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Vicaría      de Pastoral

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Comisión Bíblica Arquidiócesis de México

Lectio Divina

JESÚS, MANJAR BAJADO DEL CIELO
"El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí,
y yo en él"

(Jn 6, 56)

Jesús, manjar bajado del cielo

REUNIÓN DE PRESBITERIO

18 de OCTUBRE de 2005


Rúbrica:  Hoy celebramos la fiesta de San Lucas, compañero de viajes de San Pablo y autor del evangelio a él atribuido y del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

CELEBRANTE: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

TODOS: Amén.

CELEBRANTE: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, el amor de Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

TODOS: Y con tu espíritu.

Rúbrica:  Hacemos esta Lectio Divina o lectura orante de la Palabra de Dios con la idea de actualizar el mensaje sublime de amor que el Señor Jesús nos trajo de parte de Dios Padre. Nos ponemos en su presencia cantando el siguiente canto.

OH, DEJA QUE EL SEÑOR

Oh, deja que el Señor te envuelva en su Espíritu de amor,
satisfaga hoy tu alma y corazón.
Entrégale lo que te impide y su Espíritu vendrá
sobre ti y vida nueva te dará.

Cristo, oh Cristo, ven y llénanos.
Cristo, oh Cristo, llénanos de ti.

Alzamos nuestra voz con gozo, nuestra alabanza a ti;
con dulzura te entregamos nuestro ser.
Entrega toda tu tristeza en el nombre de Jesús
y abundante vida hoy tendrás en Él.

Cristo, oh Cristo, ven y llénanos.
Cristo, oh Cristo, llénanos de ti.

ORACIÓN INICIAL

Padre Dios, creemos que eres creador de todas las cosas y que te nos has hecho cercano en el rostro de tu Hijo, concebido de María por obra del Espíritu Santo, para ser nuestra condición y garantía de vida eterna. Creemos, Padre providente, que por la fuerza de tu Espíritu, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de tu Hijo, flor de harina que aligera el hambre del camino. Creemos, Señor Jesús, que tu Encarnación se prolonga en la simiente de tu cuerpo Eucaristía, para dar de comer a los hambrientos de luz y de verdad, de amor y de perdón, de gracia y salvación. Amén.

1. LECTURA DEL TEXTO

Rúbrica: Disponemos nuestro corazón y entendimiento para escuchar la Palabra de Dios, tratando de descubrir el tema o los temas principales, símbolos, personajes, figuras y acciones dentro de su contexto histórico y literario. En este punto de la Lectio Divina nos cuestionamos sobre ¿qué dice el texto?

Del Santo Evangelio según San Juan (6, 51-58)

51Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo. 52Los judíos discutían entre ellos. Unos decían: “¿Cómo este hombre va a darnos a comer carne?” 53Jesús les contestó: “En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. 57Como el Padre, que vive, me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida. 58Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron sus padres, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre”. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Elementos para la reflexión

Una comunidad en crisis: A partir del año 70, la situación de los cristianos que vivían en Palestina cambió notablemente. Hasta ese momento habían sido tolerados como grupo dentro del judaísmo. Pero con la destrucción del Templo y la dispersión provocada por la conquista de Jerusalén, la religión judía se radicalizó. El grupo de los fariseos marcó rígidamente las condiciones de la religión judaica y los cristianos fueron expulsados de las sinagogas, sufriendo el rechazo social en los ambientes judíos. Muchos abandonaron la fe cristiana (cf. Jn 6,66); el resto intentó defenderse del mundo encerrándose en sus comunidades.

Además de esta hostilidad que provenía de fuera, la comunidad a la que se dirige Juan tenía también otros problemas internos. Un cierto espiritualismo que defendía, ante todo, la divinidad de Jesucristo y negaba su plena humanidad creó un profundo desconcierto. En esta situación de persecución externa y división interna surge el cuarto evangelio, alrededor de la autoridad del misterioso “discípulo amado”.

La escena que acabamos de escuchar pertenece a la primera parte del evangelio de Juan (libro de los signos: 2,1-12,50): Siete hechos extraordinarios realizados por Jesús con la intención de revelar su misterio. El presente discurso no procede de la sinagoga de Cafarnaum, sino de la última cena. Fue traspasado aquí por la pluma del evangelista, como continuación del discurso sobre el pan de la vida.

Jesús: Realiza la alianza anunciada a los profetas hebreos; Él mismo es la alianza estipulada al precio de su sangre. Él es el mediador entre Dios y los hombres; es sacrificio de holocausto porque queda completamente destruido hasta derramar la última gota de su sangre por nosotros, y también es sacrificio de comunión, no solamente como Palabra que baja del Padre, sino como sacrificio en el que hay una víctima que se destruye y de la cual participan los que ofrecen el sacrificio. Y los que se alimenten de este convite, en el que Él se nos da como Víctima divina, recibirán un manjar que produce en nosotros frutos de vida eterna.

Pan: Es sinónimo de comida y comunión, participación, alegría y fiesta. La exégesis y la teología bíblica le han derivado aplicaciones en dos líneas: por una parte, es aquello que el hombre necesita para completar su humanidad de acuerdo al plan de Dios (liberta, cultura, perfección, solidaridad) y, por el otro, es señal alusiva al maná, a la Eucaristía, a la Palabra de Dios y al banquete mesiánico.

Carne: En la antropología bíblica indica lo efímero y lo humano en contraposición a lo divino. No se opone al alma, ni es lo material en el hombre, sino tan sólo una de las formas en que se manifiesta. Jesús entrega su carne como alimento para dar vida eterna.

Cielo: Por su infinitud es sinónimo de altura, grandeza, eternidad y meta de aspiración humana. Es la habitación de Dios, de su corte de ángeles y morada de los bienaventurados. Es signo del nombre divino y símbolo de la novedad suprema querida por Dios.

Mundo: El vocablo indica las obras buenas de Dios puestas a disposición del hombre desde el principio y cuyos términos indican algo más que un montón de cosas, estados de la materia y leyes en devenir. Es un lugar amado por Dios; un espacio en que se desarrolla la historia de la salvación. Es el lugar en que el hombre toma conciencia de sí mismo y de su presencia en él; es una palestra en que se ejercita en el trabajo y en la convivencia con sus hermanos, los hombres, hijos del mismo Padre; espacio en que aprende a desplazar a Satanás y a imitar a Dios; objeto al que debe devolverle su bondad inicial, pues actualmente se manifiesta como conjunto de potencias rebeldes que se enfrentan y rechazan al Señor. Respondamos:

  • ¿Qué están buscando los judíos?
  • ¿Qué respuesta les da Jesús?
  • ¿Hay condiciones para entender lo que Jesús les dice?
  • ¿De qué panes habla Jesús?

2. MEDITACIÓN

Rúbrica: Volvemos a leer el fragmento evangélico y permitimos que la voz del Maestro resuene en nuestro interior y, a ejemplo de María, guardamos y meditamos su palabra. Aquí nos preguntamos: ¿qué nos dice el texto?

Jesús, como el pan dado por el Padre, bajado del cielo, del que hay que comer mediante la fe, destaca el realismo sacramental de esta unidad literaria estrictamente eucarística: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (6,56). Es necesario comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre para permanecer en Él. Esta permanencia designa la vida cristiana como tal: el discípulo cristiano se conoce por la permanencia en la unión con Cristo (cfr. Jn 15,4-7). Esta unión es eficaz y se realiza cuando se cumple la exigencia única y decisiva impuesta al hombre, que es la fe en el Revelador, enviado por Dios y portador de la salvación.

San Juan habla de vida profunda, eterna, divina. No se refiere a una vida que dura mucho tiempo, en el sentido filosófico de eternidad, sino en el sentido religioso judío, que es una vida divina dentro del mundo de Dios, que permanece en nosotros; inhabitación y presencia interior que sólo fue posible después que Jesús murió y resucitó. Mientras Jesús vivió, caminó con sus apóstoles; cuando murió, los apóstoles vivieron en Él. Jesús recibe la vida divina del Padre y Él la participa a su vez a nosotros, porque nos prometió esa comunión con Él y con su Padre.

Rúbrica: Entonemos el siguiente canto:

ALREDEDOR DE TU MESA

Alrededor de tu mesa, venimos a recordar (2)
que tu Palabra es camino, tu Cuerpo fraternidad (2).
Hemos venido a tu mesa a renovar el misterio de tu amor,
con nuestras manos manchadas, arrepentidos buscamos tu perdón.
Juntos y a veces sin vernos, celebramos tu presencia sin sentir
que se interrumpe el camino, si no vamos como hermanos hacia ti.

3. ORACIÓN

Rúbrica:  ¿Qué le decimos al Señor? En silencio disfrutemos el amor de Dios que nos llena de gozo y bienestar. Dejemos que nos sumerja en el océano infinito de su misericordia, sintiendo su presencia, contemplando su mirada que nos envuelve con ternura que seduce. Podemos entonar un canto, un salmo, o una oración.

SALMO 99

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
“El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades”.

TE ADORARÉ

Cuando miro tu santidad, cuando siento tu gran amor,
cuando lo que me rodea se aclara con tu luz.
Encuentro gozo en mi corazón y tu reinas en mi voluntad;
cuando lo que me rodea se aclara con tu luz.
Te adoraré, te adoraré; yo vivo por ti y te adoraré.
Te adoraré, te adoraré; yo vivo por ti y te adoraré.

4. CONTEMPLACIÓN

Rúbrica: Ha llegado el momento del compromiso. Volvemos a leer el texto joánico y respondemos: ¿a qué me compromete?

En esta sociedad individualista, nuestra relación con Dios puede caer en el dinamismo de la compra-venta: fácilmente separamos el sacramento del altar de la vivencia con el hermano. No podemos comulgar en la mesa del Señor, abierta para todos, sin preocuparnos de la suerte que pueden correr los otros.

La existencia de cada día es difícil y conflictiva. Por eso necesitamos momentos de silencio y reflexión para no caer en el vértigo de la sociedad consumista; sólo así podremos dar testimonio de las enseñanzas evangélicas.

Al leer este texto, donde se habla de la vida divina que nos está dando el Señor, pensemos si esa vida nueva la cuidamos, la alimentamos, si nos da miedo perderla cuando la vemos amenazada: ¿Qué hacemos? ¿La cuidamos con más intensidad y tratamos de cultivarla?

No hemos alcanzado a comprender esa presencia viva en nosotros. Amamos la vida física que el Señor nos ha dado, pero ¿queremos amar más la vida nueva que llega a nosotros al recibir a Jesús? Esa vida verdadera que ya está presente, que poseemos, la debemos vivir como Jesús. Él vivió para los demás; su historia fue de sacrificio y amor, entregada día a día para que todos tengamos vida y la tengamos en plenitud.

  • ¿Es posible compartir el pan “entregado para la vida del mundo” y seguir insensibles ante tanta miseria y tanta muerte?
  • ¿Cómo podemos celebrar el sacramento del amor si seguimos aferrados a nuestro individualismo?

Oración conclusiva

Rúbrica: Concluimos nuestra Lectio Divina, recitando juntos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro.

Todos: Ilumina, Señor, nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, reconociéndote como nuestro guía y maestro. Por nuestro Señor Jesucristo.

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