Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

Comisión Bíblica Arquidiócesis de México

Lectio Divina

Año de la Eucaristía

"¡ES EL SEÑOR!"

para una reunión de presbiterio

SEPTIEMBRE 20 de 2005


CELEBRANTE: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

CELEBRANTE: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, el amor de Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

TODOS: Y con tu espíritu.

Rúbrica:  En el contexto del año de la Eucaristía, que ya casi llega a su fin, año que concluirá con el Sínodo de los Obispos, en octubre; y en el mes de la Biblia, donde se nos invita a exaltar la Palabra de Dios leyéndola, estudiándola e interiorizándola, queremos ofrecerle a Dios nuestras súplicas, necesidades y, sobre todo, darle gracias por esa luz, esa estrella contenida en la Escritura Santa que es su Palabra. Hacemos esta Lectio Divina o lectura orante de la Palabra de Dios con la idea de actualizar este mensaje sublime de amor. Nos ponemos en su presencia cantando el siguiente canto.

ACERQUÉMONOS TODOS

Acerquémonos todos al altar que es la mesa fraterna del amor,
pues siempre que comemos de este pan;
recordamos la pascua del Señor.

Los hebreos en medio del desierto comieron el maná;
nosotros, peregrinos de la vida, comemos este pan.
Los primeros cristianos ofrecieron su cuerpo como trigo:
nosotros, acosados por la muerte, bebemos este vino.

Como ciegos en busca de la aurora, dolientes tras la paz,
buscando tierra nueva y cielos nuevos, comamos este pan.
Acerquémonos todos los cansados, porque Él es nuestro alivio,
y siempre que el desierto nos agobie, bebamos este vino.

Como Cristo hecho pan de cada día se ofrece en el altar,
nosotros entregados al hermano, comemos este pan.
Como el cuerpo de Cristo es uno solo por todos ofrecido,
nosotros, olvidando divisiones, bebemos este vino.

1. LECTURA DEL TEXTO

Rúbrica:  En este primer momento, toda nuestra atención se fija en el texto elegido con el deseo de descubrir cuál es el mensaje que el autor quiere transmitir a sus contemporáneos y a nosotros. Esta lectura orante de la Palabra de Dios ha de ser una oportunidad para hablarle a Dios. Dispongámonos a vivir la presencia de Cristo resucitado abriéndole nuestro corazón.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (21,1-14)

1Poco después, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto al lago de Tiberíades. 2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás “el Mellizo”, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. 3En esto dijo Pedro: -Voy a pescar. Los otros dijeron: -Vamos contigo. Salieron juntos y subieron a la barca; pero aquella noche no lograron pescar nada. 4Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del lago, pero los discípulos no lo reconocieron. 5Jesús les dijo: -Muchachos, ¿han pescado algo? Ellos contestaron: -No. 6Él les dijo: -Echen la red al lado derecho de la barca y encontrarán peces. Ellos la echaron, y la red se llenó de tal cantidad de peces que no podían moverla. 7Entonces, el discípulo a quien Jesús tanto amaba le dijo a Pedro: -¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor, se puso la túnica, pues estaba sin ella, y se lanzó al agua. 8Los otros discípulos llegaron hasta la orilla en la barca, arrastrando la red llena de peces, pues no era mucha la distancia que los separaba de tierra; tan solo unos cien metros. 9Al saltar a tierra, vieron unas brasas, con peces colocados sobre ellas, y pan. 10Jesús les dijo: -Traigan ahora algunos de los peces que acaban de pescar. 11Simón Pedro subió a la barca y bajó a tierra la red llena de peces; en total eran ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. 12Jesús les dijo: -Vengan a comer algo. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían muy bien que era el Señor. 13Jesús se acercó, tomó el pan en sus manos y lo repartió; y lo mismo hizo con los peces. 14Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti Señor Jesús.

ELEMENTOS DEL TEXTO

Un estallido de alegría recorre los capítulos finales del evangelio de Juan: ¡El Señor ha resucitado! Junto a este gozo, el mismo Jesús despierta un compromiso en el interior de los discípulos, hombres y mujeres, que les hace exclamar: “Nosotros lo hemos visto, somos testigos”. Su testimonio brota del reencuentro con el Resucitado, de descubrirle vivo, algo que no fue sencillo para los seguidores de Jesús, porque tuvieron que comprender que su presencia era diferente aunque seguía siendo Él mismo.

Este evangelio muestra al grupo de discípulos que volvieron a Galilea, que volvieron a su antiguo oficio, después del “fracaso” de su Maestro.

En el relato descrito por el hagiógrafo podemos ver la estructura narrativa de una pesca milagrosa. En ella se describe la tarea evangelizadora de la Iglesia de manera simbólica: Siete discípulos y ciento cincuenta y tres peces son el signo de plenitud y universalidad en medio del mundo, representado por el mar, frente al Señor que prepara la cena eucarística: unos peces sobre las brasas y pan.

La red (la Iglesia) es capaz de recibir a todos sin excepción; no se rasga ni se rompe, no obstante la gran cantidad de peces.

De acuerdo con los evangelios, Jesús llamó a algunos para caminar con Él. Eran los discípulos y, de entre ellos, a los Doce. Es de este último grupo que se habla en el fragmento evangélico que hemos leído. Se trata del pequeño grupo de los allegados a Jesús, el Maestro, y que lo reconocen después de la pesca, en medio del mar.

Los discípulos de Jesús son descritos en los evangelios con unas notas esenciales que podríamos resumir con estos verbos: llamar, seguir, servir, ver y escuchar, ser enviado.

El servicio: Jesús siempre llama para el servicio a los demás.

El seguimiento: para poder seguir y servir, el discípulo tiene que ver y oír, saber mirar y aprender a escuchar.

El envío: los seguidores de Jesús, y no sólo los Doce, son enviados “a todos los pueblos y lugares que Él pensaba visitar” (Lc 10,1-17).

Rúbrica:  Se deja un momento de silencio. Luego, como apoyo para una mejor comprensión se pueden reflexionar las siguientes preguntas:

  • ¿Qué personajes intervienen en el texto que acabamos de leer?
  • ¿Cuál es la reacción de cada uno ante lo sucedido?
  • ¿Qué presencia del Maestro experimentan los discípulos?

2. MEDITACIÓN

Rúbrica:  Este segundo momento centra la atención en descubrir el mensaje de la Palabra en nuestra situación personal, comunitaria, social y moral. Entonemos este canto.

ESCUCHAR TU PALABRA

Escuchar tu Palabra es inicio de fe en ti, Señor.
Meditar tu Palabra es captar tu mensaje de amor.
Proclamar tu Palabra, Señor, es estar embebido de ti.
Proclamar tu Palabra, Señor, es ya dar testimonio de ti, mi Dios.

Estamos en un mundo en el que no todos sus habitantes pueden comer según el hambre que tengan. Por eso, este texto, en el contexto del año de la Eucaristía, es un llamado a compartir con el hermano, no sólo el pan, sino toda nuestra vida. Esto implica la fe para la conversión.

El pan que cada día pedimos en la oración del Padre nuestro debe traducirse en alimento corporal, pero, sobre todo, en alimento espiritual para caminar hacia la santidad, hacia la salvación y hacer vida lo que nos dice Jesús: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6, 54).
Jesús invita a echar las redes y ésta implica una entrega plena al Señor. En este contexto, y a la luz de las siguientes preguntas, los participantes comparten lo que han descubierto a lo largo del texto.

  • ¿Qué me dice el texto a mí?
  • ¿Qué nos dice la actitud de Jesús a nosotros, que somos sus ministros, y que tenemos la responsabilidad de darlo a conocer a los hermanos?

3. ORACIÓN

Rúbrica:  En este tercer momento respondemos a nuestra vida, a partir de la luz que hemos recibido de la Palabra de Dios. Podemos hacerlo a través de una oración, de un compromiso personal o de ambas cosas.

Señor, nuevamente nos encontramos ante ti, en medio de la zozobra que nos causa el mundo y los cambios repentinos y profundos del momento presente que hacen estremecer la barca. Existen muchos temores que atormentan nuestros corazones y los agitan como espigas azotadas por el viento. Hay nuevas dudas que nos hacen temer por nuestra seguridad y nos llenan de miedo, hasta el punto de no saber escuchar tu Palabra.

Necesitamos tu presencia transformadora que nos llene de valor y de alegría. Abre nuestros corazones para que se estremezcan ante tu presencia y nos llene de paz. Esperamos en ti, esperamos en tu Palabra; sólo así sabremos dónde arrojar las redes.
Nos has mostrado las manos y el costado como sellos imborrables de tu amor, enseñándonos que no hay camino de fidelidad que no tenga que pasar por la entrega generosa de la vida, asumiendo todas las consecuencias. Que no sea la angustia la que nos aprisione, sino la seguridad de tu presencia en medio de nuestra comunidad la que nos empuje al anuncio gozoso de nuestra fe, en la mesa de tu palabra y de tu altar.

4. CONTEMPLACIÓN

Rúbrica: Contemplar la Palabra es obtener frutos concretos para nuestra vida de fe. En este ambiente de oración agradecemos a Dios sus dones y respondemos las preguntas.

Gracias por tu presencia en la Eucaristía. Gracias por tu Cuerpo y tu Sangre. Cada vez que nos alimentamos de Ti hacemos memoria, recordamos tu vida de entrega amorosa a las personas haciendo la voluntad del Padre.

  • ¿Valoramos la importancia de la Eucaristía para todo buen discípulo?
  • ¿Qué relación hay entre este texto y el pan eucarístico?
  • Actualizando el acontecimiento de la pesca milagrosa a la luz de los signos de los tiempos ¿qué tenemos que hacer para servir al Señor?

Rúbrica:  Para concluir esta Lectio Divina podemos poner en manos del eterno Padre nuestros proyectos pastorales confiando en su Palabra y entonando el siguiente canto.

El Pescador

Tú has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios, ni a ricos,
tan sólo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

Tú pescador de otros mares,
ansia eterna, de almas que esperan;
amigo bueno, que así me llamas.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

Tú necesitas mis manos,
mi cansancio que a otro descanse;
amor que quiera seguir amando.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

Tú sabes bien lo que tengo,
en mi barca no hay oro ni espadas
tan sólo redes y mi trabajo.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

ORACIÓN FINAL

TODOS: Te damos gracias, Señor, por todos los beneficios que nos has concedido al meditar tu Palabra, tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

COMISIÓN DE PASTORAL BÍBLICA

www.servicont.com

COMISIÓN DE BIBLIA