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Lectio Divina

LOS AGENTES DE LA EVANGELIZACIÓN,
DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO


Los Agentes de la Evangelización, Discípulos y Misioneros de Jesucristo

"Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.
Pero sus ojos estaban tan cegados, que no eran capaces de reconocerlo"
(Lc 24, 15-16)

XII ASAMBLEA DIOCESANA

Noviembre 24 de 2006

LITURGIA DE ENTRONIZACIÓN DE LA BIBLIA

Saludo: Que el Señor Jesús, Palabra de Vida que ilumina nuestro entendimiento e inflama con su amor nuestro corazón, presida esta XII Asamblea Arquidiocesana para gloria suya y beneficio nuestro. Amén.

RÚBRICA: Se prepara con anticipación el ambón donde va a ser colocada la Sagrada Escritura (puede ser con flores y algún motivo propio de la reunión o asamblea). Si la Entronización es solemne se usan los ciriales y la cruz alta para la procesión; si es sencilla, el Diácono (o la persona designada) lleva en alto la Biblia durante toda la procesión.

MONICIÓN: Hermanos: rindiendo homenaje y culto a la Palabra de Dios, iniciemos nuestra procesión de Entronización de la Sagrada Escritura cantando "Tu Palabra me da vida" y como manifestación de nuestra alegría recibámosla con un fuerte aplauso.

TU PALABRA ME DA VIDA
TU PALABRA ME DA VIDA
CONFÍO EN TI, SEÑOR
TU PALABRA ES ETERNA,
EN ELLA ESPERARÉ.

Dichoso el que con vida intachable
camina en la ley del Señor.
Dichoso el que guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

Postrada en el polvo está mi alma,
devuélveme la vida tu palabra.
Mi alma está llena de tristeza,
consuélame, Señor, con tus promesas.

Escogí el camino verdadero,
y he tenido presentes tus decretos.
Correré por el camino del Señor,
cuando me hayas ensanchado el corazón.

RÚBRICA: Al llegar al ambón, el Diácono (o la persona designada) le entrega al Obispo (o al sacerdote) la Sagrada Escritura para que dé la bendición al pueblo con la Palabra, después la coloca en el ambón y empieza la proclamación del Texto Santo.

LECTIO DIVINA

MONICIÓN: Desde el Antiguo Testamento, la Palabra de Dios era colocada en un lugar preponderante, y desde ese lugar se proclamaba para todo el pueblo, iluminando sus proyectos. Con Jesús, Palabra vida, Palabra encarnada, es proclamada como Buena Noticia para todos nosotros. Escuchemos.

1. LECTURA
DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

(24, 13-35)

13 En aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. 14 Iban hablando de todos estos sucesos. 15 Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16 Pero sus ojos estaban tan cegados, que no eran capaces de reconocerlo. 17 Él les dijo: —¿Qué es lo que vienen conversando por el camino? Ellos se detuvieron entristecidos, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: —¿Eres el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? 19 Él les preguntó: —¡Qué ha pasado? Ellos contestaron:

—Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. 20 ¿No sabes que los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron? 21 Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin embargo, ya hace tres días que ocurrió esto. 22 Es cierto que algunas de nuestras mujeres nos han sorprendido, porque fueron temprano al sepulcro 23 y no encontraron su cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían aparecido unos ángeles que decían que está vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres decían, pero a él no lo vieron.

25 Entonces Jesús les dijo: —¡Qué torpes son para comprender, y qué duros son para creer lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria? 27 Y empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que decían de él las Escrituras. 28 Al llegar al pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le insistieron diciendo: —Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo.

Y entró para quedarse con ellos. 30 Cuando estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos. 31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado. 32 Y se dijeron uno a otro: —¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? 33 En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás, 34 que decían: —Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón. 35 Ellos, por su parte, contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra de Dios.

INTRODUCCIÓN

El texto que elenca de manera magistral el proceso de la vida cristiana, y que gracias a Dios en nuestra Arquidiócesis (desde el año 2000 por la misión intensiva) hemos ya utilizado como método de reiniciación cristiana en la evangelización, es el de los discípulos de Emaús, puesto que en él se da el encuentro con Jesús vivo, la instrucción que Él da como Maestro a sus discípulos y la misión que les encomienda de darlo a conocer hasta los confines de la tierra.

Por eso, hoy, unidos en nuestra XII Asamblea Arquidiocesana, de acuerdo al lugar que cada uno de nosotros ocupa en la comunidad, nos disponemos a reflexionar sobre el maravilloso relato de los discípulos de Emaús, que es una pedagogía de la fe en Cristo resucitado. Hecho que lleva a los discípulos a superar el escándalo de la cruz gracias a las Escrituras, es decir, a la comprensión de la ley de la salvación por la prueba, por el sufrimiento. Muestra a todos los miembros de la Iglesia que en todos los tiempos pueden encontrar a su maestro resucitado en su Palabra y en la Fracción del Pan.

1.1. PERSONAJES

  • Los dos discípulos: El relato presenta a dos discípulos desconocidos, que han perdido la fe en Jesús y que están desconcertados por el hecho de su muerte en la cruz. En este pasaje, Lucas quiere presentar una catequesis sobre el encuentro de Jesús con los discípulos. Es Jesús quien toma la iniciativa y va al encuentro de ellos, tal como Dios salió al encuentro de Abraham, Moisés y los Profetas. Salir de Jerusalén, en la mente del evangelista, parece significar una huida: los discípulos huyen de lo sucedido ahí; huyen de una fe que no comprendían. Sin embargo, después de reconocer al Señor, vuelven a Jerusalén, seguramente porque obtienen un entendimiento nuevo de la fe en el Crucificado: su muerte en la cruz va unida a su resurrección.
  • Jesús: La actitud de los discípulos al salir de Jerusalén no contrasta con la del "forastero", sino con la de ellos mismos al regresar. Jesús murió como muchos otros, pero no por la misma razón: Él entregó su vida para indicar el camino indispensable hacia la verdadera gloria, dando así un significado a su muerte y el estilo de vida de aquel que quiera seguirlo.
  • Los Once: En cuanto a los Once, reunidos en Jerusalén, Lucas los reconoce como testigos de un suceso propio y diferente a la manifestación que refieren los recién llegados de Emaús. "¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!", es la confesión de su fe y la confianza de que eso s verdad.

1.2. LUGARES

Cada uno de estos lugares significan un espacio de encuentro en el que es Jesús quien toma la iniciativa, esperando respuesta de sus interlocutores.

  • En el camino de Jerusalén a Emaús: Evoca la llamada de Dios a Abraham a dejar su tierra para ir a la que Él le mostrará (Gn 12, 1), la orden a Moisés para sacar de Egipto a su pueblo (Ex 3, 8-10). Dios se manifiesta en el camino que lleva a la liberación (Ex 13, 17—14, 31), está con su pueblo durante su peregrinar y, ahora, se hace encontradizo a los discípulos tristes y desilusionados que quieren darle la espalda y regresar al pasado.
    Según el texto, Emaús estaría a unos "sesenta estadios", es decir, unos 11 kilómetros de Jerusalén. Desde las Cruzadas (hacia el año 1280), se ha señalado como emplazamiento de Emaús la aldea de el-Qubeibeh, que dista 13 kilómetros al noroeste de Jerusalén lo cual concuerda con los datos del relato bíblico (cf. C. Kopp, Holy Places, 396-402).
  • En las Escrituras: Es el segundo lugar en que se manifiesta el Señor según el relato (vv. 25-27). Moisés, Profetas, Escrituras alude a toda la Biblia judía (más claramente en el v. 44), que estaba dividida en tres secciones: la Torá o Ley, los Nebiim o Profetas y los Ketubim o Escritos. La forma griega de "todos los profetas" implica que con Jesús tenían algo que ver todos y cada uno de los profetas. Probablemente las comunidades de Lucas sentían la necesidad de releer la Escritura a la luz de Jesucristo y de las nuevas experiencias por las que estaban pasando. Descubrían en la Palabra releída un lugar de encuentro con el Señor que ya no estaba físicamente con ellos; además, en ella, al entender mejor quién era Jesucristo, se comprendían más a sí mismos.
  • En la hospitalidad: Es el quédate con nosotros del v. 29. Jesús no estaba fingiendo; se hubiera marchado realmente. El Evangelio no reduce la petición de los discípulos a una invitación; dice que "le rogaron insistentemente". No están pensando en ellos sino en el extraño, quizás en el peligro que podría correr por aquel despoblado (cf. 10, 30). Sin Él habría sobrevenido la oscuridad; esta alusión al momento del día hace también referencia a un contraste favorito de Lucas, Juan y Pablo, entre la luz y las tinieblas (Lc 22, 53). Los discípulos todavía no se habían dado cuenta que aquel encontradizo era Jesús; no obstante tienen un gesto de profunda hospitalidad: lo invitan a que pase la noche en su casa. La comunidad de Lucas percibió la importancia de reconocer al Señor en el extraño que necesitaba de su acogida (Cf. Mt 25, 31-46).
  • En la fracción del pan: Es el cuarto lugar en el que descubren al Señor. Tomó, bendijo, partió, dio: la terminología es claramente eucarística (cf. Lc 9, 16). Las fórmulas eucarísticas que leemos en el fragmento evangélico fueron incorporadas al relato al ser éste narrado repetidas veces en las reuniones litúrgicas.

Este signo, con el que identifican a Jesús, no podía ser más sencillo. No había casa en todo Israel en que no se hiciera algo parecido, pero es en algo tan ordinario que lo reconocen: al ponerse a la mesa con ellos, tomar el pan, bendecirlo, partirlo y darlo. Tuvo que haber algo más en ese signo que provocó en ellos que "abrieran los ojos", tal como lo dice el v. 31. Signo que les refrescaba la memoria de lo que había dicho y hecho Jesús, y por lo que había entregado su vida, para sentarse como hermanos, compartir, superar barreras que les ayudara a comprender su vida comunitaria presente.

2. MEDITACIÓN

MOTIVACIÓN: En este segundo momento de la lectura orante de la Palabra de Dios, nos preguntamos: ¿Qué nos dice Dios en este texto?

2.1. ROSTROS DEMUDADOS POR LA TRISTEZA

Después de escuchar la Palabra de Dios, imaginemos que vamos de camino con esos discípulos que se dirigen a Emaús: cabizbajos, tristes; recordando lo sucedido apenas unas horas antes y entremezclando frases y recuerdos del Maestro: sus obras y sus palabras. Apenas unos pasos atrás escuchamos su conversación y podemos ver también parte de sus rostros.

El viento del desierto levanta tolvaneras en ráfagas que, de vez en vez, nos irritan los ojos. Pero las lágrimas que salen de los ojos tienen causas diferentes: el polvo y la desesperanza se confunden entre sí. Especialmente después de escuchar al forastero que se ha unido a nuestro viaje y que parece no saber nada de lo ocurrido en la ciudad los últimos tres días. ¡Forasteros! Siempre van de paso y absortos en sus propios negocios, sin importarles nada de lo que les rodea.

Esperábamos que Jesús fuera verdaderamente el Mesías, que nos sacaría de la miseria y la opresión. Él era realmente nuestra esperanza, pero la tristeza nos embargó y fue más grande cuando vimos que fue depositado en un sepulcro, después de su muerte. Hicieron de Él lo que quisieron: lo maltrataron y se burlaron de Él. Se hizo realidad el oráculo de Isaías: "Como un cordero llevado al matadero, no abrió la boca". Ahora nos volvemos a nuestro pueblo, de donde salimos y de donde no debimos haber salido nunca. El sueño liberador terminó y terminó muy mal. Siempre recordaremos el trágico encuentro de Jesús con la muerte. Lo más desconcertante ha venido de lo que nos contaron algunas mujeres, y aunque son conocidas nuestras, no hemos podido dar crédito a su relato.

2.2. JESÚS — MESÍAS SE DA A CONOCER

"¡Qué torpes son para comprender y creerle a los profetas!", nos dijo con voz firme el forastero. Hasta ese momento no nos habíamos percatado de la figura de ese extraño. Parecía un hombre cualquiera, digno de reprensión por su falta de sensibilidad a lo que ocurría entre nosotros. Pero, con todo lo que nos dijo, parece que sabe más de lo que hubiéramos creído nosotros.

Y mientras nos hablaba por el camino, nuestra mente viajaba de un pasaje a otro de la Escritura. El corazón palpitaba tan fuerte que parecía que se salía del pecho. ¡Tan poco tiempo había pasado de tan sensible pérdida! Y la mente volaba, mientras que los pies andaban: llenos de polvo y ya sin cansancio. Y sin saber cómo, llegamos al pueblo todavía con la luz de día.

Sentados a la mesa y con el corazón ya confortado, aunque todavía triste, miramos a nuestro acompañante tomar el pan y agradecer a Dios este don. Y entonces, la tristeza se desvaneció totalmente, el corazón palpitó más fuerte de lo que lo hizo durante el camino y el rostro de ""hinchó" y calentó, como si nos fuera a reventar. La emoción era tal que nuestros ojos se anegaron, pero ya no de dolor, ni pesar, sino de gozo.

¿Cómo fue posible que no nos percatáramos de su presencia junto a nosotros durante todo el camino? Veníamos tan embotados de la mente que no nos dimos cuenta de su rostro y sus manos al hablarnos. Era tan extraño a nuestros ojos que no vimos su mirada, ni escuchamos su voz. Sólo retumbaban en nuestras mentes sus palabras. ¿Cuántas veces nos habrá mirado, quizá con asombro, y nosotros ni nos percatamos de ello? Mientras mirábamos el suelo, el horizonte y el cielo, Él nos miraba a nosotros.

2.3. "¿NO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN...?"

Así como estos dos discípulos tuvieron la experiencia del encuentro con Jesús resucitado, que los impulsó a llevar sin dilación en aquel preciso momento esta gran noticia a sus hermanos de comunidad, San Pablo, con gran dedicación, exhorta a los Filipenses a experimentar el encuentro con Jesús, en su vivencia como discípulos y en su tesón de formar comunidades para construir el Reino de Dios, mediante la misión. Ahora nosotros, en nuestra Asamblea, buscamos, como Agentes de Evangelización, ser discípulos y misioneros de Jesucristo, encomienda que San Pablo delinea magistralmente, en una entrega obediente, en los siguientes puntos:

  • Constancia (Flp 1, 27-30): Compórtense como ciudadanos dignos del evangelio de Cristo, puesto que han sido evangelizados y están bajo el influjo del "poder" del Evangelio (Rm 1, 16), los cristianos deben manifestarlo en su conducta social. Permanecer firmes, como soldados en un mismo Espíritu. Denota una actitud. Padecer por Él, ya que la constancia de los creyentes no apunta a los padecimientos personales, sino a los apostólicos que soportan a causa de la propagación del Evangelio.
  • Armonía (2, 1-2) Pablo invita afectuosamente a la comunidad a permanecer unidos: Si "la unión con Cristo" significa algo para ellos, debería ser un incentivo, un estímulo por la vida, a la cual Pablo apela para apoyar su recomendación sobre la armonía comunitaria (cf. Rm 15, 5).
  • Humildad (2, 3-11). El tercer consejo de Pablo es una exhortación a la humildad, no obren por motivos egoístas: Teme que exista entre ellos celos mezquinos (Cf. 4, 2), y aconseja como remedio la humildad, la entrega y preocupación por los demás. Tengan entre ustedes esta actitud que Cristo nos dejó como herencia; los exhorta a la imitación de Cristo; que la unión vital entre ellos y Cristo progrese tanto que se manifieste en su conducta armoniosa y desinteresada para con los demás, principio vital de la nueva vida comunitaria.

3. ORACIÓN

MONICIÓN: Respondamos a la Palabra de Dios con el siguiente himno, teniendo en cuenta la pregunta de este tercer momento de la Lectio: ¿Qué le decimos a Dios a la luz de lo que hemos meditado?

Estate, Señor, conmigo,
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo,
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

4. CONTEMPLACIÓN

MONICIÓN: Después de la lectura, la meditación y la oración, llega el tiempo de la respuesta personal a Dios: ¿A qué nos compromete esta Palabra?

ACTUALIZACIÓN DEL MENSAJE

La experiencia de los discípulos de Emaús seguramente la ha vivido una infinidad de discípulos a lo largo de los siglos, quizás tú, incluso yo mismo. Y es la experiencia de una esperanza fallida: "Nosotros esperábamos, nosotros creímos". Estas palabras están llenas de todo el peso de la vida cotidiana, llenas de esperanza y de experiencias humanas. Así como esos dos discípulos tenían planes (la liberación de Israel), así nosotros hacemos planes todos los días. Y así como ellos ven clavada en la cruz su esperanza y se vuelven a casa, así nosotros sufrimos la desesperanza, cuando nuestros proyectos parroquiales no funcionan como quisiéramos, o cuando encontramos muchos obstáculos y resistencias para entregarnos plenamente a Jesús y a su obra redentora; cuando un hijo nos da la espalda, o el cónyuge no nos escucha, ni nos comprende, o simplemente cuando nuestros planes personales se ven frustrados y miramos al cielo y preguntamos, ¿por qué?

Y es así como estos dos discípulos "conocían bien" a Jesús, porque habían hablado y comido con él y resumen perfectamente su vida (Hay que ver los términos en los que resumen la vida del Maestro que son muy parecidas a los discursos de Pedro en los Hechos de los Apóstoles; compárese el v. 19 con 2, 22; 3, 22; 10, 38 y el v. 20 con 3, 13-14; 4, 10; 5, 30), así nosotros muchas veces pensamos que sabemos mucho de Él.

Y así como los dos discípulos no le reconocen, pues su conocimiento de Jesús es intelectual, del mismo modo, nosotros no lo vemos ni encontramos porque tenemos un conocimiento demasiado racional que no basta para encontrarlo. Cualquier manera de comprender a Jesucristo a nuestro antojo impide un auténtico encuentro con Él.

Precisamente para el encuentro con Jesucristo no sea incompleto, el texto que meditamos nos ofrece cuatro lugares donde podemos descubrirlo:

  • En el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de dudas, incertidumbres, desesperanzas y desánimos;
  • En la Escritura, en la que redescubrimos permanentemente a Jesucristo e iluminamos nuestro caminar;
  • En la hospitalidad y acogida que le demos al hermano;
  • En la Eucaristía, lugar privilegiado del encuentro con Jesús, donde rememoramos los motivos y las razones por las que entregó su vida.

Los dos discípulos tenían sus planes, pero eran los suyos, los que ellos se habían hecho y que les bloqueaban, cegándolos e impidiéndoles reconocerle; estos planes se habían cumplido, aunque de manera diferente a como ellos se lo imaginaban, en este "extranjero" que en ese momento caminaba con ellos. Hablaban a Jesús, pero tal y como ellos se lo imaginaban, y por ello no lo reconocen.

Pidamos a Dios que nunca olvidemos las causas por las que entregó su vida. Pidamos perdón a Jesús por hacer de su resurrección un evento a nuestra conveniencia sin comprometernos con lo que Él dijo e hizo. Por ello, preguntémonos:

  • ¿Qué causas impiden que tengamos un encuentro vivo de Jesús resucitado?
  • ¿Qué obstáculos encontramos para responden como discípulos al llamado del Señor?
  • ¿En qué nos anima y a qué nos compromete que el Señor vaya a nuestro lado siempre, especialmente en los que tenemos más desalientos y confusiones, desesperanzas y desesperaciones?
  • ¿Nuestro proyecto personal y comunitario coincide con el proyecto del Reino de Jesucristo y su mandato misionero?


"Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado"
(Lc 24, 31)

MONICIÓN: Concluyamos esta Lectio Divina con el siguiente canto, encomendando los trabajos de esta XII Asamblea Arquidiocesana a Nuestra Madre Santa María de Guadalupe, en los 475 años de sus apariciones a San Juan Diego en el cerrito del Tepeyac.

DEL CIELO BAJÓ
DEL CIELO BAJÓ, DEL CIELO BAJÓ
TRIUNFANTE Y UFANA
A FAVORECERNOS, A FAVORECERNOS
LA GUADALUPANA

EN EL TEPEYAC
Y AHORA TEMPRANA
A JUAN DIEGO HABLÓ
LA GUADALUPANA

DICHOSO JUAN DIEGO,
QUE EN ESA MAÑANA
SE LE APARECIÓ
LA GUADALUPANA

POR LA SEÑAL LE DIO
LA MISMA MAÑANA
FLORES AL OBISPO
LA GUADALUPANA

LUEGO QUE EL OBISPO
LAS FLORES MIRÓ,
AL MOMENTO MISMO
SE LE ARRODILLÓ

EN LIENZO DE AYATE
HECHO DE UNA INDIANA
QUEDÓ RETRATADA
LA GUADALUPANA

POR ADORNO TIENE
UNAS FLORES BELLAS,
Y EN TODO SU MANTO
BRILLAN LAS ESTRELLAS

QUEDÓ PARA SIEMPRE
Y SIGLOS SIN FIN,
A SUS PIES LA LUNA
CON UN QUERUBÍN

Y SU NOMBRE SANTO
Y LA FE CRISTIANA
NOS REGALÓ A TODOS
LA GUADALUPANA

aamblea-2
!Quédate con nosotros, Señor"
(Lc 24, 29)


asamblea-1
Comisión de Pastoral Bíblica

SUBSIDIOS:
Biblia de América
Proceso Evangelizador como seguimiento de Jesucristo
Orientaciones Pastorales 2006
Comentario Bíblico "San Jerónimo"


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