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Vicaría      de Pastoral

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Lectio Divina

"Señor, tu mina ha producido diez minas"
(Lc 19, 16)

"Señor, tu mina ha producido diez minas"

reunión mensual de presbíteros

parroquia de santa maría de guadañuoe, "capuchinas"
12 de JULIO de 2007


“JESÚS ENSEÑA A SUS DISCÍPULOS A CONSTRUIR EL REINO”

1. LECTURA
(Lc 19, 11-27)

Monición: Hoy estamos reunidos en esta parroquia, convocados por Jesús, Palabra eterna del Padre, en un ambiente de trabajo, para buscar respuestas a las necesidades de nuestra Vicaría. Meditemos, pues, el siguiente texto degustando en nuestro interior esta Palabra y preguntándonos ¿qué dice el texto?

11 Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. 12 Dijo, pues: “Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. 13 Llamó a diez siervos suyos, les dio una mina y les dijo: ‘Negocien hasta que vuelva’. 14 Pero sus ciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijera: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’. 15 Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. 16 Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. 17 Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades’. 18 Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. 19 Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. 20 Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; 21 pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo: que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste’. 22 Le dice: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; 23 pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’. 24 Y dijo a los presentes: ‘Quítenle la mina y dénsela al que tiene las diez minas’. 25 Le dijeron: ‘Señor, tiene ya diez minas’. 26-‘Les digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27 Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, tráiganlos aquí y mátenlos delante de mí’”. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

CONSIDERACIÓN DEL TEXTO

Para comprender mejor lo que dice este texto debemos considerar que estamos ante una parábola que ha sido conservada tanto por Mateo (25,14-30) como por Lucas. No obstante sus semejanzas, las diferencias permiten ver en Lucas un mensaje bastante original que puede ser de mucha utilidad para nuestro encuentro.

  • En primer lugar, Lucas ha colocado la parábola de las minas inmediatamente después de la curación del ciego de Jericó (18,35-43) y del relato de Zaqueo (19,1-10). La relación de estos dos textos de seguimiento con la parábola corresponde perfectamente con la introducción: “mientras la gente escuchaba estas cosas” (v. 11). Además, el evangelio insiste en que en la parábola se dice “porque él (Jesús) estaba cerca de Jerusalén (y) creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro” (19,11). En este sentido, la parábola se dice porque la gente y los apóstoles creían que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro a causa de que Jesús iba acercándose a Jerusalén. Desde esta perspectiva, podríamos considerar la posibilidad de que la parábola se relacione con el seguimiento y con el Reinado de Dios.

  • En segundo lugar, en la parábola se usa un lenguaje relacionado con el reinado; así, aparece un hombre noble que marcha a un país lejano para recibir su investidura real, tiene siervos, aparecen algunos que no quieren que reine sobre ellos … La insistencia en esta terminología, además de la causa por la que se dice la parábola nos hacen pensar que el mensaje no es ajeno al tema del Reino.

  • En tercer lugar, la parábola guarda una tensión evidente entre el hombre noble y sus siervos (que se supone que lo valoran y aprecian) con los ciudadanos que lo odian y no quieren que reine sobre ellos; incluso, dentro de sus siervos había los que le harían producir sus bienes y el que no. Más aún, el comportamiento del siervo malo se asemeja a los que no querían que reinara sobre ellos; sus palabras son indicativas “Señor, (…) tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste” (vv. 21-22). Ahora bien, esta oposición no queda sin consecuencias; al final, quienes se opusieron al reinado terminan siendo eliminados. Por su parte, el que no se opuso, pero tampoco produjo, queda totalmente sin nada.

  • En cuarto lugar, a diferencia de Mateo, que parte de una gran cantidad entregada (un talento equivalía a 6000 denarios), Lucas enfatiza lo sencillo de lo entregado con la excesiva confianza del Señor. Así, a cada uno de los diez siervos les da una mina, es decir, lo equivalente a 100 salarios de un jornalero del tiempo de Jesús. Además, llama la atención que, dándoles exactamente lo mismo, el resultado sea diferente; no obstante, lo más importante es que no se les pide más de lo que recibieron y que la producción que consiguen les proporciona, por parte del señor, una confianza exagerada para gobernar las ciudades.

  • En quinto lugar, sorprende el atrevimiento del tercer siervo de guardar lo que se le había confiado en un pañuelo. Según el evangelio de Lucas, el tercer siervo se comporta con una ligereza sorprendente: guarda la mina en un pañuelo para la cabeza, cayendo en una imprudencia notable, pues, de acuerdo a las costumbres de Palestina, quien envolvía en un lienzo el dinero que se le había confiado estaba obligado –en caso de pérdida- a pagar una indemnización por no haber sido suficientemente precavido.
  • Por último, el evangelio enfatiza que aquel hombre noble se fue a un país lejano dejando claro de este modo que aquellos siervos no tenían ninguna presión por parte de su amo. Aquellos siervos tuvieron suficiente libertad para hacer producir su dinero, las palabras del siervo perezoso suenan más a justificación irresponsable que a reclamo legítimo. Desde esta perspectiva, el evangelio relaciona la responsabilidad de hacer producir lo que se ha recibido con el seguimiento de Jesús. No es posible decir que se sigue a Jesús sin generar frutos. Ahora bien, el reino de Dios no se espera solamente, sobre todo -según Lucas- se construye (Hch 1,6-8). Es muy probable que el evangelista, ante las tendencias evasivas del compromiso con pretexto de la pronta llegada del Señor, haya enfatizado la responsabilidad de trabajar por el Reino.

Esta tarea no es fácil. La oposición al reino se da explícitamente como en el caso de quienes no querían que aquel señor reinara sobre ellos; sin embargo, también se da una oposición implícita cuando no se produce.

2. MEDITACIÓN

Monición: Después de una primera lectura del texto y de preguntarnos ¿qué dice el texto?, ¿cuáles son los personajes y las escenas?, hacemos una segunda lectura, ahora en silencio, y nos preguntamos ¿qué nos quiere decir el texto?

  • No es posible ser discípulo del Señor sin producir frutos que manifiesten su reinado.
  • Existen oposiciones externas e internas a la construcción del Reino.
  • Sólo si se toman con seriedad y responsabilidad los intereses y preocupaciones del Señor se tiene capacidad suficiente para guiar.
  • No hay pretextos para ser improductivos.

“Es saludable que, de vez en cuando, nos detengamos y miremos todo el panorama. Plantamos las semillas que un día crecerán. Regamos las semillas que ya fueron plantadas sabiendo que ellas encierran una promesa para el futuro. Colocamos los cimientos para un desarrollo que vendrá más adelante. Proporcionamos la levadura que producirá efectos más allá de nuestra capacidad.

No podemos hacer todo. Quizás nunca veamos el resultado final, pero esa es la diferencia entre el maestro de obras y el trabajador. Nosotros somos los trabajadores, no los maestros de obra; somos ministros, no Mesías. Somos profetas de un futuro que no es el nuestro”.

3. ORACIÓN

Monición: Se puede hacer una tercera lectura del texto y rumiar la Palabra. ¿Qué le respondemos a Dios?

Agradezcámosle a Dios el esfuerzo de muchos hermanos nuestros: laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos … que han tomado con seriedad evangélica su responsabilidad de dar frutos para la construcción del Reino. Pidamos al Señor que nos libre de oponernos -explícita o implícitamente- a los valores de su reinado. Y si tenemos la desgracia de oponernos a los valores evangélicos tengamos su gracia, la comprensión de nuestros hermanos y nuestra disponibilidad para recapacitar adecuadamente.

Reflexionemos delante del Señor qué frutos nos falta producir y qué actitudes necesitamos asumir para ser servidores capacitados para guiar. Pidamos perdón a Dios por los pretextos inventados para no producir los frutos que está necesitando nuestra Iglesia y nuestro país y recitemos juntos, a dos coros este fragmento del Salmo 118.

Salmo 118, 49-56

Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
     de la que hiciste mi esperanza;
     éste es mi consuelo en la aflicción:
     que tu promesa me da vida; los
     insolentes me insultan sin parar,
     pero yo no me aparto de tus mandatos.

Recordando tus antiguos mandamientos,
     Señor, quedé consolado;
     sentí indignación ante los malvados,
     que abandonan tu voluntad;
     tus leyes eran mi canción
     en tierra extranjera.

De noche pronuncio tu nombre, Señor,
     y velando, tus preceptos;
     esto es lo que a mí me toca:
     guardar tus decretos.

4. CONTEMPLACIÓN-ACCIÓN

Monición: Ha llegado el momento de poner manos a la obra: ¿A qué me compromete esta Palabra?

  • ¿Qué he dejado de hacer en mi ministerio que me ha impedido producir los frutos que espera el Señor de mí?
  • ¿Qué actitud debo asumir para evitar que el desaliento y mis temores me desgasten en la búsqueda de pretextos, faltando a mi responsabilidad pastoral?
  • ¿Siento que Jesús está conmigo, el que un día me eligió y me envió a la misión o me he comportado como aquel que guardó en un lienzo la mina que el Señor le confió?
  • ¿He sido un colaborador activo en el trabajo pastoral de la Vicaría?

Monición: Concluimos esta Lectio Divina con un canto, dando gracias a Dios por su Palabra y por todos los dones con los que nos colma a diario en nuestro ministerio.

ALMA MISIONERA

Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mí;
estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea
tú llámame a servir.

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras,
necesiten mis ganas de vivir,
donde falte la esperanza,
donde todo sea triste,
simplemente por no saber de ti.

Te doy mi corazón sincero,
para gritar sin miedo:
¡lo hermosos que es tu amor!
Señor, tengo alma misionera,
condúceme a la tierra
que tenga sed de Ti.

Y así en marcha iré cantando
por pueblos predicando
tu grandeza Señor,
tendré mis brazos sin cansancio
tu historia entre mis labios
tu fuerza en la oración.

Comisión de Pastoral Bíblica

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COMISIÓN DE BIBLIA