Nazareth, como Madre del Salvador, fue junto con San José maestra de Jesús en su infancia (cf. Lc 2,51). Pero fue, ante todo, la primera y más perfecta discípula que desde la Encarnación grabó en su corazón el Evangelio (cf. Lc 2,19). Como Madre nuestra nos enseña a encontrar a Jesucristo y a convertirnos a Él, y a ser discípulos. Pues el discípulo de Cristo es alguien que lo ha recibido lleno de estupor. Como ocurrió en Beth-lehem con María, quien lo llevó en su seno y ahí lo recibió como al Hijo de Dios que se ha hecho pequeño y servidor de todos, ahora se ha acercado a nosotros. Por eso, vive contemplando su rostro.

No es el discípulo quien escoge al maestro. Siempre ha sido Jesús el que ha llamado al discípulo y lo ha invitado a seguirle (cf. Mc 3,13-19). Esto consiste en un llamado personal que le hace Jesús, y en la voluntad de seguirle que nace en él. El discípulo experimenta que la elección manifiesta gratuitamente el amor de predilección de Dios: “Él nos amó primero” (1 Jn 4,19).

En María encontramos todas las características del discipulado según el corazón de Dios: la escucha amorosa y atenta (cf. Lc 1,26-38; 8.19-21; 11,27-28); la obediencia sin límites a la voluntad del Padre (cf. Lc 1,38); la fidelidad hasta acompañar a su Hijo al pie de la cruz (cf. Jn 19,25-27). Proclamando, en la experiencia de la resurrección de su Hijo, la bienaventuranza culminante de los cristianos que se convirtieron después de Pentecostés, “dichosos los que han creído sin haber visto” (Jn 20,29), continuó fielmente junto a la comunidad apostólica, animando su oración y su unidad, e implorando con ella la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Como nadie, la Virgen María fue la “mujer eucarística” asociada por Dios, mediante el ofrecimiento de su sufrimiento, al sacrificio de su Hijo, para la salvación del mundo y viviendo como nadie en íntima comunión con Él; también en el cielo, como Madre de los hermanos del Primogénito, de sus discípulos y misioneros.

PREGUNTAS:

  • ¿Qué nos ha ayudado o impedido a formarnos como verdaderos discípulos de Jesús?
  • ¿Qué elementos deberían estar presentes en nuestra formación para una verdadera espiritualidad del discípulo?
V. ORAMOS AL SEÑOR

“… María guardaba todas estas cosas en su corazón” (v. 51)

Respondemos a la Palabra de Dios con el siguiente himno a dos voces.

    ¡QUÉ GUARDABAS EN TU CORAZÓN, MARÍA!

    ¡Qué guardabas en tu corazón, Madre mía!
    Qué había en tu corazón
    tan Virgen y tan Madre,
    tan pura y tan llena de Dios.

    ¡Qué había en tu corazón!
    Tú que guardabas la Palabra,
    tú que vivías la voluntad del Padre,
    tú que diste vida al Señor de la vida
    tú que llevaste la vida en tu seno.

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Tú que experimentaste
    el poder transformador del Señor,
    que te hizo Madre siendo Virgen.
    Tú que, sin conocer varón,
    fuiste llena del Espíritu Santo
    que te hizo Madre del Hijo de Dios.

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Tú que supiste reconocer
    la acción de Dios en tu vida.
    Tú que reconocías
    la manifestación del Señor en la historia.
    Tú que sabías distinguir el actuar de Dios.

    ¡Qué guardabas en tu corazón, Madre mía!
    ¡Qué guardabas en tu corazón de Virgen Madre!
    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Sintiendo al Hijo de Dios vivo,
    palpitando y viviendo en tu seno …

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Cuando la Vida tuvo vida de ti.

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Cuando al Señor de la historia
    no le dieron lugar en esta historia.

    ¡Qué guardabas en tu corazón, Virgen Madre!
    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Tú que tenías en tus brazos
    al Señor de la historia y de los tiempos,
    que lo tenías ahí tan frágil y tan dependiente de ti.
    El Todopoderoso se hizo frágil
    en tus brazos de Madre Virgen.

    ¡Qué guardabas en tu corazón, mi Señora!
    Tú que tenías a tu Hijo,
    el Hijo de Dios en tus brazos
    cuando esos pastores vinieron a contar
    lo que los ángeles les habían dicho,
    Madre de Dios, Virgencita santa.

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    Que guardabas en tu corazón esos momentos
    cuando los magos llegaron y se postraron
    ante el fruto de tus entrañas,
    ante aquel que le diste tu sangre,
    ante aquel que tú bien sabías
    quién era …

    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    ¿Qué Madrecita mía?
    ¡Qué guardabas en tu corazón!
    ¡Qué!

VI. CONTEMPLAMOS EL ROSTRO DE JESÚS

Este espacio o sección es propia para que hagamos algún compromiso personal y comunitario para vivir como persona, como sacerdote, diácono, padre de familia, esposo, esposa, hijo, parroquia —decanato— o como iglesia.

Un propósito para vivir más profundamente nuestra fe, ser más comprometidos en nuestros ministerios, serviciales, obedientes, sencillos, no rencorosos (no juzgar a los demás), estudiar más la Palabra de Dios y amar a nuestro prójimo como Cristo nos ha amado.

ORACIÓN FINAL

Señor, Dios eterno y misericordioso, Tú has creado todo cuanto existe, especialmente aconmpañas y guías a la humanidad redimida por tu Hijo Jesucristo, en la fuerza de tu Espíritu Santo, quieres que todos formemos y pertenezcamos a tu viña santa, la Iglesia. Ayúdanos a comprender el significado que tiene el texto que estamos meditando para poder practicar tus mandamientos y ser parte de tu viña predilecta. Perdona nuestros múltiples pecados y purifícanos con tu gracia y tu amor. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Cantemos con gozo, alabando al Señor por su Palabra.

MARÍA TÚ QUE VELAS
(C. Gabarain)

María, tú que velas junto a mí
y ves el fuego de mi inquietud:
María madre, enséñame a vivir
con ritmo alegre de juventud.
Ven, Señora, a nuestra soledad,
ven a nuestro corazón,
a tantas esperanzas que se han muerto,
a nuestro caminar sin ilusión.
Ven y danos la alegría,
que nace de la fe y del amor,
el gozo de las almas que confían,
en medio del esfuerzo y del dolor.
Ven y danos tu esperanza
para sonreír en la aflicción,
la mano que del suelo nos levanta,
la gracia de la paz en el perdón.
Ven, y danos confianza,
sonrisa que en tu pena floreció,
sabiendo que en la duda y las tormentas
jamás nos abandona nuestro Dios.

SUBSIDIOS: Biblia de América, Liturgia de las Horas, tomo III, “Comentario Bíblico San Jerónimo”, “María, evangelio vivido”, Ed. Verbo Divino, no. 8.

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